Lux de Luna - Capítulo 89
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Capítulo 89: Los tres, somos uno
“Y la magia se produce cuando vez a una persona o, en este caso a dos, entre tanta gente”.
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El silencio en el pasillo era casi reverencial.
Lux avanzó despacio hasta la puerta de la habitación de Conall. Había tenido una mañana tan intensa que sentía el cuerpo pesado, como si cada emoción hubiera drenado una parte de su energía. El incendio, el trance, Marcus, la revelación sobre su padre… y lo peor de todo: sus protectores habían salido heridos por su culpa.
Respiró hondo antes de abrir.
La habitación estaba en penumbra. El olor a hierbas curativas flotaba en el aire.
Conall descansaba en la cama, con los ojos cerrados. Su respiración era profunda, tranquila… pero Lux sabía que aquello no significaba que estuviera dormido.
Ella podía sentirlo.
Se acercó en silencio.
Durante un instante simplemente lo observó.
El poderoso Alfa del Norte, el hombre que parecía hecho de acero y orgullo, estaba allí tumbado… vulnerable.
Entonces la voz grave rompió el silencio.
—¿Has venido a verme?
Lux no se sobresaltó.
Sabía que era él.
—¿Estás bien?
Conall abrió los ojos lentamente. Sus iris se clavaron en ella.
—Soy un Alfa —respondió con calma—. Y el más fuerte de mi generación.
Lux cruzó los brazos.
—Lo que has hecho ha sido suicida.
Conall arqueó una ceja.
—¿Me retas por querer protegerte?
—No.
Lux negó con la cabeza.
—Te reto porque no debes confiar en la criatura maldita.
Conall se incorporó despacio, apoyando la espalda contra el cabecero.
—Él no está maldito.
Hubo un silencio breve.
—Solo está enfadado —continuó—. Porque lo engañaron.
Lux suspiró.
— Como tú a mí.
Conall tragó saliva.
—Lux…
Lux permaneció unos segundos en silencio antes de hablar. Sus dedos jugaban nerviosamente con el borde de la sábana mientras observaba a Conall sentado frente a ella en la cama. Había algo en su mirada que no era enfado exactamente… pero tampoco calma.
—Hay algo que quiero preguntarte —dijo finalmente.
Conall levantó la vista. Su expresión se tensó al instante, como si ya supiera por dónde venía la pregunta.
—Electra —continuó Lux—.
El Alfa suspiró profundamente y se pasó una mano por el cabello oscuro.
—Sabía que tarde o temprano saldría ese tema.
Lux lo miró con una mezcla de curiosidad y una punzada de celos que no intentó ocultar.
—¿Por qué?
Conall no respondió de inmediato. Sus ojos negros se clavaron en los de ella con una sinceridad cómoda.
—Ha sido una de mis estúpidas estrategias.
Lux arqueó una ceja.
—Eso no aclara mucho.
Él dejó escapar una pequeña risa sin humor.
—Electra y yo… empezamos a intimar. Fue antes de que el vínculo contigo se volviera tan fuerte. Yo no entendía lo que estaba pasando conmigo… solo sentía una constante inquietud.
Lux tragó saliva. No apartó la mirada.
—Continúa.
—Pero no llegamos hasta el final —dijo con firmeza.
La sorpresa cruzó el rostro de Lux.
—¿No?
Conall negó con la cabeza.
—Mi lobo lo impidió.
—¿Tu lobo?
—En mitad de todo… percibí tu olor.
Lux parpadeó.
—¿Mi olor?
—Cítricos y canela —murmuró él con una leve sonrisa—. Es imposible no reconocerlo. Mi bestia se volvió completamente loca.
Lux sintió cómo el calor subía a sus mejillas.
—¿Estás diciendo que tu lobo me reconoció antes que tú?
—Exactamente eso.
Conall se inclinó un poco hacia ella, apoyando los antebrazos sobre las rodillas.
