Magic Demon - Capítulo 80
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Capítulo 80: Capitulo 80: la fuerza unida
Vemos a Mader allí viendo a Frank.
Mader: Oye, nos toca, ¿no crees?
Frank: ¿La número 2, no?
Mader: Así es.
Vemos cómo Mader pone enfrente su mano.
Mader: Magia de madera… ¡Gran rama de madera!
Una gran madera larga le sale a Mader. Larga, gruesa, flexible. Se estira como una serpiente, buscando atrapar a Ganh. También tiene una mano, que se abre al final, lista para cerrarse sobre el demonio.
Se lanza para Ganh.
Ganh ve y sonríe.
Ganh: Vaya, qué interesante.
Y vemos que Ganh grita:
Ganh: Técnica demoníaca… ¡Ráfagas de lagarto!
Y vemos que técnicas demoníacas de color verde oscuro con líneas negras en forma de esfera son varias. Proyectiles retorcidos, densos, que vuelan hacia Mader, o mejor dicho, hacia su técnica, como un enjambre de serpientes.
Y vemos que todas le dan. Impactan en la rama de madera, la envuelven, la destruyen.
¡Boom!
Muchas explosiones salen. La madera vuela en astillas. El humo cubre el pasadizo.
Pero vemos que la técnica cae al suelo. La rama, destrozada, yace inerte. Pero Mader ya no está detrás de ella.
Y Frank aparece por detrás del demonio. Aprovechando el caos, la explosión, la distracción. Corre en silencio. Levanta el puño.
Le pega fuerte por detrás. El impacto resuena, Ganh se tambalea. Frank no espera. Salta hacia adelante, aterriza frente a él.
Frank: Magia de viento… ¡Ráfagas de viento!
Vemos que varias técnicas de viento en forma de ráfagas van al demonio. El aire se vuelve filo, invisible, letal. Las ráfagas golpean el pecho de Ganh, su rostro, su estómago.
Y Ganh sangra por la boca. La sangre brota de sus labios, tiñendo sus dientes afilados. Retrocede un paso. Otro. Sus rodillas tiemblan.
Ganh: Malditos… humanos…
Pero aún no cae. Sigue en pie. Apenas. Pero sigue.
Frank: Ahora sí haremos la número 2, ¿Mader?
Mader: Ahora sí.
Pero vemos a Ganh allí observando. Sus ojos reptilianos brillan en la penumbra, la sangre aún goteando de sus heridas. Pero no es un animal acorralado. Es algo peor. Es un demonio que ha decidido que ya no jugará más.
Y dice:
Ganh: La fuerza de un demonio no se puede controlar si está con ira.
Y vemos que le da un golpe fuerte con su brazo y con la cola en el estómago. El impacto es brutal, una combinación de garra y látigo que Frank no puede bloquear. Su cuerpo se dobla por la fuerza del golpe, el aire escapándose de sus pulmones.
Mandando lejos a Frank. Vuela por el aire, impacta contra el suelo, rueda entre las rocas.
Sangrando por la nariz y por la boca. La sangre brota, mezclándose con el polvo de la cueva. Frank intenta levantarse, pero sus brazos tiemblan, sus piernas no responden.
Mader ve todo.
Mader: ¡¡Nooo, Frank!! ¡¡Maldición!!
Aprieta los puños. La espada de madera aún está en su mano, pero sus dedos tiemblan. No es miedo. Es rabia. Es impotencia. Es ver a su amigo caído y no poder hacer nada. Pero se mueve. Da un paso. Otro. La madera en su mano comienza a brillar.
Ganh: ¿Vas a morir también, niño?
Mader: Cállate, demonio.
Y corre. Directo hacia él. Sin plan. Sin estrategia. Solo con la furia de quien ha visto suficiente.
Vemos que corre y corre. Sus pies apenas tocan el suelo, la furia impulsando cada paso. Los brazos le tiemblan, la sangre aún gotea de sus heridas, pero no se detiene.
Y pone enfrente su mano.
Mader: Magia de madera… ¡Gran madera!
Y unas 5 maderas grandes con espinas son lanzadas al demonio. Los troncos retorcidos vuelan hacia Ganh, sus púas brillando en la penumbra.
El demonio esquiva todas las técnicas. Se agacha, gira, salta. Las maderas pasan a su lado, impactando contra la pared de la cueva y astillándose.
Y mientras corría, con su cola agarró a Mader. La cola se enrosca en su cintura, apretando, levantándolo del suelo.
Haciéndolo sufrir con golpes. Un puñetazo en el rostro. Otro en el estómago. Una patada que lo hace girar en el aire. Sangre vuela de su boca, de su nariz, de los cortes en su cara.
