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MARSHMELLO - Capítulo 52

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Capítulo 52: Capitulo 48

19 de marzo de 2012 — Madrid, España — 10:15 a. m.

La mañana en Madrid avanzaba con una luz clara que se deslizaba entre los edificios, iluminando las calles con ese tono cálido que solo aparece cuando el día apenas comienza a tomar ritmo; el aire era fresco, pero no frío, y la ciudad ya estaba en movimiento, con personas caminando en distintas direcciones, cafeterías abriendo sus puertas, el sonido lejano de conversaciones mezclándose con el tránsito y los pasos constantes sobre las aceras, creando una atmósfera viva pero tranquila, muy distinta a la intensidad de un festival o un escenario lleno de luces, y en medio de ese entorno cotidiano, Neytan caminaba con calma, unos pasos por detrás de Andrés y Clara, que avanzaban conversando entre ellos en un tono relajado, disfrutando del paseo sin prisa, mientras él mantenía la mirada baja, concentrado en la pantalla de su celular.

Su paso era lento, casi automático, como si su cuerpo siguiera el ritmo del camino sin necesidad de pensarlo demasiado, mientras su mente estaba en otro lugar completamente distinto, conectada a su equipo de trabajo, a decisiones que no podían esperar, a procesos que seguían en marcha incluso cuando él no estaba en un estudio o sobre un escenario; su pulgar se movía con precisión sobre la pantalla, escribiendo y revisando mensajes, deteniéndose por momentos para releer lo que estaba a punto de enviar, como si cada palabra tuviera un peso específico que debía colocarse correctamente antes de ser enviada.

En la pantalla se abría la conversación con Adrian, el vicepresidente de Sony Music y presidente de SilverLine Records, alguien que no solo formaba parte del lado ejecutivo de su carrera, sino también de las decisiones estratégicas que podían definir el rumbo de sus próximos proyectos, y el tema que tenía frente a él no era menor: la canción en la que había trabajado, una colaboración que involucraba nombres importantes como Kesha y Demi Lovato, y que ahora estaba en un punto clave donde debían decidir el siguiente paso.

Neytan se detuvo unos segundos, levantando ligeramente la mirada para no perder de vista a Andrés y Clara, que seguían caminando unos metros delante, antes de volver a enfocar la pantalla y comenzar a escribir con mayor claridad, esta vez estructurando bien el mensaje.

“Adrian, necesito confirmar contigo el siguiente paso con la canción de Kesha y Demi Lovato.

¿Ya está todo listo solo para lanzar el audio o quieren avanzar directamente con el video clip?

También dime si hay intención de hacer un lanzamiento más fuerte con visual o mantenerlo simple primero.”

Leyó el mensaje una vez más, asegurándose de que fuera claro, directo y sin espacio para malentendidos, y después de un segundo de duda, presionó enviar.

Guardó el celular por un instante en su mano, sin meterlo al bolsillo todavía, como si esperara una respuesta inmediata, mientras levantaba la mirada nuevamente hacia la calle, observando los detalles que lo rodeaban: una pareja cruzando la calle, un grupo de turistas deteniéndose a tomar fotos, el reflejo del sol en los vidrios de un edificio cercano, y por un momento su mente se desconectó de lo que acababa de enviar, permitiéndole simplemente caminar, respirar y estar presente en ese lugar.

Andrés giró ligeramente la cabeza hacia atrás. ¿Todo bien? preguntó en un tono casual.

Neytan asintió con una pequeña inclinación de cabeza. Sí… cosas del trabajo.

Clara sonrió levemente. Nunca se detiene, ¿no?

Neytan soltó una pequeña exhalación, casi como una risa silenciosa. No realmente.

Siguieron caminando unos metros más, manteniendo ese ritmo tranquilo, hasta que el celular vibró nuevamente en su mano, una vibración breve pero suficiente para captar su atención de inmediato; sin detenerse, volvió a mirar la pantalla, viendo el nombre de Adrian aparecer con una respuesta, y sin perder tiempo abrió el mensaje mientras seguía caminando.

“Ya le envié tus comentarios a los equipos de Kesha y Demi Lovato.

Estamos esperando confirmación de si quieren ir directamente con video clip o lanzar primero el audio.”

“Sobre lo de Rihanna, su equipo nos dará fechas para revisar si quiere incluir la canción en su álbum Unapologetic.

Por ahora solo queda esperar su respuesta.”

