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Lux de Luna - Capítulo 98

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Capítulo 98: El pacto de las sombras

El aire dentro de la habitación se volvió denso.

No era tensión en solitario. Era algo más antiguo… más oscuro.

Como si las paredes del palacio del Reino Sagrado recordaran guerras olvidadas y traiciones enterradas bajo siglos de silencio.

Cornelius estaba de pie junto a la cama donde Lux permanecía inconsciente. Su figura irradiaba poder. No necesitaba levantar la voz ni alzar un arma para imponer autoridad. Su sola presencia bastaba.

Él era el Dios de la Guerra.

Y frente a él estaba Marcus, el Dios del Poder Oscuro.

O mejor dicho… el cuerpo de Conall.

El humo negro que lo rodeaba serpenteaba como una criatura viva, envolviendo sus hombros y disipándose lentamente hacia el techo de la habitación. Sus ojos brillaban con un tono oscuro, antinatural.

Y entonces gruñó.

—¡Tú y yo tenemos algo pendiente! —escupió Marcus—. ¡Tú me debes algo y lo sabes!

Las palabras resonaron como un trueno.

Marcus dio un paso adelante.

Cornelius no retrocedió ni un milímetro.

Se quedaron frente a frente, cara a cara. Dos fuerzas antiguas, dos antiguos compañeros convertidos en enemigos por las decisiones del pasado.

Zeta, a unos metros de distancia, observaba la escena con creciente incomodidad.

—¿Has venido a matarme? —preguntó Cornelius con sarcasmo.

Marcus soltó una carcajada breve, ronca.

—No perdería el valioso poco tiempo que tengo intentando matarte.

Sus ojos se entrecerraron.

—Máxime sabiendo que no morirás.

Cornelius ladeó la cabeza.

—Entonces… ¿a qué has venido?

Marcus guardó el silencio.

Durante un segundo, su expresión cambió.

Algo cruzó por su mirada. Algo parecido a un recuerdo.

—Venía por venganza —dijo finalmente.

La habitación se volvió aún más silenciosa.

Luego suspiró.

—Pero ahora…

Se quedó pensando.

—Ahora parece que estoy aquí para ayudar.

Cornelius arqueó una ceja.

—Eso sí que no lo esperaba.

Marcus señaló con la barbilla hacia la cama.

—Tu pequeño retoño se ha bloqueado.

Lux seguía inmóvil.

—Y no despierta.

El humo oscuro que rodeaba a Marcus comenzó a disiparse lentamente.

La tensión en su postura disminuyó.

Por primera vez desde que el Dios de la Guerra había entrado en la habitación… parecía menos furioso.

Cornelius no bajó la guardia.

—Nunca quise que las cosas salieran como salieron.

La confesión salió de su boca casi como un susurro.

Marcus lo miró fijamente.

—Cornelius…

Su voz perdió parte de su dureza.

—Tú no lo entiendes.

Sus dedos se cerraron lentamente.

—Jamás le habría hecho daño a Lilian.

El silencio volvió a caer.

Entonces Marcus dijo algo que nadie esperaba.

—Yo también la amaba.

Zeta abrió mucho los ojos.

—Vaya mierda…

Se llevó la mano a la cara.

—¿Es este el futuro que me espera con Conall?

En su mente, su lobo respondió inmediatamente.

— Te lo dije.

— ¿Qué cosa?

— Que deberíamos largarnos de aquí con nuestra compañera.

Zeta suspiró.

— Lobo, eres muy mal estratega.

— ¿Ah sí?

—¿A dónde iríamos? ¿Acaso puedes teletransportarte?

El lobo guardó silencio.

—Exacto —murmuró Zeta.

— Sí, el plan hace aguas. — reconoció su lobo.

Mientras tanto, la conversación entre Marcus y Cornelius continuaba.

Cornelius frunció el ceño.

—Aún así… ibas a entregar a Lilian al Rey Eliseo, después de matarme.

Marcus negó lentamente.

—No exactamente.

Sus ojos se desviaron hacia Lux.

—Pero ahora eso ya no importa.

