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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Descubre tu mood detective
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23: Descubre tu mood detective.

23: Descubre tu mood detective.

Los dos hombres detuvieron la discusión con un sobresalto.

Después de oír aquella voz, entendieron que no era buena señal; ambos se miraron y aseguraron las puertas del carro.

Antes de que pudieran avanzar, un joven de ojos verdes y piel tan pálida como la luna apareció enfrente de ellos.

Su cara era tan hermosa como espeluznante.

Lucas intentó arrancar por instinto de supervivencia; aquella persona no podía ser real.

La piel del joven empezaba a estirarse, como si dentro de su cuerpo los huesos se agrandaran hasta romper sus propios límites.

Los gritos de agonía hicieron que ambos hombres dentro del carro se taparan los oídos.

—¡¿Qué mierda es eso?!

—Bruno no pudo evitar que su voz temblara—.

¿Es…?

No pudo terminar su pregunta cuando notó que el joven había desaparecido.

Ahora, frente a ellos, estaba la criatura blanca de tres metros, parecida a una persona gigante pero esquelética, vestida con algún tipo de tela blanca.

A excepción de que, poco a poco, acompañados de un sonido viscoso, comenzaban a salir ojos en toda la zona ovalada.

—¡Arranca!

Lucas puso el pie sobre el pedal, pero la criatura atravesó el cristal con su brazo largo.

El sonido de los cristales rotos hizo que Lucas se cubriera la cara, olvidándose de su compañero, que estaba siendo ahorcado por la criatura.

Aun con el cuerpo entumecido, el castaño golpeó los ojos de la bestia, cubriendo todo su puño de una especie de baba, pero logrando que Bruno se liberara del agarre.

Sorprendentemente, para ambos, la criatura se tranquilizó y los miró de frente, dirigiendo ojos diferentes a cada uno.

Con esa cantidad, era imposible que los perdiera de vista.

La bestia podía percibir los latidos intensos y nerviosos de ambos, funcionando como un escáner de miedo, pero también podía ver más allá, notando la preocupación mutua que había entre ellos.

Era raro que, a pesar de desear matarlos, cada intento fuera un dolor agonizante para su última parte humana… si es que aún existía tal parte.

Cuando sintió que alguien se acercaba, empezó a moverse como si fuera un títere y se desvaneció en un aire violento, no sin antes dejar una sensación de asco y terror en el cuerpo de sus presas.

Después de sentir el escalofriante silencio, Bruno soltó todo el aire contenido.

—Tienes algo aquí —señaló el castaño, tocando la mejilla derecha.

Bruno se vio en el espejo, después de empujar la mano de Lucas, y notó una pequeña línea roja.

—Solo es una cortada.

Una cara vieja apareció frente a ellos.

—¡Pero q—!

El brinco que dio el rubio hizo que Lucas riera con superioridad.

—Eres como una mariquita —burló.

Su tono fue gracioso y desconcertante para la situación, pero, después de que Bruno notara que se trataba del guardabosques, bajó la guardia y rodó los ojos.

«Lo dice el que me besa como enfermo sexual…».

—¡Jóvenes!

—el hombre venía rengueando—.

Me da gusto verlos, ¿todo bien por aquí?

Lucas bajó de la camioneta y señaló los vidrios tirados con la mandíbula.

—Nada bien.

—¿Los atacó el animal al que venía siguiendo?… No sé qué era, pero ha dejado varios heridos últimamente.

Lucas no respondió, pero notó la escopeta que sostenían las manos viejas y la herida que tenía en el tobillo.

—¿Necesita ayuda?

—preguntó Bruno.

—Si pudieran llevarme a la clínica, se los agradecería mucho.

Bruno miró con malicia la expresión de fastidio que trataba de ocultar el moreno.

El trayecto fue tranquilo, casi incómodo.

Pero antes de que empezara a sentirse el ambiente pesado Bruno rompió el hielo: —¿Desde cuándo apareció…, este animal?

Miro el retrovisor para conectar con el hombre.

—Pues, hace como un mes que me viene molestando.

He tratado de no dormir y vigilar desde la torre, pero nunca cacho nada y cuando menos me lo espero, algún campesino o compañeros de otra torre me avisan de algún ataque.

Sss —Después de ladera la cabeza y soplar con los dientes, continuo: »Es raro, no deja huellas.

Al principio pensé que se trataba de un puma, pero no hay muchos por este lado, luego trate de imaginar más opciones pero las fui descartando poco a poco, conforme me aparecían testigos.

»Les voy a decir algo —el tono simple se volvió áspero —no quiero que piensen que soy creyente de las leyendas que se le cuentan a los niños ni mucho menos.

Pero no tiene mucho que acompañe a un campesino a su casa, ya por la noche… me encontré con su esposa; una mujer reservada pero amable.

»La señora me sirvió un poco de chocolate caliente, estuvimos conversando y me dijo que su abuela le había contado sobre algunas leyendas que surgieron durante el periodo de más tristeza en el pueblo.

Creo que por aquellas épocas yo ni siquiera estaba planeado… tal vez mi madre sería una señorita.

Lucas miró los ojos color miel, como insinuando algo, entonces Bruno preguntó: —¿épocas tristes?, ¿no tendrá eso que ver con los militares del pueblo?