Neytan leyó el mensaje con atención, reduciendo ligeramente el paso por unos segundos mientras procesaba cada parte de la respuesta, especialmente la última línea, donde aparecía el nombre de Rihanna, y la posibilidad de que la canción que había producido pudiera formar parte de su álbum Unapologetic, algo que claramente elevaba el nivel de importancia de todo lo que estaban discutiendo.

Volvió a levantar la mirada, manteniendo el celular en la mano, observando la espalda de Andrés y Clara unos metros delante, y por un instante su mente se dividió entre dos planos: el presente, donde caminaba por una calle de Madrid en una mañana tranquila, y el otro, donde decisiones como esa podían definir el alcance de su música a nivel global.

No respondió de inmediato.

Se tomó unos segundos más.

Deslizó ligeramente el dedo sobre la pantalla, releyendo el mensaje, asegurándose de no pasar nada por alto, y luego comenzó a escribir nuevamente, esta vez con un enfoque más preciso.

“Perfecto, manténme al tanto en cuanto tengas respuesta de cualquiera de los equipos.”

“Si Rihanna confirma interés, quiero revisar el track nuevamente antes de cualquier decisión final.

Sobre Kesha y Demi, estoy abierto a ambas opciones, pero si van por video clip prefiero que tengamos una dirección clara desde el inicio.”

Terminó de escribir, leyó rápidamente el mensaje y lo envió sin dudar, guardando finalmente el celular en el bolsillo mientras aceleraba ligeramente el paso para alcanzar a Andrés y Clara, que ya se habían detenido frente a una esquina, esperando el cambio del semáforo.

Al llegar junto a ellos, levantó la mirada hacia el otro lado de la calle, observando cómo la ciudad seguía su curso, completamente ajena a la conversación que acababa de tener, a las decisiones que se estaban moviendo en segundo plano, a las posibilidades que estaban comenzando a tomar forma.

Andrés lo miró de reojo. ¿Algo importante?

Neytan dudó un segundo antes de responder, no porque no quisiera decirlo, sino porque estaba ordenando la idea. Puede ser dijo finalmente… hay varias cosas moviéndose.

Clara lo observó con curiosidad. ¿Buenas cosas?

Neytan asintió levemente. Sí… pero hay que esperar.

El semáforo cambió.

Las personas comenzaron a cruzar.

Y ellos también.

El sonido de la ciudad se mezclaba con el murmullo constante de personas caminando, conversaciones que se cruzaban en distintos idiomas, el eco de pasos sobre el pavimento y el leve ruido del tráfico que se filtraba entre las calles mientras Neytan avanzaba con calma unos metros detrás de Andrés y Clara, manteniendo un ritmo tranquilo, casi distraído, con una mano en el bolsillo de la chaqueta y la otra sosteniendo el celular que no dejaba de vibrar en intervalos cortos, constantes, como si cada segundo trajera algo nuevo que requería su atención, aunque su mirada no reflejaba urgencia sino más bien concentración silenciosa, una especie de equilibrio entre estar presente en ese paseo por Madrid y al mismo tiempo conectado a todo lo que ocurría fuera de ese momento, en estudios, oficinas, correos, decisiones que poco a poco iban tomando forma alrededor de su música.

Andrés y Clara se detuvieron frente a una tienda amplia, con vitrinas llenas de ropa moderna, accesorios y detalles cuidadosamente organizados bajo luces cálidas que hacían que cada prenda resaltara con un brillo suave; Clara fue la primera en entrar, empujando la puerta con naturalidad mientras Andrés la seguía con una sonrisa tranquila, y unos segundos después Neytan levantó la mirada del celular, observó el lugar y entró también, sin apuro, dejando que la puerta se cerrara lentamente detrás de él mientras el sonido de la calle quedaba amortiguado por el ambiente interior, más silencioso, más contenido.

Dentro, el aire tenía un aroma ligero a tela nueva y perfume ambiental, y la música de fondo era suave, apenas perceptible, algo instrumental que no competía con los pensamientos sino que los acompañaba, y Neytan comenzó a caminar entre los estantes sin un objetivo claro, deslizando la mirada por chaquetas, camisetas, zapatillas, pero sin detenerse demasiado en nada en particular, porque en realidad su atención estaba dividida, constantemente regresando al celular que vibró otra vez en su mano, obligándolo finalmente a desbloquearlo.

La pantalla se iluminó y apareció el nombre: Adrián.

Neytan abrió el mensaje de inmediato.

Andrés y Clara estaban unos metros más adelante, revisando algunas prendas, conversando entre ellos en voz baja, dándole a Neytan el espacio suficiente para quedarse ligeramente apartado mientras comenzaba a leer.

