Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 26
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26: La criatura hibrida.
26: La criatura hibrida.
Lucas planeaba ir a investigar.
Recordaba haber visto algunas cosas en la mansión hace algunos meses, cuando el señor Ciro aún vivía.
No esperaba que su estado estuviera tan irritable como para fastidiarse al escuchar a Mónica y como si eso no fuera suficiente, el espectro que lo acechaba lo volvía a paralizar.
El rostro etéreo se balanceaba en el espacio.
Su cuerpo nebuloso se movía con agilidad entre el pasillo, agrandando la oscuridad del mismo.
—¿Qué quieres?
—preguntó con un miedo cubierto de rabia.
Desde que tenía memoria aquella sombra lo perseguía, siempre sin decir nada.
Lucas pensaba que una vez matara a las personas que tanto desagrado le causaban, entonces su tormenta desaparecería.
Y así fue, pero ahora volvía sin ninguna razón aparente.
El espectro atravesó su pecho, tirándolo de rodillas.
—Ugh —El intento para ocultar el dolor se convirtió en un suspiro.
La sombra ahora lo veía desde el otro lado, tan cerca de su piel que Lucas podía sentir el sudor correr por su espalda.
Empezaba a sentir unas ganas incontrolables de gritar su odio.
—Estás perdiendo el control… Por primera vez, ese espectro dejó de ser solo una entidad y se transformó en un demonio que hablaba.
—Ese… descontrol tuyo.
Lucas se paró con piernas temblorosas, alcanzando a sostenerse de un mueble antes de volver a caer.
—Estás perdiendo… y lo sabes.
—¡Aghh!
El grito vestial salió de los labios secos para callar la enferma voz.
Los pasos apresurados se escucharon cada vez más.
Bruno llegó con la respiración agitada y vió con ojos desorbitados el aspecto pálido del castaño.
Antes de que Lucas cayera, Bruno lo sostuvo del hombro.
—¿Qué pasó?
—Sus facciones estaban marcadas por la tensión.
Un intento por parte de Lucas de sostenerse por sí mismo, hizo que su cuerpo se rindiera aún más.
Aunque la sombra ya no estaba, su efecto permanecía.
Podía sentir la cólera dentro de su cuerpo al recordar las palabras.
«¿Control?…
¡¿Qué control?!»— su mano se apoyó del hombro contrario, mientras la otra resbalaba por la pared —«¡Maldita sea!».
Mónica no tardó en llegar después de escuchar las respiraciones agitadas de ambos hombres.
—¡Bruno!
—se acercó sin ver al otro hombre —¿estás bien?
Antes de que la mano tocara al rubio, Lucas la empujó.
—Tú —su voz era temblorosa pero raspada —¡todo es tu culpa!
Mónica tambaleo a la orilla de la escalera, sentía que sus piernas estaban listas para huir.
Aún así, se paralizó en el instante en que los colmillos se mostraron con rabia.
Fue gracias a que Bruno lo sujeto que Mónica aún podía respirar.
—¡Vete!
—ordenó el rubio, mientras contenía el arranque de ira.
Mónica dudó unos segundos, pero entonces bajó con la misma velocidad con la que había subido.
Ya en la planta de abajo, sobre la madera casi podrida, busco un lugar para esconderse.
Aún se podía oír el forcejeo entre ambos hombres, provocando el temblor en el cuerpo de la pelirroja.
Después de buscar con la mirada, se encontró con una puerta estrecha cerca del pasillo principal, dónde había una jaula que resguardaba una lechuza muerta.
A pesar de ocultarse, los ruidos del piso de arriba soltaban polvo que caía sobre su cabello.
—¿Quieres morir?
—Lucas estaba contra la pared.
Las manos gruesas sostenían sus brazos —Si no me sueltas… Sostuvo su amenaza entre dientes.
Los ojos claros se fijaban en el descontrol ajeno, intentando ocultar su propio miedo.
—¡Te quemaré vivo!
—soltó con rabia.
—No, no lo harás.
Bruno tiró un hook derecho que cayó sobre la mandíbula contraria.
Lucas cayó al suelo inconsciente, o eso fue lo que pensó el rubio.
Pero en cuanto se acercó, terminó abajo del moreno.
Los colmillos mordieron el cuello blanco sacando sangre.
El de ojos miel, prenso el cabello castaño para separar la boca de su piel.
Al final del contacto un ardor lo invadio, inciando una riña de golpe tras golpe.
El puño ensangrentado estaba a punto de caer sobre la cara magullada de Bruno, pero el sonido de una serpiente lo paro en secó.
El animal salía de una puerta cercana, con los ojos fijos en el hombre que estaba en el piso.
Lucas no pensó, solo atrapó al animal entre sus brazos.
No recordaba tener una serpiente y para nada era normal; sus ojos eran rojos.
Sin seguir inspeccionando de más, y aún sobre el cuerpo ajeno, la estiró en sus manos hasta partirla en dos.
Viendo como se seguía moviendo la cabeza, empujó a Bruno a un lado.
Sin que pudieran reaccionar, la serpiente empezo a deformarse como si hubieran bombas de aire dentro de ella.
Bruno dio un paso hacia atrás.
El animal, se engrandeció hasta convertirse en un híbrido, mitad hombre mitad víbora.
Desde el dorso hacia arriba era humano, pero en lugar de piernas había una cola parecida a la de una serpiente de gran tamaño.
—Corre —ordenó Lucas.
Ambos hombres corrieron entre los pasillos, superando y dejando obstáculos para que la criatura no los alcanzara.
Encerrados en el área de lavado, apenas y podían mantener sus cuerpos separados.
Lucas sentía que el aire le faltaba entre las paredes.
Y fue para él, casi una parálisis sentir la caricia sobre su pelo.
Quería gritarle al hombre que lo tocaba, pero no podían hacer el más mínimo ruido.
Lo que no sabía era que Bruno había rozado su mano sin querer, al sostener un bote con clavos que pendía de la alacena.
Inesperadamente, sentir el calor sobre su cabeza, hizo que se olvidara de su respiración.
Sss.
El rose de la cola sobre la alfombra erizo la piel del rubio.
—Sal por la ventana —le susurró Lucas a Bruno, una vez que el ruido se había alejado —baja al segundo piso.
Bruno tragó saliva con esfuerzo.
—¿Y luego qué?
—Escondete.
Sin que Bruno pudiera objetar algo, Lucas salió de la manera más sigilosa posible, pareciendo que se deslizaba en vez de caminar.
Entre la oscuridad y la soledad de la habitación, Bruno abrió la ventana que tenía a un lado sintiendo la brisa de los árboles.
Como era de esperar, cada vez que una bestia aparecía, todo se tornaba oscuro y el tiempo era otro.
Una vez fuera, se sostuvo de la orilla y quedó colgando.
Suplicando que la fuerza le diera lo suficiente para no caer y romperse las piernas.
Gracias a su altura pudo poner el pie sobre el marco de la otra ventana y apoyarse para bajar.
Aunque su entrada no fue muy silenciosa, terminó entrando en la habitación donde había discutido con Lucas.
Bajó la ventana y caminó despacio a la luz, para evitar levantar sospechas.
Luego, intentó buscar un escondite, pero entonces una sensación de preocupación invadió su cuerpo.
Revolvio su cabello, recordando que Mónica no estaba enterada y ella se había quedado en el primer piso.
—Mierda.
Fijó su ojo en la vista de la puerta, el pasillo estaba desolado o eso pensaba, pero la cara demacrada del hombre salió de la nada.
Dio un paso hacia atrás, cubriendo su propia boca.
En ese instante deseaba tener a Lucas a su lado.
Prefería sentirse como un ítem que le pertenecía a un maestro del juego que estar solo sin saber qué hacer o a dónde ir.
—Ese idiota.
Después del silencio volvió a asomarse, todo parecía desolado.
Primero sostuvo la perilla, tanteando la capacidad auditiva del depredador.
No viendo reacción alguna, supuso que no tenía el oído afilado.
»Si las bestias son mutantes… —Se detuvo para pensar mejor el análisis —Híbridos, eso quiere decir que poseen las cualidades físicas de los animales con los que fueron mutados, ¿no?
Intentaba analizar todo lo posible antes de salir y arriesgarlo todo.
»Entonces esta vez, es como si una serpiente me atacara, solo que con un coeficiente más alto… y con manos… Suspiro dejando caer los hombros.
»Estoy jodido.
Sin detenerse por sus pensamientos, salió de la habitación y empezó a caminar en cuclillas.
Antes de dar vuelta en la esquina que daba para las escaleras, vio la cola arrastrarse por el primer piso.
»¿Cómo mierda llego hasta ahí?
Bruno sentía que sus piernas se doblaban, pero se esforzó en sostener la respiración.
»¿Puede subir las escaleras?
Antes de voltear hacia las escaleras, una mano lo atrapó y lo llevó hacia atrás.
Lo último que salió de su boca fue un suspiro ahogado.
—¿Puedes dejar de estorbar?
—Lucas le susurro con sorna.
El corazón de Bruno sintió un alivio al reconocer la cara.
—Mónica no lo sabe —se excuso con firmeza, asegurando que era una razón válida.
El castaño rodó los ojos y agarró la camisa arrugada con intención de sacar toda la tensión acumulada, pero su atención se desvió a los ojos rojos que tenía frente suyo.
Los dientes y la cara demacrada se acercaron al cráneo del rubio, pero la fuerza de Lucas lo empujó hacia otro lado, siendo expulsados de manera contraria al mismo tiempo.
Mónica apareció detrás de la criatura, tenía los ojos abiertos en pausa, perpleja por el miedo.
Sin siquiera ella saber de dónde había sacado coraje, lanzó su tacón a la espalda desnuda.
«¿Qué acabo de hacer…?».
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