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Lux de Luna - Capítulo 88

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Capítulo 88: Como el fuego de un volcán

Lux estaba en trance, dispuesta a tirar las bolas de fuego que creaba con sus manos, que cada vez eran más grandes y amenazantes. Las llamas danzaban al ritmo de su angustia interna, arrojando destellos que iluminaban su rostro demacrado. El aire a su alrededor vibraba con una energía palpable, pero también con un peligro inminente que hacía que todos los presentes contuvieran la respiración.

—Chicos, es el momento en el que ayudan a su compañera —dijo Iris, con un tono preocupado que apenas podía ocultar su temor.

Zeta, con los ojos muy abiertos, observó a Lux mientras la tormenta de fuego se intensificaba.

—¿Y cómo lo hacemos? ¿Ella puede sentirnos sin lobo? —preguntó en voz baja, su mente llena de dudas.

Iris asintió, la gravedad de la situación reflejada en su rostro.

—Lux tiene el poder suficiente para oír vuestros pensamientos y sentir vuestras emociones. Funciona igual que el vínculo de compañeros… pero amplificado.

Zeta tragó saliva, el peso de la responsabilidad cayendo sobre sus hombros.

—Conall… ella es nuestra compañera. Nos necesita.

Conall apretó la mandíbula, luchando contra la desesperación que le consumía, pero no dijo más. No hacía falta. Su mirada perdida revelaba que su lobo estaba… ausente.

Zeta suspiró, sintiendo que el tiempo se le escapaba.

—Entonces, lo intentaremos con el mío.

Cerró los ojos y llamó a su bestia, concentrándose en el profundo vínculo que compartían.

—¿Puedes ayudar? —su voz era un susurro, casi una súplica.

En su mente resonó una voz grave, serena y decidida.

—Lo intentaré.

El lobo de Zeta proyectó su voz hacia Lux, intentando romper el hechizo que la mantenía prisionera en el fuego.

—¡Compañera!

Lux, envuelta en humo ardiente, respondió mentalmente como un grito desesperado, su voz llena de angustia.

—¡Quieren llevarme lejos de vosotros!

—No dejaremos que eso suceda —la calmó el lobo—. Pero debes tranquilizarte.

El fuego seguía vivo en sus manos.

Conall dio un paso hacia ella.

Despacio.

Con una calma que solo tienen los depredadores más peligrosos.

—Lux.

Su voz era baja.

Grave.

Dominante.

—Mírame.

Ella lo hizo.

Conall mantuvo su mirada.

Su aura alfa se desplegó en la habitación como una presión invisible.

Pero esta vez pasó algo distinto.

El aura de Conall no sometió a Lux.

Chocó contra ella.

Como dos fuerzas enfrentadas.

Los ojos de Conall se oscurecieron.

—Interesante…

Zeta avanzó también.

Su presencia era distinta.

Más cálida.

Más estable.

—Princesa… —murmuró con suavidad—. Nadie te va a separar de nosotros.

Lux respiraba agitadamente.

Las llamas empezaron a reducirse.

—Ellas quieren llevarme lejos…

Señaló a Iris y Hanna.

—Dicen que este no es mi hogar.

Conall giró lentamente la cabeza hacia las dos sanadoras.

Sus ojos eran puro peligro.

—¿Ah sí?

Hanna levantó las manos.

—No era exactamente así—

Iris la interrumpió.

—Lux pertenece al Reino Sagrado.

El silencio cayó como una piedra.

Zeta frunció el ceño.

—¿Qué?

Iris miró a Lux.

—Eres la heredera del trono. Te guste o no, debes venir con nosotras.

Lux negó rápidamente y el fuego en sus manos ardió.

—¡¡¡No!!! ¡Puedo quemarlas y así terminaremos con esto! —su determinación ardía con la misma intensidad que las llamas.

—¡Lux, esta no eres tú! —suplicó Hanna, retrocediendo medio paso, sintiendo el calor del fuego y la desesperación.