El hombre se inclinó más.

—¿Cómo sabes?…

Bien dicen que los hombres de ciudad están bien vivos.

—Con la tecnología se puede saber todo.

—Pues, eso es cierto.

El hombre pensó un rato y luego recordó la pregunta que se le había hecho.

—Contestando a tu pregunta; si.

Por lo que me dijo la señora, hace tiempo que el pueblo sufrió muchas desgracias, la gente decía que era por alguna maldición, otros echaron la culpa a la guerra.

Dijeron que la guerra había dejado a los hombres muertos y los pocos que regresaron no eran los mismos.

»No sé si habrá sido así para otras provincias… La señora dijo que su abuela le temía mucho al bosque, ¡por su zona!

—el hombre se emocionó al recordar que los dos jóvenes vivían ahí —de hecho, casi medio pueblo no suele ir por allá, solo los jóvenes que van a fumar y hacer cosas de su edad.

Bruno se tensaba conforme escuchaba el relato.

»Entonces me contó, que hace tiempo, cuando las desgracias abundaban en Cipre, la gente desaparecía o la encontraban muerta.

Algunos sobrevivientes hablaron de monstruos o de personas conocidas.

Incluso algunos hablaron de reconocer a soldados que ya estaban fallecidos.

El hombre volvió la mirada a la expresión atenta del rubio.

—Con la edad que tengo, esto me atemorizó —suspiro por el cansancio de hablar mucho —lo más extraño es que justo ahora, vine a atrapar a este animal por una llamada que me hizo un colega… De solo recordarlo me da escalofríos.

Lucas se aclaró la garganta, impaciente por que continuará.

—Cuando estaba yo entre las hierbas esperando al animal, un ruido entre las ramas me sobresaltó, pero no me altere y permanecí quieto.

Pensé que sería el animal… pero no.

»Mis ojos alcanzaron a ver a un joven, de piel pálida y ojos verdes.

Fue aterrador, nunca había visto a un joven de tal apariencia por el pueblo y eso que me he dado mis vueltas por las escuelas.

—¿Qué cree usted sobre esto?

—preguntó Bruno, sintiendo frío en su espalda.

—Pues, ahora que lo cuento… me pongo más de nervios.

Después de verlo, me quedé en shock—el hombre pauso con una mirada perdida —sus ojos chocaron con los míos, fue horrible.

Mi instinto fue acercarme para preguntarle si necesitaba ayuda, pero lo perdí de vista.

»Después, le dije a mi camarada que se estuviera atento y que avisara a las patrullas de turno.

A veces hay jóvenes con cada problema mental… —Ni lo mencione —respondió Bruno, mirando al de cabellos castaños.

»¿Usted cree que esa leyenda tenga algo que ver con lo que está pasando?

—Pues, no quiero ser un viejo que cree en cuentos de terror, pero últimamente me inclino a ser más precavido.

Después de un rato más de carretera, llegaron al pueblo y fueron directo a la clínica.

Mónica encontró de inmediato a Bruno y lo recibió con un brazo emocional, lleno de alegría y nervios.

—Me estás aplastando —las palmadas de las manos blancas se apoyaban en la espalda.

—Pensé que no regresarías.

La voz demostraba que estaba soportando el llanto de felicidad.

—No, solo un par de problemas técnicos.

Bruno se rasco la nuca e indicó con la mirada el problema técnico llamado Lucas.

Quien estaba apoyado sobre la barra de la recepción, hablando con una enfermera.

Los cabellos chinos y rojos, chocaban contra el pecho del rubio.

—Ya puedes soltarme, no me iré.

Mónica le dio un puño en el hombro que lo movió más de lo normal.

—¡Auch!

—Eso es por mi camioneta y por dejarme aquí.

La interacción cómica fue vista por el guardabosques, que venía saliendo de la curación.

Dirigió su mirada a otro lado con motivo de darle privacidad a los dos jóvenes y se encontró con Lucas, que dejaba la conversación para ver su celular.

El guardabosques, emocionado por hablar acerca de su nuevo descubrimiento, fue directo al castaño.

—¿No crees que hacen una buena pareja?

Las cejas café se aplanaron tan de prisa que su ánimo cambió de picardía a fastidio.

—Mire —señaló a una enfermera ya mayor —esa mujer se ve bien, ¿no cree?

—¡Pero qué dices!

Lucas rió con malicia e intentó seguir su camino, pero una segunda pregunta lo detuvo.

—Por cierto, ¿qué te pasó en la boca?

Los párpados que retenían con fuerza la verdadera cara de incomodidad, disimularon.

—¿Recuerda cómo se llama la señora que le habló acerca de todo lo que nos contó?

—¡A sí!

se llama Rosa.

No vive muy lejos de mi torre, me llevo muy bien con su marido.

Lucas asintió con la máxima educación que encontró muy en el fondo de su persona y caminó en dirección de los jóvenes que hablaban animadamente, pasando en el medio y empujando a la pelirroja.

Antes de que la dupla pudiera seguir el paso del moreno, unas enfermeras pasaron corriendo con una camilla.

El cuerpo era irreconocible, las mujeres hacían lo posible por mantenerlo con vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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