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Lux de Luna - Capítulo 87

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Capítulo 87: La antorcha humana

La habitación donde descansaba Lux estaba cargada de una energía extraña.

El aire parecía más denso.

Pesado.

Como si una tormenta invisible estuviera acumulándose dentro de aquellas paredes.

La joven flotaba unos centímetros sobre la cama, envuelta en aquella luz brillante que pulsaba lentamente, como si respirara.

Ambas se acercaron a la cama.

Lux seguía flotando.

La luz que desprendía iluminaba la habitación con un tono plateado.

Iris frunció el ceño.

—¿Cómo sigue?

—Aún brilla y parece que tiene fiebre.

Iris negoció lentamente con la cabeza.

—Las sanadoras no enfermamos. Esto no es fiebre.

Se inclinó sobre Lux y colocó la mano sobre su frente.

En cuanto la tocó…

Iris retiró la mano de golpe.

—Arde.

Hanna alzó una ceja.

—Lo que he dicho.

Iris la miró con seriedad.

—Literal, Hanna. La princesa arde literalmente.

Ambas guardaron silencio un momento.

Luego Hanna suspiró.

—Eso solo puede significar una cosa.

Iris asintió lentamente.

—Ha despertado el poder del fuego.

Hanna comenzó a enumerar con los dedos.

—Recapitulemos.

Señaló a Lux.

—Ha mejorado su visión, su olfato, en general, todos sus sentidos.

Otro dedo.

—Su carácter se ha endurecido. Ya no parece ser tan sumisa.

Otro.

—Parece que puede manejar el fuego.

Y, finalmente, hizo un gesto alrededor del cuerpo brillante de la joven.

—Y tiene una especie de aura.

Iris frunció el ceño.

—Ella no puede tener aura. No es una loba.

Hanna se apoyó contra la mesa.

—Cuando el Alfa Conall libera su aura, los demás lobos sienten la urgencia de obedecer y someterse. Yo no me veo afectada, por supuesto.

Iris se encogió de hombros.

—Por supuesto —repitió con ironía.

Hanna volvió a mirar a Lux.

Su expresión se volvió más seria.

—Sin embargo… lo que despide Lux es diferente.

Iris la observó en silencio.

Hanna habló más despacio.

—Se siente asfixiante.

Miró sus manos.

—Dolorosa.

Luego levantó la vista hacia la joven flotante.

—Como si una fuerza invisible presionara desde todos los lados… amenazando con aplastarlo todo. Sobre todo, a las bestias que cada lobo lleva dentro.

Iris se estremeció.

—Cuando se llena de ira… noto parte de su sometimiento.

Iris la miró.

—Zeta y Conall lo han experimentado en sus propias carnes.

Iris abrió los ojos.

¿Ha atacado a sus propios protectores?

Hanna asintió.

—Si. Intentando separarlos de una pelea, su ira desembocó en su poder más oscuro lo que hizo que ellos se sometieran sufriendo mucho dolor.

El silencio se volvió pesado.

Iris se pasó la mano por el rostro.

—Esto es más grave de lo que pensé. No solo es porque no sepa controlar sus poderes, es porque sus poderes parecen ser más poderosos que ningun otro que hayamos conocido.

Iris caminó lentamente alrededor de la cama.

—No podemos dejarla en este reino.

Hanna la miró.

—¿Qué?

—Terminará matando a cualquiera que la desafíe. Lo sabes.

Hanna señaló la puerta.

—Iris… no sé si te has dado cuenta de que esos dos lobos alfa, que parecen tener rabia, nos matarán antes de permitir que saquemos a Lux de aquí.

Iris cruzó los brazos.

—Este no era el plan de Lilian. Ella quería protegerla y evitar que la usaran como un arma.

Hanna soltó una risa seca.

—Tampoco imaginó que Marcus lograría hacer un pacto con un lobo y aquí estamos.

Iris suspiró profundamente.

—No tenemos más remedio que contarle la verdad a Cornelius.

Hanna la miró como si acabara de proponer saltar por una ventana.

—¿Quieres morir?

—Es su padre. Él sabrá qué hacer.

Hanna negó lentamente.

—Si no nos matan los lobos… lo hará Cornelius al enterarse de que tiene una hija y se la ocultamos todos estos años.

Iris señaló a Lux, que ahora brillaba con más intensidad.

—¿Prefieres que Lux despierte hecha un basilisco y nos use a todos como una antorcha?

Hanna abrió la boca… y luego la cerró.

—Buen argumento. — suspiró.

—Pero aun así… prefiero no morir ahorcada por los lobos.

Iris se sentó en la silla junto a la cama.

—Deberíamos intentar entrenarla.

Hanna parpadeó.

—¿Estás segura de que podremos hacerlo?

—Habrá que intentarlo. A ver si aminora sus poderes.

Hanna la miró con incredulidad.

—¿Aminorar sus poderes? —cuestionó Hanna.

—Ahora que ya ha concluido los apareamientos con sus protectores… querrá más y más. —concluyó Iris.

Hanna alzó una ceja.

—Tienes razón. Los lobos son muy vigorosos y no se detendrán ante el reclamo de ella.

Iris suspiró.

—Sí… esto es un desastre.

Hanna se dejó caer en la silla opuesta.

—Un desastre enorme.

Iris entrecerró los ojos pensativa.

—Tendremos que deshacernos de uno de ellos cuanto antes.

Hanna casi se atraganta.

—¿Qué dices?

Iris comenzó a enumerar.

—Conall está poseído y es un peligro. —argumentó Iris.