—Se revolvió con tanta violencia que tuve que apartarme de Electra. Sentía que estaba traicionando algo… aunque aún no entendiera qué era.
Lux bajó la mirada al suelo.
—Pero sí quisiste estar con ella.
El silencio duró un instante.
—Sí —respondió Conall con honestidad—. En ese momento creía que tenía que hacerlo para poder traerla aquí y vengarme de Alfa Bodolf.
Lux presionó los labios. La punzada de celos seguía ahí, pequeña pero insistente.
—No me gusta imaginarlo.
—Lo sé.
Conall alzó una mano, dudó un segundo y finalmente tomó la de ella con suavidad.
—Pero nunca hubo sentimientos. Electra era… algo necesario para mi venganza. Algo físico, nada más.
Lux levantó los ojos hacia él.
—¿Y ahora?
La intensidad en la mirada de Conall cambió por completo.
—Ahora no existe nadie más que tú.
El latido del corazón de Lux se aceleró.
— ¿Ni siquiera antes de completar el vínculo?
—Ni siquiera entonces —respondió él—. Porque cuando mi lobo sintió tu aroma… todo lo demás dejó de tener sentido.
Lux soltó un pequeño suspiro y negó con la cabeza.
—Eres un desastre, Conall.
Él sonrió levemente.
—Un desastre que te pertenece.
Ella lo observó unos segundos más, como si estuviera decidiendo algo importante.
Finalmente, su expresión se suavizó.
—No voy a mentir… me siento un poco celosa.
—Lo imaginé.
—Pero también entiendo que ocurrió antes de que nosotros… —hizo un gesto entre ambos— fueramos realmente nosotros .
Conall apretó su mano con cuidado.
—Nunca te mentiría sobre algo así.
Lux respiró hondo y, tras un breve momento, ascendió.
—Entonces está bien.
La sorpresa cruzó el rostro del Alfa.
—¿De verdad?
Lux lo miró con una pequeña sonrisa.
—Te perdono.
Y luego añadió, con un brillo travieso en los ojos.
—Pero si vuelves a acercarte demasiado a Electra, puede que la próxima bola de fuego no la esquive a nadie.
Conall soltó una carcajada baja.
—Tomaré eso como una advertencia muy seria.
Lux se inclinó un poco hacia él.
—Hazlo. Porque ahora sé que tu lobo me prefiere.
—Mi lobo… —murmuró Conall— y todo lo demás también. Hasta la criatura maldita salió a la luz, solo para protegerte.
—Ese Marcus, no quiero que se apodere de ti.
— ¿Quién te ha contado sobre él?
—Hanna e Iris.
La mandíbula de Conall se tensó.
—Esas dos son peligrosas.
Lux soltó una risa seca.
—Casi las mato. Pobres, ahora me tienen miedo…
—Me hubiera gustado que lo hicieras.
Lux lo miró con incredulidad.
—Te están manipulando a su propio beneficio —continuó Conall—. No quiero ayudarte. Quieren usarte.
Lux se sentó al borde de la cama.
—Él habló con ellas. Me lo han contado todo.
Conall negó lentamente.
—Eso no me lo creo.
Lux se encogió de hombros.
—Supongo que al menos sé la parte más importante.
Conall la mira con atención.
—Mi padre vive.
La reacción fue inmediata.
Conall se levantó de un golpe de la cama.
—¿Tu padre está vivo?
—Sí. Se llama Cornelius.
Lux tragó saliva.
—Y es quien está al mando del Reino Sagrado después de que mi abuelo Lucius muriera.
El silencio cayó como una losa.
—Pero él no sabe sobre mi existencia —añadió ella.
Conall frunció el ceño.
—¿Cómo es posible?
—Mi madre huyó conmigo dentro de su vientre… después de encerrar el alma de Marcus en un frasco.
Conall pasó una mano por su cabello oscuro.
—Eso explicaría por qué tu padre no te ha buscado.
Lux asintió.
—Iris me dijo algo más.
Conall levantó la mirada.
