Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 24
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24: No lo pierdas de vista.
24: No lo pierdas de vista.
Los ojos abiertos de las personas veían el cuerpo que se encontraba al borde de la muerte, mientras las enfermeras luchaban por no perder al hombre.
—¡Preparen la sala!
Lucas dio un último vistazo y continuó caminando.
—¡Espera!…
¿no quieres investigar?
Bruno predecía que podía ser una pista.
—Tienes razón, puedes ser una víctima de esas cosas.
Agregó Mónica después de alcanzarlos.
Lucas se detuvo.
—No necesito investigarlo.
—¿Cómo sabes que no?
—Era el compañero del guardabosques.
La pelirroja y el rubio voltearon, chocando con la cara pálida del hombre.
—¿Lo dejaremos así?
—el tono chillón salió de la doctora —el señor se ve muy mal.
Bruno sintió la misma pena que Mónica, pero sabía que no estaba en sus manos quedarse, tenían que continuar para por fin liberarse de sus asesinos.
El camino a la mansión fue tenso, sabiendo que se dirigían al lugar donde empezó todo.
Dónde había más secretos que no podían salir a la luz a menos que corriera sangre.
Al llegar, se respiró el aire lleno de soledad y humedad.
Las hojas se quebraban bajo los pies de los recién llegados.
Bruno y Mónica entraron a la casa haciendo rechinar la madera.
Lucas se quedó fumando después de estacionar el carro que había robado.
La marihuana le generaba un estado de flujo que lo aislaba de las voces que invadían su cabeza constantemente.
Frente a sus ojos estaba una caja de metal ya oxidada, dónde guardaba sus infusiones y preparaciones.
Se acercó a la caja como si el objeto lo llamara con seducción.
Revisó las bolsas y las notas que tenían pegadas con cinta.
Recordaba que en su infancia lo que más le gustaba eran las plantas, tanto que una vez intentó comerlas y terminó vomitando… Le atraían porque ellas le podían dar el control sobre la mente y el estado de los demás.
Cerró la caja y piso las colillas del cigarro, para entrar a la mansión.
Tenía que encerrarse en la habitación hasta encontrar respuestas.
El aire que entró junto con él a la casa hizo que los ojos color miel lo vieran.
—¿Y ahora qué haremos?…
Tú tienes las fotografías, ¿no?
—Bruno preguntó con distancia.
Lucas pasó de largo, caminando hacia las escaleras.
—¿y dónde dormiremos si esta casa es un caos?
El pie dio su último paso antes de subir al tercer escalón.
—Busca un lugar.
Mónica se mantenía al lado del rubio, con los músculos tensos.
—¿Cuándo nos iremos?
El tono apagado de Mónica disipó la esperanza del rubio: «Tengo la misma pregunta…».
Un suspiro que mostraba más miedo que decepción, salió del pecho del rubio.
—¿Por qué no descansas?
Mientras yo iré a buscar una habitación, ¿vale?
Antes de que Bruno pudiera iniciar su misión un brazo lo jalo de vuelta.
—No sin mi.
—¿Te han dicho que tienes mucha fuerza?
—preguntó con una sonrisa cerrada.
—¿Sabes a cuántos he amputado?
—No continues… Lucas mantenía un segundo cigarro en su boca, sin poder evitar dar vueltas en la habitación; ladeaba constantemente su cuello tratando de entender la información suelta.
Sobre la mesa de madera alumbraba una lámpara verde, reflejando la luz en el papel viejo de las imágenes.
Era obvio que el pueblo tenía algo oculto, que parecía haber desaparecido pero que regresó.
«Esto… Estoy seguro de que tiene que ver con el anciano , pensé que solo yo podía ver a esas criaturas pero ahora Bruno y la doctora pueden, ¿por qué?
»¿Y que se supone que pasa con el tiempo?
La última vez que nos encontramos a esa cosa… »Un momento… Si ese chico se pudo convertir en la bestia blanca, entonces: ¿las demás bestias también fueron humanos alguna vez?
Dejando el cigarrillo entre sus dedos; se volteó hacia la mesa.
—Son…, ¡¿soldados mutantes?!
Tock Tock El sonido de la puerta hizo que su mente perdiera la concentración.
Ignoró la llamada tratando de controlar el dolor de cabeza.
Cuando intentó dirigir sus pensamientos a la nueva suposición y probable respuesta a varias preguntas, una voz de tono molesto lo sacó de sus casillas.
Camino a zancadas hacia la puerta, tomó el cuello del hombre y lo metió con brusquedad a la habitación, cerrando de un portazo.
—Siéntate y cállate —ordenó, mientras sacaba otro cigarro.
Las cejas rubias se juntaron en el entrecejo.