Era un dilema, un enfrentamiento entre el instinto de lucha y el vínculo, un desafío que decidiría el destino de Lux y de todos ellos. La tensión aumentaba mientras cada uno estaba a punto de tomar la decisión que podría cambiarlo todo.

En ese momento Conall se llevó la mano a la sien.

Un dolor brutal le atravesó la cabeza.

Se tambaleó.

—¡Déjame salir! —rugió Marcus desde su interior.

—Ni lo sueñes, criatura maldita.

—Puedo ayudar.

Conall resopló con amargura.

—¿Y por qué confiaría en ti?

—Porque hasta ahora… nunca te he mentido.

Conall gruñó.

—Maldita sea… tienes un punto.

El lobo de Zeta gruñó de repente.

—Zeta… presiento a la criatura maldita dentro de Conall.

Zeta se frotó la cara.

—Lo que nos faltaba.

Lux levantó ambas manos, creando más bolas de fuego.

—¡Estoy perdiendo el tiempo y eso me llena de ira!

—¡Lux, espera! —gritó Iris.

Demasiado tarde.

Una bola de fuego salió disparada hacia ella.

Iris la esquivó por los pelos.

La llama impactó en una cortina.

—¡Ay que nos asa vivas! —chilló Hanna mientras corría a apagar el incendio.

Dentro de Conall, Marcus rugió.

—¡Alfa! O me dejas salir o esto va a ponerse peor.

—Le harás daño a mi compañera.

—No es a ella a quien quiero lastimar. Si le hago daño, nunca podré llegar a Lilian.

El lobo de Zeta gruñó con desconfianza.

—Zeta… la criatura está negociando con el plebeyo.

Marcus respondió de inmediato, irritado.

—¡Bola de pelos inmunda! Que sepas que puedo oírte.

Silencio.

La bestia de Zeta murmuró:

—¡Ups!

Zeta miró a Conall con desconfianza.

—¿Qué demonios estás haciendo?

—Dice que puede ayudar a controlarla.

—¿Y tú le crees?

—Su poder es oscuro… igual que el de Lux ahora mismo.

Zeta frunció el ceño.

—¿Confías en él?

Conall respiró hondo.

—Sí.

Pausa.

—Nunca me ha mentido.

El aire pareció tensarse.

—Muy bien —gruñó Zeta—. Si morimos, te perseguiré en la otra vida.

Conall cerró los ojos.

—Trato hecho.

Entonces cedió el control.

Cuando volvió a abrirlos… algo en su mirada había cambiado. Sus ojos eran rojo fuego.

Marcus estaba allí.

Sonrió lentamente.

—¡Lux!

Ella seguía en trance, creando más fuego.

Marcus caminó directo hacia ella.

Zeta murmuró:

—¿Es eso un suicidio?

El lobo respondió con sequedad.

—Calla. Al menos alguien lo está intentando.

Marcus rodeó la cintura de Lux.

Ella lo miró a los ojos. Supo de inmediato que aquella persona no era su amado Conall.

—¿Quién eres? ¿Dónde está mi compañero?

—Mi nombre es Marcus. Soy el protector de tu madre.

Lux frunció el ceño.

—No hiciste bien tu trabajo. Mi madre está muerta.

Durante un segundo… Marcus pareció comprender ese dolor.

—Conozco ese sentimiento, Lux. Pero Hanna e Iris no son el problema.

Lux alzó la barbilla.

—Quiero matarlas. Deseo hacerlo.

Hanna e Iris se miraron horrorizadas.

—Hemos creado un monstruo…—mencionó tristemente, Hanna.

Marcus sonrió de forma peligrosa.

—Tranquila. Ya llegará tu momento. Y cuando llegue… acabaremos con todos los que nos hicieron daño.

Lux inclinó la cabeza.

—¿Me ayudarás?

Zeta explotó.

—¡Lux! ¡Él no tiene buenas intenciones!

