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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 Una Declaración Inesperada
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14: Capítulo 14: Una Declaración Inesperada 14: Capítulo 14: Una Declaración Inesperada Matías guardó su tapaboca en el bolsillo y empezó a caminar rápido.

Llegó a la casa de Kevin y entró en el almacén.

La mamá de Kevin estaba sentada allí.

—Hola, Julia.

¿Está Kevin?

—preguntó Matías.

—Sí, está en su pieza.

Pasa —respondió ella.

Matías caminó hasta la habitación y abrió la puerta.

Kevin estaba acostado en su cama.

Matías se tiró al lado de él.

—¿Qué pasó?

Te veo muy estresado —dijo Kevin.

—¿Yo estresado?

Na… —respondió Matías.

Se quedó unos segundos en silencio.

—Es que Elizabeth me dio una carta donde dice que le gusto… que quiere algo conmigo.

Y yo no sé qué decirle, Kevin.

No sé si decirle que sea mi novia o decirle que no… no sé.

—Pero al menos te gusta ella, ¿o no?

—preguntó Kevin.

—Ay, no sé, Kevin… o sea, sí me atrae.

Me gusta cómo me trata, es tan hermosa conmigo… pero siento que es muy pronto para que seamos algo, creo.

Kevin se incorporó un poco.

—Entonces decile que te dé más tiempo.

Que no estás preparado todavía.

—Es que me da pena… porque sí quiero, pero no sé.

Kevin se levantó, agarró su celular y dijo: —Vamos al quincho.

Hablemos mejor ahí.

Matías tomó su mochila y salieron.

Se sentaron en el quincho.

—Aparte… hay un chico que está enamorado de mí también —dijo Matías.

Kevin lo miró sorprendido.

—¿Pero te gusta el chico también o qué?

—No… a mí no me gusta.

Pero creo que yo le gusto mucho.

En ese momento entró Gustavo, amigo de ellos.

—¡Holis, chicos!

—Hola —respondieron los dos.

Gustavo se acercó y se sentó con ellos.

—Che, ¿no quieren venir este sábado a la casa de Álvaro?

Vamos a tomar tereré.

—Claro —dijo Matías.

—Bueno —agregó Kevin.

—Gustavo, me voy a comprar.

Nos vemos después, solo venía a decirles eso.

Matías se levantó.

—Yo debo irme a casa ya es tarde.

En ese momento la mamá de Kevin salió y dijo: —¿Pueden ir a comprarme cosas de Pablo, por favor?

Me faltan algunas cosas.

—Si quieres, también los acompaño —dijo Gustavo.

Kevin reaccionó rápido.

—No, yo voy solo.

Matías cambió la expresión de su cara.

—Está bien.

Se despidió de Gustavo y se fue.

Gustavo los miró confundido y entró en el almacén.

Mientras caminaba, Matías pensaba: Claro… no es la primera vez que no quiere que lo acompañe a comprar cosas de Pablo.

Creo que lo incomodo… pero se supone que a él no le importaba lo que decían.

Pero bueno… Llegó a su casa, entró y vio a su mamá discutiendo con su hermano.

Su hermano vio a Matías y se fue enojado a su habitación.

Matías se sentó al lado de su mamá mientras se quitaba los zapatos.

—¿Qué pasó, mami?

—Tu hermano… ya sabes.

No quiere hacer absolutamente nada.

Anda encerrado todo el día en su cuarto.

No sé qué hacer con él.

No quiere salir ni trabajar.

No puedo mantenerlo yo sola y, aparte, no colabora en nada.

Creo que no me queda de otra que hacer lo que dijeron sus primos.

Matías, que estaba quitándose el zapato, se quedó quieto.

—¿Qué primos?

—Tus primos de Buenos Aires.

—¿Y qué tiene que ver eso con lo que le pasa a Rodrigo?

—dijo Matías, quitándose el último zapato.

La mamá suspiró.

—Bueno… mandarlo a Buenos Aires a trabajar.

A ver si así se le quita ese aislamiento de estar todo el día encerrado en su cuarto.

—No hablas en serio —dijo Matías—.

Buenos Aires es re lejos, mamá.

Él ni sabe viajar.

—Ay, Matías… —dijo su mamá, mientras se iba hacia la cocina.

Matías se levantó y guardó sus zapatos, pensativo.

Luego caminó detrás de ella.

—Entonces, ¿estás pensando mandarlo a Buenos Aires o qué, mamá?

—No, Matías.

Solo lo decía porque sus primos dijeron que lo lleve allá para ver si se le quita lo de estar encerrado todo el día.

Pero solo digo… no es que lo voy a mandar ahora.