Mensaje enviado a Adrián:

“¿Ya tienes respuesta de los equipos de Kesha y Demi? Necesito saber si vamos solo con audio o si avanzamos con el video clip. También dime si Rihanna confirmó algo o seguimos esperando.”

Pasaron apenas unos segundos.

La respuesta llegó.

Adrián:

“Acabo de hablar con ambos equipos. El de Kesha está interesado en hacer video clip, pero quieren revisar primero el concepto visual. El equipo de Demi también está abierto, pero piden coordinar fechas porque está con agenda llena. Sobre Rihanna, aún no hay respuesta oficial, pero su equipo sí recibió el track para el álbum Unapologetic. Nos dijeron que están evaluándolo. Hay que esperar un poco más.”

Neytan se quedó mirando la pantalla unos segundos, procesando cada parte del mensaje con calma, sin prisa, como si cada palabra tuviera peso propio dentro de un sistema más grande de decisiones que aún no terminaban de cerrarse, y mientras tanto sus dedos comenzaron a moverse otra vez.

Neytan:

“Ok. Para Kesha quiero que les envíes una idea base de concepto visual, algo simple pero fuerte. Nada sobreproducido, algo que conecte con la canción. Para Demi, aseguren fechas primero antes de cualquier otra cosa. No quiero que el proyecto se quede a medias. Y sobre Rihanna, déjalo correr. Si responde bien, si no, seguimos adelante igual.”

La respuesta no tardó.

Adrián:

“Entendido. Trabajo en eso ahora mismo. También hay otra cosa: el equipo creativo quiere saber si tú vas a dirigir el concepto del video o si prefieres delegarlo.”

Neytan levantó la mirada por un instante, observando cómo Clara le mostraba una chaqueta a Andrés, girándola ligeramente para que él viera los detalles mientras ambos comentaban algo en voz baja, riendo suavemente, y luego volvió a bajar la vista hacia el celular.

Neytan:

“Yo marco la dirección. No necesito dirigir todo, pero sí quiero definir la idea principal. Que nadie pierda el enfoque de lo que debe transmitir la canción.”

Un leve silencio siguió después de enviar el mensaje.

Neytan guardó el celular por unos segundos, dejando que sus manos quedaran libres mientras caminaba un poco más dentro de la tienda, pasando la mano por la tela de una chaqueta sin detenerse realmente a mirarla, más por inercia que por interés, respirando tranquilo, como si en medio de todo ese movimiento interno y externo encontrara pequeños espacios donde simplemente estar.

Pero el celular volvió a vibrar.

Otra vez Adrián.

Lo sacó de nuevo.

Adrián:

“Perfecto. Entonces avanzamos así. También te aviso que hay interés de otra marca para sincronización de uno de tus tracks en campaña publicitaria. Luego te paso detalles.”

Neytan leyó el mensaje sin cambiar demasiado la expresión, pero sus ojos se movieron ligeramente más rápido al releer la última línea, como si ya estuviera evaluando esa posibilidad incluso antes de responder.

Neytan:

“Pásame todo. Pero primero lo de los videos. Quiero cerrar eso.”

Guardó el celular.

Esta vez no lo volvió a sacar inmediatamente.

Caminó unos pasos más hasta acercarse a donde estaban Andrés y Clara, quienes seguían observando ropa, comparando opciones, comentando detalles con naturalidad, completamente ajenos al flujo constante de decisiones que Neytan estaba manejando en paralelo, y cuando finalmente llegó a su lado, Clara levantó la mirada y le sonrió.

¿Encontraste algo? preguntó ella con tono ligero.

Neytan negó suavemente con la cabeza. Estoy mirando respondió tranquilo.

Andrés soltó una pequeña risa. Eso dice siempre.

Neytan esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible, mientras volvía a mirar alrededor, esta vez con un poco más de atención, aunque en el fondo su mente seguía procesando ideas, conexiones, tiempos, posibilidades, como si cada mensaje recibido fuera una pieza más de un rompecabezas que no dejaba de expandirse.

La tienda seguía tranquila.

La música seguía sonando suave.

La luz cálida seguía envolviendo todo.

Y aun así, dentro de Neytan, el movimiento no se detenía.