—Correcto. —apoyó Hanna.

—Pero Zeta es el príncipe heredero.

—Correcto.

—Y está dispuesto a hacer a Lux la Reina de los Lobos. ¿Te imaginas?

Hanna suspiró dramáticamente.

—Menudo dilema tenemos, Iris.

Iris apoyó la barbilla en la mano.

—¿Y si le conseguimos a otro protector?

Hanna se quedó inmóvil.

Luego habló muy despacio.

—¿Perdona?

Iris parecía completamente seria.

—Realmente quieres morir —murmuró Hanna.

Iris la miró.

—Tú puedes lanzar hechizos.

Hanna suspiró.

—Sí.

—Y con tantos años mezclada entre lobos deberías ser buena para buscar alguna poción que ayude a crear el vínculo de pareja.

Hanna se levantó lentamente.

—Iris… estoy pensando que no ha sido buena idea llamarte.

Iris frunció el ceño.

—Hanna, nada de lo que te digo te viene bien.

Hanna cruzó los brazos.

—¿Será porque todo suena a cómo vamos a morir bajo terribles sufrimientos?

En ese momento…

Lux se movió ligeramente.

La luz que la rodeaba estalló un segundo como una llamarada.

Ambas se quedaron completamente quietas.

Hanna susurró:

—¿Ves?

Iris tragó saliva.

—Sí.

Hanna añadió:

—Antorcha humana.

Iris murmuró:

—Empiezo a pensar que tu teoría del basilisco no estaba tan equivocada. 🔥

Lux comenzó a despertar lentamente, con la sensación incómoda de estar metida dentro de un horno.

Abrió los ojos con dificultad.

—Tengo sed.

Hanna reaccionó al instante y le acercó un vaso.

—Toma, cariño. Bebe despacio.

Lux no bebió despacio.

Se lo tragó de un golpe.

—Quiero más…

—Claro.

Hanna volvió a llenar el vaso.

Y luego otra vez.

Y otra.

Y otra.

Al cuarto vaso Hanna frunció el ceño.

—O estás muy deshidratada… o estamos criando un camello.

Lux parpadeó, recuperando un poco la conciencia. Entonces vio a Iris por primera vez.

—¿Quién eres?

Iris inclinó ligeramente la cabeza.

—Mi nombre es Iris. Soy una sanadora y vengo del Reino Sagrado.

Los ojos de Lux se abrieron como platos.

—¿Una sanadora como yo?

Iris sonrió con diplomacia.

—No exactamente. Yo no tengo tanto poder como tienes tú.

Lux hizo una mueca.

—No quiero tener poderes. Lastimo a las personas que me importan.

—Por eso estoy aquí —respondió Iris—. Para ayudarle a controlarlos.

Lux se sentó lentamente.

—¿Qué debo hacer?

—Debes venir con nosotras. Aquí no estás segura. Y los lobos tampoco.

Lux frunció el ceño.

—¿Debo irme a dónde?

—A tu casa —respondió Iris con calma—. Al Reino Sagrado.

Lux miró alrededor.

—Esta es mi casa.

Hanna murmuró por lo bajo:

—Aquí viene el problema…

Iris continuó con serenidad suicida.

—No, no lo es. Tú perteneces al Reino Sagrado. Allí te espera el trono.

La temperatura de la habitación subió tres grados.

Lux empezó a ponerse roja.

De su piel comenzó a salir un humo espeso.

—¡He dicho que esta es mi casa!

—¡Lux! —exclamó Hanna.

— ¿Dónde están mis protectores?

Hanna miró a Iris con pánico.

—¡Haz algo o herviremos aquí mismo!

Iris levantó las manos.

—¡No puedo inmovilizarla!

Pausa.

Hanna la miró.

—¿Cómo que no puedes?

Iris suspiró.

—Porque cuando intento hacerlo… mis poderes se derriten.

La habitación estaba al borde del desastre.

El aire vibraba.

El humo rojo que salía de la piel de Lux se extendía lentamente por la estancia como una niebla sofocante.

Las bolas de fuego en sus manos crecían.

Cada segundo más grandes.

Más brillantes.

Más peligrosas.

Iris levantó las manos con cautela.

—Lux… debes calmarte.

Lux estaba temblando.

Sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de miedo, rabia y desesperación.

—¡He dicho que necesito a mis protectores!

Hanna murmuró entre dientes…

—Vamos a morir achicharradas.

Iris respondió sin apartar la vista de Lux.

—Todavía no.

Lux apretó los dientes.

—¡Nadie me va a alejar de mis machos!

El humo rojo se volvió más espeso.

Las llamas crecieron.

—¡Ellos son míos!

Iris dio un paso atrás.

—Lux…

—¡Yo soy suya!

Y entonces…

La puerta se abrió de golpe.

Un impacto brutal sacudió el aire de la habitación.

Dos presencias entraron como una tormenta.

Conall y Zeta.

Ambos habían sentido el estallido de poder de Lux desde lejos.

Ambos habían corrido como lobos desesperados.

Sus ojos brillaban.

Sus auras llenaron la habitación al instante.

—¡Pequeña! —rugió Conall.

—¡Amor mío, detente! —dijo Zeta al mismo tiempo.

Lux giró la cabeza hacia ellos.

Las llamas en sus manos temblaron.

Sus ojos se llenaron de alivio.

—Están aquí…

El humo rojo empezó a disiparse lentamente.

Pero el fuego seguía vivo en sus manos y la situación no parecía que fuera a mejorar. 🔥🔥🔥

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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