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Manual para rechazar al psicopata - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 No pidas ayuda a extraños
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3: No pidas ayuda a extraños.

3: No pidas ayuda a extraños.

El clima seguía siendo frío, pero el ruido externo animaba el ambiente.

Por las ventanas del desayunador del hotel se podía ver a los pobladores, la mayoría tenía un rostro de tranquilidad y una caminata lenta, lo cual podría compararse con calma…

¿o tristeza?

Después de pagar la cuenta, Bruno salió del hotel y se dirigió a tomar un taxi, para poder llegar a donde se encontraba la casa, pues no había transporte público que llegara hasta allá.

Durante el trayecto vio casas con un estilo un tanto rústico; ropas tendidas, ganado, niños jugando, hombres platicando fuera de sus casas mientras fumaban y grandes distancias con solo naturaleza y nada más.

Después de veinte minutos, llego a su destino.

Al bajarse del taxi, noto que la casa era tal y como estaba en la foto, al menos en el exterior.

El patio parecía no tener delimitación, de no ser, porque a lo lejos se podía observar el tejado de una casa escondida entre los pinos.

Bruno dejó de distraerse y entro a la casa, que para su desilusión, contaba con la estructura de la foto, pero ahora estaba a punto de caerse.

—¡Qué bueno que llego!

—Anuncio una señora de vestimenta sofisticada —¿Qué le parece?, muy cálida, ¿cierto?

—«si por cálida se refiere a rupestre» —pensó —Claro… —Deje sus maletas en la entrada en lo que le doy un recorrido.

La casa tenía un gran potencial, pero por el momento estaba en condiciones como para subastar en la sección de antigüedades, no por su estructura, sino por la calidad.

Al caminar la madera sonaba, las puertas chillaban como si fueran sacadas para una peli de terror, las paredes estaban cubiertas de moho y telaraña, los pocos muebles olían a madera mojada y el techo tenía goteras.

Eso solo por no tardarnos.

Aun así, la estructura era cómoda y amplia; la entrada ocupaba la mitad de la casa, rodeada de ladrillos café claro.

El techo era alto y había un par de sillones largos frente a una chimenea.

La otra parte contaba con una mesa larga de comedor, justo al lado de una pequeña cocina.

En la segunda parte, estaba la habitación principal, que resaltaba por tener una ventana amplia, desde la mitad de la pared hasta el techo, pero también, tenía una cama matrimonial de madera, un armario de cajones anticuado y una mesa larga con una lámpara —era casi como el cuarto de una monja en algún internado— Al lado, estaba la habitación secundaria, con una cama individual de fierro, acompañada de una frazada a cuadros, que tenía de frente una ventana en forma vertical y un tocador pequeño.

Los últimos espacios eran para el baño y un cuarto casi vacío, que solo contaba con una lavadora y un leñero.

—¿y bien?

Bruno pensaba que la casa daba miedo por lo anticuado del estilo, además de que las condiciones eran decadentes.

—Debo admitir que es acogedora, pero… —pensó como continuar —-no es mi estilo.

—¡oh!

—la mujer no sabía que responder —Qué desgracia, esperaba que fuera de su agrado.

—No es que no sea de mi agrado —-se rascó un poco la cabeza —es solo que no estoy acostumbrado a este lugar.

—¡Tengo una idea!, ¿qué le parece pasar una noche aquí?

—¿?

—Si usted no se siente bien, entonces aceptaré el rechazo —explico con modestia.

Y como si fuera el destino, empezó a sentirse mareado y débil, como si hubiera tomado alcohol —-«tal vez debería descansar un día antes de regresar a la ciuda» —Está bien, pero… ¿Tendrá un par de frazadas que me preste?

Después de dejar sus cosas e inspeccionar nuevamente el lugar, tratando de convencerse a sí mismo de que estaba bien.

Salió al patio antes de que la tormenta llegará, para ir en busca de ayuda, tal vez encontrándose con alguna tienda o dirección de comida, pero al enfrentarse a la inmensa casa de al lado, igual de antigua, sintió un frío recorrer su espalda.

Era enorme, en realidad era una mansión, un tanto alejada de su propia casa, pero que era lo suficientemente grande como para estar al lado.

Sin percibir algún impedimento por adentrarse al terreno, camino con precaución entre los coches desarmados y oxidados, hasta la puerta de madera vieja.