El ambiente dentro de la tienda seguía siendo tranquilo, casi ajeno al ritmo acelerado que se movía dentro de la mente de Neytan, quien caminaba lentamente entre los estantes mientras la luz cálida iluminaba las telas y los espejos reflejaban fragmentos de su figura avanzando sin prisa, aunque por dentro todo seguía en constante movimiento, decisiones, planes, ideas que no se detenían ni siquiera en momentos como ese, y fue en medio de ese silencio controlado, con el sonido suave de la música ambiental y las conversaciones lejanas de otros clientes, que su celular volvió a vibrar, esta vez con una insistencia distinta, no urgente, pero sí lo suficientemente constante como para sacarlo completamente de ese estado de observación pasiva, haciendo que sacara el teléfono nuevamente y, sin pensarlo demasiado, cambiara de conversación, buscando el nombre que sabía que necesitaba en ese momento: Víctor.

Se detuvo un segundo antes de escribir, apoyando ligeramente la espalda contra una columna cercana, bajando la mirada hacia la pantalla mientras sus dedos comenzaban a moverse con precisión, sin dudar, como si ya tuviera todo claro en la cabeza desde antes de abrir el chat.

Neytan:

“¿Cómo vas? ¿Ya encontraste un estudio en Los Ángeles donde podamos hacer el álbum sin que nadie se entere?”

Envió el mensaje y por un instante dejó el celular en su mano sin hacer nada más, observando cómo el texto quedaba marcado como enviado, esperando, sabiendo que Víctor probablemente respondería rápido, porque si había algo que ambos compartían era esa forma de trabajar constante, directa, sin rodeos innecesarios.

No pasaron ni veinte segundos.

El celular vibró.

Víctor:

“Estoy en Los Ángeles, justo donde acordamos que se grabaría el álbum. Llevo ya cuatro días acá buscando un estudio que podamos usar sin levantar atención. No es tan fácil como parece, la mayoría hace demasiadas preguntas o ya están comprometidos con otros proyectos grandes.”

Neytan leyó el mensaje completo sin interrumpirse, recorriendo cada palabra con atención, como si pudiera ver a Víctor en ese momento, caminando por calles desconocidas, entrando a estudios, evaluando espacios, escuchando respuestas, descartando opciones, todo con el mismo objetivo en mente: encontrar el lugar correcto, el lugar donde ese álbum pudiera tomar forma sin interferencias, sin presión externa, sin ruido innecesario.

Sus dedos volvieron a moverse.

Neytan:

“Voy a estar en Los Ángeles el 27 de marzo. Necesito que para ese día tengamos al menos una opción clara. ¿Cómo va el equipo de música? ¿Están listos para ir?”

Mientras escribía, levantó la mirada un segundo, viendo a Andrés al fondo de la tienda hablando con un encargado, mientras Clara revisaba una sección de accesorios con calma, ajena a la conversación que estaba ocurriendo en la pantalla del celular, ajena a la construcción silenciosa de algo mucho más grande que estaba empezando a tomar forma en paralelo.

El celular vibró otra vez.

Víctor:

“Sí, ellos están listos. Ya hablamos con todos y están preparados para moverse en cuanto tengamos el estudio asegurado. Solo faltan tus indicaciones finales, qué dirección quieres para el álbum, qué tipo de sonido, qué referencias, todo eso.”

Neytan apretó ligeramente los labios, no por duda, sino por concentración, porque esa pregunta no era simple, no era solo técnica, no era solo logística, era algo más profundo, algo que llevaba tiempo construyéndose en su cabeza, algo que no se podía resumir en un mensaje corto, pero aun así comenzó a escribir.

Neytan:

“Ya les escribí a varios de los que quiero en el álbum. Algunos ya confirmaron. Tuve que convencer a otros, pero aceptaron. No todos saben exactamente qué vamos a hacer, pero confían. Eso es suficiente por ahora. Solo necesitamos el estudio.”

Se detuvo un segundo antes de enviar, releyendo el mensaje.

Lo envió.

Guardó el celular por un momento, dejándolo caer suavemente en su mano mientras soltaba un pequeño suspiro casi imperceptible, no de cansancio, sino de enfoque, como si cada decisión que tomaba lo acercara un poco más a algo que todavía no se veía completo, pero que ya existía en fragmentos, en conversaciones, en confirmaciones, en planes que comenzaban a alinearse.

Pero el celular volvió a vibrar.

Otra vez.

Lo levantó sin prisa.

Víctor:

“Hay un par de opciones que estoy revisando. Uno es más privado, menos conocido, pero tiene buen equipo. El otro es más grande, mejor equipado, pero más expuesto. Estoy intentando negociar con ambos para ver cuál nos da más control sin comprometer la calidad.”

