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Lux de Luna - Capítulo 93

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Capítulo 93: El Consejo de la noche

La luna llena brillaba en lo alto, iluminando el despacho donde Conall había convocado a los miembros más cercanos de su manada. Todos esperaban con ansiedad que su Alfa desvelara la razón de la reunión. Los murmullos cesaron cuando Conall se puso de pie, sus ojos centelleando con determinación.

—Gracias por venir —comenzó, su voz profunda resonando entre las frías paredes de piedra—. Debo ponerlos al tanto de algo… crucial.

Un escalofrío recorrió a Raunak, quien estaba sentado a la derecha del Alfa. La palabra “crucial” siempre implicaba problemas serios. El Príncipe Heredero, que se encontraba en la otra ala del círculo, frunció el ceño, esperando escuchar las explicaciones a los hechos.

Sebástian, su fiel guerrero personal, se posaba detrás de Zeta, observando detenidamente a cada uno de los participantes.

Conall continuó, pero su tono se tornó más grave.

—Nuestra Luna no es una mestiza.

Algunos de los rostros de los presentes mostraron sorpresa y confusión. ¿Qué quería decir con eso? Sabían que Lux era especial, pero nunca habían pensado en su linaje.

—Ella es una sanadora que proviene del Reino Sagrado, y la mayoría de vosotros ya sabeís que tiene poderes —añadió Conall, notando cómo algunos inclinaban la cabeza, afirmando su conocimiento. Sin embargo, la inquietud en los rostros de otros denotaba dudas.

—Además, deben saber que tanto yo, como Zeta, somos sus compañeros o protectores designados.

— ¿Dos compañeros? —preguntó Will, su voz temblando entre la incredulidad y la curiosidad—. ¿Es eso posible?

—Al parecer sí lo es —confirmó Conall, su mirada fija en cada uno de ellos—. Entre nosotros tres hemos creado un vínculo único.

Los murmullos brotaron nuevamente. Todos sabían que los vínculos eran poderosos, pero ¿dos compañeros para una sola hembra? Zeta miró a Conall con una mezcla de admiración y preocupación.

—Cuando tu padre se entere de esto… —Comenzó Raunak, interrumpido por una mirada fría de Conall.

—Ni él ni nadie, aparte de nosotros, debe saberlo. —sentencia Zeta.

La tensión aumentó en el aire, como si una tormenta inminente acechara. Raunak abrió la boca para protestar, pero las palabras no salieron. En su mente, dudas sobre la seguridad de la manada crearon un torbellino.

—He visto cómo intentaba matarte, Alfa. ¿Es seguro que sea la Luna de esta manada? —mencionó Raunak muy preocupado.

—Raunak, dejemos que nuestro Alfa nos explique todo para facilitarnos entender en que posición estamos ahora mismo.

Anaisha pronunció cada palabra con delicadeza, sosteniendo la mano de su compañero y trasmitiéndole serenidad. Ella siempre había sido quien lo calmaba para que no se sobrepasara con sus cuestionamientos.

Conall dirigió su mirada a Raunak, su expresión un cóctel de frialdad y preocupación.

—Aún no está familiarizada con sus poderes y, por eso, ocurren imprevistos.

— ¿Imprevistos? —preguntó Raunak, y su voz traía consigo la incredulidad y la incertidumbre—. ¿Acaso eso justifica un intento de asesinato? Estaba dejándote sin aliento solo con la mirada —, su tono se endureció aún más.

Raunak sintió que un nudo crecía en su ser. Estaba aceptando cosas que nunca había considerado. Lux, dulcificada como un amanecer en primavera, poseía furias ocultas.

—Estamos intentando que aprenda a controlar su ira. —interrumpió Hanna.

—¿Ira? Ella no parecía ser así. Su comportamiento ha cambiado mucho —dijo Raunak, recordando la esencia brillante de Lux antes de demostrar poderes que nunca imaginó que poseía.

—Ella ha adquirido poderes divinos antes de la luna de sangre, lo que la convierte en la sanadora más fuerte que pueda existir —explicó Iris, observando cómo la preocupación llenaba los rostros de los presentes.

—Está batallando con varias energías a la vez, y no todas son positivas. En ella, se ha despertado un poder antiguo, muy misterioso y oscuro —continuó Iris, dejando caer la revelación sobre la mesa como una avalancha de peso.

—¿No era que los sanadores no enfermaban? — La pregunta flotó en el aire, pero fue Will quien la articuló, alarmado.

—Sí es cierto. No lo hacen. —confirmó Hanna.

— Pero… ¿por qué no despierta? —cuestionó Sion.

—La han envenenado —la respuesta de Conall fue como un trueno en medio del cielo despejado. Los ojos de Will y Sion se abrieron de par en par, el horror reflejado en sus caras.

—Eso es imposible. Nadie ha entrado a la habitación más que vosotros dos. —dijo Sion, buscando respuestas entre los rostros de confianza que lo rodeaban.

—Esta claro que ni Zeta ni yo, hemos sido.—confirmó Conall.

—Se descarta el tónico de Hanna —afirmó Iris, su rostro cada vez más sombrío.

—¿Qué? ¿Y quién? —preguntó Leo, nervioso.

—La comida —dijo Conall, sus ojos fijos en Leo.

—Eso es… ¿cómo no se me ocurrió antes? —exclamó Leo, sudando frío al darse cuenta de lo que implicaba.

—Will, ¿quién trae las bandejas? —demandó Conall con una voz que se asemejaba al rugido de un león enojado.

