Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 11
- Inicio
- Manual para rechazar al psicopata
- Capítulo 11 - 11 Analiza a tu psicopata pt
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Analiza a tu psicopata, pt.
1 11: Analiza a tu psicopata, pt.
1 ¿Cómo podrían dormir en un mismo sillón sabiendo que ahora eran dos personas odiándose mutuamente?
En realidad, era un sofá cama para dos personas.
Era como si este preciso momento fuera escrito en el libro de la vida de Bruno.
Este hombre frustrado no podía parar de pensar en las posibilidades para que pudieran acomodarse, pero no esperaba la “solución” de su compañero.
No había pasado mucho desde que Mónica les había dado el par de mantas para que se pudiera ir a dormir, pero en la mente del rubio solo pasaban un par de palabras: —No se preocupen, el sofá es cama también y podrán dormir los dos cómodamente, por suerte ambos son hombres —había dicho la mujer, sin saber nada de lo que en pasaba la realidad.
«¿Acaso no eres capaz de ver nada?».
Bruno aún no entendía cómo era que nadie en el pueblo notara cómo era esa persona en realidad.
No había lógica en que en todo el pueblo solo él, tras dos días de llegar, fuera víctima de su vecino, aunque, ahora que lo analizaba, ¿hubiera sido capaz de ver a través de su máscara de no haber sido por un ataque tan imprudente de su parte?
No pudo continuar sus pensamientos porque una mano tronó los dedos frente a su cara.
Lucas se acercó a su oído y le susurró: —Más te vale no hacer ningún movimiento tonto o la linda doctora recibirá las consecuencias de tus actos, ¿entendiste?
Bruno no respondió, solo subió los pies sobre la mesa de noche y fingió no haber escuchado.
Este comportamiento molestó al castaño, quien empujó al rubio tirándolo del sillón.
—¿Qué caraj— La sonrisa delgada y ladina sobresalió de Lucas al ver la cara de dolor con satisfacción.
A la hora de dormir estaban completamente lado a lado.
Lo único que se podía oír era el sonido de sus respiraciones y el aire que corría fuera de la casa.
Los músculos del rubio estaban tan tensos que la incomodidad podía traspasar paredes.
«¿Y si me mata mientras estoy dormido?…
¡O aún peor!
Joder, no quiero ni imaginarlo.
Lo mejor que puedo hacer es esperar a que se duerma y entonces ir a la habitación de Mónica para poder llamar a alguien.
¿A la policía?
¿La policía me creería?».
Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos brazos que lo rodearon, haciendo que la temperatura de Bruno se elevara de inmediato.
— ¿Qué carajo haces?
—preguntó con una voz molesta, pero baja, mientras intentaba zafarse.
—Si intentas huir, automáticamente lo notarás.
Observó la cara que expresaba náuseas con unos ojos profundos pero alentadores, como si estuviera admirando una planta sabiendo que después la cortaría.
A pesar de que cada uno se había propuesto no dormir, no pasó mucho tiempo después de que se empezaran a escuchar las respiraciones calmadas y alineadas a un ritmo similar.
Por un momento eran solo dos jóvenes de la misma edad que estaban cansados y vivían en un momento de tranquilidad.
Los párpados del castaño cubrían por completo esos ojos aterradores y sus cejas se convertían en una línea recta.
Las mejillas de Bruno se hundían un poco por la gravedad y sus labios se abrían para poder respirar.
Entre esta escena de somnolencia, las gotas de la ducha del segundo piso hacían un poco de eco y, en conjunto con la lámpara que estaba en el patio trasero, creaban una atmósfera hogareña.
Cuando parecía que por fin tendrían alguna noche cómoda, un estruendo alteró la tranquilidad.
Ambos hombres se despertaron de prisa.
Los pies fríos del rubio empezaron a temblar y su corazón palpitaba a toda velocidad cuando vio que Lucas igual se había despertado y ya estaba parado bajo la poca luz que había.
Por alguna razón, esta imagen lo tranquilizó y le nació valor para igualarlo e inspeccionar.
«Debería prender mi lámpara» —pensó, pero la mano de Lucas lo detuvo, cubriendo todo el dorso helado.
—Espera —se agachó en cuclillas tras la barra de la cocina y le señaló al otro que lo imitara—.
Creo que ha venido del patio de atrás.
Bruno notó la cara de preocupación y temor en su némesis.
«Ni siquiera él sabe qué hacer.
Debería ir por Mónica primero para evitar espantarla».
—Voy por Mónica.
—Bien, pero no hagas ruido y no la alteres.
Seguiré revisando mientras tanto.
Después de varios días parecía que habían creado alguna estrategia decente en donde ninguno de los dos quería asesinar al otro.
Lucas siguió caminando con cautela hacia la ventana de la cocina, donde lo cubría un tronco y unas ramas del árbol que llegaba hasta el segundo piso.
Tomó la delgada cortina e infiltró uno de sus ojos.
Con lo primero que se topó fue con la misma criatura que se había encontrado Bruno en el bosque.
Antes de ser visto, se aleja rápidamente de la ventana y se dirige al ático.
En el camino se encontró con una Mónica aturdida y somnolienta.