Neytan leyó con atención, asintiendo levemente para sí mismo, aunque nadie lo estuviera viendo, entendiendo perfectamente el dilema, porque no se trataba solo de encontrar un estudio, sino de encontrar el espacio correcto para lo que quería hacer, un lugar donde pudiera trabajar sin presión externa, sin expectativas impuestas, donde pudiera experimentar, equivocarse, construir, sin que cada paso fuera observado o juzgado.

Sus dedos volvieron a moverse.

Neytan:

“El privado. Prioriza eso. Prefiero control antes que exposición. Si el equipo es suficiente, lo hacemos funcionar. No necesito lo más grande, necesito lo correcto.”

Envió el mensaje y por primera vez desde que había comenzado esa conversación, levantó la mirada por más tiempo, observando el interior de la tienda con más claridad, como si acabara de cerrar una parte importante de su día mentalmente, aunque en realidad solo era otro paso más dentro de algo mucho más grande.

Andrés y Clara ya tenían varias prendas entre sus manos cuando Neytan terminó de guardar el celular, dejando atrás por unos momentos la conversación constante que lo mantenía conectado con decisiones mucho más grandes que ese instante, y al acercarse a ellos, el ambiente dentro de la tienda pareció cerrarse un poco más alrededor de los tres, como si el mundo exterior quedara en pausa, reducido a luces cálidas, telas cuidadosamente acomodadas y el sonido suave de fondo que acompañaba cada movimiento con una calma casi artificial, pero agradable, y fue Clara quien se giró primero al notar su presencia, sosteniendo una chaqueta frente a su cuerpo, levantándola ligeramente para que Neytan pudiera verla mejor, inclinando un poco la cabeza mientras lo miraba con una sonrisa tranquila, una expresión que no buscaba impresionar ni forzar una respuesta, sino simplemente compartir ese pequeño momento cotidiano, como si lo más importante no fuera la prenda en sí, sino la interacción, la naturalidad de estar ahí juntos sin necesidad de prisas.

¿Qué te parece? preguntó Clara con un tono ligero, girando la chaqueta apenas unos centímetros para mostrar mejor el corte y la textura.

Neytan no respondió de inmediato, como era habitual en él cuando realmente analizaba algo, dio un paso más cerca, observando con más detalle la tela, el color, las costuras, la forma en que caía la prenda, pasando la mano con suavidad por la manga como si necesitara sentir el material para tener una opinión más completa, mientras sus ojos recorrían cada pequeño detalle con una atención que parecía desproporcionada para algo tan simple como una chaqueta, pero que en realidad reflejaba su forma de ver todo, siempre buscando coherencia, equilibrio, incluso en cosas pequeñas.

Está bien dijo finalmente, con calma, pero no sé si combina contigo.

Clara soltó una pequeña risa al escuchar eso, no como una reacción negativa, sino como si esperara exactamente ese tipo de respuesta, directa pero sin intención de incomodar, mientras bajaba ligeramente la prenda y la volvía a mirar, esta vez desde su propia perspectiva, evaluando lo que él había dicho.

¿No combina conmigo o no combina en general? preguntó con curiosidad.

Neytan inclinó levemente la cabeza, pensándolo un segundo más.

Contigo respondió. El color es bueno, pero no con lo que usas normalmente… se siente… forzado.

Andrés, que estaba a un lado revisando otra prenda, intervino con una sonrisa divertida.

Eso es lo más diplomático que lo vas a escuchar decir comentó, levantando una camiseta como si también buscara opinión. Él no dice “no me gusta”, dice “no combina”.

Neytan dejó escapar una leve sonrisa, casi imperceptible, mientras miraba la camiseta que Andrés sostenía ahora, acercándose un poco más para verla mejor, manteniendo esa misma actitud analítica, tranquila, sin exagerar reacciones, pero completamente presente en lo que estaba haciendo.

Esa sí dijo señalando la camiseta. Es más tú.

Andrés asintió, como si ya lo supiera, pero igual valorara la confirmación.

Clara, mientras tanto, volvió a colgar la chaqueta en el perchero con un movimiento suave, sin darle demasiada importancia, y tomó otra prenda cercana, esta vez un abrigo más ligero, de un tono diferente, girándolo también hacia Neytan.

¿Y este? preguntó, manteniendo ese mismo tono relajado.

Neytan observó otra vez, pero esta vez su reacción fue un poco más rápida, como si ya tuviera una referencia previa.

Ese sí dijo. Es más natural… no se ve forzado.

