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Magic Demon - Capítulo 53

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Capítulo 53: capitulo 53: demasiado tarde

Didsy: Nieve… es verdad. Está nevando. Pero por aquí hay poca nieve.

Observa el suelo a su alrededor. Manchas blancas dispersas, pero no el manto profundo de antes. Suficiente para notarlo, para pensar…

—

Mientras, vemos que donde está Yamito y los demás chicos siguen su camino hacia la capital. El ambiente es distinto ahora.

Se vienen divirtiendo, normal, y hablando. Mader hace una imitación de un demonio que hace reír a Frank. Danna sonríe mientras escucha a Korid hablar de técnicas de agua. Incluso Yamito, el serio Yamito, deja escapar una pequeña sonrisa de vez en cuando.

Tévez, sonriendo y normal, parece otro hombre. Lejos de su pueblo destruido, con estos jóvenes a su alrededor, recuerda lo que es vivir. Lo que es esperar.

Korid: Oye, Tévez, ¿tú conociste a los padres de Keds y míos?

Tévez: Un poco. Eran buenas personas.

Mader: ¡Cuéntanos algo!

Tévez: Quizás después. Ahora solo caminen.

Y siguen adelante, entre risas y charlas, ajenos aún a lo que ocurre en la capital.

—

Mientras, donde van Keds y Zekku, todavía no llegan al lugar de entrenamiento. El camino se extiende interminable ante ellos.

Siguen su camino en silencio la mayor parte del tiempo. Zekku camina con paso firme, Keds lo sigue como puede, sus piernas aún resentidas pero su determinación intacta.

El paisaje cambia lentamente. Menos árboles, más rocas. El cielo sigue gris, la nieve menos abundante. Pronto estarán en las montañas.

Keds: ¿Falta mucho?

Zekku: ¿Cansado?

Keds: Un poco.

Zekku: Bueno. Eso significa que aún tienes fuerzas para quejarte. Cuando ya no puedas ni hablar, sabrás que estás cerca.

Keds sonríe a pesar de todo. Su tío es raro, pero le gusta.

Y siguen. Hacia las montañas. Hacia el entrenamiento. Hacia un futuro incierto pero propio

Didsy ve a Jung y observa con horror cómo regeneró su brazo. La carne se retuerce, los huesos se forman, la piel se cierra. En cuestión de segundos, el miembro está completo otra vez.

Didsy: 12 minutos… parece que no eres demasiado rápida, a pesar de que vas a ser…

Jung: ¡Cállate!

Los 19 soldados mágicos se lanzan contra él en un último intento desesperado. Gritos de batalla, magias preparadas, armas en alto. Todo su valor concentrado en un instante.

Pero todos mueren con una técnica de Jung.

Extiende sus dos brazos, las garras brillando con energía morada. La técnica explota desde él en todas direcciones: ¡BOOM!

Las muertes:

El primero recibe la onda de lleno en el pecho, su cuerpo volando hecho pedazos. El segundo y tercero intentan protegerse, pero la energía los atraviesa como papel. Cuatro más caen por el impacto, sus cuerpos destrozados contra las rocas.

Un grupo de cinco intenta correr, pero la técnica los alcanza por la espalda. Sus gritos se cortan de golpe. Otros tres, que estaban más lejos, son lanzados por los aires y caen inertes, sus cuellos rotos.

Los últimos cuatro intentan proteger a Didsy, formando un muro con sus cuerpos. Pero la técnica de Jung no perdona. Los atraviesa uno por uno, sus cuerpos cayendo como muñecos de trapo.

Y Didsy cae desmayada. Mientras morían los 19, ella intentó defenderlos. Usó su magia de viento como escudo, se puso frente a ellos, recibió parte del impacto.

Pero perdió demasiada sangre. Sus heridas, acumuladas durante la batalla, finalmente la vencen. Cae de rodillas primero, luego de lado, sus dos espadas soltándose de sus manos.

Inconsciente. Viva, pero inconsciente.

Jung observa los cuerpos a su alrededor. Sangre. Muerte. Silencio.

Jung: 100 soldados mágicos… qué molestia.

Mira a Didsy, inconsciente en el suelo. Podría matarla. Debería matarla.

Pero no. Algo lo detiene. O quizás solo quiere que viva para contar lo que vio. Para que el miedo se esparza.

Jung: Que vivas… por ahora.

Y se da la vuelta, caminando hacia donde escondió al Rey Fah. La misión está completa. El secuestro, un éxito

Jung agarra al rey del tronco donde lo escondió y corre, saltando árboles, alejándose del campo de batalla con su preciado cargamento. Su silueta desaparece entre la nieve y las ramas.

Y vemos que llega Sunzuki.

Corriendo a toda velocidad, su espada gigante en la espalda, llega al claro donde yacen los cuerpos de casi cien soldados. Su rostro se desencaja.

Sunzuki: ¿¡Pero qué demonios pasó!?

Y ve a Didsy, inconsciente en el suelo, pero aún viva. Se arrodilla junto a ella, revisando sus heridas. Ella abre los ojos con esfuerzo, reconociéndolo.

Didsy despierta y le cuenta todo entre jadeos: el ataque, el secuestro, la masacre.

Sunzuki: Me di cuenta mientras entrenaba… sentí cómo varios Glos en la capital desaparecían. Pero dices que el que lo hizo no fue un…

Didsy: Exacto. Debemos ir, ¡debemos rescatar al Rey de la capital!

Sunzuki se pone de pie, su mandíbula apretada, sus ojos llenos de una furia fría.

Sunzuki: ¡Vamos!

Ayuda a Didsy a levantarse, y ambos corren en la dirección que tomó Jung. La nieve vuela tras sus pasos. El Rey Fah debe ser rescatado. Cueste lo que cueste

Y vemos que Jung sigue y sigue, saltando entre los árboles con el cuerpo del Rey Fah sobre su hombro. No mira atrás. No se detiene. Su misión está casi completa.

Y Sunzuki y Didsy en el camino se encuentran a Yamito y los demás. El grupo que caminaba tranquilo hacia la capital se detiene en seco al verlos llegar corriendo, desesperados.

Todos se asombran. Las sonrisas de antes desaparecen. La diversión se congela.

Yamito da un paso al frente, su rostro pálido.

Yamito: ¿Qué pasó? ¿Por qué vienen así?

Didsy, apenas sosteniéndose, responde:

Didsy: Un demonio… atacó la capital… mató a casi 100 soldados… y secuestró al Rey Fah.

El silencio es absoluto. Nadie respira.

Korid: ¿¡Qué!?

Danna: ¡No puede ser!

Mader y Frank se miran, sin palabras.

Pero es Yamito quien reacciona primero. Su expresión cambia por completo. El hijo del Rey, el soldado sereno y controlado, deja ver por primera vez una emoción cruda: desesperación. Furia. Miedo.

Yamito: ¡Vamos a salvar a mi papá!

Su voz es un rugido. No espera respuestas. Ya está corriendo, siguiendo las indicaciones de Didsy.

Sunzuki: ¡Síganlo!

Tévez: ¡Rápido!

Y todos, sin dudar un instante, corren tras Yamito. Hacia el bosque. Hacia el demonio. Hacia el Rey secuestrado

Continuará!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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