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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Evita los impulsos Pt
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21: Evita los impulsos Pt.

3 21: Evita los impulsos Pt.

3 Una voz áspera y seca estremeció a Bruno.

—¡Pero qué…!

No terminó de reaccionar cuando el joven de figura esbelta rompió el vidrio del carro, haciendo que gotas rojas brotaran de su rostro.

—Malditos hijos de… Bruno salió por la otra puerta y apretó el agarre con el que sostenía el martillo.

Esquivó un par de golpes que venían de un segundo hombre; cuando tuvo la oportunidad, lanzó la punta redonda y plana contra la costilla ajena.

—Agh… Los músculos del rubio reaccionaron antes de que él se diera cuenta de que ya estaba corriendo hacia la calle, revuelta y cubierta de casas sin dirección.

Entre las calles, el corazón se agitaba dentro de un cuerpo tenso de nervios.

«¿A dónde se supone que voy?».

Después de sentir que los pasos feroces se habían alejado, se detuvo en un callejón oscuro, donde podría revisar el celular de Mónica.

Para su fortuna, la ubicación se mantenía en el lugar.

«¿Qué hace ahí?

¿Por qué carajo vino a este lugar solo?».

Antes de que pudiera recargar la cabeza y liberar un suspiro, unos ojos, parecidos a los de un lobo hambriento, se asomaron entre las rendijas de un barandal superior.

Había olvidado que estaba en un callejón, recargado frente a la entrada de unos departamentos.

Entre el aire helado y la oscuridad de las calles, su respiración lo sofocaba más que el miedo que sentía al notar que le pisaban los talones.

Sus extremidades olvidaron que de ellas dependía su vida y tropezó con una irregularidad del piso.

Ahora, bajo la mirada de dos hombres que ardían de furia y cuyo estómago rugía de hambre, Bruno se limitó a la resignación.

El hombre más viejo se inclinó sobre su cuerpo y le dio un golpe directo en la nariz.

La sangre salió con presión, pero esto no impidió que el rubio contraatacara.

El tobillo adolorido y tambaleante se sostuvo de forma resiliente sobre el pavimento y, junto al otro pie, hizo una combinación de movimientos para golpear a su oponente.

«Estoy en desventaja… No me dejarán tan fácil».

La única opción coherente en ese momento era huir en cuanto tuviera la oportunidad.

Dirigió su mirada hacia la esquina de la calle y, al leer el nombre, reconoció hacia dónde debía dirigirse.

Cuando el joven que sostenía su costado con dolor —por haber sido golpeado con un martillo— predijo los pensamientos del responsable, se aferró con los dientes a su bíceps, incluso si eso significaba humillarse.

Un par de ojos grises, sucios por las sustancias, lo miraron con repudio.

—¡¿Qué haces?!

—los colmillos amarillentos fueron los primeros en demostrar el disgusto—.

¿Eso te enseñó el jefe?

Una riña entre los matones comenzó.

Bruno aprovechó y golpeó con el codo a la persona que le había marcado el brazo.

Las pisadas duras provocaron un sonido hueco entre las calles desoladas, aumentando la paranoia y el éxtasis en la sangre del herido.

Dio una respiración larga y entonces miró los nombres de las calles sobre las placas de metal.

Cuando ya no pudo correr, dejó que sus pies dieran todo lo que les quedaba para avanzar con rapidez.

No había otra forma de describir la tranquilidad que comenzaba a invadir su corazón, antes exhausto y preso del pánico.

Por un momento, Bruno sintió que su corazón no veía lo mismo que sus ojos.

Aunque tenía frente a él al hombre causante de todos sus problemas, su corazón no sentía desprecio… Su mente no podía pensar en maldiciones… Su cuerpo dejaba la tensión de lado… Era como si su realidad le dijera que esos ojos oscuros no eran más que el mal encarnado, pero su corazón le impusiera la esperanza, como si ese mismo hombre fuera la respuesta.

Lucas miraba con sorpresa la llegada de lo que él había apodado “carga”.

¿Cómo había llegado sin dejar rastro?

Otra vez, el hombre de cabellos rubios se volvía un obstáculo para su plan.

Pero si tanto le molestaba, entonces… ¿por qué limpió la sangre de su nariz?

Y… ¿por qué no lo mató, como tanto quería?