Clara sonrió levemente, asintiendo mientras se miraba en uno de los espejos cercanos, sosteniendo el abrigo frente a su cuerpo, evaluando cómo encajaba con su estilo, girándose un poco para ver diferentes ángulos, mientras Andrés se acercaba un paso más para observar también.

Este tiene más sentido añadió Neytan con calma, apoyando una mano ligeramente en el respaldo de una silla cercana sin dejar de observar. No llama la atención por sí solo… pero funciona contigo.

Eso es bueno, ¿no? preguntó Clara.

Sí respondió Neytan. Mejor eso que algo que intenta demasiado.

Hubo un pequeño silencio después de eso, no incómodo, sino más bien natural, de esos que no necesitan llenarse con palabras porque el momento en sí ya es suficiente, y durante ese instante Neytan volvió a mirar alrededor, observando otras prendas, otras personas dentro de la tienda, detalles que normalmente pasarían desapercibidos pero que él registraba sin esfuerzo, como si todo formara parte de una misma composición visual que analizaba constantemente.

Clara finalmente decidió quedarse con el abrigo, manteniéndolo en su brazo mientras seguía revisando otras opciones, y Andrés continuó explorando, deteniéndose en algunas piezas, descartando otras, todo con un ritmo relajado, sin prisa, como si el tiempo dentro de ese lugar se moviera de forma distinta.

Neytan, por su parte, empezó a involucrarse un poco más, no solo observando, sino también tomando algunas prendas, levantándolas, revisando cortes, combinaciones, comentando de vez en cuando con frases cortas pero precisas, sin necesidad de extenderse demasiado, pero dejando claro cuándo algo funcionaba y cuándo no, siempre desde una perspectiva simple pero bien definida.

Eso no dijo en un momento, viendo una camisa que Andrés consideraba. Es demasiado.

¿Demasiado qué? preguntó Andrés.

Demasiado… todo respondió Neytan, encogiéndose ligeramente de hombros.

Clara soltó una risa suave.

Eso es una crítica completa.

Es suficiente dijo Neytan con tranquilidad.

Andrés, con una naturalidad que mezclaba confianza y cierta intención clara, tomó ligeramente del brazo a Neytan para guiarlo unos pasos más hacia otra sección, deteniéndose frente a un abrigo que colgaba de manera casi discreta entre otras prendas más llamativas, pero que por alguna razón destacaba en silencio, como si no necesitara imponerse para ser notado, y sin decir nada al principio, Andrés lo descolgó con cuidado, girándolo hacia Neytan mientras lo sostenía a la altura del pecho, observándolo con atención antes de hablar, como si también estuviera evaluando su propia elección.

Pruébate esto… dijo finalmente con un tono tranquilo pero seguro. Quizás te quede.

Neytan miró el abrigo sin responder de inmediato, recorriéndolo con la vista desde el cuello hasta el corte inferior, analizando la tela, el peso, el diseño, sin apurarse, como si incluso algo tan cotidiano como probarse una prenda mereciera ese mismo nivel de atención que le daba a otras decisiones más grandes, y aunque no mostró una reacción evidente, dio un pequeño paso hacia adelante y tomó el abrigo de las manos de Andrés, sintiendo el material entre sus dedos, evaluando su textura, su estructura, mientras lo levantaba ligeramente como si intentara imaginar cómo se vería puesto antes siquiera de probárselo.

Clara, que estaba unos pasos más atrás observando la escena, inclinó levemente la cabeza apenas vio el color del abrigo, y antes de que Neytan siquiera comenzara a ponérselo, habló con esa mezcla de sinceridad y cercanía que ya era natural entre ellos.

No es el color… dijo con suavidad pero sin dudar. No le va.

Andrés giró un poco el abrigo, como si quisiera verlo desde otro ángulo, frunciendo apenas el ceño con curiosidad.

¿Por qué no? preguntó.

Clara dio un par de pasos más cerca, fijando la mirada directamente en Neytan, no en la prenda, sino en su rostro, en sus ojos, en los detalles que muchas veces pasaban desapercibidos para otros, pero que ella parecía notar con claridad.

Porque sus ojos son claros… respondió con naturalidad. Son lo que más resalta en él… y ese color los apaga en vez de resaltarlos.

Neytan no reaccionó de inmediato, pero bajó ligeramente la mirada hacia el abrigo, como si ahora lo estuviera viendo desde otra perspectiva, no solo como una prenda aislada, sino en relación con lo que Clara acababa de decir, y por un segundo sostuvo el abrigo sin moverse, procesando esa observación con la misma atención con la que analizaba todo lo demás.