Y vemos que su cara sangra demasiado. Los ojos hinchados, los labios partidos, la sangre mezclada con el sudor y las lágrimas que no deja caer.
Y lo lanza donde está Frank. El cuerpo de Mader vuela, impacta contra el suelo cerca de su amigo, rodando hasta quedar inmóvil.
Mader: Frank…
No puede decir más. La tos le llena la boca de sangre. Frank, a su lado, apenas puede mover un brazo para tocar el hombro de su compañero.
Ganh: ¿Ya? ¿Eso es todo?
El demonio se acerca, su cola arrastrándose detrás de él, sus garras brillando. La cueva se vuelve más oscura. O tal vez solo es la visión de los dos jóvenes, nublándose.
Mader: Frank.
Frank grita. Un grito que no es de dolor, es de furia. De negación. De no rendirse.
Vemos un pensamiento de ambos:
“Deben lograrlo.”
Y vemos que Mader y Frank se levantan. Sus cuerpos tiemblan, la sangre aún gotea de sus heridas, pero sus ojos arden. No han terminado.
Y Mader de las maderas con espinas las trae. Las 5 grandes maderas vuelven a formarse, flotando a su alrededor, las púas brillando con una luz verdosa.
Las 5 impactan en la espalda del demonio. Una, dos, tres, cuatro, cinco. Las espinas se clavan en la piel escamosa de Ganh, perforando carne, rasgando músculo.
Sangrando, el demonio ruge, pero no cae. Se gira, busca a Mader, pero…
Mientras vemos cómo Frank tiene sus manos en el suelo de la cueva. Las palmas planas contra la piedra, los dedos extendidos. Algo está haciendo. Algo que requiere concentración.
Y vemos cómo Frank le sigue dando con las espinas de las maderas. Mader controla los troncos como si fueran extensiones de su cuerpo, lanzándolos una y otra vez.
Ganh esquiva algunas. Las maderas pasan rozándolo, astillándose contra las paredes. Y otras le dan. Clavándose en sus brazos, en sus piernas, en su pecho. La sangre demoníaca empapa el suelo.
Mader: La fuerza unida…
Frank: Es lo mejor que se puede hacer.
Ganh: ¿Qué dicen?
No entiende. No puede entender. Están solos, heridos, casi muertos. ¿De qué fuerza hablan?
Y vemos que donde tenía las manos Frank, las quita y grita:
Frank: Magia de viento… ¡Gran viento!
Y del suelo varias ráfagas de viento se levantan. No desde sus manos, sino desde la tierra misma. La cueva entera se convierte en un torbellino. El polvo, las rocas pequeñas, todo se eleva. Ganh es empujado, desequilibrado, cegado.
Y vemos cómo Mader con las espinas de la madera le sigue dando. En medio del caos, las maderas vuelven a lanzarse. Clavándose, rasgando, destrozando.
Vemos que salta y le pega en el estómago. Mader deja las maderas, cierra la distancia, y su puño impacta en el torso de Ganh.
Las ráfagas cortan los brazos. El viento filo de Frank corta los brazos del demonio, dejando sus garras inútiles, colgando.
Y vemos cómo Frank le da una patada. El impacto en la cara de Ganh lo hace retroceder, tropezar.
Y Frank y Mader, ambos, conectan un puñetazo en el estómago. No uno. Dos puños. Al mismo tiempo. Golpeando el mismo punto. La fuerza combinada atraviesa la carne, el hueso, la energía.
Atravesando y agarrando su cadena interior. Los dedos de ambos jóvenes se cierran en torno a ese núcleo brillante, esa línea que es la vida del demonio.
Ganh: ¡Maldición!
No puede mover los brazos. No puede usar su cola. El viento aún lo golpea, las maderas aún lo atraviesan. Solo puede ver cómo dos niños, dos soldados mágicos, le arrancan la cadena del pecho.
Tanto Mader como Frank se la arrancan. La tiran. La cadena vuela por el aire, se rompe en mil pedazos, se desvanece en luz.
Cayendo el demonio. Las rodillas de Ganh golpean el suelo. Luego el torso. Luego la cabeza. Su cuerpo comienza a desvanecerse en partículas oscuras.
Ganh grita:
Ganh: ¡¡Malditos humanos!!
Es lo último que dice. Sus ojos, llenos de odio y sorpresa, se apagan. El cuerpo se disuelve. Y solo quedan Mader y Frank, de pie, jadeando, cubiertos de sangre, mirando el lugar donde el demonio ya no está.
Mader: Lo hicimos.
Frank: Sí… lo hicimos.
Y entonces sus piernas ceden. Caen al suelo, juntos, apoyándose el uno en el otro. La cueva está en silencio. Solo sus respiraciones agitadas rompen la calma. Han ganado. Apenas. Pero han ganado.
Continuará!
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