Hizo un gesto con la mano.

—Estamos aquí para ayudar a Lux.

Cornelius soltó una risa seca.

—No te creo.

Sus ojos se endurecieron.

—¿Tú ayudar a alguien?

Se acercó un paso.

—¿Qué intentas con ella?

Zeta se tensó.

Marcus miró nuevamente a la muchacha dormida.

—La pequeña antorcha es impresionante. He podido experimentar sus poderes y ¿saben qué? Dan miedo…

Sus palabras salieron con una mezcla de admiración y ambición.

—No te entiendo, Marcus.

—Ella ha despertado todos sus poderes.

Cornelius entrecerró los ojos.

—¿Y eso qué significa?

Marcus sonrió.

—Que se ha convertido en la sanadora más poderosa de nuestra historia.

La habitación quedó en silencio.

Cornelius no parecía impresionado.

— ¿Y qué tiene que ver eso contigo?

Marcus respondió sin rodeos.

—Pienso utilizarla.

Zeta dio un paso adelante inmediatamente.

—¡Ni hablar!

Sus ojos ardían de determinación.

—¡Conall y yo no te lo vamos a permitir!

Marcus giró la cabeza lentamente hacia él.

Y sonrió.

—Conall ya es mío.

Zeta presionó los dientes con impotencia.

— Y tú no me das miedo.

Marcus soltó una pequeña risa.

—Principito…

Luego se volvió hacia Cornelius.

—Ahora que lo menciono…

Su tono se volvió divertido.

—Él es hijo del Rey Eliseo.

Cornelius se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Marcus disfrutó el momento.

— Si.

Hizo una pausa.

—El mismo rey que intentó apoderarse de tu amada Lilian.

Sus palabras cayeron como una bomba.

—Para convertirla en su criadora real de cachorros súper poderosos.

Cornelius se tensó visiblemente.

Una energía invisible comenzó a vibrar en la habitación.

—¿Lo que no logró tu padre…?

Su voz era peligrosa.

—¿Intentas terminarlo tú?

Zeta reaccionó de inmediato.

— ¡No! Claro que no…

Se movió con rapidez hasta colocarse frente a Cornelius.

—Rey Cornelius, escúchame.

El rey lo miró con frialdad.

Zeta habló con absoluta firmeza.

—Mis intenciones con tu hija son buenas.

Señaló a Lux.

—Ella es mi compañera destinada.

Cornelius frunció el ceño.

—Eso para nosotros no existe.

Iris, que había seguido de cerca a Cornelius después de que salió disparado hecho una furia del salón del trono, observaba la escena desde un rincón y se sonrojó de repente.

En su mente apareció una imagen muy clara.

Sión.

Su comportamiento.

Su forma de mirarla.

Carraspeó incómoda.

—Bueno…

Todos la miraron.

—Al parecer…

Se frotó las manos.

—Nuestro olor es como un elixir para los lobos.

Hizo una pequeña pausa.

—Y despierta un vínculo único en ellos.

Marcus sonríe.

—Si, Conall se ha vuelto loco y gracias a ello, yo estoy aquí ahora.

Luego volvió a dirigirse a Cornelius.

—Cornelius… a mí tampoco me gustan los lobos.

Se encogió de hombros.

—Pero mi envase tiene mucho potencial.

Cornelius lo observó con desprecio.

—¿Envase?

Marcus se golpeó el propio pecho.

—Conall.

Luego sonrió.

—Hace años hice un trato con él.

Cornelius cruzó los brazos.

—¿Qué trato?

Marcus respondió con naturalidad.

—Le ayudé a recuperar sus tierras a cambio de encerrar su alma para poder habitar en él y luego poseerlo por completo.

Cornelius levantó la cabeza.

—Menudo trato…

Marcus continuó.

—El Alfa Conall es quien maneja ahora la montaña Pico Blanco. ¿Lo entiendes?

Cornelius se quedó pensativo.

Marcus añadió:

—¡Ahí están las piedras runas, Cornelius, despabila!

El silencio cayó de nuevo.