—No me dejaras afuera —escapó del agarre de Lucas y observó la mirada de menosprecio.
»Yo también quiero salir de aquí.
Noto que Lucas ignoró su objeción.
»No importa el odio mutuo cuando se trata de sobrevivir… Lucas rodó los ojos y suspiró.
—¿Sabes dónde estarías mejor?
—estiró su cuello intentando sacar el estrés.
—Muerto.
—Estaría mejor si no existieras.
Ni tú ni nada de esto… —la rabia salía entre palabras entrecortadas —Si nunca te hubiera conocido.
El párpado del castaño empezó a temblar con desespero.
Fue inevitable el acercamiento bruto entre ambos.
—Deberías agradecerme que te trató como a mi perro y no como mereces.
El estómago contrario empezó a contraerse.
Un golpe cayó sobre la cara del moreno, que reaccionó con un contraataque más brusco.
Pero no esperaba encontrarse con la verdadera fuerza de Bruno.
Está vez fue diferente, la ira que contenía las extremidades gruesas se liberó entre golpes, hasta tener a Lucas contra de la pared.
La risa sádica mostraba la sangre en la comisura.
—No esperaba tener este tipo de diversión.
Las respiraciones agitadas de Bruno se mantenían aún más al ver la actitud ajena.
«Sus ojos a esta distancia dan… miedo».
—Eres horrib- No pudo terminar el insultó por el inesperado acercamiento; Lucas lo había tomado del cuello hasta hacer chocar sus labios.
«¡Pero qué!» Bruno se separó con brusquedad.
«¿Cómo mierda puede…?».
Lucas noto que el cuerpo de su oponente se aflojó y aprovechó el momento para lanzarlo al piso, cayendo sobre él.
—Quedate.
La orden dejó en pausa el reclamo contrario.
Después de acomodar su ropa y limpiar la sangre que tenía en la cara.
Se detuvo frente a la ventana que daba al bosque.
Después de una noche en vela su cuerpo seguía sin poder dormir, la sed y el hambre quedaban en segundo plano en comparación con la hipótesis que había hecho.
—¿Por qué te fuiste con las fotos a ese lugar?
—preguntó el rubio, controlando el tono reacio.
—Trabaje por un tiempo ahí.
El jefe de ese lugar es nieto de un militar.
—¿Eso quiere decir que su familia podría saber el pasado de Cipre?
Lucas se dió la vuelta y se sumergió en los ojos color miel, tratandolos como una obra de arte difícil de no ver pero imposible de no odiar.
—Eso no importa.
»Enfócate en ese joven que se convirtió… eso quiere decir que las criaturas en realidad son mutantes.
Bruno cruzó los brazos intentando que sus neuronas conectaran todo.
—Pero, ¿cómo sabes que todas?
—El relato del guardabosques decía que los pueblerinos relacionaban la peor etapa del pueblo con la guerra.
»En la guerra los hombres murieron o regresaron sin ser los mismos.
El rubio rascó su cabeza con desesperación.
—¿Por qué la señora hablaría sobre eso?
—Por qué antes decían que las desgracias y las muertes venían acompañadas de alguna maldición.
»También dijo que algunos vieron a los soldados.
Bruno entreabrió los labios con sorpresa.
—¿Quieres decir que los soldados están conectados con las criaturas?
Lucas aclaró su garganta y continúo: —Parece que mi perro empieza a pensar.
Estoy orgulloso.
—¡idiota!
Una sonrisa de satisfacción convirtió la tensión en una familiaridad extraña.
—Tenemos que regresar al bosque del lado norte para reunirnos con esa señora y ver si sobrevivió el otro guardabosques.
»Nos servirá de testigo… Bruno se acercó más a la mesa.
—¿Ahora?
—No, ahora vete y controla a la horrenda mujer.
Durante las próximas horas, Lucas no salió de la habitación tomando notas con los registros y fotografías que tenía en su celular.
Si había algo que debí de tener antes de salir; era un bestiario, aunque no había un indicador verídico sobre si esas criaturas estaban relacionadas con lo etéreo, lo etiquetaba como algo esotérico.
No obstante, para hacer un buen trabajo se planteó la idea de salir a buscar entre las baratijas que no había removido hace tiempo y observar las pinturas que él mismo había tapado.
Antes de que sostuviera la perilla carcomida por las polillas, escucho una risa alegre y reservada, que penetró de manera indeseada su oído.
El tono femenino le provocaba irritación, haciendo que abriera la puerta de un tirón.
Antes de que pudiera bajar las escaleras, su espalda sintió un escalofrío.
Al darse vuelta se encontró con una sombra que se movía de manera fluida.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Nann_ ¡Nos vemos mañana con un nuevo capitulo!
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