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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - Capítulo 27: No te conviertas en el descontrol de tu psicópata.
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Capítulo 27: No te conviertas en el descontrol de tu psicópata.

La criatura reaccionó por reflejo; los orbes rojos miraron a la mujer paralizada.

Bruno se recuperó del golpe bruto que había recibido al chocar con la pared y tomó una lámpara que colgaba.

Su objetivo era la cola. Si habia una debilidad para un animal como la vibora era su cola, no importaba si esta se pudiera regenerar, sería el tiempo suficiente para escapar.

No pensó que los brazos escamosos fueran lo suficientemente fuertes como para alzarlo y asfixiarlo.

—¡Bruno!

La boca tensa logró expresar el terror que sentía; a pesar del cuerpo petrificado, la mujer hizo un esfuerzo por buscar en su alrededor.

No había nada que pudiera servirle de arma.

Cuando dirigió la mirada al fondo del pasillo se encontró con un brillo de terror que tenían los ojos profundos de Lucas.

Nunca lo había visto así.

Estaba absorto por un agobio que se reflejaba en la cara pálida.

Mónica pensó que su fachada de violencia desenfrenada le fallaba por primera vez. Señal de que existía un talón de aquiles al cual apuntar.

Lucas corrió y desapareció de la vista, cómo si una presencia lo alejara del lugar.

Mónica tomó el único tacón que le quedaba y empezó a golpear con la esperanza de que funcionara.

Pero Bruno empezaba a cambiar de color.

Cuando parecía el final, Lucas regresó, caminando sin desviar la mirada del brazo que sostenía al rubio. Cómo si alguien lo estuviera controlando tanto que no podía pensar en otra cosa que no fuera lo que tenía al frente.

Alzó los brazos y cerró el ojo derecho.

La postura era perfecta, el arma estaba estable.

En un momento que se sentía eterno; la bala impactó en el codo cubierto de escamas.

—Aghh.

La tos violenta y brusca fue un reflejo del cuerpo que había caído, afortunadamente no quedó inconsciente después del brutal agarre. Intentaba arrastrarse pero su visión era borrosa, lo único que podía distinguir era la silueta delgada y oscura que seguía disparando a pesar de que la bestia ya estaba en el suelo.

Mónica estaba de cuclillas tapándose los oídos, pero en cuanto vio a Bruno se acercó para ayudarlo.

—El —Su voz tembló igual que las manos —esta…

No podía describir la imagen tan sadica que tenia en ese momento el hombre con el que había convivido por meses y con quien pensaba tener un vinculo de hermandad.

«¿Qué-… ¿Cómo puede ser?…».

La mano de Bruno se entrecerró hasta formar un puño. Miraba con ojos llenos de lástima la escena frente a él; la criatura casi se desintegraba pero Lucas parecía estar perdido…

Como si su mente no estuviera dentro del cuerpo que seguía disparando.

Bruno se atrevió a intervenir, frenando el brazo con tacto. Inesperadamente, el castaño no tuvo un arranque de violencia como era usual.

La pupila regresó a la normalidad, pero las arrugas formaban una expresión de cansancio extremo; hasta parecer demacrado.

—Deja de estorbar.

El tono salió desinteresado, sin emoción alguna.

No dio una última mirada a la masacre que había dejado y se dio la media vuelta soltándose del agarre.

Bruno dió suspiro de cansancio.

Las paredes seguían intactas pero manchadas de sangre y de un hedor putrefacto.

—¿Esta cosa… —la pelirroja se sentó inspeccionando las partes que quedaban del cuerpo —es la primera que matan?

Bruno alzó los hombros, su mente no estaba en eso, sino en la mirada perdida que había en Lucas hace un momento.

—Lo conozco.

La voz de volumen agudo interrumpió los pensamientos ajenos.

—¿Qué dices?

—Este señor era amigo de mi abuela —la mujer no podía despegar la mirada del cuerpo —ella me habla de él, hay un par de fotos en la casa.

El aire exterior bailaba entre los árboles, haciendo que las ramas chocaran. El ruido penetraba entre los marcos viejos de las ventanas dejando que entrara el frío.

El cuarto era acogedor gracias a las velas que habían conseguido y lo sería más si hubiera leña, pero ninguno se atrevería a salir. Además las cortinas eran claras pero de tela gruesa, frenando los ventarrones.

—Si si, ya te digo que lo conozco —la mujer se acurrucaba en el sillón del cuarto —bueno… solo por lo que me decía mi abuela, además… mi mamá decía que lo conoció cuando ella era pequeña.

Bruno escuchaba el relato, pero no dejaba de caminar alrededor de la sala en dónde habían decidido quedarse.

—No entiendo cómo es que llegó a convertirse en eso.

Las cejas gruesas se crisparon en duda.

