Lux de Luna - Capítulo 86
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Capítulo 86: Un vínculo inesperado
“Aunque el lobo este herido, nunca deja de luchar por lo que es suyo”
———————–
Por la mañana, la fortaleza del Alfa del Norte estaba extrañamente silenciosa. Un silencio pesado, de esos que hacen que incluso los lobos más curtidos se mantengan alerta.
Sion y Will llevaban varios minutos plantados frente a la puerta de la habitación que ocupaba Zeta. Habían recibido claras órdenes de su Alfa: nadie entraba y nadie salía hasta que él regresara.
Pero aquello ya empezaba a parecerles raro.
Demasiado raro.
Sion cruzó los brazos, inquieto. Su lobo no paraba de removerse bajo la piel, gruñendo en su cabeza como si algo estuviera… fuera de lugar.
Will lo observó de reojo.
—¿Qué crees que ha pasado allí dentro?
Sion frunció el ceño.
—Raunak ha salido corriendo a buscar a Hanna… y el Alfa ha mandado llamar también a esa otra sanadora.
Will arqueó una ceja.
—Pues entonces algo gordo ha pasado.
Will apoya la espalda contra la pared con aire despreocupado.
—¿Qué se traerá el Alfa entre manos con el Príncipe Heredero?
Sion negó con la cabeza.
—No lo sé… y tampoco me pagan para preguntar.
Pero algo no estaba bien.
Sion aspiró el aire otra vez.
Su ceño se frunció aún más.
Will lo miró con fastidio.
—¿Se puede saber qué te ocurre? Estás más irritable de lo que acostumbras… y eso, ya es decir mucho.
Sion aspiró el aire otra vez.
— ¿No sientes ese olor tan dulce?
Will levantó una ceja.
—¿Olor dulce?
—Sí… como… —Sion volvió a inhalar— como a mermelada de fresa.
Will lo miró durante dos segundos.
Luego soltó una carcajada tan fuerte que resonó en el pasillo.
—¿No estarás preñado?
Sion giró la cabeza lentamente y le clavó una mirada asesina.
—Así me reiré yo cuando nuestro Alfa te cuelgue por desobedecerle.
Will dejó de reír de golpe.
—No le desobedezco.
Sion lo miró de lado.
—Cuando se trata de Electra sí lo haces.
El ambiente cambió al instante.
La sonrisa de Will desapareció.
Sus manos se cerraron en puños.
—Ella me importa.
Sion suspiró.
—Lo sé. pero no quiero que te ocurra nada a ti.
Will bajó la mirada.
—La amo.
Sion apretó la mandíbula.
—No puedes enamorarte de ella.
Will levantó la cabeza con rabia contenida.
—No me digas lo que puedo o no puedo sentir.
—Te digo lo que pasará.
El silencio cayó entre ellos.
Sion habló con voz grave.
—Pronto empezará la segunda parte del plan del Alfa Conall.
Will tragó saliva con resiganción.
—Lo sé…
Sus dedos se clavaron en las palmas hasta que la sangre comenzó a brotar.
—Y cuando llegue el momento… tendrás que rechazarla. ¿Estarás listo para cumplir con tu palabra?
Will cerró los ojos.
El dolor era real.
Pero no era el de la sangre.
Era otro.
Uno mucho peor.
—Lo sé —repitió en voz baja resignado, sabiendo que tendría que sacrificar a su compañera por la lealtad que había jurado a su Alfa.
En ese momento, Sion volvió a sentir aquel olor.
Más fuerte.
Mucho más fuerte.
Mermelada de fresa. Como el que comía de pequeño en las tostadas del desayuno que preparaba su madre.
Se giró lentamente.
Y entonces la vio.
Por el pasillo caminaban Hanna y la pequeña sanadora pelirroja.
Pero en el instante en que los ojos de Sion se posaron sobre ella…
El mundo se detuvo.
Literalmente.
Su respiración se cortó.
Su lobo rugió dentro de su pecho con una fuerza brutal.
Aquella hembra…
Aquella pequeña hembra pelirroja…
Era, sin duda alguna, la hembra más hermosa que había visto en su vida.
Will frunció el ceño.
—¿Qué?
Sion no respondió.
Solo miraba.
Hanna se detuvo frente a ellos.
—Guerreros, el Alfa nos ha mandado a buscar.
Will asintió y señaló la puerta.
—Sí, entrad.
Pero Sion seguía inmóvil.
Como una estatua.
Hanna parpadeó.
—¿Sión?
Nada.
—¿Sion? ¿Nos dejas pasar?
Will giró la cabeza.
—¿Qué demonios te pasa?
Sion abrió la boca.
Su voz salió como un susurro reverente.
—Compañera…
Will bufó. Mientras Hanna fruncía el ceño.
—Sí, hombre. En tus sueños.
Sion levantó lentamente el brazo.