— ¿Qué pasa?
—preguntó Bruno al notar la tensión que había en la frente del castaño.
—Es ese maldito monstruo que te encontraste la primera vez.
Ni siquiera le importaba que la doctora lo escuchara.
Estaba harto de tener que lidiar con esto.
Después de haber “heredado” la mansión, su vida ya no era placentera.
En lugar de tener que preocuparse por quién sería su próxima diversión o en qué gastaría su herencia, se encontró en este juego en donde no podía respirar ni un momento antes de que alguna criatura horrenda lo intentara matar.
Aun con enojo, no olvidaba que la doctora no sabía nada de esto, pero tampoco quería cargar con la responsabilidad de tenerlo que ocultar.
Era mucho más difícil para él seguir sabiendo que es una buena persona y tampoco la necesitaba como un ancla para mantener a Bruno a su lado.
Después de pensarlo bien, solo los había involucrado en su propio mundo por accidente.
—¡Lo que vi la noche de ayer era real!
—dijo la mujer, con piel pálida y ojos desorbitados.
Bruno se había quedado boquiabierto después de escuchar eso.
Su corazón no lo dejaba escuchando bien el exterior y su estómago se retorcía de miedo solo de recordar la noche en que tuvo que correr como loco para poder llegar a la mansión antes de ser tragado por esa cosa y, por otra parte, su mente había viajado tan rápido hasta preguntarse: ¿por qué Lucas le había dicho a Mónica la verdad?, ¿no tenía otra opción o ya no le servía de nada ocultárselo porque tenía algo planeado?
¡Se estaba volviendo loco!
—¡¿Qué esperas, idiota?!
¡Ayúdame a conseguir algo con que tapar las entradas y las ventanas!
No pudieron reaccionar cuando, de repente, se escuchó cómo se rompió la puerta de la cochera, la cual conectaba con el patio trasero.
Lucas se apresuró a subir al ático seguido por el par alterado.
—Por lo que he observado, esta criatura no suele tener tanta fuerza, pero sí tiene flexibilidad y rapidez.
Además, tiene un montón de ojos sobre todo su rostro.
Las veces que he logrado escapar es porque termina matando a algún animal o… a alguna persona.
La doctora no dejaba de temblar mientras sostenía fuertemente la chamarra de Bruno.
—¡¿Ha matado a alguna persona?!
—preguntó, aferrándose aún más a la prenda.
—Solo las personas que han entrado al fallo por error.
—Sí, claro, por error —agregó con sarcasmo el de ojos miel.
—A excepción… de cuando te vio.
Ese día fue tras de ti, pero después de ver cómo te encontrabas conmigo y huíamos, se detuvo.
Por un momento el trío se mantuvo en silencio, evitando respirar con fuerza para que la criatura no los escuchara.
De ser así, con solo atravesar sus largos brazos por el pasillo podría bajar la puerta del ático.
Entre una mujer temerosa que sostenía su chamarra con fuerza y un hombre alterado que daba igual o incluso más miedo que la misma cosa que trataba de asesinarlos, Bruno se inundaba de inquietud: «Tengo que buscar alguna solución antes de que termine como carnada.
¿Qué pudo hacer que esa cosa nos dejara de perseguir?
¿Qué hice ese día?».
Aun dentro de ese pequeño lugar oscuro se podía escuchar el arrastre de las extremidades y las demoliciones que iba haciendo a su paso la criatura.
Entre más tensaban su propio cuerpo, más se acercaba el ruido.
El crujir de la madera se escuchaba bajo ese peso torpe, hasta poder averiguar que se encontraba casi debajo de ellos.
En un momento en que Bruno dirigió su mirada a la cara de su némesis, pudo ver esos ojos que tenía cuando lo vio volverse loco porque la tierra casi lo tragaba.
Rápidamente predijo su siguiente movimiento.
Al lado de él estaba una mujer al borde del pánico y era el blanco de la bestia que estaba frente a ellos.
De repente, el aterrador ruido se detuvo bajo sus pies.
La mano del castaño se movió tan rápido que apenas Bruno la pudo detener antes de que alcanzara el cuello de la doctora.
No tuvieron tiempo de reaccionar cuando la mano larga y aberrante bajó la puerta del ático.
Lucas solo pudo chasquear la boca y contraer las cejas.
—¡Eres un estúpido!
¿Quieres morir tú antes que ella?
La expresión de la doctora era tan asfixiante que apenas podía entender el temor que le llegaba hasta el cerebro, pero solo expresaba una cosa: la incertidumbre de pensar que nada de lo que había creído era real.
Solo sabía que podía estar a salvo siempre y cuando estuviera al lado del rubio, así que se puso detrás de él.
El castaño no perdió el tiempo y corrió hacia la pequeña ventana que había en el tejado, dejando a su espalda a un hombre molesto y una mujer asustada.
Detrás de ellos, una cara llena de ojos viscosos sacaba su puntiaguda lengua relamiéndose.
«Mierda, mierda, ¡mierda!».
Bruno lo vio de frente y pasó hacia atrás a la doctora.
—Ve con él.
—Pero— —¡Solo hazlo!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com