Aunque, si sigue así, más adelante quizá no me quede de otra.

Matías la miró serio.

—Entonces sí estás pensando llevarlo a Buenos Aires.

—Sí, Matías.

Pero por ahora no.

Así que deja de hacer tantas preguntas.

Al día siguiente Matías se estaba preparando para ir a la escuela.

Rodrigo no quería llevarlo, así que Matías le dijo a su mamá: —Está bien, mami, me voy caminando.

—Hace mucho calor, no puedes ir así —respondió su mamá.

—Está bien, mami, es temprano.

Ya debo irme.

—Está bien, cuídate —le dijo ella.

—Está bien —dijo Matías.

Le dio un beso en la mejilla, agarró su mochila y se fue.

Salió de su casa y comenzó a caminar pensando en todo lo que estaba pasando con su hermano.

—Matías se acordó de la conversación de ayer: Mandarlo a Buenos Aires… ay no.

Aparte de que no sabe ni hablar con la gente, parece una persona que no está bien —pensó.

El sol alumbraba fuerte y Matías ya estaba sudando.

—Qué calor, por Dios… Giró en la cuadra de la escuela, entró, sacó su celular y vio la hora: 12:40.

Se acercó a su salón y se encontró con Fati.

—Hola, Fati.

—Hola, Mati.

Entraron al salón.

Fati se sentó en su banco y Matías vio su cuaderno lleno de letras hermosas.

—Qué hermosas tus letras —dijo Matías.

—Gracias —respondió Fati sonriendo.

Matías le devolvió la sonrisa y fue a su asiento.

Vanessa estaba escribiendo algo en su cuaderno.

—¿Qué haces?

—preguntó Matías.

—Me asustaste —dijo Vanessa.

—Estoy haciendo la tarea que dio la profe de historia la semana pasada.

—Nooo, yo no la hice —respondió Matías.

—Pues tienes tiempo aún —dijo Vanessa.

Matías miró por la ventana y vio pasar a Rumi y a Elizabeth juntos.

Se apoyó en la ventana mirando cómo entraban al salón.

Entraron.

Matías se levantó y saludó a Rumi.

Elizabeth se acercó y le dijo: —Hola, Mati.

—Hola, Eli.

Elizabeth se sentó en la silla frente a él.

—No hice nada de lo que la profe dio —dijo Matías.

—No pasa nada, yo lo hice.

Te paso mi cuaderno así copias mientras la profe habla —respondió Elizabeth.

—Sí, me salvaste.

Elizabeth le pasó el cuaderno.

Matías empezó a copiar rápido mientras la profesora explicaba y hablaba sobre la tarea.

Algunos compañeros ya empezaban a levantarse para entregar lo que habían hecho.

Elizabeth se volteó a mirar a Matías, emocionada.

Matías la miró y dijo: —Pero qué lindos ojos tienes.

Ella sonrió nerviosa.

—Dale, Mati, copia rápido —dijo sonriendo.

Matías terminó de copiar.

—Listo, gracias, mi Eli.

Ella sonrió, se volteó y se levantó para ir a formarse en la fila para entregar.

Matías se levantó también y fue junto a ella.

Mientras formaban la fila, Matías le tocaba el pelo.

Su compañera Luisa vio eso y le hizo una seña a su amigo para que mirara.

Matías y Elizabeth entregaron la tarea.

La profesora la corrigió rápido y los dos volvieron a sentarse.

—¿Qué te gusta Elizabeth?

No sé… música, caricaturas, series —preguntó Matías.

—Pues música me gusta de muchas clases —respondió Elizabeth.

—Yo amo a Tini —dijo Matías—.

Y mi serie favorita es Miraculous.

—¿En serio?

A mí también me encanta Miraculous —dijo Elizabeth.

—¿En serio?

—Sí.

—Primera vez que encuentro a alguien a quien le guste Miraculous.

Yo lo amo —dijo Matías.

—Yo lo veo siempre —respondió Eli.

En ese momento la profesora se levantó y dijo: —Voy a dictar la tarea, por favor pongan atención.

Elizabeth se acomodó bien y dijo: —Dale, Mati, haz la tarea.

La profesora empezó a dictar mientras toda la clase se quedaba en silencio.

Cuando terminó de dictar, dijo: —Esta tarea es para el próximo lunes.

Ese día daré las preguntas y las resolveremos todos juntos.

La profesora guardó sus cosas.

—Nos vemos la próxima semana, chicos.

—Nos vemos —respondieron varios.

En ese momento sonó la campana del recreo.

Matías se levantó y dijo: —Elizabeth, ¿vamos al recreo?