Todos sabían lo que eso significaba.

Las piedras runas no eran simples reliquias.

Eran la fuente del poder ancestral del Reino Sagrado.

Poder que habían perdido hacía siglos.

Marcus sostenía los brazos.

—¿No crees que he sido genial, Cornelius?

Sus ojos brillaban.

—Si nos asociamos con ellos…

Señaló a Zeta.

—Podremos disponer de las piedras runas.

Hizo una pausa dramática.

—Y recuperar nuestro poder absoluto.

Cornelius guardó silencio durante varios segundos.

Luego dijo:

—No confío en estas bestias.

Marcus sonríe.

—Deberías.

Se inclina ligeramente.

—Recuerda que tu hija se ha enamorado de dos de ellas.

Zeta levantó la barbilla.

—Ella nos necesita.

Su voz fue firme.

—Y nosotros a ella.

Apreto los puños.

—No la abandonaremos.

Miró directamente a Cornelius.

—Y mataremos a cualquiera que intente separarnos.

El rey lo observó durante un largo momento.

Luego preguntó:

—¿Cuál es el plan?

Zeta respiró hondo.

—Mi padre ha reconocido a Lux como una sanadora.

Cornelius frunció el ceño.

—Pero hay más.

Zeta continuó.

—Está intentando convertirla en su futura Reina Luna.

Sus palabras cayeron como una piedra.

—Y preñarla.

El rostro de Cornelius se endureció.

—Lo mismo que quería hacer con Lilian. Uff, cuando lo agarre…

El silencio fue brutal.

Zeta siguió hablando.

—Él no sabe que me he convertido en el compañero de ella.

Se señaló el pecho.

—Confía en mí.

Hizo una pausa.

—Cree que estoy entrenando a Lux para su futura posición.

Cornelius avanzó lentamente.

—Entiendo.

Zeta continuó.

—Además está furioso con Conall.

—¿Por qué?

—Porque tomó las minas de Pico Blanco y ha bloqueado el acceso a ellas a todas las manadas.

Marcus sonrió.

—Eso sí fue divertido.

Zeta lo ignoró.

—Mi padre quiere iniciar otra guerra y está juntando aliados. La mayoría de los Alfas, envidian la posición de Conall y están dispuestos a luchar contra él.

Cornelius murmuró:

—Eso no puede ocurrir.

Zeta asintió.

— Lo sé.

Marcus señaló hacia el norte.

—Esas piedras en manos de un tirano…

Cornelius negó con la cabeza.

—No traerán nada bueno.

Luego miró a Iris.

—¿Qué opinas?

La sanadora dudó un momento.

Luego habló con sinceridad.

—He visto a Lux en Tierra de Lobos.

Su voz fue suave.

—Y sé lo feliz que está allí.

Sonrió ligeramente.

—Si pudiera hablar ahora mismo…

Miró al rey.

—Apoyaría esta alianza.

Cornelius cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos, su decisión estaba tomada.

—Está bien.

Todos contuvieron el aliento.

—Trabajaremos juntos.

Pero levantó lentamente un puño.

Una energía terrible vibró en el aire.

—Sin embargo…

Sus ojos brillaban como estrellas.

—Si percibo el más mínimo engaño…

Apretó la mano.

—Moriréis.

Miró directamente a Marcus.

—No confío en tus buenas intenciones.

Marcus sonrió.

—Haces bien. Nunca las tengo…

Cornelius entrecerró los ojos.

—Aún no has mencionado algo.

—¿Qué cosa?

—Para qué necesitas a Lux.

Marcus miró a la muchacha dormida.

Sus ojos se oscurecieron.

Luego dijo la verdad.

—Porque solo ella…

Su voz bajó a un susurro.

—Puedes devolverme a este mundo.

El silencio que siguió fue aterrador.

Nadie habló.

Nadie respiró.

Porque todos entendieron algo en ese instante.

La alianza que acababan de formar…

No era una simple cooperación.

Era el inicio de algo mucho más grande.

Una guerra.

Una resurrección.

Y tal vez…

El destino de dos reinos enteros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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