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Lux de Luna - Capítulo 91

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Capítulo 91: Caperucita y el lobo feroz

“El lobo siempre será el malo si sólo escuchamos la versión de caperucita”.

—————————–

— Te tomaremos al mismo momento. —le susurró Zeta.

—¡Ah! — Lux gimió solo con la idea, y Zeta pudo notar como la excitación de ella se escurría de su vagina hacia su pene erecto.

— Nuestra sanadora esta más que lista. —exclamó deseoso, el príncipe encantador.

— Lo puedo notar. —agregó Conall con una sonrisa bastante pecaminosa.

Conall introducido tres dedos de golpe dentro de su húmedo y chorreante coño para facilitar la lubricación y poder humedecer la parte trasera de sus muslos.

Zeta se tocaba su miembro para aumentar más su erección, mientras se pasaba algo de su propia saliva para que, al penetrarla por detrás, no fuera tan doloroso para ella.

—¡No aguanto más! —gemía Lux mientras se frotaba los pezones. —Necesito a mis compañeros dentro de mí.

El primero en introducirse en uno de sus orificios fue Zeta, mientras Conall estimulaba a Lux retorciendo sus pezones hasta ponerlos turgentes.

—¡Joder, princesa! —exclamó el lujurioso Zeta al sentir la resistencia de su culo.

—¡Ahhh!

La excitación de Lux escalaba a pasos agigantados y más cuando Zeta comienzó a moverse provocándole placer con sus profundas embestidas.

—¡Más, quiero más! —suplicaba ella.

— Eso está hecho, pequeña.

Conall aprovechó un momento en el que Zeta bajó la intensidad para acomodarse entre las piernas de Lux, deslizándose dentro de su estrecho coño.

—¡Ahhhh! —Lux jadeó al sentir la enorme presión que ejerció Conall al embestirla con su gran pene.

— Te sientes tan bien, tan mía… —susurró Conall mientras la besaba apasionadamente.

Lux sintió ambas estimulaciones recorrer por su cuerpo, lo que provocaba una renovación de energías.

Zeta continuó deslizando su pene por el apretado trasero de Lux, provocándole gritos con gran intensidad llenos de plenitud.

—¡Eres nuestra, Lux! ¡Dilo! —exigía Conall, mientras la follaba duramente.

—Soy vuestra, solo vuestra.

Conall y Zeta la hacían suya, vigorosamente, maniobrando su cuerpo a sus antojos.

—¡Sí! ¡Más, más!

El cuerpo de Lux se encendió con un brillo especial con el comienzo de un orgasmo que recorrió cada parte de su ser.

— Me vengo, voy a correrme.

—¡Yo también! —jadeó Conall.

—¡Y yo…! —Zeta suspir, mientras terminaba frenticamente dentro de ella.

Y en el momento clave, Lux sintió un líquido caliente invadiendo su trasero, haciendo que ella llegara a su propia liberación en el momento en el que Zeta mordió su cuello.

—¡Ohhhh! Tómalo todo, princesa.

Lux no puedo controlarse y sus paredes vaginales estrecharon el pene de Conall, quien no tardó en llegar a su liberación, llenando su coño con su semilla caliente.

—¡Hasta la última gota, pequeña!

¡El orgasmo de Lux fue descomunal y se extendió como nunca!

—¡Ahhhhh! ¡Reino Sagrado!

Sus dos compañeros continuaron estimulándola sin sacar sus miembros de sus respectivos orificios.

—Te lo haremos toda la noche, Lux. —sentencia Zeta con una sonrisa pícara.

— No vamos a dejarte dormir. —predijo Conall, totalmente satisfecho con su desempeño.

—————————

Durante tres días completos, el ala privada del Alfa del Norte había permanecido herméticamente cerrada.

Nadie entraba.

Nadie salía.

Y los guerreros del pasillo ya ni siquiera se molestaban en disimular que sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo dentro.

Lux se estaba recuperando.

De su manera.

Con la ayuda del Alfa del Norte y del Príncipe Heredero.

Y por el aspecto agotado de los criados que llevaban comida hasta la puerta… aquello parecía más una maratón sobrenatural que una simple recuperación.

— ¿Qué haces otra vez tú aquí?

Sion ni siquiera se giró al hablar. Reconocía ese aroma herbal mezclado con mermelada de fresas antes de verla.

Iris apareció en el pasillo con paso rápido, sosteniendo una botella de cristal llena de un líquido verde.

—He traído esto para dárselo a Luna Lux.

Will levantó una ceja y cogió la botella.

—Puede venir Hanna. ¿Por qué siempre vienes tú?

Sion permanecía a su lado como una estatua, mirando al frente con expresión pétrea.

Iris evitó mirarlo… aunque inevitablemente sus ojos se deslizaron hacia él.

—Ella está ocupada con sus pócimas.

Sion bufó con desprecio.

—Brujas.

Iris giró la cabeza de golpe.

—¡No somos brujas!

Se acercó un paso.

—Ella es un hada y yo soy una sanadora.

Sion ni se movió.

—Brujas. Lo que he dicho.

El dedo de Iris apareció apuntándolo directamente al pecho.

—Tengo el poder de inmovilizar a la gente y borrarle la memoria. Así que no me provoca.

Una sonrisa lenta, peligrosa, apareció en el rostro de Sion.

—Y yo tengo el poder de partirte al medio.

Sus ojos brillaron con desafío.

—Así que tampoco me provoca.