—El tiempo en el Reino Sagrado transcurre diferente.
Lux respiró hondo.
—Lo que aquí son años… allí son días.
Conall quedó completamente inmóvil.
—Espera.
Procesó la información.
—Entonces sí han pasado dieciocho años aquí…
—Allí solo han pasado algunos meses.
El vínculo vibró entre ellos.
Conall sintió de inmediato la tormenta emocional de Lux.
Ansiedad.
Confusión.
Miedo.
—¿En qué piensas? —preguntó.
Lux bajó la mirada.
—Tengo que irme con Iris.
El aire de la habitación se volvió pesado.
—Es lo mejor para todos.
El rugido de Conall estaba bajo… pero lleno de amenaza.
—Ni se te ocurre volver a decir eso.
La ira llenó su mirada.
—¿Lo mejor para quién? ¿Para la gente de tu reino?
Lux apretó los puños.
—No quiero lastimar a nadie.
Su voz tembló.
—No puedo controlar mis poderes.
Conall dio un paso hacia ella.
—Para eso están Hanna e Iris.
—¿Y si no puedo?
Sus ojos se llenaron de angustia.
—¿Y si en un intento mato a alguien?
El silencio duró un segundo.
Luego Conall dijo algo que la dejó helada.
—Deberías preocuparte más por Zeta y por mí.
Lux lo miró.
—¿Qué?
La voz de Conall se quebró.
—Moriríamos si te vas.
Y entonces ocurrió algo que Lux jamás habría imaginado.
Conall cayó de rodillas.
Frente a ella.
Sus manos se aferraron a las piernas de Lux con desesperación.
—No puedes irte —susurró.
Su voz estaba rota.
—No puedes desaparecer de nuestras vidas como si nunca hubieras existido.
Lux sintió que el corazón se le rompía.
Porque en ese instante comprendió algo.
Conall había aceptado el vínculo de tres.
Completamente.
Sin reservas.
—Conall…
Él apoyó la frente contra sus piernas.
—He expuesto mi vida ante esa criatura solo por quedarme a tu lado.
Respiró con dificultad.
—Y no me importa.
Levantó la mirada.
—Tú eres lo más importante en mi vida.
Los ojos de Lux se llenaron de lágrimas.
Se agachó hasta quedar a su altura.
Lo abrazó.
—No era mi intención crearte angustia.
Conall presionó los brazos alrededor de su cintura.
—Entonces no te vayas.
—No lo haré.
—Promételo.
Lux tomó su rostro entre sus manos.
—No me iré sola a ningún sitio.
Sus ojos brillaron con determinación.
—Ni te dejaré.
Respiró hondo.
—Ni a ti ni a Zeta.
La conexión vibró con fuerza.
—Los amo a los dos.
Conall se quedó inmóvil.
—Por igual.
Las palabras llenaron la habitación.
—Y lucharé por nuestro vínculo.
En ese momento, algo atravesó la mente de Conall.
Una presencia familiar.
—Zeta está aquí.
Lux parpadeó.
—¿Qué?
—Ha sentido mi angustia… y tu preocupación.
Lux se levantó de inmediato y corrió hacia la puerta.
Cuando la abrió, los guerreros estaban allí.
Will y Sión.
—El príncipe quiere entrar —dijo Will.
Lux apenas alcanzó a responder cuando Zeta apareció detrás de ellos.
Los guerreros recibieron la orden mental de Conall y se apartaron.
Zeta entró en la habitación y cerró la puerta.
Sus ojos recorrieron la escena.
Conall aún estaba de rodillas.
Lux tenía lágrimas en las mejillas.
—¿Estáis bien?
Lux se sonrojó y corrió hacia él.
Lo abrazó con fuerza.
—Lo siento tanto.
—¿Por qué?
—Por lo de antes…
Zeta sonrió suavemente.
—No fue tu culpa.
Le guiñó un ojo.
—Tengo un lobo fuerte.