Andrés soltó una leve risa, no de burla, sino de reconocimiento. Mira eso… dijo. Ya no es solo ropa, ahora es teoría de color.

Clara sonrió apenas, sin quitarle importancia a lo que había dicho. No es teoría… añadió. Es equilibrio.

Neytan levantó la mirada un segundo hacia Clara, sin decir nada, pero con una expresión ligeramente distinta, como si reconociera que había algo de verdad en sus palabras, aunque no lo expresara directamente, y luego volvió a mirar el abrigo, esta vez con un poco más de distancia, sosteniéndolo a un lado en lugar de frente a él.

Puede ser… dijo finalmente, con calma. No resalta nada.

Clara asintió. Exacto.

Hubo un pequeño silencio después de eso, pero no incómodo, sino más bien reflexivo, como si incluso una decisión tan simple hubiera tomado un pequeño peso adicional, y Neytan terminó por colgar nuevamente el abrigo en su lugar con un movimiento tranquilo, sin apuro, como cerrando ese intento sin necesidad de más análisis.

Andrés, sin embargo, no se quedó ahí, y comenzó a mirar otras opciones cercanas, deslizando perchas con la mano mientras buscaba algo diferente, algo que encajara mejor con lo que acababan de comentar, y en ese proceso sacó otro abrigo, de un tono distinto, más oscuro pero con matices que reflejaban mejor la luz, girándolo hacia Neytan con una leve inclinación de cabeza. ¿Y este? preguntó.

Neytan lo observó, acercándose un poco más, pasando la mano por la tela, sintiendo el material como si eso también formara parte de la decisión, mientras Clara se acercaba lo suficiente como para verlo de cerca, sin decir nada al principio, simplemente evaluando.

Ese sí… dijo Clara después de unos segundos. Ese deja ver más su cara… no compite con ella.

Neytan tomó el abrigo sin discutir, y esta vez sí comenzó a ponérselo con movimientos tranquilos, pasando primero un brazo, luego el otro, ajustándolo sobre sus hombros con naturalidad, sin exagerar el gesto, simplemente dejándolo caer en su lugar como si siempre hubiera sido suyo, y al hacerlo, levantó ligeramente la mirada hacia el espejo más cercano.

Se observó en silencio.

Giró apenas el cuerpo.

Ajustó la caída de las mangas.

Nada exagerado.

Nada innecesario.

Solo lo justo.

Clara lo miró desde un lado, cruzando ligeramente los brazos mientras evaluaba el resultado.

Ese sí es tu estilo dijo finalmente.

Andrés asintió también, con una pequeña sonrisa. Mucho mejor.

Neytan no respondió con palabras de inmediato, pero su expresión se mantuvo tranquila, sin rechazo, sin incomodidad, lo cual en él ya era una señal suficiente, y después de unos segundos simplemente asintió una vez, leve, casi imperceptible. Sí… dijo. Este sí.

Después de varios minutos recorriendo la tienda, probando, descartando y eligiendo con esa calma que se había instalado naturalmente entre ellos, Andrés terminó reuniendo las prendas que finalmente habían decidido llevar, acomodándolas sobre su brazo con cuidado mientras Clara sostenía el abrigo que habían elegido para ella y Neytan mantenía el suyo puesto, ajustándolo apenas en los hombros como si todavía estuviera terminando de adaptarse a la sensación de la tela, no incómodo, pero consciente de cada detalle, y sin necesidad de decirlo en voz alta, los tres comenzaron a dirigirse hacia la zona de caja, caminando entre los pasillos iluminados mientras el ambiente seguía siendo tranquilo, con ese mismo fondo musical suave que parecía acompañar cada paso sin interferir, y al llegar al mostrador, una persona del personal los recibió con una sonrisa profesional, tomando las prendas con cuidado para comenzar el proceso de pago mientras Andrés respondía con un gesto amable, intercambiando algunas palabras breves que no tenían mayor importancia pero que mantenían la cortesía del momento, y mientras tanto Clara se apoyaba ligeramente en el borde del mostrador observando cómo doblaban la ropa con precisión, cada movimiento ordenado, cada prenda envuelta con ese cuidado que transformaba algo cotidiano en una pequeña experiencia más estructurada, mientras Neytan permanecía a un lado, en silencio, con las manos relajadas, observando sin intervenir demasiado, pero registrando cada detalle como siempre, incluso en algo tan simple como la forma en que colocaban las prendas dentro de las bolsas.