—¡Chicos! —intervino Will antes de que aquello escalara.

Pero ya era tarde.

Iris estaba roja de frustración.

—¡Eres un animal!

Sion soltó una carcajada ronca.

—Claro que lo soy. Soy un lobo, por si no te habías dado cuenta.

—¡Eres exasperante!

—Entonces deja de venir. —insinúo Sión.

Iris se encogió de hombros.

—Tu trabajo lo puede hacer Hanna.

Luego inclinó ligeramente la cabeza.

—O… ¿acaso me echas de menos y por eso vienes?

Iris abrió los ojos como platos.

—¡Ah, no! Eso sí que no. Jamás voy a interesarme por alguien como tú.

La sonrisa de Sión desapareció.

—Claro.

Su voz se volvió fría.

—No te interesa porque no tengo rango.

Iris parpadeó.

—¿Qué?

—¡Solo soy un bruto y estúpido guerrero que no puede darte diamantes y cosas bonitas!

Antes de que nadie pudiera reaccionar, su cuerpo se estremeció.

Los huesos crujieron.

El enorme lobo apareció en su lugar.

Y con un salto poderoso atravesó la ventana del pasillo, desapareciendo hacia el bosque.

El silencio que quedó fue incómodo.

Iris se quedó mirando el hueco de la ventana, completamente desconcertada.

—Yo… no quise decir eso…

Will suspiró.

—Iris, tienes que entender algo.

Ella lo miró.

—El vínculo lo está volviendo loco.

Will se apoyará contra la pared.

—Y bastante tranquilo está para lo que significa encontrar a tu compañera… y sentir que ella no te quiere.

Iris bajó la mirada.

—No funcionará.

Su voz salió más baja.

—Los lobos no pueden entrar en mi reino… y yo no voy a quedarme aquí.

Will frunció el ceño.

—Entonces…

Iris negó lentamente.

—Prefiero que me odie…

Sus ojos se aguantaron un poco.

—Antes que tener que rechazarlo y convertirlo en un renegado sin manada.

Will se quedó callado.

Porque esas palabras le recordaron algo.

Electra.

Entendía demasiado bien lo que significaba amar a alguien… y tener que elegir entre ese amor y algo peor.

—Entiendo ese sentimiento —murmuró finalmente.

Iris extendió la botella verde.

—Toma, ya no volveré. La próxima vez, enviaré a alguien más.

Will la tomó.

—Dale esto a la criada que traiga el desayuno.

Señaló la puerta del Alfa.

—Para que Lux se lo beba.

—De acuerdo.

Iris empezó a marcharse.

Pero Will habló de nuevo.

—Antes de irte… deberías hablar con Sion.

Ella se detuvo.

—¿Para qué?

—Porque cree que lo rechazas por no tener nada que recomendarte.

Iris palideció un poco.

—Ese lobo tiene demasiado temperamento.

Se abrazó los brazos.

—Me da miedo acercarme a él.

Will soltó una carcajada.

—Ay, Caperucita.

Ella se puso roja.

—Los lobos no nos comemos a las personas.

Iris murmuró algo ininteligible y salió del pasillo a toda prisa.

Un rato después, unos pasos suaves se acercaron.

Electra apareció con una bandeja de desayuno.

—Hola, compañero.

Will sonrió al verla.

—Hola, compañera.

—El Alfa me envió un enlace mental para traer el desayuno.

Se asombrará.

Muy poca gente sabía lo que realmente ocurría tras esa puerta.

Electra desde luego, no era una de ellas.

Solo sabía una cosa.

—Luna Lux lleva tres días encerrada con el Alfa del Norte y el Príncipe Zeta en esta habitación.

Will se encogió de hombros.

-Si.

Electra suspiró.

—Sé que no puedes contarme nada.

Le dedicó una sonrisa comprensiva.

—Y lo entiendo. No voy a preguntarte más cosas.

Will besó su frente.

—Gracias, mi vida.

Su voz se suavizó.

—Hay información que, como guerrero personal del Alfa, no puedo compartir ni siquiera con mi compañera.

—Lo entiendo.

Electra dejó la bandeja.

—Bueno, aquí te dejo el desayuno.

Will tomó la bandeja y colocó el pequeño frasco verde junto a los panecillos favoritos de Lux.

Electra lo vio.

Y de inmediato recordó la amenaza de su madre.

“Si no haces que Lux ingiera ese veneno… mataré a tu querido Will.”

El corazón le latió con fuerza.

Durante días había estado colocando dos pequeñas gotas del veneno en los panecillos de Lux.

Sin que nadie lo supiera.

Sin que nadie sospechara.

Miró a Will.

Will… esto lo hago por ti.

Nunca permitiré que te hagan daño por mi culpa.

—¿Electra? —preguntó él.

Ella parpadeó.

—¿Estás bien?

Electra forzó una sonrisa.

—Oh… sí.

Señaló el frasco.

—Solo me preguntaba qué es esa botellita.

Will miró el líquido verde.

—Algo para Luna Lux.

Se encogió de hombros.

—No sé qué es.

Electra asintió lentamente.

—Bueno, mi vida.

Dio un paso atrás.

—Te dejo trabajar.

Sus ojos brillaron con ternura.

—Esta noche que tienes libre te espero en casa.

Will sonajero con auténtico cariño.

—No puedo esperar a tenerte entre mis brazos.

Electra respondió con una sonrisa suave.

—Ni yo.

————————-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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