Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 No sientas pena por tu secuestrador
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16: No sientas pena por tu secuestrador.
16: No sientas pena por tu secuestrador.
Después de meter la pequeña caja de madera en la mochila, corrió de prisa hacia la puerta y la empujó.
Lo primero que vio fue un pasillo extrañamente largo y oscuro; la poca luz que había no llegaba hasta el fondo y las puertas no indicaban fin; era como si hubiera entrado a la casa de los espejos, solo que esta vez era de puertas viejas y húmedas.
Los primeros pasos, entre dudosos y silenciosos, se escucharon con eco.
—¡Lucas!
No escucho ninguna respuesta, así que tomo la iniciativa de buscar puerta por puerta, pero sin siquiera dar un paso, una cara blanca y puntiaguda salió de la nada.
Bruno intentó regresar, pero las puertas se cerraron.
Antes de que volteara, la mano de la espeluznante mujer lo estaba arrastrando hacia el fondo del pasillo.
Intentó agarrarse de las paredes, mas solo logró resbalar sus manos sobre el piso manchado.
No podía gritar, sentía que su boca estaba seca y su voz había desaparecido.
La mujer lo aventó a un cuarto oscuro, donde también estaba el castaño ya inconsciente.
Desafortunadamente, la monstruosa cara no se esfumó y dio un par de movimientos extraños con su cuello largo; mostraba una sonrisa tan grande que llegaba a los extremos, topando con las orejas.
Cuanto más se acercaba a la cara del rubio, más se alegraba.
Bruno tenía las cejas contraídas en una expresión de miedo, esperando ser comido por los dientes cubiertos de baba.
El cabello de la mujer colgaba hasta llegar al piso, cubriendo parte de su rostro cuando se movía y, en lo que parecía su último movimiento para arrancarle los ojos al rubio, una veloz navaja atravesó su oreja, haciendo que un sonido aterrador saliera de su boca.
Lucas había despertado y optó por usar uno de sus pocos recursos para defender a su obediente amuleto, aunque eso significara quedarse sin su navaja favorita.
Tomó la muñeca del rubio y salió corriendo a toda prisa; no pudo ver hacia dónde era la salida; había varios pasillos, todos se veían sin un fin y sin diferencia alguna.
Siguieron corriendo por unos minutos hasta que dejaron de escuchar los escalofriantes lamentos.
Apenas tuvieron la oportunidad para descansar un poco, Bruno zafó su mano del agarre que lo estaba lastimando.
—No es necesario que me arranques el brazo —dijo entre jadeos, mientras sobaba la parte enrojecida.
—Bebe, recuérdame enseñarte a decir gracias.
El castaño se recompuso rápido y empezó a caminar en círculos mientras suspiraba y movía su cuello involuntariamente.
«Se está volviendo a poner nervioso» —pensó Bruno, imaginando las soluciones para evitar que Lucas entrara en un episodio de estrés y él saliera perjudicado.
—¿Por qué no entramos a alguna habitación?
Tal vez encontremos alguna pista.
—Es un cambia formas; esa mujer ha matado a innumerables personas.
Hace un momento entré a una habitación y estaba llena de huesos.
—¡¿Qué?!
Un movimiento empezó a sentirse bajo sus pies, así que reaccionaron entrando a la puerta más próxima.
A primera vista se podía ver como un lugar antiguo, pero extrañamente normal.
Cuando el entorno volvió a la espeluznante calma, empezaron a inspeccionar su alrededor.
Bruno fue directo a las fotos que estaban enmarcadas; al parecer eran de aquella cosa, pero cuando aún era una mujer normal.
Según las fotos, tenía una cocina y su marido era militar; sobre sus hijos, no se veía que tuviera.
Inmerso en la observación de las fotos, empezó a sentir una especie de calor sobre su nuca.
—Ve esto.
—La voz áspera se escuchó a pesar de haber sido casi susurrada, gracias a la cercanía de Lucas.
—Encontré un periódico de hace unos años, y sale la foto de la mansión.
Bruno se ahorró la energía de reclamar por su espacio personal y respondió: Yo también encontré unas fotos que me hacen deducir ciertas cosas.
Parece que este pueblo está lleno de cosas horribles… como tú.
El castaño rodó los ojos y dio la media vuelta para seguir hojeando entre los papeles del mueble, cubriendo sus manos con un olor a viejo.
—Odio este olor —susurró.
Entre los papeles encontró la foto de la joven que los había recibido por primera vez, que aparentaba tener no más de dieciséis años.
Sacó su celular y tomó una foto.
Se había propuesto llevar un registro de aquellas cosas que le parecían extrañas y que poco a poco, sin pensarlo, se convertían en piezas de un rompecabezas.
—Necesitamos salir de aquí, ¿qué traes en tu mochila?
—No mucho, solo agua, un botiquín, cuerda y un par de cosas más.
Lucas pareció pensarlo por un instante y entonces se sentó cruzando las piernas, dejando la habitación inundada por el ruido del reloj.
—¿Por qué no le llamamos a Mónica?
—Tal vez si ella interfiere, las cosas se hagan más fáciles, ¿no?
—tomó una pausa cuando recibió una mirada de desesperación por parte del castaño—.