Después de su encuentro brusco, como ya era habitual entre ellos, el de labios durazno quiso explicar por qué su rostro se veía así.

Pero los hombres causantes de su estado lo habían encontrado, y esta vez venían con cinco más.

Cada uno con un rostro más duro que el anterior.

—Ahí tienes la explicación.

Bruno se echó hacia atrás, poniéndose del lado del moreno, con los puños cerrados, mentalizándose para lo que viniera.

No esperaba que su visión fuera obstruida por una espalda ancha, cubierta de manchas y con aroma a cigarrillo.

—Quédate atrás si no quieres que también te mate.

La voz, calmada pero seca, hizo que los vellos del rubio se erizaran.

El primero en iniciar la pelea era un joven que no pasaba de la mayoría de edad, probablemente aprendiendo el oficio de las calles, enfrentándose a la llamada “novatada”.

Para su mala suerte, no pudo ni parpadear cuando cayó al suelo.

Sin dudas ni bromas, Lucas apretó el gatillo contra cada uno de ellos.

Cinco muertes cargaba en su mano.

¿Qué era un arma en comparación con unos cuantos palos y navajas?

Las gotas de sudor estaban impregnadas sobre la piel pálida de Bruno.

—¿Qué has hecho?

La voz se quebraba en su garganta apretada.

Era imposible comparar la expresión del rubio cuando los ojos oscuros se dirigieron a él.

En lugar de enojo o ira, había emoción.

Las cejas se crispaban hacia arriba y una sonrisa morbosa acompañaba una mirada pícara.

—Proteger a mi querido príncipe —el tono era sarcástico, pero ocultaba un toque de satisfacción.

Lucas se acercó con lentitud, sin darle importancia a los cuerpos desangrados que había dejado atrás.

Ahora estaba tan cerca del rubio que podía sentir su respiración.

Era cálida… pero torpe.

—Tan desechable… —su aliento golpeaba el rostro tenso—.

Tan indeseable, pero heme aquí… ¡defendiéndote!

Se dio la vuelta y terminó: —¡Debería matarte!

Bruno se quedó perplejo, manteniendo la mirada en el cabello castaño y alborotado.

«Este loco solo me está sofocando… ¿cree que entiendo esta mierda?

¿Cree que entiendo lo que me pasa cuando está él?».

—Yo debería matarte a ti.

El sonido de la pausa inesperada fue la causa del nudo en su garganta.

—¿No recuerdas quién me hizo esto?

—dijo, señalando la cicatriz que atravesaba sus labios—.

¿Aún te dignas a decir eso?… Si sigues vivo es solo porque yo quiero.

—Pues si me quieres vivo es porque me necesitas, ¿o no?

—¿Crees que no puedo hacerlo?

Antes de terminar la pregunta, el arma ya apuntaba al de cabellos claros.

—Claro que puedes, pero no lo vas a hacer… ¿No acaso quieres a alguien que pueda servirte de segunda vida?

»¿Quién sino yo?

¿Quién te vuelve tan loco aparte de esas criaturas?

Mátame.

No tengo nada que perder, no tengo absolutamente nada.

El dedo de Lucas en el gatillo se tensó, pero el espectro que lo seguía a todas partes estaba detrás de Bruno.

La sombra y el peso invadían cada vena y cada arteria de su corazón.

Tenía razón: Bruno era su segunda vida, pero también era un peso que debía cargar.

Limitado por sus propias necesidades, el castaño guardó la Glock y tomó del cuello al rubio.

—Vuélveme a hablar así y lo único que conseguirás será tu perdición.

—¿Ah, sí?

«¿Qué mierda estoy haciendo?

¡Estoy buscando mi propia muerte!».

Lucas lo metió al bar y trabó la puerta.

—Tú lo pediste.

Puso la cadera del rubio contra la barra, impidiendo que se moviera con su propio peso.

Luego lo inmovilizó, sujetando su cabello, y se acercó a su oreja enrojecida.

—¿Qué decías?

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Nann_ A todas las personas que han llegado hasta aquí: muchas gracias por el apoyo, de verdad.

Si mis historias logran sacarlos un poco de la realidad y hacerlos sentir mil cosas a la vez, soy la persona más feliz.

Cuídense mucho y nos vemos en el próximo capítulo.

Por cierto, si tienen alguna recomendación de aquí, de alguna autora o novela, la recibiré con gusto.

¡Chao!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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