Magic Demon - Capítulo 54
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Capítulo 54: capitulo 54: el rescate
Todos llegan donde está Yamito corriendo. Los pasos retumban en el suelo, ahora más firme, con solo algunos copos sueltos cayendo del cielo gris. La nieve aquí es escasa, apenas una capa fina que no oculta la tierra y las rocas.
Y todos, desesperados, ven que a lo lejos está Jung. Una silueta blanca con una carga sobre el hombro, saltando entre los árboles. La poca nieve que hay no lo frena.
*Jung en su mente: *
*Jung: Vaya… si me alcanzan, tengo por dicha que moriré. Estos soldados mágicos serían la fuerza de 100 soldados comunes. Debo correr. *
Sus piernas se mueven más rápido, impulsadas por la urgencia. Los pocos copos que caen se derriten al contacto con su piel caliente.
Pero Jung ve a los jóvenes: Mader, Frank, Korid y Danna. Rostros jóvenes, cuerpos delgados, miradas asustadas pero decididas.
*Jung: Pero esos jóvenes deben ser débiles. No importa, debo apurarme. *
Y sigue corriendo, alejándose cada vez más, mientras el grupo de rescate gana terreno lentamente sobre el suelo descubierto.
Yamito: ¡No escaparás, maldito!
Sunzuki: ¡Vamos, podemos alcanzarlo!
Korid: ¡Mi hermano no está, pero yo pelearé por él!
Y la persecución continúa, a través del bosque con poca nieve, en una carrera contra el tiempo y la distancia
Sunzuki: No importa si escapa.
Tévez: Tienes razón.
Korid: ¿Pero por qué?
Yamito: Claro… ustedes todavía no lo sienten.
Mader: ¿Qué cosa?
Tévez: El Glos del Rey de la capital.
Yamito: Así es. Nosotros los soldados mágicos podemos detectar el Glos de otro humano. Así que no importa si escapa, con tal que sintamos el Glos de mi papá, todo bien.
Frank: ¿Pero si la persona muere?
Danna: ¿No sentiríamos su Glos, verdad?
Tévez: Así es. Si la persona muere, el Glos no se siente… porque la persona murió.
Y vemos que todos siguen corriendo, sus pies golpeando el suelo con determinación. La esperanza se mantiene viva mientras puedan sentir ese hilo invisible que los conecta con el Rey secuestrado.
Yamito cierra los ojos un instante mientras corre, concentrándose. Allí está. Débil, pero presente. Su papá sigue vivo.
Yamito: Sigo sintiéndolo. ¡Vamos!
Y la persecución continúa, más rápida, más feroz, más desesperada
Jung: Vaya… espero que el plan funcione. Si no, sería una estúpida pérdida de tiempo. Además, están cerca. Solo me queda avisarle.
Mira hacia atrás. Las figuras de sus perseguidores se ven más grandes. Más cerca.
Jung: Pero… pero debo estar cerca. ¡Sí! ¡Ya miro la cueva!
Una sonrisa de alivio cruza su rostro al divisar a lo lejos, en la ladera de una montaña, la entrada oscura que busca.
Jung: No es necesario que grite.
Dice Jung para sí mismo, acelerando el paso hacia ese punto que aún está distante.
Mientras, los chicos desesperados siguen corriendo. Yamito al frente, Sunzuki a su lado, Tévez cubriendo la retaguardia, y los jóvenes dando todo lo que tienen.
Korid: ¡Miren allá! ¡Una cueva!
Mader: ¿Hacia allá va?
Frank: ¡Tenemos que alcanzarlo antes de que entre!
Danna: ¡El Rey está con él!
Jung sigue corriendo, la cueva cada vez más cerca pero aún no lo suficiente. Sus perseguidores ganan terreno lentamente.
Jung: Si peleo, moriré. Es mejor que llegue al lugar de una sola vez.
Aprieta el paso, el cuerpo del Rey Fah aún sobre su hombro, mientras la entrada de la cueva se acerca. Poco a poco. Metros que se acortan. Segundos que pasan.
Y detrás, el grupo de rescate corre con todas sus fuerzas, decididos a no dejarlo escapar
Jung: La cueva está a unos 10 minutos… pueden que ya se dieron cuenta, ya que es la única en este lugar.
Mira hacia atrás. Sus perseguidores no se rinden. Yamito sigue al frente, su mirada fija en el demonio que lleva a su padre.
Y sigue corriendo.
Sus pies golpean el suelo con desesperación. El cuerpo del Rey Fah pesa, pero no puede soltarlo. No ahora. No cuando está tan cerca.
Los árboles pasan a su lado como borrones. La ladera de la montaña se acerca lentamente. La cueva, ese punto oscuro en la roca, es su única esperanza.
Jung: Diez minutos… solo diez minutos…
Detrás, las voces de los perseguidores se escuchan cada vez más claras.
Yamito: ¡No escaparás, demonio!
Sunzuki: ¡Vamos, podemos alcanzarlo!
Jung aprieta los dientes y corre más rápido. La vida del Rey Fah, y la suya propia, dependen de llegar a esa cueva
Didsy: ¡No dejemos que escape! ¡Magia de viento: Rotura de viento!
Una ráfaga poderosa sale de sus manos, impulsándola hacia adelante. Pero luego se detiene, frustrada.
Didsy: ¿Por qué no lo hice antes?
Sunzuki: ¡Qué estúpido soy! Tengo una técnica parecida.
Y vemos que todos se montan en una corriente de viento que Didsy crea, un transporte mágico de viento que los eleva y los impulsa a gran velocidad. Los árboles pasan como sombras borrosas mientras avanzan rápidamente hacia donde vieron a Jung por última vez.
Pero Jung, astuto, se escondió en un árbol. Claro, puso el cuerpo del Rey Fah en otro lado, en un lugar que solo él ve. Un tronco hueco, una grieta entre rocas, un escondite perfecto.
Los demás pueden sentir el Glos del Rey, esa conexión que Yamito mencionó. Está cerca. Muy cerca.
Pero no sabrán dónde estará exactamente. El Glos les dice que vive, que está ahí, pero no la ubicación precisa. Como una voz que se escucha pero no se ve.
Yamito: ¡Lo siento! ¡Está aquí cerca!
Sunzuki: ¿Dónde? ¡No lo veo!
Jung, oculto entre las ramas de un árbol frondoso, observa con una sonrisa. Los mira correr en círculos, desesperados, buscando a su Rey.
Jung: Busquen, busquen… mientras tanto, yo descanso
Continuará!
El volumen 5 termina oficialmente en el capítulo 49, pero estos capítulos extra se publican por rapidez.
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