Lux de Luna - Capítulo 90
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Capítulo 90: Somos tuyos y tú eres nuestra
Iris presintió que la unión de aquellos dos Alfas poderosos y su pequeña princesa sería inminente, y eso, conllevaría al despertar absoluto de todos los poderes de Lux. Ante esa inquietud, se detuvo ante la puerta, el corazón latiendo con fuerza en su pecho. La presión de la situación la hizo sentir como si un volcán a punto de erupcionar latiera en su interior. Sabía que debía advertir a los guerreros personales del Alfa Conall sobre la luz brillante que pronto escaparía de la habitación, pero al llegar hasta la habitación de Conall, sus palabras se quedaron atrapadas en su garganta.
—¡Oh! —exclamó, sorprendida al reconocer a los dos guerreros que vigilaban la puerta.
Sion, imponente como siempre con sus dos metros de altura, permaneció inmóvil, aunque el leve parpadeo de sus ojos reveló un atisbo de incomodidad. Rascándose la nuca, Iris soltó un saludo titubeante.
—Hola, otra vez.
La imagen era cómica: él, un coloso de músculos y determinación, y ella, una pequeña mujer que apenas alcanzaba el metro y medio. Iris tuvo que reprimir una sonrisa ante lo absurdo de la escena. Mientras tanto, Will, disimulaba una risita.
—¿Has oído algo? —preguntó Sion, intentando no desviar sus ojos hacia ella.
—No, la verdad es que no —respondió Will, mientras sus labios aún dibujaban una mueca burlona.
Iris sintió cómo el sudor comenzaba a correrle por la espalda; su mente divagó hacia el caótico encuentro que habían tenido anteriormente, donde, sin quererlo, había dejado a los dos hombres inmovilizados durante horas, olvidando borrarles la memoria. Recordando esas escenas, decidió actuar con rapidez.
—He venido para advertirles que, si ven luz brillante salir por las rendijas de la puerta de esta habitación, no os asustéis. —Sus palabras se apresuraron a salir de su labio
Sion se tensó.
— Me parece que es algún tipo de mosca molesta que no sabe volver a su sitio.
—¿Me estás llamando mosca? —contestó Iris visiblemente afectada.
El rostro de Sion se tornó serio, y ella notó que su indiferencia era un escudo contra algo más profundo. Lo que antes había sido un juguete entre ellos ahora se transformaba en una tensión palpable. Iris rodó los ojos y suspiró con frustración.
—Pareces un cachorro. ¿Cómo esperabas que reaccionara ante tu intimidación?
Por fin, Sion bajó la cabeza para mirarla, sus ojos oscuros brillando con un destello de desafío.
—¿Intimidación? ¿Reclamar a tu compañera es intimidar?
Iris mantuvo la mirada, sintiendo cómo ese intercambio se convertía en un juego peligroso.
—Verás, lobo. Te habrás dado cuenta de que no soy una loba —replicó, intentando sostener su posición.
—Eso no te excusa.
—¡Me has cogido por sorpresa! —respondió Iris, agitando las manos en un gesto de frustración.
Sion seguía sin moverse, como una muralla inquebrantable.
—Las personas de mi reino no sienten el vínculo de pareja. Lo siento, guerrero, pero creo que tú y yo, no tenemos ninguna oportunidad.
Will inhaló profundamente. Conocía muy bien a Sion y sabía que ese comentario lo pondría más furioso.
Sion sintió un golpe en el pecho al escucharla. ¿Acaso estaba desestimando lo que había entre ellos?
Iris suavizó su voz, casi vulnerable. Invadida por el remordimiento de lo que acababa de decir.
—Yo… lo siento mucho. Me he abrumado al verte tan poseído…
Will, al ver la tensión acumulada entre los dos, decidió intervenir.
—¡Oye! Ella me da lástima. ¿Te has visto lo grande que eres tú y lo pequeña que es ella? Es normal que te tenga miedo.
La incomodidad se hizo más densa. Iris sintió cómo se elevaba la indignación en su interior.
—¡Oh, no! Yo no tengo miedo a nada ni a nadie. ¡Puedo defenderme sola!
—Con tus poderes cualquiera puede defenderse. El mérito es mío por arrancar cabezas de cuajo con solo una mano.
Will cerró los ojos. Su amigo no lo estaba arreglando.
Iris miró a Sion horrorizada.
—Eres un animal salvaje.
—Y tú, una bruja —sentenció Sion, pero su tono era más de burla que de amenaza.
La frustración de Iris alcanzó su clímax.
-¡No! ¡ufff! —exclamó, girándose sobre sus pies con la decisión de marcharse. Hablar con un ser tan inferior era una pérdida de tiempo.
A sus espaldas, escuchó la voz de Will, suave pero llena de incredulidad.
— ¿Vas a dejar que se vaya así?
Sion se encogió de hombros.
—He decidido no dejarme llevar por el vínculo. Eso solo trae problemas y, además, ella no es mi tipo.
La respuesta le atravesó como una daga. Aquel comentario la dejó tambaleándose, una mezcla de indignación y despecho. No era la prisionera de su elección, y no permitiría que él decidiera por ella.
Pero…
Su corazón ardía, y aunque parecía que no estaba interesada, ese enorme lobo había logrado lo que nadie…
Ponerle los pelos de punta.