El sonido del escáner, el leve tecleo de la caja registradora y el murmullo distante de otras conversaciones creaban una atmósfera estable, sin sobresaltos, y durante esos minutos Neytan no sacó el celular, no revisó mensajes, no volvió a ese flujo constante de decisiones externas, como si inconscientemente se permitiera cerrar ese espacio por un momento, simplemente estando ahí, presente, viendo cómo una acción tan sencilla como pagar por ropa marcaba el cierre de ese pequeño capítulo dentro del día, y cuando finalmente Andrés realizó el pago y recibió las bolsas, agradeciendo con un gesto tranquilo, Clara tomó una de ellas mientras acomodaba mejor el abrigo sobre su brazo, y Neytan dio un paso hacia la salida casi al mismo tiempo que los otros dos, sin necesidad de coordinarlo, como si el movimiento fuera completamente natural entre ellos.

La puerta de la tienda se abrió y el sonido de la calle regresó de golpe, envolviéndolos con una energía completamente distinta, más abierta, más viva, donde el murmullo constante de la ciudad se hacía presente otra vez, mezclado con pasos, voces, el eco de conversaciones en distintos idiomas y el movimiento continuo de personas que iban y venían sin detenerse, y al cruzar el umbral, la luz del exterior, más brillante y menos controlada que la del interior, cayó directamente sobre ellos, marcando un contraste claro entre el ambiente contenido de la tienda y la amplitud de las calles de Madrid que ahora volvían a rodearlos.

Neytan salió último, girando apenas la cabeza hacia atrás por un segundo, como si cerrara ese espacio de manera silenciosa, antes de enfocar nuevamente su atención hacia adelante, donde la ciudad se extendía con su ritmo constante, edificios alineados, escaparates reflejando el movimiento, personas caminando en diferentes direcciones, algunos turistas, otros locales, todos formando parte de un flujo que no se detenía, y sin decir nada, comenzó a caminar junto a Andrés y Clara, adaptándose al ritmo de la calle con la misma naturalidad con la que antes se había movido dentro de la tienda.

Andrés llevaba las bolsas en una mano, balanceándolas ligeramente con cada paso, mientras Clara caminaba a su lado comentando algo en voz baja, probablemente sobre alguna de las prendas que habían elegido, su tono relajado, casi como si ese momento fuera una extensión del anterior, sin un cambio brusco más allá del entorno, y Neytan caminaba unos centímetros detrás al principio, observando el entorno con esa mirada que parecía captar detalles sin esfuerzo, los sonidos, los gestos, las pequeñas interacciones que ocurrían alrededor, como si todo formara parte de una misma escena en constante movimiento.

El aire era diferente afuera, más fresco, con ese toque ligero que venía del movimiento de la ciudad, y a lo lejos se escuchaban fragmentos de música de algún artista callejero, mezclándose con el ruido de pasos y conversaciones, creando una especie de fondo sonoro que no tenía estructura clara pero que aun así encajaba perfectamente con el momento, y mientras avanzaban, Neytan llevó una mano al bolsillo por inercia, sintiendo el celular ahí, presente, silencioso por ahora, pero sin sacarlo, sin romper ese pequeño espacio de desconexión que se había generado.

Clara giró ligeramente la cabeza hacia él mientras caminaban.

Te quedó bien el abrigo dijo con una sonrisa ligera.

Neytan bajó un poco la mirada hacia la manga, ajustándola apenas con los dedos, como si confirmara lo que ella decía.

Sí… está bien respondió con calma.

Andrés miró de reojo, asintiendo.

Mejor elección añadió. Valió la pena insistir.

Neytan no respondió con palabras esta vez, pero su expresión se mantuvo estable, sin rechazo, lo cual en él ya era suficiente señal de acuerdo, y continuó caminando junto a ellos, manteniendo el ritmo, sin apurarse, sin detenerse, simplemente avanzando mientras la ciudad seguía desplegándose frente a ellos, llena de movimiento, de sonidos, de momentos que se cruzaban sin detenerse.

Las bolsas se movían ligeramente con cada paso, el abrigo se acomodaba de forma natural sobre sus hombros, y el sol iluminaba las calles con una claridad que hacía que cada detalle se viera más definido, más real, como si ese momento no necesitara nada más para ser completo, y aun así, en algún punto inevitable, Neytan volvió a sentir la vibración en su bolsillo, leve, constante, recordándole que todo lo demás seguía ahí, esperando, avanzando en paralelo, pero por unos segundos más no lo sacó, no rompió el ritmo, no interrumpió el momento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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