Lux tomó su mano y lo llevó hacia Conall.
El Alfa se levantó en cuanto se acercaron.
Y de pronto Lux quedó atrapada entre los dos.
Uno a cada lado.
Su calor.
Su fuerza.
Su protección.
Lux respiró hondo.
—Los amo a los dos.
Zeta y Conall se miraron.
—Y los acepto.
El silencio era casi eléctrico.
—Sé que esto es difícil para vosotros.
Lux apretó los brazos de ambos.
—Pero no me estáis compartiendo.
Los miró con intensidad.
—Me complementais.
Zeta carraspeó.
—Bueno… esto es incómodo, pero debo decir algo…
Conall lo interrumpió.
—Zeta… te he querido matar desde la noche de la presentación de Lux.
Lux abrió los ojos.
—¡Oh!
Zeta suspiró.
—Yo también.
Conall levantó una ceja.
—Incluso ideé un plan. —afirmó Zeta.
—¿Un plan? —preguntó Conall asombrado.
—Para matarte y deshacerme de tu cuerpo sin que nadie lo supiera.
Lux parpadeó.
—¡Vaya!
Conall cruzó los brazos.
—Era un mal plan.
—Nunca lo sabrás.
Pero entonces la expresión de Zeta cambió.
—Pero desde que el vínculo se completó…— Se llevó una mano al pecho. — Algo cambió.
Miró a Conall.
—Puedo sentir tus emociones.
Conall lo observó y continuó…
—Yo igual, y nos parecemos más de lo que pensaba.
La mirada de Zeta se suavizó.
—He sentido tu sufrimiento, Conall. Todo lo que has vivido desde que tu familia murió.
Silencio.
—Y ahora entiendo por qué eres como eres.
Lux apretó sus brazos con emoción.
—Los tres somos uno.
El rubor volvió a sus mejillas.
—No sé si fue la Diosa Selene o el poder divino…
Respiró con gratitud.
—Pero no podría estar más agradecida por los compañeros que me han sido destinados.
Entonces el cuerpo de Conall se tensó.
Lux lo notó enseguida.
—¿Qué ocurre?
Conall gruñó.
—El hada ambiciosa y la pseudo sanadora esa, quieren llevarte al Reino Sagrado para presentarte a tu verdadero padre.
Zeta parpadeó.
—¿Qué me he perdido?
Lux sonrió con timidez.
—Prometo ponerte al día, mi príncipe.
Ambos notaron el cambio en ella.
— ¿Qué te ocurre? —preguntó Zeta, sus cejas fruncidas en preocupación.
Lux respiró profundamente, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en el pecho.
—Necesito que hagamos algo los tres —dijo, su voz temblando ligeramente.
Conall y Zeta se miraron entre sí, con la curiosidad marcando sus rostros.
—Iris dice que me ayudará a canalizar mis poderes —continuó Lux, apretando sus manos con nerviosismo.
Conall sonrió, mostrando su apoyo incondicional.
—Por ti, lo que sea.
Zeta, más cauteloso, cruzó los brazos, su mirada fija en Lux.
—¿Qué tenemos que hacer?
Lux sintió cómo el calor le subía por el rostro, evidenciando su inquietud. Sus dedos se entrelazaron, buscando una respuesta dentro de ella. Finalmente, con determinación, pronunció las palabras que cambiarían todo.
—Aparearnos.
El silencio que siguió fue tan denso que parecía vibrar en el aire, como si el universo entero contuviera la respiración.
—Los tres —agregó, sus ojos desafiantes. —Juntos…
Zeta se atragantó, mientras Conall parpadeaba lentamente, procesando la revelación. Lux no apartó la mirada.
—Es la única forma de estabilizar completamente el vínculo —explicó, su voz llena de convicción.
Sus ojos brillaban intensamente.
—De convertirnos… verdaderamente…
Respiró hondo.
—En uno solo.
Y desde aquel momento, nada volvería a ser igual para ninguno de ellos. 🔥🐺💞
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