Magic Demon - Capítulo 73
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Capítulo 73: Capitulo 73: Tévez el soldado magico del pueblo lejano
Mientras vemos a Tévez y Ganh verse y atacarse entre sí.
Ambos sangran. Tévez tiene el uniforme roto, el brazo izquierdo manchado de rojo, la boca con restos de sangre seca. Ganh tiene marcas en el torso, las escamas rotas, sangre oscura goteando de sus dedos.
Con las mismas técnicas que antes. Tévez lanza ráfagas de tierra, Ganh responde con sus líneas demoníacas. Explotan, chocan, se anulan.
Al punto que la espada se rompe. La hoja de tierra, agrietada por tantos impactos, finalmente cede. Se quiebra en pedazos que se disuelven en el aire.
Tévez salta hacia atrás. Crea distancia. Sus manos vacías, su respiración pesada, pero sus ojos aún arden.
Y pelea cuerpo a cuerpo contra Ganh. Sin espada. Sin técnicas lejanas. Solo los dos, frente a frente.
Ganh lanza un golpe con su garra. Tévez bloquea con el antebrazo, el impacto retumba. Responde con un puñetazo en el estómago del demonio. Ganh tose, pero contraataca con la cola. Tévez salta por encima, aterriza detrás de él, y le clava una patada en la espalda.
Ganh rueda, se levanta, y vuelven a chocar. Puño contra garra. Rodilla contra cola. Sin pausa, sin tregua.
Ganh: ¡¿Por qué no te rindes?!
Tévez: Porque morir no es una opción.
El demonio gruñe y se lanza con todo. Tévez lo recibe con los brazos abiertos, dejando que el impacto los lleve a los dos contra la pared de la cueva. Piedras caen. Sangre vuela. Pero ninguno suelta al otro.
Tévez corre y esquiva, moviéndose entre las sombras de la cueva. Sus pies apenas tocan el suelo, su cuerpo gira, se agacha, salta. Desde cada posición, lanza varias ráfagas de tierra que vuelan hacia Ganh como proyectiles implacables.
Ganh abre su boca. Más de lo normal. Mucho más. De su garganta emerge una bola negra demoníaca, densa, pulsante, que crece mientras la carga.
La lanza.
¡BOOM!
La explosión sacude la cueva entera. Levanta mucho humo, una nube espesa que lo cubre todo. Los fragmentos de roca caen del techo, el polvo lo invade todo.
Tévez desaparece entre la cortina gris. Ganh escanea la oscuridad con sus ojos reptilianos, buscando, esperando.
Ganh: ¿Dónde estás, soldado?
El humo se mueve. Una sombra. Un crujido. Pero nada más.
Tévez sangra. El muñón de su brazo derecho sigue goteando sangre, empapando el suelo de la cueva. Su visión está nublada, el mundo girando a su alrededor como si fuera a desmayarse. Pero no cae. Aprieta los dientes. Clava sus pies en el suelo.
Tévez le dice a Ganh:
Tévez: Soy un soldado mágico. No importa si pierdo dos brazos. Mi determinación y deseo es matar a todos los demonios, sea quien sea. Todo para salvar a mi pueblo y a mi nación. ¡Yo soy Tévez!
Su voz retumba en la cueva, más fuerte que el dolor, más fuerte que la sangre que no deja de caer.
Tévez: Además, vine a salvar al Rey. No me importa si muero. Con tal de cumplir la misión… ¡todo bien!
Aprieta su puño izquierdo. Su Glos café comienza a arder en su pecho, extendiéndose por su brazo restante, por sus piernas, por todo su cuerpo herido.
Ganh lo observa, su sonrisa burlona congelándose lentamente.
Ganh: Estás loco. No puedes ni pararte.
Tévez: ¿Quién dijo que necesito estar parado para pelear?
Da un paso. Luego otro. Su cuerpo tiembla, su brazo sangra, pero avanza. Porque es Tévez. Porque es un soldado mágico. Porque no se rinde. Porque morir no es una opción si aún no ha cumplido su misión.
Tévez quiere concentrarse en el único brazo que le queda en una técnica. Su mano izquierda se eleva, la energía café comenzando a formarse en su palma. Solo necesita unos segundos. Solo unos.
Pero Ganh:
Ganh: Te respeto, soldado mágico. Eres alguien de quien admirar.
El demonio, con el mismo brazo potenciado, traspasa casi por el pecho en medio del cuerpo de Tévez. No en el estómago, pero casi. El brazo entra por un lado, sale por el otro, dejando un hueco en su torso.
La sangre brota. La técnica de Tévez se desvanece. Su mano izquierda cae.
El demonio quita su brazo y vemos que tiene un hueco en su cuerpo. Un agujero limpio, mortal.
Tévez, sangrando, dice:
Tévez: No lo logré… pero por lo menos te frené.
Dice eso antes de que el muriera.
Sus rodillas ceden. Su cuerpo cae hacia adelante, golpeando el suelo de la cueva con un sonido sordo. La sangre se extiende bajo él, formando un charco oscuro que refleja la tenue luz de la cueva.
Ganh observa el cuerpo caído, su brazo aún manchado de sangre. Su expresión ya no es burlona. Hay algo en sus ojos que parece… respeto.
Ganh: Descansa, soldado. Cumpliste tu misión. Al menos, me detuviste el tiempo suficiente.
Detrás de él, en la oscuridad del pasadizo, el grupo de Yamito avanza sin saberlo. El sacrificio de Tévez les ha comprado los segundos que necesitaban.
Yamito y Sunzuki en su camino dicen:
Yamito: No siento el Glos de Tévez. ¿Y tú?
Sunzuki: Tampoco yo. ¿Crees que él…?
Yamito: Si pasó lo que pensamos… pues murió como un héroe.
Siguen avanzando en silencio, sus pasos más pesados ahora. La pérdida aún no termina de asentarse, pero saben que no pueden detenerse.
—
Y vemos que donde va Didsy, Mader y Frank:
Didsy: ¿Adónde van? ¡No creo que para allá! ¡No vayan, morirán también!
Pero Mader y Frank ya han tomado su decisión. No miran atrás. Corren en dirección contraria, hacia el pasadizo por donde vinieron, hacia donde peleó Tévez.
Didsy se queda un instante, dudando. Luego aprieta los dientes y sigue adelante sola. Porque alguien tiene que llegar hasta el Rey. Porque Tévez dio su vida por eso. Porque no puede dejar que ese sacrificio sea en vano.
—
Mader y Frank corren entre las sombras, sus pasos resonando en la cueva. La luz de sus antorchas apenas ilumina el camino, pero no se detienen.
Mader: ¡Tévez!
Frank: ¡Tévez, responde!
El eco de sus voces se pierde en la oscuridad. Adelante, donde la batalla ocurrió, el silencio es absoluto. Y en ese silencio, algo se mueve. Alguien espera.
Continuará!
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