—————————
De regreso a la habitación de Conall
La atmósfera en la habitación era densa, cargada de una tensión inconfundible. Conall frunció el ceño al escuchar la sugerencia. El aire parecía vibrar entre ellos, como si las paredes mismas estuvieran esperando un estallido.
— ¿Aparearnos los tres juntos? —preguntó Zeta, su voz llena de incredulidad.
Conall se cruzó de brazos, sus labios apretados en una línea recta.
—No pienso tocar a Zeta —respondió con determinación.
—Ni yo… —añadió Zeta, pero en su mirada había un destello curioso.
Lux, sin embargo, suena, como si tuviera un secreto guardado.
—No hace falta, solo debemos dejar que nuestros cuerpos fluyan y se unan en uno solo.
El príncipe sacudió la cabeza, todavía escéptico.
— Príncipe, esto no lo veo… —agregó el lobo de Zeta.
—No creo que esté listo para ver cómo otro lobo te toca y te besa, Lux —rebatió Conall, sintiendo cómo las emociones luchaban dentro de él.
Pero Lux se acercó más, desafiando las barreras que parecían haber construido entre ellos.
—Es que Zeta no es otro lobo. Él es nuestra otra parte.
Una sombra pasó por el rostro de Conall, recordándole que, si su lobo estuviera presente, no tendría piedad. Se notaba la lucha interna en su mirada.
—Si estuviera mi lobo, me estaría taladrando con ideas asesinas hacia Zeta —murmuró, forzándose a respirar calmadamente.
Conall vio la ilusión en la cara de Lux. Esa esperanza desesperada de algo más grande que ellos mismos.
—¿Crees que esto es lo que necesitas?
Sin responder, Lux se acercó aún más, atrapando los labios de Conall en un beso ardiente, olvidando por un momento la presencia de Zeta. Fue un instante de pura entrega, donde lo demás se desvaneció.
Nadie dijo nada, nadie se quejó, nadie se impuso…
Zeta, sintiendo el roce del vínculo, dio un paso adelante, bloqueando a su lobo con fuerza de voluntad. Se inclinó sobre la parte del cuello de Lux, donde ambas marcas brillaban como un símbolo de unidad.
Al pasar su lengua por esa zona tan sensible, Lux ahogó un gemido en la boca de Conall, quien se sintió dividido entre la pasión y el deseo de protegerla. La habitación parecía crujir con la energía colectiva, un epicentro de sensaciones y posibilidades.
Lux se encontró en un torbellino de sensaciones, la mezcla de caricias y besos la envolvía como una nube de seda. Conall había interrumpido el beso para acariciar su mejilla con un tacto suave, casi etéreo. Su voz, cargada de deseo, resonó en su mente:
—Haría cualquier cosa por ti, pequeña.
Ella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras sus ojos se encontraban, llenos de promesas.
Los labios de Conall descendieron nuevamente hacia los de ella, y Lux contuvo el aliento al ver cómo él mordía la boca carnosa y rosada que tanto lo enloquecía. Pero fue Zeta quien, desde atrás, irrumpió en su burbuja, asaltando su cuello con besos ardientes, chupando y mordisqueando las zonas más sensibles. Lux se arqueó, dejándose llevar por la energía creciente que emanaba de su ser, como un fuego avivándose.
El aliento cálido de Zeta rozó su piel, provocando que su corazón latiese con una anticipación casi palpable.
— ¡¡Ah!! —, se escapó de sus labios en un susurro lleno de anhelo.
— Esto te gusta, ¿verdad? —, preguntó él, y Lux, perdida en el momento, respondió con un simple sí…
Con Conall invadiendo su boca y Zeta devorando su cuello, una electricidad recorrió todo su cuerpo. Se sintió viva, completamente atrapada en la sensualidad del instante.
—¡Los necesito a los dos ahora mismo! —, exclamó, y Zeta, con una sonrisa traviesa, se apartó solo unos centímetros para que Conall pudiera moverla como deseara.
Con dulce determinación, él la cogió en brazos, llevándola hasta su enorme cama, donde cada pliegue de las sábanas parecía invitar a la lujuria. Lux sintió los latidos del corazón de Conall resonar en su pecho mientras él presionaba su cuerpo contra el suyo, el calor entre ellos crecía como una llama irrefrenable. En ese instante, la sangre de Lux fluía caliente, pululando en respuesta a la cercanía de sus amados.
Con delicadeza, Conall le dejó un suave beso en los labios antes de levantarse un poco para comenzar a deshacer los cordones que sujetaban su vestido.
—¡Eres tan hermosa, Lux! —, exclamó, admirando cada curva de su figura. Zeta, ya despojado de su ropa, se acercó para ayudar en el proceso de revelar a su reina, sus manos trabajando en perfecta armonía.
Ambos parecían estar sincronizados, sus movimientos reflejando un deseo compartido, sin indicios de competencia entre ellos.
—Los amos y los necesito—, confesó Lux, mientras sus palabras se convertían en ecos de pasión.
— Somos tuyos y tú eres nuestra… ¡Siempre! —, respondieron al unísono, prometiendo protección y devoción.
Los protectores estaban listos, cada uno de los deseoso de poseerla por completo. Con gran ternura, Conall la posicionó sobre el pecho de Zeta, quien la recibió con brazos abiertos.
— Te tomaremos al mismo momento, ¿estás lista? —, susurró Zeta, mientras sus cuerpos se preparaban para sumergirse en un mundo de placer compartido, donde Lux sería el centro de su universo, su diosa, su eterna compañera.
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