Y señaló directamente a la pequeña sanadora.
—No tú…
Su mirada estaba fija en ella.
—Ella.
Silencio.
Hanna parpadeó.
—¿Qué?
Will se quedó congelado.
—No… eso es imposible.
Miró a Iris.
—Ella no es una lo—
Antes de que terminara la frase, Iris levantó una mano con absoluta calma y le hizo un gesto a Hanna para que cerrara la boca.
Hanna obedeció al instante.
Iris ladeó la cabeza, observando a Sion con curiosidad científica.
—Qué interesante…
Sus ojos brillaron con diversión.
— ¿Será que los lobos están destinados a mezclarse con nosotras?
Hanna murmuró en voz baja.
—Prima…
Pero Iris ya caminaba hacia Sion.
El enorme lobo guerrero, de casi dos metros, no dejaba de mirarla.
Ni parpadeaba.
Ni respiraba.
Parecía un depredador… completamente fascinado por su presa.
Iris se detuvo frente a él.
Era mucho más baja.
Muchísimo más.
Le llegaba apenas al pecho.
—Sión, ¿verdad?
El enorme lobo avanzando con una sonrisa completamente estúpida.
Will lo miró horrorizado.
—Madre de la Luna… lo hemos perdido.
Iris lo examinó como si fuera un experimento curioso.
—Quién lo diría…—carcajeó Hanna.
Will se cruzó de brazos sonriendo.
—Oh, esto va a ser divertido.
Iris suspiró.
—Me gustaría quedarme a conversar contigo…
Miró la puerta.
—Pero tenemos algo importante que solucionar.
Luego levantó la mirada hacia él.
—¿Nos dejas pasar?
Sion dio un paso hacia ella.
Sus ojos brillaban con una intensidad salvaje.
—Eres mi compañera.
Hanna se llevó la mano a la cara.
—Ay no…
En el segundo siguiente, Sion se abalanzó hacia Iris con la clara intención de abrazarla.
O quizás algo más posesivo.
Nunca lo sabremos.
Porque Iris levantó un dedo.
Solo uno.
Y el enorme lobo quedó congelado en el aire como una estatua.
Silencio.
Will abrió los ojos como platos.
—¿Qué demonios…?
Iris suspiró con fastidio.
—Lo siento. Esperaba no tener que hacer esto.
Luego levantó otro dedo.
Y Will también quedó inmovilizado.
Iris cruzó los brazos con tranquilidad.
—Pero no me gustan los acosadores.
Sion seguía congelado, mirándola como si fuera la cosa más preciosa del universo.
Hanna suspiró.
—¡Iris! Ese lobo de ahí, que dice ser tu compañero, no tiene lo que dice buen carácter. ¿Qué crees que pasará cuando se termine el efecto de la inmovilización?
—No te preocupes, prima —respondió Iris con calma—. Luego les borraremos las memorias a los dos.
Will abrió los ojos con horror.
—¡¿Qué?! —se comunicó por su enlace mental con Sion.
Iris ya caminaba hacia la puerta.
—Venga, entremos.
Hanna negó con la cabeza, resignada.
—Algún día alguien van a matarte.
Iris sonrió.
—Pero no hoy.
Empujaron la puerta.
Y al entrar en la habitación…
Ambas se quedaron completamente inmóviles.
En medio de la habitación…
Lux flotaba en el aire.
Su cuerpo brillaba como una pequeña estrella.
La energía que emanaba de ella hacía vibrar las paredes.
Hanna susurró, atónita.
—Por todos los dioses…
Iris entrecerró los ojos.
Y sonrió lentamente.
—Oh…
Su voz fue un susurro fascinado.
—Esto se acaba de poner muy interesante.
———————–
El pasillo volvió a quedar en silencio.
Sion seguía suspendido en el aire, rígido como una estatua, con el brazo extendido hacia Iris. Sus ojos no se apartaban de ella ni un segundo.
Will, también inmovilizado, lo miró con expresión entre divertida y aterrada.
— Te juro que si nos borra la memoria voy a estar muy enfadado —gruñó por el enlace mental.
Después de que hablaran con Conall y Zeta, Hanna se llevó a Lux hasta su habitación de Luna.
Will y Sion seguían inmovilizados.
Conall y Zeta, salieron de la habitación después de la conversación con Iris y no se percataron de que los dos guerreros estaban inmóviles. Tenían demasiadas preocupaciones para darse cuenta de algo que no fuera proteger a Lux.
Al rato, Hanna regresó a por su prima, cuando el hechizo que Iris mantenía sobre los dos lobos… se debilitó lo suficiente para romperse justo delante de ellas.
Primero cayó Will.
—¡Eh! —exclamó cuando recuperó el control de su cuerpo—. ¡Ya era hora!
Pero no tuvo tiempo de decir nada más.
