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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 Capítulo especial Pasillos desolados
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25: Capítulo especial: Pasillos desolados.

25: Capítulo especial: Pasillos desolados.

La mansión se caía a pedazos.

—¿Qué pasó aquí?

—Mónica pisaba con suavidad —No recordaba que la mansión estuviera así.

Cuando el señor… Vio de reojo la mirada perdida del rubio y se aclaró la garganta para terminar: —Ciro.

Bruno se había dispuesto a inspeccionar la mansión, así aprovecharía la luz del día.

En caso de un ataque inesperado tendría una mejor estrategia en mente, ya conociendo el lugar.

Mónica ladeó la cabeza al notar que su compañero no le prestaba atención.

En silencio observó la cara; a pesar de estar sucia por el caos de los últimos días, mantenía un atractivo natural.

Era como una actor versátil que se veía igual de guapo en su papel de vagabundo como de empresario.

Fshh El sonido del aire invadió el pasillo, proviniendo de una ventana de alguna habitación.

En un abrir y cerrar de ojos, Bruno estaba frente a la doctora.

Tenía una postura similar a la de un gato acechando un ratón.

—Creo que deberías relajarte un poco, solo es el viento.

—Intento relajar al hombre, al mismo tiempo que dejaba caer su mano sobre la espalda contraria.

Aunque la mujer no lo quería admitir; la naturaleza protectora de Bruno le servía para mantenerse cuerda en la situación actual.

«Esta mujer no tiene instinto de supervivencia» —pensó Bruno.

A pesar de que sintió el tacto caliente de la mano sobre su espalda, no le tomó mucha importancia.

Frente a ellos había una habitación polvorienta, alumbrada por el sol matutino.

De la ventana había salido el ruido del aire.

Era una mañana fría pero luminosa, dejando ver los ácaros entre la cortina y el polvo de la alfombra.

—Sabes, cuando venía aquí a cuidar al señor Ciro, me sentía muy bien.

—La mujer caminó entre las paredes viejas —Me olvidaba de mis problemas.

El tono ahora más bajo y suave, distrajo los sentimientos de incertidumbre que tenía Bruno.

De un momento a otro, recordo la ultima discusión con sus papás.

¿Que era eso en comparación con su situación actual?

Nada.

Ahora su mente giraba en torno a monstruos, un psicópata acosador y unos cabellos rojizos que lo tranquilizaban.

—Pensé que sería lo mismo para mi.

Mónica dejo de lado el libro que estaba hojeando.

—¿Enserio?

Bruno suspiro, pero no respondio a la pregunta.

—Pero estaremos bien…, no te preocupes.

Los ojos achicados en una linea demostraban el golpe de ternura que había sentido la joven, despues de escuchar las palabras alentadoras.

—Se que estaré bien porque no estoy sola y tengo mucha fuerza —dobló el brazo tratando de mostrar algún músculo mínimo —ejem… Los ojos color miel perdieron la tristeza en ese instante.

—Claro…

Mónica entre cerro los ojos y antes de darse la media vuelta, dio un ataque final: —Que cabron.

Aunque se encontraban apenas en la segunda planta, los pasillos se cruzaban entre sí.

Después de media hora caminando contaron alrededor de quince habitaciones.

Algunas puertas conectaban entre sí, imaginando que no todas las habitaciones eran dormitorios.

Lo extraño era que no todas se podían abrir y las pocas accesibles eran poco comunes.

Lo más obvio sería que una mansión de este estilo contara con muebles algo viejos o que diera con el estilo de una casa adinerada de época.

Por lo contrario, parecía un lugar que había sido construido para otro fin.

Menos para ser habitable.

—Me parece extraño —hablo la pelirroja, mientras se detenía en el pasillo —¿por qué no todas estan amueblada?

Y… ¿lo notaste?

Hizo una pausa pensativa.

»Los espejos eran más gruesos de lo normal.

La cabeza de Bruno se dedicaba a asentir.

Lo que decía Mónica era acertado y no solo eso, él también había notado cosas extrañas; algunas camas tenían un tipo de broche de metal, o que las ventanas tenían cerrojos con candado.

Terminó deslizándose por la pared hasta sentarse en el piso.

—-También note que me veo horrible —mencionó tocándose la cara.

Mónica bufo con ironía.

—Olvide que eres un niño rico.

El silencio de su compañía, fue un descanso para ambos.

Habían acordado buscar una habitación y algunos recursos para pasar la noche.

Bruno necesitaba un baño urgente o la poca autoestima que le quedaba se derrumbaría, pero no encontraron servicio de agua.

«¿Cómo es que se baña Lucas?».

—pensó, pero se obligó a eliminar esa duda, antes de que llegara a cosas peores.

Se dispuso a levantarse antes de que se hiciera demasiado tarde.

Aún tenía que buscar a Lucas, no dejaría que los usara solo como carnada o ratones de india, (otra vez).

Antes de que se pudiera parar, sintió una cabeza que se recargaba sobre su hombro.

Pensó que Mónica estaba callada porque al igual que él; se sumergia en sus pensamientos.

Ahora se daba cuenta que esa mujer no se podia estar quieta a menos que durmiera.

No quería despertarla, pero tenían que apresurarse a elegir una habitación antes de que se hiciera más tarde.

Además, aún tenía que encontrar una manera de ducharse.

Uso una voz suave pero directa.

—Mónica, despierta —movió un poco su hombro —tenemos que buscar un lugar para descansar.

—¿Ummm?

Los ojos húmedos parpadean continuamente para enfocar el rostro que tenían enfrente.

Mónica no sabía explicar qué era lo que estaba sintiendo en su estómago, pero era algo parecido al hambre… Una hambre que te hacía sentir cosquillas.

Sus mejillas se tiñeron de rojo y se paró nerviosamente.

Ambos bajaron las escaleras para buscar sus cosas, pero antes de volver a subir Bruno le dijo que lo esperara en la sala y que estuviera atenta mientras él iba a buscar a Lucas.

—Necesito preguntarle sobre el agua… no pienso morir viendome así.

La cejas rojas se juntaron hacia arriba.

—Ridiculo… —burló con un tono juguetón —¿pero no puedo acompañarte?

—No, porque soy ridiculo.

Mónica no se opuso más, después de todo le vendría bien sentarse.

Necesitaba pensar en todo lo que había pasado y sobre todo; necesitaba entenderse.

A pesar de tener tantos pensamientos dentro de su cabeza, el viento exterior la hacía asomarse continuamente por las rendijas.

Los ruidos de los muebles, le sacaban brincos y su mente se concentraba en Bruno y en cómo saldrían de ahí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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