Will se congeló al imaginar la posibilidad de que Electra estuviera involucrada. La inquietud era palpable. —Las omegas de la cocina.

—Pero si ha sido la comida o la bebida nosotros también no tendríamos que estar envenenados? —cuestionó Zeta, tratando de buscar sentido en el caos.

—Tienes razón. —Conall caminando, su mente agitada buscando una salida—. ¿Hay algo que solo haya ingerido ella?

—Aparte del tónico… —murmuró Will, su mente tratando de conectar los puntos.

—¡Los panecillos! —gritó Anaisha, el descubrimiento fue como un rayo que ilumina la oscuridad.

—Es cierto. Los panecillos solo los ha comido Lux —confirmó Conall, la ira burbujeando dentro de él como lava en un volcán.

—Anaisha, manda un enlace mental para que todas las omegas de la cocina se reúnan en la sala —ordenó Conall, su voz firme y autoritaria.

—Sí, Alfa —respondió ella, quien ya comenzaba a enviar órdenes como flechas disparadas.

—Zeta, arregla todo con la Real. Nos iremos esta misma noche y no quiero filtraciones de noticias. —La preocupación forzaba cada palabra de Conall, mientras la magnitud de la amenaza se cernía sobre ellos.

—Me encargaré de mantener a mi padre lejos de nuestra atención por unos días —confirmó Zeta, su expresión grave y decidida.

—Días no, semanas… —corrigió Iris, su voz llena de inquietud.

—¿Semanas? —preguntó Zeta, paralizado por la idea de que su tiempo se reducía.

—El tiempo en el Reino Sagrado va distinto. Un día allí será como un mes aquí —explicó Iris, sintiendo el peso de las horas que se escapan.

—Alfa, esto es serio. No puedes desaparecer tanto tiempo —replicó Raunak, el miedo punzante decorando su pecho.

—Soy el Alfa del Norte, puedo hacer lo que quiera —declaró Conall, su orgullo chisporroteando ante la tensión.

—Sí, Alfa —contestó la manada al unísono, aunque el sentimiento colectivo de ansiedad se hacía evidente.

—Raunak, confió en ti. Te encargarás de la administración de la manada, junto a tu compañera —indicó Conall, asegurándose de que la responsabilidad pasará a manos capaces.

Raunak ascendió, comprendiendo la gravedad del momento.

—Will, tienes que encargarte de los entrenamientos con los guerreros y de las patrullas nocturnas —ordenó Conall, su voz resonando con autoridad.

—Sí, Alfa —acató Will, dispuesto a cumplir con su deber.

—Hay que reforzar el perímetro para evitar complicaciones con los renegados —añadió Conall, su mente operando dentro de la estrategia de batalla.

—Sabine, tú irás como la guerra personal de Lux —decidió Conall, su mirada firme y decidida.

—Sí, Alfa —respondió la estrenada Gamma, sabiendo que su tarea sería desafiante.

—Leo, tú también vienes y Sion serás quien me escolte —ordenó, confiando en sus guerreros.

—Sí, Alfa. —Los dos hombres asintieron con determinación.

—Sebástian, tú vendrás como mi escolta personal —finalizó Zeta, solidificando su círculo de protección.

—Sí, príncipe —respondió Sebástian, completamente listo para seguir a su príncipe.

—Id a prepararos que en breve nos marcharemos —concluyó Conall, viendo cómo todos salían rapidísimamente mientras él y Zeta se quedaban a solas con Iris y Hanna, quienes se habían quedado en silencio mientras los miraban con incredulidad.

Iris cruzó los brazos, mirando a Conall y a Zeta con una mezcla de desesperación y determinación.

— ¿Creéis que mi reino les abrirá la puerta a todos vosotros? —, preguntó, su voz resonando como un eco en la penumbra.

La voz de Conall fue espeluznantemente feroz…

— Si ella muere, no habrá reino al que puedas regresar.

Un instante de silencio llenó el aire, pesado como una espada lista para descender.

— Iris, creo que no estamos en condiciones de negociar —, insistió Hanna, mientras su mente corría buscando soluciones.

— Sabes que Cornelius no accederá —, respondió Iris con una nota de desafío, deslizando un mechón de cabello tras su oreja. El nombre del Rey Cornelius resonaba en un tono ominoso, como un canto de advertencia.

— Si no accede —, dijo Conall con voz resuelta, — invocaré a Marcus. Y por lo poco que sé, parece que mi criatura está deseosa de verle —.

La mención del poderoso Marcus hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Iris.

Ella resopló, su frustración burbujeando. —De acuerdo, estás bien. Si vamos a morir todos en el intento, al menos llévate algunas piedras runas.

— ¿Para qué las quieres? —, preguntó Conall, arqueando una ceja.

— Ya te he contado sobre su valor para nosotros —, replicó Iris, sintiendo la presión del tiempo desbordarse sobre ellos.

— ¿Quieres que soborne a mi suegro, el rey? — La broma se asomó entre la tensión, pero su voz se quebró ante la realidad.

— No —, frunció el ceño Iris, — las usaremos para la teletransportación masiva, en caso de que tu suegro, intente mataros a todos…

Hanna la miró incrédula, su boca abierta en una expresión de sorpresa.

— Con lo a gustito que estaba yo con mis pociones…

El aire se volvió denso, la respuesta de Iris flotando como una promesa incierta, mientras la luna observaba su destino inminente, atenta y cómplice de su osadía.

¿Serían capaces de cambiar el rumbo de la historia?

———————

La imagen de Anaisha os la dejo en comentarios 😉💞🐺

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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