Después de todo, ella ya lo sabe.
Lucas suspiró.
—Por si no lo has notado, querido, aquí no funciona la tecnología.
Bruno se sintió avergonzado, pero luego reaccionó: ¡No me vuelvas a decir así!
—Yo te digo cómo quiero, ahora cállate y déjame pensar.
—¡imbécil!
El par de hombres no se dio cuenta de que su discusión había atraído a la criatura, que empezó a golpear la puerta con brutalidad.
Después de verse simultáneamente, empezaron a empujar contra la madera, mientras pensaban en una manera de escapar.
Mientras Bruno empujaba al lado contrario, Lucas buscaba la manera de ocultarse.
Lo único disponible era un armario, pero era inútil; la mujer no tardaría en encontrarlos.
Inesperadamente, mientras movía los muebles con desesperación, encontró una parte que sobresalía por unos milímetros de la pared.
Golpeó contra esa parte pensando que sería una parte ya vieja, pero se abrió una especie de hueco que no parecía tener una dirección.
—¡Bruno, ven aquí!
El rubio esperó a que el castaño entrara y corrió a toda velocidad para entrar, pero la mujer logró alcanzar su pie.
La golpeó un par de veces, pero en ningún instante perturbó la imagen esquelética, sin lograr mucho, terminó de nuevo en la habitación a punto de perder sus ojos.
Sabía que Lucas no regresaría; desde un principio él funcionaba como comodín, el cual podía usar como en cualquier momento.
Inesperadamente el castaño contradiciendo estos pensamientos, volvió y se abalanzó contra el esqueleto aberrante.
Por un momento, la sorpresa se podía ver en la inmovilidad del rubio, hasta que reaccionó y se dio cuenta de que la criatura tenía sus dientes tan cerca del cuello del moreno, que lo sacó del shock y le jaló el cabello, sacando a relucir una molestia mayor.
«Mierda».
La huesuda mano contrajo el cuello del rubio hasta dejarlo inconsciente, tirado del otro lado de la habitación.
Entretanto, Lucas se levantaba nuevamente, pero cuando intentó moverse la mujer ya estaba acorralándolo, sacó una especie de hueso de su mano y atravesó la comisura derecha de su boca.
Un grito de dolor salió de los labios delgados, despertando de la oscuridad a Bruno.
Al enfocar la imagen sangrienta, su corazón empezó a bombear como si fuera a explotar, sus pupilas se contrajeron en un terror sobrenatural y su respiración empezó a ser tan rápida que no la podía controlar.
Agarró un vidrio que había salido disparado y, mientras su propia palma empezaba a sangrar por la fuerza aplicada, saltó sobre el cuerpo y atravesó el cuenco del ojo.
Mientras veía el chorro de sangre ser disparado, ponía más fuerza en el ataque, sin sentir ningún tipo de miedo o culpa.
De un momento a otro el piso estaba cubierto de rojo y Lucas logró sostener su propia boca para evitar que más sangre saliera.
Ambos aprovecharon el agonizante dolor en el que estaba la mujer para salir corriendo; después de correr sin dirección, Bruno pudo distinguir una especie de luz que salía de una puerta.
—¡Por aquí!
Los dos entraron y llegaron al local principal, donde la luz que se adentraba por los ventanales los deslumbró.
Se empezó a escuchar un grito de horror que se acercaba más y más; esta vez, fue Bruno quien sostuvo de la cintura al castaño, que a duras penas se mantenía de pie, pues su vista estaba distorsionada y sentía que el piso se movía, impidiéndole caminar.
Sin ninguna otra opción, Bruno fijó su vista sobre la puerta que tenía al frente y dio una última mirada hacia atrás, sintiendo cómo se acercaba su muerte.
Tomó una decisión, juntó las fuerzas que le quedaban y cargó entre brazos al castaño.
Al salir, todo estaba oscuro; no había ni un alma y el silencio inundaba la angustia de Bruno cuando pensó que una vez fuera del establecimiento estarían bien; estaba equivocado.
El rostro que ya los había alcanzado era un completo cuadro de horror, con los dientes de fuera por la rabia y con un hueco cubierto de sangre; a lo lejos se podía ver su odio y su ansia por aniquilar.
Como última esperanza, Bruno empujó el cuerpo inconsciente de Lucas en el asiento trasero y él se atravesó haciendo malabares para poder encender el carro.
Para su sorpresa, cuando cerró la puerta del conductor justo antes de ser atravesado por el hueso deforme, una especie de dolor cubrió su cabeza.
Después de cerrar los ojos con fuerza en una mueca, el cielo estaba totalmente claro, incluso los dos hombres que vieron al entrar, seguían recargados de la pared.
«¡¿Pero qué mierda?!».
Su primer instinto fue voltear a ver al hombre inconsciente, al notar el rostro ajeno, él mismo sintió un poco de pena, probablemente su boca tendría una cicatriz de lado a lado, ya que, tanto el labio superior como el inferior habían sido cortados.
Dio una última mirada al local que se encontraba intacto, como si se trata de un establecimiento cálido y normal.
Encendió el auto y manejo hacia el hospital, como si no existiera un mañana.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Nann_ ¡muchas gracias por leer!
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