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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 12

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  3. Capítulo 12 - 12 Analiza a tu psicópata pt
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12: Analiza a tu psicópata, pt.

2 12: Analiza a tu psicópata, pt.

2 Mónica volvió a sentir el miedo de la noche anterior.

Sus piernas no se movían y tampoco confiaba en seguir a un hombre que, hace un momento, la quería usar.

Esperó a que la adrenalina llenara su corazón y se acordó de que entre las cajas que los rodeaban había un tubo oxidado que anteriormente era la tubería del lavabo.

Mientras Bruno estaba siendo acorralado por ese esperpento, Mónica le lanzó el tubo y el rubio pudo agarrarlo justo a tiempo para ponerlo enfrente de su cara.

Cuando la criatura lanzó su mordida, solo logró atravesar el fierro, dejando ver sus delgados y puntiagudos dientes.

La manzana de Adán del rubio bajó y subió al ver esas agujas blancas cubiertas de sangre.

No tuvo tiempo para correr hacia la joven de cabellos desacomodados, pero se movió rápidamente para volver a ser el señuelo.

—Ve con Lucas, ¡ahora soy yo la carnada!

—¡No te dejaré de nuevo!

El rubio tomó el tubo y golpeó los ojos.

Estos órganos reaccionaban dejando caer más baba, lo que asqueó al de expresión desagradable.

También notó que, por alguna razón, la criatura no sentía tanta sed de sangre como cuando veía a Lucas, así que dedujo que en realidad esta criatura tenía alguna fijación con ese hombre.

De repente, recordó que aún traía la sudadera del castaño.

La doctora ya había escapado, aunque a regañadientes, por la ventana después de recibir la orden de su compañero de combate.

Ahora él estaba solo en esa casa.

Saltó del ático y se lastimó el tobillo, pero eso no le impidió correr a la pequeña bodega que estaba al lado del baño.

Detrás de esa puerta podía escuchar cómo la criatura abría cada puerta con silencio, moviendo sus extremidades de una manera imposible para los humanos.

«Esta maldita cosa es mucho más inteligente que la bola de grasa de ayer.

No puedo creer que sea capaz de abrir la puerta con sigilo, además parece distinguir entre personas… En pocos segundos me encontrará.

Necesito deshacerme de esta chamarra».

Se quitó la chamarra, pero ahora tenía que buscar la manera de escapar de ese lugar.

Su desesperación al escuchar cómo el sonido escalofriante se acercaba a él lo hacía ver a todos lados con impotencia para encontrar una salida mágica.

En el techo solo había telarañas y grillos.

En la parte de abajo había una pequeña rendija, pero apenas cabía su pie.

En las paredes de los lados solo había algunos estantes llenos de cosas.

Cuando parecía que todo estaba perdido, notó que detrás del estante que estaba a su espalda había una pequeña reparación con maderas puestas con clavos un poco chuecos.

Viéndolo como su única esperanza y escuchando cómo el ruido se aproximaba con cautela, quitó el estante sin importarle el ruido que hiciera y lo puso contra la puerta como obstáculo.

Ya de frente a la pared, agarró con brutalidad las maderas y empezó a tirar de ellas con toda su fuerza, reviviendo el dolor de su muñeca.

Estaba seguro de que sus quejidos eran más gritos que otra cosa.

Su desesperación lo estaba sofocando y, al escuchar cómo la bestia empujaba contra la puerta, sus ojos se empezaban a nublar del miedo y sus manos temblaban.

—¡Mierda, ahora no!

Las necesito con un carajo —su propio miedo lo volvía violento contra sí mismo.

Lleno de impotencia, se aferró con sus dedos a las astillas de la madera que apenas parecían moverse un poco.

El anaquel se estaba moviendo como loco por los golpes que recibía desde afuera y la puerta ya estaba incompleta, haciendo que se pudiera ver cómo la criatura asomaba sus múltiples ojos.

Aunque todo parecía perdido para Bruno, una voz le regresó la esperanza.

A través de la pared de madera se pudo escuchar un: —¡Aléjate!

Era la voz de Lucas.

Unos fuertes golpes se escuchaban igual de desesperados que los que daba la criatura del otro lado, que ya había hecho un gran hoyo, logrando meter su larga mano.

El rubio pudo atacar sus agarres mientras solo fueran sus brazos, pero sabía que, una vez que la criatura se metiera, él estaría perdido.

Del otro lado de la pared, el castaño se encontraba golpeando las maderas ya casi removidas, sin importar que sus nudillos estuvieran a punto de romperse.

Por alguna razón, sus propios nervios lo ataban a la vida de ese hombre que no conocía del todo.

Era como si pensar en su muerte lo convirtiera en el temeroso Lucas del pasado.

Entre más pensaba en eso, más fuerza dirigía a sus puños.

Cuando ya toda su mano estaba cubierta de sangre, el hoyo era lo suficientemente grande para que el cuerpo de Bruno pudiera atravesarlo.

—¡Sal!

Justo cuando gritó aquella palabra, la criatura había entrado por completo, encontrándose fijamente con la mirada del castaño, haciendo que ambos se entorpecieran por un momento, momento que aprovechó el rubio para salir, aunque su pie fue atrapado por la blanca extremidad y su abdomen fue atravesado por un clavo.

Su expresión de dolor era tal que incluso el castaño sentía un pulso en su propio dorso.

Tiró de él sin importar que aumentaría su sangrado, pero era eso o que se quedara sin un pie.

Bruno cayó sobre Lucas, casi inconsciente, pero pudo sostenerse del hombro que tenía debajo para sentarse y tratar de pararse.

Lucas, sin darse cuenta de sus propias acciones, lo tomó del brazo y de la espalda baja para que no se fuera de lado y volviera a caer sobre el clavo que estaba medio incrustado.

Alzó su cabeza y vio hacia adentro, pero la criatura ya no estaba; solo había un rastro de sangre por todas las paredes.

Sin aviso alguno, el olor a petricor empezó a salir de la nada en conjunto con una oscuridad más tenue.

Vio su reloj y eran las cinco y media de la madrugada.

Poder ver al joven llegar a ese límite físico, en donde no le importaba incluso verse débil frente a lo que más temía, tanto que incluso se apoyaba en él, convirtió sus pensamientos en un caos interno, lo cual Lucas odiaba, pero al menos disfrutaba ver la sangre que había sobre sus nudillos, mientras sostenía las caderas del rubio, que ya había caído por completo sobre él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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