Dio cuatro golpes a la puerta, pero no se escuchó nada en la parte de adentro.

—«¿será que aún vive el vecino?» — en eso estaba, cuando unos pasos se aproximaron.

Para su sorpresa se detuvieron por aproximadamente un minuto, minuto en el que solo se escuchaba el fuerte viento.

—¿Quién es?

—preguntaron del otro lado de la puerta.

—Su nuevo vecino —respondió, mientras miraba a todos lados —Vine a presentarme.

De inmediato abrieron la puerta —¡pero si es el joven imán de mapaches!

Para sorpresa de ambos, el vagabundo y el ahora pobre empresario, se volvieron a encontrar.

—Pero… Después de un corto cambio de palabras, ambos entraron a la casa.

Las paredes estaban decoradas con un tapiz muy viejo, soltando un olor a humedad y a libro viejo.

—¿Querías unas cobijas, verdad?

—el hombre vestía una playera blanca y un pans verde —¿qué tanto miras?

—pregunto, después de darse cuenta de que el rubio no le quitaba la mirada de encima.

—Nada —tartamudeo —Es que, es extraño… «En realidad, solo me estoy preguntando cómo es que tienes una casa de este tipo, si ayer parecías un vagabundo… Aunque esto último, creo que aún».

Estaban soló en el cuarto de entrada, pero lo que debería ser una sala, estaba rodeada de cuadros un tanto tenebrosos, cajas viejas, libros y unos cuantos relojes —más de los que habría en una casa normal—.

—¿vendes todo esto?

—pregunto, mientras buscaba un lugar para sentarse.

—Ring —sonó la tostadora —Espera, creo que ya están mis panes.

Te traeré unos.

—No es… —Bruno no pudo refutar —«me siento secuestrado…».

Antes de que llegara el anfitrión, se dio cuenta de que sonaba una pequeña canción de fondo, así que siguió el sonido llegando a otra sala, donde había una pequeña pantalla.

—¿te gusta doom?

—pregunto, cuando escucho los pasos aproximarse.

—¡claro!

—estiro el pan tostado cubierto de mermelada —Siéntate, aquí hay más espacio.

La casa estaba tan dividida como un laberinto, justo al lado de la entrada caminabas hacia tu lado derecho y te topabas con un arco que te guiaba a la segunda sala, un poca más espaciosa, ya que no tenía más que unos estantes llenos de libros viejos, un candelabro con luz opaca, una pantalla en el piso y un sillón de dos en el centro.

«y yo que pensaba que solo era un mendigo de buena apariencia… —le daba un mordisco a su tostada —¿y si le pregunto qué problemas tiene con el señor del hotel?» —¿Quieres jugar?

—le tendió un mando al invitado.

—Claro —después de pensarlo por un instante, sabía que al regresar a su casa no habría nada que hacer, pues aún no tenía internet y tampoco tenía ganas de instalarse —¿sabes donde puedo conseguir comida?

El vecino estaba configurando la jugabilidad —Ummm… lamento decirte que somos las únicas dos casas que están ligeramente juntas en esta zona del bosque —el joven de pijama continuo —tienes que bajar la colina y entonces encontraras el vecindario, de ahí caminas a la parada del bus y entonces llegas al centro.

—¡Joder!

—se levantó —entonces tengo que apresurarme a ir antes de que anochezca.

—No te preocupes —mordió el segundo pan, dejando boronas bailando en su boca —puedes cenar hoy aquí, mañana te acompaño… hay cada vecino apático —el castaño se volvió a la pantalla —ni siquiera sé por qué alguien rentaría la casa de al lado, ¡está a punto de caerse!

El de traje tomó asiento nuevamente, desfajándose la camisa —ni lo menciones… Lo dice el que parecía un vagabundo la noche anterior—respondió, recordando que casi lo mata de un susto.

—¿Puedo preguntarte por qué decidiste mudarte en medio de la nada?

—interrumpió el castaño.

Bruno estaba en un dilema, ¿debería contarle la verdad a un hombre que acaba de conocer?

Además, su casa era totalmente extraña y ni se diga de la rara identidad de su vecino, ¿no era igual de importante preguntar por qué él vivía en una casa tan vieja y en un bosque tan solitario?

—Quería un cambio grande —respondió, sin dar más explicaciones —¿y tú?, ¿qué haces en una casa tan peculiar?

