Magic Demon - Capítulo 69
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Capítulo 69: capitulo 69: técnicas mágicas
Vemos a Keds entrenar todavía.
El sol ya no está tan alto, las sombras se alargan en el recinto sin techo. Keds sigue golpeando, sus puños cortando el aire una y otra vez. Su respiración es un ritmo constante, el sudor empapa su camisa.
Zekku lo observa desde una piedra, sus brazos cruzados, su mirada atenta. A veces corrige: el pie, la muñeca, la postura. Keds ajusta y sigue.
Keds: ¡Una más!
Zekku: Siempre es una más con ustedes los jóvenes.
Keds sonríe, aunque sus brazos tiemblan. Vuelve a atacar. Directo, gancho, patada, combinación. Su Glos rojo brilla en sus manos, débil pero constante.
Los cocineros han preparado la comida. El aroma llega hasta ellos, pero Zekku no lo deja parar.
Zekku: Diez más. Luego comes.
Keds: ¿Diez?
Zekku: ¿Quieres veinte?
Keds: ¡No, no! Diez está bien.
Y sigue. Golpe tras golpe. Hasta que el cansancio lo vence, y cae de rodillas, jadeando.
Zekku: Suficiente. Ahora sí, a comer.
Keds levanta la cabeza, agotado pero sonriente. Su cuerpo duele, pero por primera vez, siente que el poder que lleva dentro comienza a hacerle caso.
Vemos que Keds saca técnicas de fuego. Se separa un poco, toma distancia, y extiende sus manos.
Bolas de fuego. Las lanza una tras otra, impactando contra un árbol viejo que los cocineros usan como blanco. La madera cruje, arde.
Pistola de fuego. Apunta con sus dedos, y pequeñas ráfagas de fuego salen disparadas, precisas, perforando el tronco.
Otras cuantas más. Un muro de llamas que se eleva frente a él. Una ráfaga que barre el suelo. Pequeñas chispas que giran a su alrededor como luciérnagas.
Keds termina, jadeando. Sus manos humean, su Glos rojo aún brillando en sus brazos.
Zekku observa, sus ojos viejos brillando con algo que podría ser orgullo.
Zekku: Interesante. Sus técnicas mágicas de fuego… son buenas.
Keds: Bueno, ya di en el blanco 20 veces con mis técnicas de fuego. ¡Qué bien se siente controlar el Glos!
Y sigue haciendo lo que antes no podía: tirar al mismo objetivo varias veces. Bola de fuego. Impacta. Pistola de fuego. Impacta. Otra bola. Impacta. Ráfaga. Impacta. Cada técnica encuentra su marca. Ninguna se desvía.
Narrador: Como ustedes saben, Keds antes no controlaba su Glos. Eso hacía que las técnicas de su magia se desviaran, o algunas impactaban pero no todas. Claro, era una desventaja. Pero ahora, después de entender el flujo de su energía, de aprender a encender y apagar su poder a voluntad, sus llamas finalmente obedecen. Por primera vez, Keds Akuman siente que puede ser el soldado que siempre quiso ser.
Keds: Qué cansado me siento.
Zekku: Eso es por lo que peleaste cuerpo a cuerpo antes. Eso te dejó cansado, más las técnicas que usaste.
Keds: Entiendo, tío.
Pero Keds ve el punto blanco donde antes impactaban sus técnicas. El árbol viejo está marcado, quemado, humeante. Keds lo mira fijamente, como si algo en su interior le pidiera más. Su mano se eleva lentamente, los dedos extendidos.
Zekku lo observa en silencio, sin interrumpir.
Keds intenta hacer algo. Su Glos se enciende, rojo como siempre. Pero en el fondo, algo más pugna por salir. Una chispa diferente. Un color distinto.
Su mano tiembla. El aura roja parpadea. Por un instante, un destello azul cruza sus dedos.
Luego se apaga.
Keds baja la mano, frustrado.
Zekku: Paciencia, sobrino. El rayo es más rebelde que el fuego. Pero llegará.
Keds asiente, mirando sus manos vacías. Sabe que su tío tiene razón. Pero también sabe que no puede esperar para siempre.
Keds: Pero… ¿cómo en esa batalla peleé?
Keds recuerda su pelea contra Brosh, el demonio de 200 brazos. La primera vez que le salió rayo.
En su memoria, vuelve a verse rodeado por los brazos del demonio, acorralado, sin escapatoria. La desesperación. El miedo. Y de repente, esa chispa. Ese destello azul que brotó de sus manos sin aviso, sin control.
Y lo utilizó con fuego como si lo dominara. Las llamas rojas y los rayos azules bailaron juntos, como si siempre hubieran sido uno. Golpearon a Brosh, lo derribaron, lo vencieron. Keds recuerda la sensación: el poder fluyendo, la energía respondiendo, la victoria.
Pero en el recuerdo, también ve la confusión. La inestabilidad. Las técnicas que se desviaban, el rayo que aparecía cuando no debía.
Keds: Allí salió… sin que yo quisiera. Y funcionó.
Zekku: La desesperación, sobrino. A veces, cuando no hay otra salida, el cuerpo hace lo que la mente no puede ordenar. Pero eso no es control. Es instinto.
Keds: ¿Y cómo hago para que el instinto se vuelva control?
Zekku: Practicando. Fallando. Volviendo a intentar. Hasta que tu cuerpo sepa lo que tu mente quiere antes de que tú mismo lo sepas.
Keds mira sus manos. Las cierra. Las abre. Sabe que el camino es largo. Pero también sabe que, algún día, esas dos magias dejarán de pelearse dentro de él. Y cuando eso pase, será imparable.
Mientras vemos que en el camino ven a Ganh. El demonio lagarto espera en medio del pasadizo, sus brazos cruzados, su cola arrastrándose detrás de él. Sus ojos reptilianos brillan en la penumbra.
Tévez dice:
Tévez: Muy bien. Me quedaré.
Sunzuki: No te mueras, amigo.
Yamito: Claro. Aunque tengas 46 años, eres joven, Tévez.
Tévez: Lo sé. No moriré. ¡Y seguiré!
Entonces Tévez cae de la rama mágica, aterrizando en el suelo con un golpe seco. Se pone de pie, estirando los hombros.
Ganh ve la rama y dice:
Ganh: No dejaré que escape.
Tévez le da una patada en la cara. El impacto resuena en el pasadizo. Ganh retrocede un paso, sorprendido.
Tévez: ¡Tú pelearás conmigo, demonio!
Continuará!
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