—Cómo es que llegó hasta aquí… ¿cómo pudo entrar?

Mónica movió su cuerpo con frustración, parándose y sentándose de nuevo.

—Creo que no estás escuchándome —reclamo la pelirroja —Me siento frustrada, no entiendo nada de lo que pasa Bruno… —Un suspiro triste salió antes de confesar: —Tengo miedo.

Los ojos que estaban enfocados en los bisturís dentro del armario viejo, se desviaron.

—Te estoy escuchando —esta vez, su tono no era amable —pero yo tampoco sé qué está pasando… No puedo saber si mañana seguiré vivo o si volveré a mi vida.

Pauso cuando ya no podía controlar el volumen de su voz.

—Pero estoy haciendo lo mejor que puedo.

Estas ultimas palabras parecieron apenas audibles para los oidos ajenos, pero Bruno sintio que aquella confesión se impregnaba dentro de su propia confusión, agrandando más su tormento.

El silencio invadió la habitación, dejando que el aire fuera el unico presente dentro.

—Mira —señaló Bruno, como intento de disculpa.

Mónica se acercó. Frente a ellos había una cantidad considerable de bisturís que ella conocía muy bien.

—¿Qué hace esto aquí? —sin preocuparse de las medidas higiénicas, tomó uno —esto no debería ser usado nuevamente.

—Guardalos, nunca se sabe —inquirió el rubio, con tono juguetón.

Una sonrisa de alivio salió de Mónica.

Ambos eran compañeros de pena nuevamente.

—De hecho, la vez que te conocí, ocupé uno que encontré para atacar a esa cosa que le quitó la cabeza al doctor.

La sonrisa se esfumo de la cara afilada.

—Ups, no debí mencionar eso.

—Eres como un niño, ¿sabes?

A pasos largos, Bruno se distanció y se acostó en el sillón contrario que estaba comido por la polilla.

—No me interesa saber porqué —intentó acomodarse en el mueble rústico, pero la incomodidad era insoportable —Guarda esos utensilios en tu bolso y quédate aquí, ¿vale?

—No te vayas —la mano sostuvo el brazo con fuerza.

Mónica al darse cuenta de su acción retiró el agarre, había sido una respuesta de sobrevivencia, ahora su cerebro funcionaba como una fórmula.

Bruno + Ella = Más probabilidades de vivir.

Ella sola = Muerta en los primeros días.

—Lo siento, no quise-

El tono apenado fue interrumpido por la risa airosa de Bruno.

—No me iré lejos —sonó más dulce de lo que debía —ejem.. —aclaro su garganta después de darse cuenta.

»La habitación de Lucas está en el mismo piso.

—¡¿Vas a buscarlo?! —las cejas se tensaron por la sorpresa —Pero, ¿no viste como estaba hace rato?

»¡Ha! —soltó un suspiro de incredulidad pura —¡¿Por qué?!

El rubio se limitó a rascarse la nuca y a soltar un leve: —He.

—No irás a decirle que mi abuela conocía a ese anciano —al ver la expresión culpable, insistió —¿verdad?

—No lo había pensado, pero ahora que lo dices; sería una buena idea —chasqueó los dedos. —Lo tengo.

Y desapareció de la vista de Mónica.

«¡Hombres!».

Los pasos sonaban sólidos y huecos por el pasillo desolado, era evidente que Lucas lo había escuchado llegar al frente de la puerta, pues cuando el joven de apariencia desaliñada y cansada se detuvo sin tocar.

Lucas supuso que se encontraba en un dilema sobre si entrar o no a aquella habitación.

Bruno dio un paso hacia atrás, pero la puerta se abrió, dejando a la vista un Lucas mucho más “normal”, con esa expresión característica de sadismo y sorna.

—¿Mi perro quiere comer? —preguntó, regresando a su asiento.

La silla era de un cedro que impregnaba las paredes de olor a madera, el forro era de una tela bordada cuidadosamente, con acabados dorados; totalmente un estilo elegante pero de calidad decadente por el tiempo.

Bruno entró, cerrando la puerta.

—Necesito un lugar en dónde ducharme.

Una sonrisa llena de malicia apareció en el rostro triangular.

—Lamento decirte que no hay agua corriente en la regadera —sus ojos no se despegaron de los color miel —pero en la otra ala hay un par de tanques en dónde se guarda.

Se levantó con una calma que estremeció al rubio.

Lucas estaba a unos milímetros del cuerpo contrario; podía sentir la respiración cansada.

—Si te sientes cansado —dió un paso más —puedo limpiarte yo.

¿Qué les pareció este capítulo?, ¿creen que Lucas logre convencer a Bruno de tomar una ducha juntos?

Estado: emocionada por escribir el próximo cap.

Btw, ¿que piensan de nuestra chica pelirroja?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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