—Era la casa de mi abuela —respondió, mientras se acomodaba en el sillón y estiraba el cuello—solía venir toda la familia en vacaciones a visitar a mi abuela.

Pero ella me la heredó a mí.

«Ya quisiera yo que mi abuela se acordara de mí…» —Pensó, recordando que ahora no tenía a nadie más, solo él y su propia compañía.

—Eres afortunado.

—Sí, lo soy.

Después de esa breve conversación, ambos se concentraron en el videojuego, ignorando que eran completos extraños el uno del otro y que estaban en el bosque.

Dejando que el tiempo pasara mientras los personajes pixelados dentro de la pantalla dispararan de un lado a otro.

La noche llego y sin darse cuenta, la lluvia volvió a salir y golpeaba contra los vidrios.

Bruno se despidió, pero un fuerte trueno que había caído muy cerca, le hizo pedir a Lucas que le diera hospedaje por un rato más.

—A este paso, me vas a terminar pidiendo que conecte un túnel de mi casa a la tuya.

—Ahora que lo dices… —rio, de manera suave.

—No te preocupes, soy un hombre independiente—sin mencionar que se quedaría solo una noche.

—Un hombre independiente con miedo a las tormentas —bromeó —¿quieres un recorrido por la casa?

«¿quién no quiere un recorrido de una casa como esta?» — vamos.

—Bueno, como podrás ver, en esta sala, solo está lo que me mantiene vivo —camino señalando la pantalla —mi consola y un sofá de dos, por si quiero estirar las piernas.

—¿no trabajas?

—La pregunta ofende —camino hacia un librero, que abarcaban del piso al techo —este, es un montón de libros que por alguna razón tenía mi abuela.

—¿has leído alguno de ellos?

—Nah — «se nota» La sala principal solo era un montón de polvo y cajas por doquier, incluso tapando los dos sillones —Supongo que te acabas de mudar también —pregunto Bruno.

—La verdad es que no —dijo, mientras buscaba algo en los cajones de la sala —si lo dices por el tiradero, es que no he querido mover nada de esto.

—oh… ¿Para qué la lámpara?

—pregunto cuando vio que Lucas buscaba el artefacto en un cajón.

—En el pasillo no hay luz —alumbro el fondo de las paredes —pensaba arreglarlo, pero con la tormenta que acaba de empezar creo que es mejor que lo haga mañana —se adentraba a la oscuridad.

Bruno empezó a sentir angustia en el estómago y sudor recorrer sus manos, pues estaba en una situación algo extraña.

Le tenía miedo a las tormentas y para su mala suerte, eran aún más fuertes fuera de la ciudad — «por qué carajo no pensé en esto antes» —-sin contar, que no tenía ni una frazada, no había limpiado la casa, no tenía internet y tampoco suministros.

—¿no vienes?

—se escuchó desde el pasillo.

—Si me alumbras… pues sí.

Camino lentamente, hasta ser asustado por una telaraña y los sonidos del búho que colgaba dentro de una jaula.

—Olvide decirte que tengo una mascota y a esta hora empieza a cantar.

—¡estás loco!

—Más respeto —reclamo en broma —primero vagabundo, ¿y ahora loco?

Un trueno calló en un pino cercano a la mansión, haciendo que se fuera la poca luz que había.

Bruno se asustó y tomo del brazo al castaño, casi como instinto para no perderlo y poder caminar detrás de él, dándose cuenta de que su acompañante tenía un aura terriblemente pesada.

Esto era raro, se sentía preocupado y a la vez sentía un poco de calma en el pecho —¿era eso posible?

—.

Ambos se sentaron en el único sofá vacío y se quedaron en silencio mientras pensaban que hacer.

«¿qué es más horrible, decirle que me dé hospedaje o salir en medio de una tormenta y caminar en medio del bosque en la noche?» —el recién llegado jugueteaba con la lámpara, adentrado en sus pensamientos.

«¿Debería ir a arreglar la luz para que no tenga miedo este tipo?» —Lucas ya había considerado a su invitado como alguien delicado, por su carácter y comportamiento.

—Espérame aquí, iré a ponerme un impermeable y voy a revisar los cables —se paró, pero fue detenido por el rubio —voy contigo.

— «este tipo es cobarde, eh» —está bien, pero déjame ir por algo para que no nos mojemos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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