Porque Sion cayó al suelo… y en el mismo segundo se levantó de un salto.
El aire alrededor de él cambió.
Su lobo estaba completamente despierto.
Sus ojos negros brillaban con intensidad salvaje.
Iris apenas tuvo tiempo de darse cuenta antes de que el enorme lobo estuviera frente a ella.
Hanna dio un paso atrás.
—Oh, no.
Sion bajó la cabeza para mirarla.
Su voz salió profunda, áspera.
—Me inmovilizaste.
Iris cruzó los brazos, incómoda, pero intentando mantener la compostura.
—Intentaste abalanzarte sobre mí.
Sion no parecía escuchar.
Su mirada recorría su rostro, su cabello pelirrojo, su olor.
Ese olor dulce que volvió loco a su lobo.
—Eres mi compañera.
Iris suspiró con paciencia.
—Eso es lo que dices tú.
Un gruñido bajo escapó del pecho de Sion.
Will murmuró por lo bajo:
—Esto va a acabar mal…
Hanna afirmó con la cabeza.
Iris alzó una ceja.
—Mira, grandullón, te agradecería que mantuvieras la distancia.
Aquello fue exactamente lo que no debía decir.
Los ojos de Sion se oscurecieron.
Su lobo tomó el control por un instante.
Dio un paso más hacia ella, acorralándola contra la pared mientras se inclinaba para olerla de manera posesiva e intimidante.
Hanna intervino rápidamente.
—Sión, cálmate.
Pero él no se apartaba de Iris.
—No te alejes de mí.
Iris frunció el ceño.
—Perdona, ¿puedes darme espacio? Esto es muy agobiante, sabes.
—¡Eres mía!
El silencio cayó como una piedra.
Iris parpadeó.
Una vez.
Dos.
Luego lo miró como si acabara de escuchar la cosa más absurda del mundo.
—No.
Will se tapó la boca para no reír.
Error.
Grave error.
Sion giró la cabeza lentamente hacia él.
—¿Te parece gracioso?
—Un poco —admitió Will.
Hanna lo golpeó en el brazo.
—¡Cállate! Ninguno quiere ver a Sion enfadado…
Pero la tensión ya estaba ahí.
Sion volvió a mirar a Iris.
Su voz ahora era más baja.
Más peligroso.
—No estás aceptándolo.
Iris lo miró fijamente.
—Porque no es algo que tenga que aceptar. ¿Me sueltas?
El gruñido que salió del pecho del lobo era profundo.
Primario.
Poseído por algo muy antiguo.
—Los compañeros destinados no se eligen. Aparecen y listo.
Iris inclinó la cabeza.
—Exactamente.
Sus ojos brillaron con desafío.
—Pero no se reclaman como si fueran un objeto.
Hanna murmuró:
—Iris, no estás ayudando…
Will susurró:
—Va a explotar…
Sion dio un paso atrás, dándole espacio a Iris. Pero su presencia era igualmente abrumadora.
—Mi lobo te reconoce y quiere hacerte cachorros.
Iris no retrocedió.
—Ese es tu problema. No el mío.
El aire se tensó.
El pecho de Sion subía y bajaba lentamente.
La frustración era evidente.
Él, que siempre había sido frío, rígido, distante…
Ahora sentía algo completamente nuevo.
Necesidad.
Protección.
Deseo de cercanía.
Y aquella hembra…
Simplemente no lo aceptaba.
Eso enfurecía a su lobo.
—No puedes ignorarlo. El vínculo está ahí…
Iris sonriente con cierta ironía.
—Claro que puedo. No soy una loba y los vínculo esos no funcionan conmigo.
Y levantó ligeramente su mano.
Una chispa de energía danzó entre sus dedos.
—Te obligaré. —gruñó Sion.
—¿Quieres ver como no?
Will levantó las manos rápidamente.
—Yo voto por que nadie lance magia ni se transforme en lobo en el pasillo.
Hanna suspiró.
—Sión…
El enorme lobo no apartaba los ojos de Iris.
Finalmente habló con voz tensa.
—No voy a rendirme.
Iris respondió con total calma.
—Eso ya es cosa tuya.
Y pasó a su lado, junto a Hanna, dirigiéndose a la habitación de Lux para comprobar su estado.
Sion se quedó inmóvil.
Mirándola.
Con una mezcla explosiva de frustración, fascinación y posesividad creciendo dentro de su pecho.
Will se acercará lentamente a él.
—Hermano…
Sion no respondió.
Will sonrió.
—Te has metido en un problema enorme.
El lobo gruñó en voz baja.
Sin dejar de mirar a la pequeña pelirroja.
—Es mi compañera. La quiero.
Will suspiró.
—Si.
Luego agregó con diversión:
—Pero claramente ella no piensa lo mismo.
Y eso… apenas era el comienzo del problema. 🐺🔥
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