Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Manual para rechazar al psicopata
  3. Capítulo 13 - 13 No actúes con impulso
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: No actúes con impulso.

13: No actúes con impulso.

Lucas dejó al herido sobre el sofá, mientras él iba a inspeccionar el resto de la casa.

En el camino se dio cuenta de toda la sangre que la criatura dejó sobre las paredes y el piso.

Esto le hizo recordar el estado en el que estaba Bruno; ahora, además de volver a abrirse la herida de la muñeca, también tenía un agujero sobre el costado de su abdomen.

«Sí que tiene mala suerte».

Después de pensar eso, se limpió la mano con su chamarra y regresó a la sala.

Al acercarse al herido, podía darse cuenta de que el dolor le causaba sudor en la frente, aunque no estaba totalmente seguro de que fuera por eso o porque ya lo había drogado más de un par de veces.

Él mismo conocía las consecuencias, y el primer síntoma era el sudor frío.

Caminó a la cocina y mojó unos trapos, luego fue en busca de algún botiquín, lo cual no sería tan difícil, ya que estaban en la casa de una doctora.

Mientras revisaba una caja de cartón, en la misma bodega en donde casi moría su amuleto humano, se encontró con la fotografía del anciano que había matado.

En la fotografía se veía menos canoso y estaba sonriendo, mientras acariciaba a un perro.

Detrás de ellos estaba la mansión, pero en un estado menos deplorable.

—¿Qué haces?

—preguntó el hombre que se sostenía del marco de la puerta y evitaba desangrarse.

Lucas pegó un brinco y quebró la fotografía.

—¿Qué haces parado?

—Después de preguntar, empezó a recoger los vidrios—.

Vete al sof- No pudo terminar la indicación cuando vio cómo Bruno se balanceaba intentando no caer.

Corrió a sostenerlo antes de verlo tirado, lo llevó al sofá y manchó su playera nuevamente.

—¿No tienes otro quehacer aparte de desangrarte?

—preguntó fastidiado.

Se sentó en la orilla y rompió la playera ya manchada, dejando al descubierto la piel clara y tersa.

«Este hombre tiene la piel más suave que la que tenía yo de niño… Ya le hacía falta alguna cicatriz».

Se dejó llevar un poco por su instinto y pellizcó la zona con más grasa.

—Deja de tocarme —Bruno quitó la mano del castaño sin tanta fuerza porque el dolor lo entumía.

—Está bien, está bien.

Lucas empezó por poner el trapo frío sobre la frente, para poder detener el sudor.

Después limpió la zona y trató de retirar el clavo sin tanta brusquedad.

A pesar de eso, los quejidos y el dolor que sentía Bruno se intensificaban, frustrando los intentos de ayuda por parte del castaño.

A pesar de eso, siguió intentando sin muchos resultados.

En un momento pensó en dejar de intentarlo, pero la fría mano del rubio se apoyó en su muñeca y le pidió que siguiera a pesar de los quejidos.

En ese instante sintió una ráfaga de escalofríos atravesar todo su cuerpo, tensó su antebrazo y tiró con fuerza del clavo, haciendo que la sangre saliera con más intensidad.

«Creo que no debí sacarlo».

Aunque sus pensamientos fueran internos, Bruno logró entender la expresión de culpa en la cara del castaño.

—Creo que te quedarás sin carnada —dijo, dedicando una sonrisa apenas audible, al mismo tiempo que fruncía toda su cara.

Por primera vez, Lucas veía sangre en sus manos y no se regocijaba de satisfacción.

¿Qué le estaba pasando?

Su ojo izquierdo empezaba a temblar, las venas de su frente sobresalían y sentía que el oxígeno no le llegaba al cerebro.

Esto mismo hizo que empezara a sentir una necesidad de querer triturar a alguien o a algo.

Los ojos color miel ya estaban cerrados y su respiración era cada vez más lenta.

Lucas empezó a golpear la cara del rubio con intensidad y reía al ver cómo la destrozaba con fiereza.

Veía cómo esos labios durazno se rompían, cómo esas cejas claras se manchaban de sangre.

Sentía éxtasis al notar que sus puños tenían la sangre de aquel hombre, que parecía más un dios mitológico que humano, ver cómo esa cara que se aludía por firmeza era quebrada.

Pero la realidad era que seguía en la misma posición petrificada que tenía desde que vio cómo los párpados ajenos cayeron.

Esa distorsión de la realidad lo alteró, pero no evitó que saliera corriendo hacia el bosque, donde había dejado a la inconsciente doctora.

Tal vez pensaba que ya no la necesitaría, que ella podría morir en cualquier momento y él se sentiría aliviado, pero ahora odiaba aceptar que era ella quien podía salvar a su propia salvación.

Era igual que necesitar una doctora para tu mascota.

Después de explicarle el riesgo que corría la vida de su héroe, ella bajó la rama con la que trataba de defenderse y corrió a toda prisa hacia la casa.

Reunió el material que tenía en su oficina y anestesió al herido antes de empezar a suturar su herida.

Todo el proceso fue visto por un Lucas hundido en sus propias dudas: ¿Por qué la foto de ese viejo la tenía Mónica?

¿Por qué la mansión se veía como nueva en la fotografía si desde hace años luce terrible?

