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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 17

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  3. Capítulo 17 - 17 No te relaciones con tu psicópata
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17: No te relaciones con tu psicópata.

17: No te relaciones con tu psicópata.

Bajo la espalda del castaño, el colchón se volvía una esponja que absorbía la sangre que estaba goteando por las comisuras de su boca.

Las enfermeras lo rodeaban intentando detener el sangrado para que el doctor pudiera empezar a coser la piel.

Bruno estaba mirando el piso que reflejaba el cambio de luz por la lámpara que decía: emergencias.

No sabía por qué se sentía tan agobiado; después de todo, el que estaba en peligro era el mismo hombre que lo había acosado y que, sin duda alguna, no dudaría en matarlo.

Sus manos inquietas revolvieron su cabello en una lucha por controlar sus propios nervios, mientras se golpeaba contra la pared para recargarse.

Su mente empezaba a inundarse de diferentes preguntas: ¿por qué había una cambiaformas en el pueblo?, ¿qué relación tenían esas fotos antiguas con el propietario de la mansión?, ¿por qué había tantas fotos de militares?, ¡¿por qué Lucas lo defendió?!

Cualquiera que viera a un hombre con una chamarra cubierta de sangre y con un ceño tan estrujado, pensaría que era algún desquiciado o que la persona a la que estuviera esperando era importante para él.

El sonido de los tacones se aproximaba con agilidad.

—¡¿Qué ha pasado?!

—preguntó Monica, con el cabello un poco revuelto tras correr.

Bruno vio el rostro alterado y, después de desviar la mirada, respondió: Lucas fue atacado por una cambiaformas y probablemente no pueda volver a —se trabó con su propio aire— hablar… —¡!

Mónica no pudo responder.

Por un momento, la lástima allanó su corazón, pero su yo más profundo sintió calma; pensaba que si ahora Lucas se volvía más débil, entonces le sería más fácil a Bruno y a ella salir de esta situación tan terrible, sin tener que preocuparse por los ataques de un psicópata.

Lo que no entendía era la expresión del rubio, ¿por qué parecía tan ansioso por la situación?

—¿Te preocupa?

—preguntó la de bata blanca, mientras se sentaba a su lado.

—¿No?

—respondió, después de sentirse incómodo por su propio tono de duda—¿tal vez?

Mónica pensó que esto era normal en un joven tan bien educado como Bruno, pero no pudo expresar esta conclusión porque la voz del doctor los interrumpió.

—La sutura ha terminado; lo bueno es que no ha habido alguna complicación imprevista —dio un respiro—, pero la cicatriz… es grande.

Bruno sintió como si una especie de ácido cayera en su estómago.

—No podrá hablar mucho durante la recuperación —cruzó las manos como descanso.

—Ahora, tendrá que llevar una dieta líquida y blanda, se le tiene que limpiar la herida a diario y le daremos antibióticos.

Tras un silencio incómodo, la doctora fue quien agradeció a su compañero de trabajo.

No se imaginaba cómo se vería; para ella, Lucas ya tenía un rostro tan intimidante, ahora con tan solo verlo sentirá ansias por ir al baño a orinar.

Salió de sus pensamientos y vio que Bruno tenía la mirada perdida.

Se acercó y posó su mano sobre el hombro ajeno.

—¿Todo bien?

Bruno estiró sus labios con una sonrisa leve: —Iré a verlo.

El olor a alcohol y a metal circulaba dentro de las persianas.

Después de haber sido tratado, lo pasaron a una habitación donde más pacientes se quejaban por sus malestares.

Bruno corrió las persianas y lo primero que vio fue una línea gruesa de puntos sobre los labios del castaño, convirtiendo su estómago en una montaña rusa de jugos gástricos.

Tal vez, por un momento, llegó a preguntarse si su dolor era comparable con el de él cuando tuvo que romper sus muñecas para escapar de la mansión.

Rápidamente borró esos pensamientos al recibir un golpe de moral proveniente de su propia conciencia.

Instintivamente, acercó su mano a la herida, pero se paró en seco: «¿Qué estoy haciendo?», se frustró mientras se sentaba y cruzaba las manos.

«Debería ponerme a pensar en las fotografías y en cómo funciona la distorsión temporal con esas jodidas bestias».

Sin esperar a que el hombre acostado despertara, sacó de la mochila las fotografías que había conseguido de la tienda de antigüedades y empezó a buscar alguna pista que le indicara la fecha exacta de cuando empezaron estos sucesos.

Revisando una y otra vez las imágenes, aparte de parecer tomadas hace varios años, no delataban algún indicador específico del año.

«Estos soldados vivieron en Cipre… Debería investigar sobre su familia; tal vez todavía viven algunos de sus nietos por el pueblo».

Su mirada se clavó en la fotografía de un grupo de soldados que, para su mala suerte, había quedado dañada hasta borrarles los rostros.

Un suspiro de frustración salió de su boca, dejando caer sus manos.

Los signos de interrogación pasaban por su mente, creando más preguntas como si no fueran ya suficientes.

Entre los sonidos de otros pacientes y enfermeras caminando de prisa, un quejido apenas audible salió de la garganta de Lucas, que aún tenía los ojos entreabiertos por la intensidad de la luz.

Bruno se acercó y vio cómo los párpados se abrían; no sabía cómo interpretar esa mirada, era como si estuviera viendo un vacío que le generaba una sensación de entorpecimiento.

Lucas quiso decirle que se quitara de su vista, pero al intentar hablar, lo primero que sintió fue un ardor que le llegó hasta los nervios de los dientes, dejando ver sus cejas torcidas por el dolor.

No tardó en recomponerse, sentándose mientras el malestar recorría todo su cuerpo.

El cuerpo de Bruno se volvió torpe al ver esta reacción; intentó poner su antebrazo para que Lucas se apoyara en él y se pudiera levantar, que era lo que estaba intentando sin muchos resultados, mas no esperaba que una mirada llena de reproche fuera la respuesta, acompañada de un empuje y una mueca desenfrenada de ira.

Ahora, su usual sonrisa sarcástica se había transformado en una risa patológica; los pliegues de las comisuras no eran elevados y no podía abrir demasiado los labios, incluso disminuyendo la vista de sus hoyuelos.

Los ojos del rubio recorrieron esta expresión como si se tratase de una obra de arte hecha por algún artista con serios problemas mentales.

Retrocedió con temor y cedió el paso al hombre que empezaba a caminar con descuido.

Mientras veía cómo el cuerpo ligeramente encorvado se distanciaba, dejaba salir el aire que había retenido por los nervios.

Entre pasos desalineados y miradas juzgadoras, Lucas logró llegar al baño.

El reflejo en el espejo mostraba unas cejas rectas, una expresión sin sorpresa, remordimiento o tristeza; era como ver una hoja en blanco.

A excepción de que estaba rota, rota por la marca que atravesaba los labios delgados.

Cuanto más observaba su propio reflejo, empezaba a sentir cómo sus facciones se deformaban hasta convertirse en una especie de masa moldeable.

Por primera vez en muchos años, el miedo lo invadió; empezó a tocar su propia cara con desesperación, pellizcando y tratando que sus propios músculos no se desbordaran de sus límites.

Su pecho empezó a moverse con más frecuencia cuando sintió ese escalofrío que ya reconocía; era esa sombra de siempre, esa sombra que lo visitaba más seguido cuando era un niño.

En su incredulidad, Lucas había creído que se había deshecho de ese demonio que era el peor de todos, ese espectro que no lo mataba, pero que lo torturaba hasta las venas solo con su presencia.

A la sombra no le costó nada empezar a dispersarse hasta estar a unos milímetros de la espalda del castaño.

Lucas empezó a sentirse débil y su propia impaciencia lo convertía en alguien que podría morir de asfixia; intentaba con gran esfuerzo respirar, pero sentía que el aire no le entraba y que todo era cubierto por una neblina espesa.

Tirado sobre el piso, veía cómo el rostro boreal lo miraba desde arriba, solo con sus aberrantes ojos; nunca en sus veinticinco años había visto su sonrisa, hasta ahora.

Era tan profunda que podrías ver los colmillos relucientes, semejantes al mármol.

Respiraba con tranquilidad, dejando que su aura gobernara sobre el hombre perdido, que poco a poco se adentraba a un sueño profundo.

Dentro de un espacio negro solo se podía escuchar el agua bajo sus pies; Lucas no sabía dónde estaba.

Caminaba sin saber si en el siguiente paso caería a un precipicio, si habría alguien esperándolo o si simplemente se quedaría ahí hasta la eternidad.

De un momento a otro, unos destellos dejaron ver el camino oscuro que era cubierto con agua que apenas cubría la planta de las botas.

A lo lejos podía ver una especie de puerta por donde salía luz; dudó sobre si dirigirse hacia allá o inspeccionar el lugar, pero el lugar le era sofocante y no entendía por qué Detrás de él estaba ese espectro nuevamente, esta vez acercándose más de prisa.

Lucas corrió con rapidez, formando aros de agua bajo su peso.

Sentía que, en lugar de acercarse a la salida, se alejaba, cayendo hacia el precipicio; la física no respondía ante sus acciones, pero la voz de Bruno se acercaba cada vez con más frecuencia.

—¡Lucas!, ¡Lucas!

Sus ojos oscuros se abrieron de golpe, viendo una expresión de preocupación sobre la piel clara.

Odiaba que lo primero que tuviera que ver fuera al responsable de su cicatriz, odiaba las marcas, odiaba a ese hombre que tantos problemas le causaba.

Si no hubiera sido por su torpeza, si no hubiera roto sus propias reglas por la persona que tenía al frente, si lo hubiera dejado morir… Lucas no se inmuto por el dolor en su espalda y fue directo al cuello contrario.

Su sangre se calentaba y, entre más luchaba por dejar de escuchar la respiración ajena, más dolor sentía dentro de sí; eso, más que temor, lo motivaba a terminar el trabajo.

Su propio cuello empezó a moverse involuntariamente y sus manos sostenían la fuerza, pero sus brazos dejaron de responderle.

El odio hacia su propio cuerpo crecía a causa de la debilidad que se reflejaba y no podía ocultar.

Los ojos color miel empezaban a ir hacia arriba con lentitud, mientras que unos pasos externos se escuchaban acercarse.

Nuevos horarios de publicación: Lunes y viernes 6:00 pm.

Si quieren ver las imagen de las fotografías y el bestiario que voy a publicar conforme avance la historia, pueden ir a canal de Whatsapp.

No las subo aquí porque se ditorcionan, una disculpa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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