—Bueno —respondió ella.

Salieron juntos y fueron a la cantina.

—Me das un jugo Tilly y una galletita salada —dijo Matías.

—A mí me das una empanada de queso y un jugo Tilly de uva —dijo Elizabeth.

—A mí el de naranja.

Les dieron las cosas y se fueron al fondo a sentarse.

Matías se sentó, abrió su jugo, puso la pajita y la metió por debajo de su tapaboca para beber.

Elizabeth lo miraba con atención.

—¿Por qué no te quitas el tapaboca?

—preguntó.

—Estoy bien así —respondió Matías.

Luego Matías preguntó: —¿Qué tal has estado?

—Pues normal… —dijo Elizabeth—.

Con mi mamá casi todo el día retándome.

—¿Por qué?

—No sé… mi mamá es muy enojona.

Dice que debo cuidar a mi hermano, trabajar y hacer todo, pero aun así siempre se sigue quejando.

—¿Pero por qué es así?

—preguntó Matías.

Elizabeth no respondió.

Solo miró hacia el colegio.

Matías tampoco dijo nada por un momento.

Luego se apoyó en su hombro y dijo: —¿Sabes qué?

—¿Qué pasó?

—preguntó Elizabeth.

—Soy una persona que ve la naturaleza y los momentos con mucho sentimiento… como si ya fueran del pasado, aunque estén pasando ahora.

—¿Cómo así?

—preguntó Elizabeth mientras tomaba su jugo y miraba a los niños corriendo por el patio.

Matías, todavía apoyado en su hombro, también miró a los niños y dijo: —Es que estos momentos, en algún futuro, solo serán recuerdos.

Y a veces me siento nostálgico incluso cuando apenas están pasando.

Porque sé que en algún momento todo esto va a terminar.

Matías levantó la mirada.

—Ver el sol alumbrando el árbol gigante que está arriba de nosotros, sentir el aire fresco… todo eso me da ese sentimiento.

—Eso es muy lindo… y triste a la vez —dijo Elizabeth.

—Naaa… es lindo el sentimiento —respondió Matías—.

Eso me permite valorar los minutos y los momentos que paso con cada persona que pasa por mi vida.

Matías se enderezó y la miró.

Justo cuando iba a responder algo sobre la carta… —¡¿Qué hacennnn?!

—dijo una voz detrás de ellos—.

Invítame tu jugo, Matías.

Era Raúl.

Matías pensó: ¿Qué mierda?

¿Por qué justo ahora vienes a molestar?

Matías le pasó el jugo.

Raúl se sentó al lado y preguntó: —¿Qué hacían?

Elizabeth se levantó.

—Estábamos hablando… esperen un rato, iré al baño.

Ya vuelvo.

—Bueno —dijeron los dos.

Matías se levantó.

—¿A dónde vas?

—preguntó Raúl.

—No sé… —dijo Matías.

Raúl también se levantó.

—Vamos junto a Virginia.

—Está bien —dijo Matías.

Los dos caminaron hacia donde estaba Virginia.

Virginia estaba sentada en una silla al lado de su salón con una amiga.

Matías se acercó emocionado.

—¡Hola!

Virginia se levantó, esperando que él la abrazara.

Pero Matías no se dio cuenta y simplemente dijo: —Hola.

Virginia preguntó: —¿Qué hacían?

—Pues nada —respondió Raúl mientras le acariciaba la cara.

Virginia le quitó la mano, dándole un pequeño golpe.

Matías vio eso y se volteó a mirar atrás, como si sintiera que alguien lo estaba observando.

En ese momento, una chica entró rápido otra vez en su salón.

Matías no dijo nada.

Matías miró a Virginia y no dijo nada.

—Dentro de unas semanas es el Día del Maestro.

Escuché que harán algo grande —dijo Virginia.

—Por favor, así nos salvamos de las tareas —respondió Matías.

En ese momento sonó la campana de entrada.

—¡Nooo!

Apenas que nos vimos —dijo Matías.

Para molestar a Raúl, Matías agarró la mano de Virginia.

Virginia se la apretó fuerte y dijo: —Sí, apenas nos vimos.

Raúl notó eso y su expresión cambió muy rápido.

—Vamos —dijo, estirando a Matías del hombro.

Matías y Virginia se quedaron mirándose mientras se soltaban la mano lentamente.

—Chau, Matías —dijo Virginia mientras Raúl lo llevaba del hombro.

—Chau —respondió Matías.

Virginia volvió a decir: —¡Soltale, Raúl!

Matías se volteó un momento para mirarla, pero Raúl ya lo estaba arrastrando hacia el pasillo.