Marcus giró la cabeza con fastidio.

—Qué lobo más pesado.

Sin soltar a Lux, extendió la mano y con un solo movimiento, Zeta salió disparado contra la pared.

—¡No molestes!

El príncipe cayó al suelo como un saco de patatas.

—¡Oye! —protestó Lux—. No te permito que dañes a mis compañeros.

Marcus arqueó una ceja.

—¿Perdona?

Entonces un dolor brutal atravesó su pecho.

Miró hacia abajo.

Lux lo estaba mirando fijamente, irradiandole un dolor insoportable que lo estaba volviendo loco.

—Si me matas… —dijo Marcus con dificultad— también matarás a tu querido Alfa del Norte.

Lux murmuró:

—Mierda.

Iris avanzó con cautela.

—Princesa… no me achicharres. Tengo una idea.

—¡Habla!.

—Quítale el aire. Solo lo suficiente para que se desmaye. Es lo menos dañino para el cuerpo de Conall.

Marcus gritó enfurecido.

—¡Ni se te ocurra, Lux!

Lux asintió… pensativa.

Y entonces hizo algo que nadie esperaba.

Agarró a Marcus del cuello.

Y lo besó. Profundamente…

Le robó el aire de los pulmones de una sola bocanada.

Marcus cayó inconsciente como una piedra.

Silencio.

Lux miró a su alrededor.

Conall y Zeta estaban en el suelo.

Inconscientes.

Ella parpadeó al instante.

—¿Qué ha pasado?

Iris suspiró profundamente al comprobar que Lux había terminado su trance.

—No sé ni por dónde empezar…

Minutos después, Hanna terminó de explicarlo todo.

Lux se pasó la mano por el pelo.

—Esto parece una pesadilla.

Iris asintió.

—Nadie esperaba que uno de tus protectores estuviera poseído por otro… con poder divino.

Lux levantó la mirada.

—¿Mi madre sabía que iba a pasar esto?

Iris dudó.

—Tu madre tenía visiones… pero lo de Marcus no lo previó.

Lux frunció el ceño.

—Entonces… ¿cómo murió? Porque la versión oficial es que murió al darme a luz.

Iris se incomodó.

—Hablaremos de eso más adelante.

—Claro. El clásico “luego”.

—Ahora lo importante —continuó Iris— es que entiendas el peligro de quedarte aquí.

Lux cruzó los brazos.

—No me iré sin mis compañeros.

—Ellos no pueden entrar al Reino Sagrado.

—Entonces yo tampoco iré.

Hanna suspiró.

—Terca como su madre…

Lux la miró con una sonrisa peligrosa.

—¿Quieres que te prenda fuego?

Hanna palideció.

—¡No, otra vez!

Lux soltó una risita.

—Es broma, tonta.

—¡No juegues con eso!

Iris se acercó.

—Lux. Esto es serio. El Alfa del Norte es potencialmente peligroso con el espíritu de Marcus dentro.

Lux alzó una ceja.

—¿No decís que soy la sanadora más poderosa que ha existido hasta el momento?

—Sí… —respondió Iris con cautela—. ¿Y?

Lux sonrió.

Una sonrisa que prometía problemas.

—Entonces enseñadme a controlar mis poderes.

Las dos mujeres se miraron.

—¿Para qué?

Lux señaló con el dedo a Conall inconsciente.

—Para encargarme personalmente de Marcus.

Pausa.

Y añadió con total calma…

—Antes de que él decida encargarse de mí.

Su mirada se volvió peligrosa contemplando a Iris y Hanna.

—Porque la próxima vez…

Sus dedos se encendieron ligeramente.

—No voy a detenerme. Nadie me separará de mis compañeros.

Hanna murmuró.

—Definitivamente vamos a morir.

Iris respondió con calma.

—Sí.

Luego añadió mientras observaba a Lux con atención.

—Pero antes… tendremos que entrenar a un volcán. 🔥🐺

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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