Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Deja de doblar las manos
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18: Deja de doblar las manos.
18: Deja de doblar las manos.
—¿No has podido ir al baño, mamá?
—preguntó una mujer al oído de una anciana que caminaba jorobada.
—Mn.
—la de cabello blanco asintió con un gesto de molestia.
Detrás de la recepción había un par de enfermeras que trabajaban seriamente frente al ordenador, pero al escuchar esto por tercera vez se miraron con duda, entonces mandaron a revisar a un par de compañeros que estaban cerca.
Los hombres caminaban con lentitud, pero un ruido rasposo corrió por sus oídos.
Después de ver que la chapa estaba tirada, caminaron con más prisa, encontrándose con unos ojos similares a los de un conejo salvaje.
Esos ojos rojos que demostraban capacidad para cortarte un dedo.
Quitaron al paciente “loco” de encima del rubio con la fuerza que tenían y esperaron a que el ambiente se calmara.
Bruno explicó que no era nada serio, que su amigo tenía un poco de ataques de violencia por su reciente estado físico.
Durante el breve intercambio de palabras, Lucas no podía dejar de ver los labios de su casi víctima.
Su corazón no dejaba de latir con rapidez y sus manos temblaban con discreción.
—¿Seguro que está bien?
El uniforme azul menta crujía ante los movimientos del enfermero.
—Mn.
La situación fue reportada a recursos humanos y Bruno tuvo que pagar una multa por daños a la estructura.
Durante todo este movimiento, los pasos arrastrados del castaño lo seguían, dejando un cosquilleo escalofriante en la espalda del rubio, que no sabía cómo actuar.
Dentro de sí , podía sentir enojo, pero también culpa y pena.
Quería gritarle y decirle que lo dejara de seguir, pero también sentía una especie de tranquilidad interna.
Tal vez porque no lo había matado, o tal vez por otras razones.
Entre pensamientos y conflictos que se podían ver a quinientos kilómetros, llegaron a la cama del paciente.
Lucas se tendió sobre la cama y cerró los ojos con tranquilidad.
¡Pero este cabrón!
Después de casi matarme y tener que pagar sus tonterías… Bruno dejó de maldecir internamente y permitió que el cansancio por tantas emociones lo cubriera con el manto de la somnolencia.
A las afueras de las ventanas, las personas caminaban entre el aire que desprendía aroma a petricor.
Lucas empezó a sentir cosquilleo en los puntos de su boca, impidiéndole seguir durmiendo y, a pesar de que quería seguir descansando, tuvo que sentarse para tomar agua.
No esperaba encontrarse con la cabeza gacha del hombre que ya empezaba a mostrar barba.
—Fff.
—un suspiro nasal salió, antes de que observara las fotos que tenía Bruno.
Empezó a mirarlas una por una; cuando se encontró con la del anciano, se detuvo.
Parecía joven y serio, con un toque intelectual.
La pregunta: ¿por qué tantos militares?, rondaba por su mente.
Las imágenes parecían antiguas, incluso más que las del viejo.
Si había alguien en el pueblo que podía responderle esta pregunta, era su antiguo jefe.
Si no mal recordaba, aparte de ser un hombre ambicioso y sediento de alcohol, también era nieto de un militar que había seguido el camino de sus antepasados.
Dejó que las cortinas cubrieran su torso desnudo y se vistió con la ropa que seguía manchada.
Lucas dejó que el aire chocara con su piel quemada por el sol y empezó a caminar, adentrándose en las calles oscuras de Cipre.
Los pasos resonaban como un tambor en un estadio solitario; seguros, ruidosos y pesados.
Las luces iban saliendo una por una, pues la noche se aproximaba y los negocios tenían que alumbrar sus locales.
Después de haber recorrido unas cuantas cuadras, la chamarra verde militar era la única cosa que podía considerarse protección para el castaño.
La zona en la que se adentraba Lucas estaba cubierta de edificios a medio caer; el color de las paredes era un azul escalofriante y, por la elevación de las calles, la temperatura bajaba hasta que sintieras que tus mejillas se estiraban por la resequedad.
La poca gente que pasaba miraba a Lucas de reojo y comenzaba a apresurar el paso, a excepción del hombre que resguardaba unas puertas metálicas.
—¿Qué te trae por aquí?
—preguntó, mientras tomaba una posición de descanso y cruzaba sus brazos—.
¿Quieres volver a tomar leche de mamá?
—¿?
El castaño rodó los ojos—.
¿Otra vez vienes a rogar trabajo, maldito loco?
Sus cejas se arrugaban con mucha flexibilidad y sus labios se alzaban con arrogancia.
Cuando Lucas era un poco más joven , ganaba dinero con trabajos de medio tiempo o haciendo cualquier cosa que le pudiera dar de comer.