¿Por qué entró en esa especie de crisis al ver la sangre de Bruno?

La doctora sacó del trance al castaño diciéndole que ella se quedaría en la sala y que él podía irse o quedarse, siempre y cuando no le hiciera daño.

—¡Pero qué lindo de tu parte!

—respondió con sarcasmo y burla—.

Si quieres, puedo hacer el aseo.

—Lucas, no sé por qué eres así, cuando ambos convivíamos en la casa del señor- —¡Hablando de eso!

—Se acercó con velocidad a la mujer—.

Acabo de ver una linda foto de mi abuelo, ¿por qué la tienes tú?

En la mente de Mónica no había ningún recuerdo de que ella tuviera tal foto.

—No lo sé, tal vez la dejó el día que vino a visitarme y nunca me dijo.

Aunque Lucas estaba impaciente por obtener respuestas, unos quejidos por parte del rubio fueron la oportunidad para que Mónica se escapara con la excusa de checarlo.

A pesar de eso, los sentidos del hombre se mantuvieron alerta.

Antes de sentarse, siguió caminando por la casa, inspeccionando cualquier cosa que pudiera explicar lo que había pasado, pues tenía más preguntas que respuestas.

No sabía cómo matar a las bestias, ni cuándo se aparecerían o qué conexión tenían con el anciano que había matado.

¿Por qué, después de haber heredado la mansión, estos monstruos querían matarlo?

Se puso en cuclillas mientras tocaba la sangre que había por la pared y la olía.

Su olor no era igual al de los humanos; esta olía a… muerto en estado de descomposición.

El color naranja del amanecer se empezaba a colar por las ventanas, molestando el descanso del herido.

Cuando abrió los ojos, fue Mónica a quien vio primero; estaba sentada a su lado.

En su cara se podía ver un hematoma de color morado y una marca en el cuello.

Él conocía muy bien esa marca; su mente viajó rápido y llegó a una conclusión.

Quiso sentarse, pero el dolor que tenía en el costado del abdomen lo volvió a tirar.

Intentó no hacer ruido para ir en dirección del ruido que había en la parte trasera de la cocina.

Sus pies descalzos tocaron el frío y empezó a caminar de puntillas, a pesar de que le causara punzadas de dolor.

Vio a Lucas tratando de poner las maderas que él mismo había tirado, con algunos clavos, pero esta vez más pequeños.

—¿Por qué la has golpeado?

—preguntó, con los ojos hechos fuego.

—¿De qué hablas?

—preguntó sin siquiera voltear a verlo.

Bruno lo tomó de la chamarra con sus pocas fuerzas y lo empujó contra la pared, sin importarle el dolor que él mismo estaba sintiendo.

—¿Qué querías?

Después de que me siguió, me rogó que regresáramos por ti.

No se callaba y yo solo quería que dejara de ser un estorbo.

Bruno no pensó en nada más y se dejó llevar por su enojo.

Agarró el clavo que estaba sobre el estante y lo clavó en el pómulo derecho del hombre, que tenía una expresión arrogante.

La primera reacción del castaño fue quejarse y cubrirse con ambas manos, pero después de sentir el dolor sobre su piel, se volvió a reincorporar y sostuvo con enojo el cuello del más alto.

La expresión que tenía el rubio era de rabia, pero cambió drásticamente cuando escuchó las carcajadas ajenas.

«¿Qué mierda?».

Los labios finos se acercaron hasta rozar su oreja.

—¿Quieres tener cicatrices de pareja?

Su voz sonaba tan pervertida que todos los vellos de Bruno se pusieron de punta y su oreja estaba roja.

—¡Enfermo!

Aunque se zafó del agarre, cuando intentó salir de la habitación, su propio instinto de persona decente le hizo darse vuelta para ver el derrame en el ojo de Lucas que le había causado.

Lucas logró ver la culpa en su rostro; esto, por alguna razón, lo excitó.

No entendía del todo qué pasaba con su cuerpo cuando se trataba de ese hombre.

Sabía que no le causaba ningún conflicto acosar a alguien, pero generalmente se aburriría después de la primera vez; en cambio, Bruno podía enseñarle una nueva versión de él y automáticamente su cuerpo se emocionaría.

Sin importar el objeto que atravesaba la parte superior de su mejilla, se adelantó a cerrar la puerta antes de que su agresor saliera, quedando así detrás de él y acorralándolo.

—¡¿?!

—Bruno sintió el miedo crecer en él—.

Lo siento, ¿okay?

No esperaba que, tras darse la vuelta, la expresión de Lucas no fuera de enojo, sino de deseo.

Los labios del castaño se aproximaron con impulsividad para luego forcejear con ferocidad.

Por la mente de Bruno solo podía aparecer una pregunta: ¡¿Qué carajo?!

Intentó escapar de un golpe, pero su mano fue atrapada y lo mismo pasó con la otra.

La única arma que le quedaba era su boca.

Mordió con fuerza hasta sentir la sangre extraña dentro de sí, lo cual solo provocó más al castaño, que empezaba a meter la lengua con satisfacción.

Después de que ambos se quedaran sin aire, se separaron y se quedaron viendo con molestia.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Nann_ Gracias por leer, agradecria un montón un comentario o algún emoji, ¡los quiero!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo