Magic Demon - Capítulo 56
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Capítulo 56: capitulo 56: el secreto
Vemos que Keds se levanta en la tarde. Bueno, es de tarde para ser exactos: las 5:41. El sol comienza a descender, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas que se filtran por las paredes sin techo del recinto.
Él iba a dormir temprano, como Zekku le ordenó. Descansar para el entrenamiento del día siguiente. Era el plan.
Pero no quiso. Algo en su interior, esa molestia constante de no ser lo suficientemente fuerte, lo mantuvo despierto.
Intentó entrenar él solo.
Se levanta sigilosamente, mirando a Zekku que duerme en un rincón, envuelto en una manta. Los cocineros también descansan en sus espacios.
Keds se pone de puntillas, sale del recinto y camina hacia un claro cercano. La luz del atardecer lo envuelve mientras comienza a moverse.
Golpes al aire. Directos, ganchos, uppercuts. Repite las combinaciones una y otra vez, su respiración marcando el ritmo.
Flexiones. Cincuenta. Cien. Sus brazos queman, pero sigue.
Patadas. Frontales, laterales, giratorias. La tierra vuela bajo sus pies.
Keds: Tengo que ser más fuerte… tengo que…
Pero el cansancio de la caminata, de la comida, de todo, comienza a pesarle. Sus movimientos se vuelven más lentos, más pesados.
Sin embargo, no se detiene. Porque en su mente, la imagen de Kedsi riendo, de su hermano peleando solo, de su propia inutilidad, lo impulsa a seguir.
El sol se pone lentamente, y Keds sigue entrenando en la penumbra. Hasta que sus piernas finalmente ceden y cae de rodillas, jadeando.
Keds: Un poco más… solo un poco más…
Pero el agotamiento es más fuerte. Se deja caer de espaldas sobre la tierra, mirando las primeras estrellas que aparecen en el cielo.
Y allí, en el claro, con el cuerpo temblando y la respiración agitada, Keds Akuman finalmente se rinde al sueño. Solo. En la oscuridad. Buscando ser más fuerte
Zekku, despierto, vio todo. Desde su lugar en el recinto, observó cada golpe, cada flexión, cada caída de su sobrino. No dijo nada. Solo miró.
Zekku: Parece que es desesperado.
Llega Zekku al claro, sus pasos silenciosos sobre la tierra.
Zekku: Veo que entrenaste.
Keds, sobresaltado, se incorpora como puede.
Keds: ¿Señor?
Zekku: ¿Por qué?
Keds: Quiero ser fuerte.
Keds: Le contaré un secreto… pero no diga nada.
Zekku dice:
Zekku: ¿Qué es?
Keds, cansado, se levanta y se va a un rincón del lugar de entrenamiento. Mira a su alrededor, asegurándose de que nadie más escuche.
Keds: Es que… tengo dos magias.
Dice en voz baja, casi un susurro.
Zekku: ¿Qué dijiste?
Y Keds se lo dice en el oído, susurrando las palabras que podrían cambiarlo todo.
Zekku: ¿Dos magias?
Zekku está asombrado. Sus ojos, viejos pero agudos, se abren con una mezcla de incredulidad y fascinación.
*Zekku en su mente: *
*Zekku: Dos magias? ¿Un humano con dos magias? Eso rompe las reglas de este mundo… es algo único… pero también raro. Peligroso. *
Zekku: De verdad eres raro, Keds.
Keds: Lo sé. No sé por qué. Pero solo quiero entrenar para controlar mis dos magias.
Zekku lo observa en silencio un momento. Luego, una sonrisa lenta cruza su rostro.
Zekku: Entiendo. Ya veo. Te entrenaré.
Keds: ¿En serio?
Zekku: En serio. Pero será más duro de lo que imaginas. Controlar una magia es difícil. Controlar dos… será un infierno.
Keds asiente, sin dudar.
Keds: No me importa. Lo haré.
Zekku: Bueno. Ahora a dormir. Mañana empieza tu infierno personal.
Y ambos regresan al recinto, donde los cocineros aún duermen ajenos. Keds se acuesta, esta vez obedeciendo. Pero en su mente, la emoción lo mantiene despierto un rato más.
Mañana empieza. Mañana será más fuerte
Ahora sí, vemos que Keds se duerme profundamente, su cuerpo agotado finalmente rindiéndose al descanso. La respiración profunda, el pecho subiendo y bajando con calma.
Y Zekku también. El anciano, a pesar de sus 94 años, duerme con la tranquilidad de quien ha vivido suficientes batallas como para saber cuándo descansar.
La noche cubre el recinto sin techo. Estrellas arriba, silencio alrededor.
—
Y los chicos vemos que por fin hallan el cuerpo. Yamito, Sunzuki, Didsy y los demás rodean el tronco donde Jung escondió al Rey. La emoción los invade.
Pero se dan cuenta de que no es.
Didsy: Vaya… es un clon.
Sunzuki observa el cuerpo inerte, idéntico al Rey Fah, pero sin vida real. Sin Glos. Una imitación perfecta.
Sunzuki: Tienes razón. Un clon que se manifestó con el Glos del Rey. ¿Quién podría hacer algo así?
Yamito aprieta los puños, la frustración quemando en su pecho.
Yamito: Nos engañó… todo este tiempo nos estuvo engañando.
Korid: ¿Entonces el Rey…?
Tévez: Sigue con ese demonio.
Mader: ¡Maldición!
Frank: ¿Y ahora qué hacemos?
Sunzuki mira hacia el horizonte, donde la silueta de una montaña se recorta contra el cielo nocturno.
Sunzuki: Todavía podemos sentir su Glos. Débil, pero ahí. Vamos.
Y vemos que Jung lleva el cuerpo del verdadero Rey Fah, corriendo con todas sus fuerzas. La cueva está cada vez más cerca. A unos minutos. A segundos.
Y está por llegar a la cueva. La entrada oscura lo espera, su salvación, su meta.
Jung: ¡Ya casi! ¡Ya casi!
Un último esfuerzo. Un último salto. Y desaparece en la oscuridad de la cueva, llevándose al Rey con él
Continuará!
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