Después de un tiempo de trabajar como bartender, se ganó la confianza del jefe y empezó a recibir otro tipo de tareas; ya no solo hacía bebidas de alcohol, también tenía que preparar tragos de sangre, o sea; deshacerse de molestias que surgían.
Lucas ignoró la voz molesta y pasó de lado sin dar ninguna explicación, pero la mano que era más parecida a un tabique lo tomó del cuello.
No esperaba que el joven de diecinueve años se hubiera convertido en un demonio que vivía entre los humanos.
El cuello del moreno empezó a sentir molestia por el roce del tacto, haciendo movimientos involuntarios parecidos a estiramientos torpes.
Lucas dio un giro y fijó sus pupilas en la mandíbula recta del de traje; posteriormente, sin cambiar de expresión, dio un puño en esa dirección.
Después, sacó un trapo de su bolsillo derecho y lo colocó en las fosas nasales; en menos de un minuto, el guardián parecía un oso de peluche.
Al cruzar las puertas, se encontró con un escenario oscuro, que era alumbrado por luces de colores.
No se detuvo a ver mucho y caminó directamente al segundo piso, que era la zona VIP —aunque podría ser la zona más despreciable para un bar de la ciudad—.
Desde las escaleras se dio cuenta de que si pasaba al grupo de matones que protegía la oficina, entonces podía reunirse con el objetivo.
Cuando los hombres que fumaban y jugaban a las cartas se percataron de la nueva presencia, dirigieron su atención y soberbia al de cicatriz.
—Oye, te equivocaste.
Aquí no está el psiquiátrico.
Todos rieron al unísono.
—¿No escuchaste?
—amenazó un joven que ya parecía tener treinta —¡¿ quién putas eres?!
Lucas permaneció parado y soltó una sonrisa que le provocó un tirón en la mejilla a causa de la costura.
El vago, impaciente por recuperar su frágil orgullo, se lanzó con una navaja en mano.
Lucas tomó el antebrazo del valiente y lo torció, haciendo que un grito de dolor saliera de su boca.
Los demás, que hasta ahora solo veían la interacción con entretenimiento, se pararon.
Un bate se aproximaba al rostro del castaño, pero lo esquivó sin sacar las manos de sus bolsillos y se giró hacia el hombre que intentaba atravesar una hoja en su abdomen; lo tomó del cuello y empujó su rodilla en sus partes.
Después de sentir que se aproximaba un ataque a su espalda, se hizo a un lado y pateó al atacante.
La mirada del único hombre que no había intervenido era de fastidio; agachó la mirada para sacar su Glock 17, para después ver el pasillo desolado.
—¿?
Tomándolo por sorpresa, antes de que él pudiera apuntar, la respiración caliente del castaño ya lo ahogaba, igual que la navaja que había sido penetrada en su piel.
Un suspiro de satisfacción engrandecida salió de la boca del moreno —No recordaba lo bonito que era tener una navaja en la mano.
Esta es bonita —dijo al aire, mientras daba vuelta a su muñeca para poder admirar la empuñadura.
Tlck El sonido de la puerta interrumpió el break de Lucas.
—Señor —saludó con una leve inclinación de cabeza, impidiendo que el hombre pudiera ver la sonrisa irónica—.
Cuánto tiempo sin verlo.
Las cejas del viejo se arrugaron, pero su boca intentó contradecir su molestia: —Qué alegría verte de nuevo, niño.
El hombre carraspeó la garganta viendo el desastre.
—Pudiste haberles dicho que eras un conocido.
Ahora tendré que limpiar esto.
Lucas ignoró las formalidades fingidas y pasó a la habitación como si se tratara de su propia casa.
Por alguna razón, el hombre parado se había congelado al sentir el aire que emanaba su antiguo empleado.
El cuestionario inició apenas los oídos del dueño estuvieron lo suficientemente cerca como para escuchar.
—Recuerdo que me dijiste que eres nieto de un militar, ¿no?
— aventó las fotografías sobre el escritorio—.
¿Sabes algo sobre la historia militar del pueblo?
Los ojos amarillentos por el alcohol se entrecerraron.
Lucas rodó los ojos, soltando un “misck”.
Y sin esperar a que el otro hombre pudiera respirar, acercó a su cuello la navaja que recientemente había limpiado con su playera.
—¿Entonces?
—sus cejas se alzaron en señal de pregunta.
—Tranquilízate, te diré todo lo que sé .
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Nann_ Perdón por la tardanza, pero por eso dejo dos capitulos como recompensa.
Por cierto, si les interesa ver imagenes ilustrativas y conocer a los personajes pueden entrar al canal de WhatsApp.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com