Caminaron unos pasos en silencio hasta acercarse al salón.

Raúl parecía querer decir algo antes de entrar, pero justo en ese momento Matías se desvió de él y caminó hacia donde estaba Rumi.

—¿Qué pasó, Matías?

—preguntó Rumi al verlo llegar.

—Raúl no me deja en paz —dijo Matías.

—Ay, no… —respondió Rumi.

Matías se quedó un momento al lado de Rumi.

En ese instante Raúl se acercó, pero cuando Rumi lo miró con mala cara, él decidió no acercarse más y pasó de largo por el pasillo sin decir nada.

Matías soltó una pequeña sonrisa.

—Gracias —le dijo a Rumi.

Después se dio la vuelta y caminó hasta su banco.

Un momento después Elizabeth entró al salón y se sentó frente a él.

—No te encontraba.

¿Adónde fuiste?

—preguntó.

—Fui hacia la clase de séptimo —respondió Matías.

—Ahhh —dijo Elizabeth.

En ese momento entró la profesora.

Todos comenzaron a acomodarse en sus asientos y el salón se fue quedando en silencio.

—Hoy haremos una tarea sobre la protección sexual —dijo la profesora mientras dejaba sus cosas en el escritorio—.

Más adelante veremos un video explicando sobre eso, pero hoy hablaremos algunas cosas primero.

Después continuaremos con el tema.

La profesora tomó una tiza y se acercó a la pizarra.

—Saquen sus cuadernos y copien lo que escribiré, por favor.

Matías sacó su cuaderno y empezó a escribir mientras miraba la pizarra.

El sonido de las hojas y los lápices llenó el salón mientras todos copiaban en silencio.

La profesora siguió escribiendo varias líneas en la pizarra y después se apartó un poco para que todos pudieran terminar de copiar.

Pasaron unos minutos.

Matías terminó de copiar todo.

Miró su cel: eran las 4:10.

La profesora también miró la hora y dijo: —Bueno, parece que no nos alcanzará el tiempo hoy.

Continuaremos la semana que viene.

Terminen de copiar, por favor.

Matías miró a Elizabeth, que todavía seguía escribiendo en su cuaderno.

—¿Te falta mucho, Eli?

—preguntó.

—No, la última línea —respondió ella mientras terminaba de escribir.

Matías guardó sus cosas en la mochila, ya que él había terminado de copiar todo.

Elizabeth terminó de copiar la última línea.

—Terminé —dijo mientras cerraba su cuaderno rápidamente y lo guardaba en su mochila.

En ese mismo momento sonó la campana.

—Justo a tiempo —dijo Matías.

—Sip… o yeas —respondió Elizabeth con una pequeña sonrisa.

Matías se rió un poco por cómo lo dijo.

Luego se levantó de su asiento, agarró su mochila y, antes de salir, se volteó hacia atrás.

—Nos vemos, Vanessa.

—Chau —respondió ella.

Matías salió al pasillo.

El ruido de los alumnos llenaba el lugar mientras todos comenzaban a salir de las aulas.

—Chau, Fati —dijo Matías.

—Chau —respondió ella sonriendo.

Lucas, su primo, también levantó la mano.

—Chau, Matías.

Matías los miró alejarse mientras caminaban por el patio.

Se quedó allí unos segundos, observando hacia el pasillo que llevaba a las clases de séptimo.

De repente, una chica salió de una de esas aulas y corrió para alcanzar a Fati y Lucas.

Matías la miró con atención.

—Esa es la chica que me estaba mirando… —murmuró para sí mismo.

En ese momento alguien le tocó suavemente la espalda.

Era Rumi.

—Nos vemos, mi Mati.

Matías sonrió un poco.

—Chau.

Rumi se fue caminando hacia la salida de la escuela.

Matías bajó y caminó hacia el tinglado del patio.

El sol de la tarde caía sobre el lugar, iluminando el suelo y las columnas del techo.

Algunos alumnos todavía estaban allí hablando o esperando a sus amigos.

Elizabeth apareció caminando hacia él.

Matías la vio acercarse.

Se acercó también, lentamente, con las manos detrás de la espalda.

Cuando estuvieron frente a frente, ninguno dijo nada.

Solo se miraron.

El ruido del colegio parecía volverse lejano.

Por un momento, fue como si todo alrededor desapareciera.

Elizabeth lo miraba con una mezcla de nervios.

Matías sentía el corazón latiéndole más rápido de lo normal.

Los dos parecían estar esperando que el otro hablara primero.

Finalmente, Elizabeth rompió el silencio.

—No me respondiste la carta.

Matías bajó un poco la mirada y luego volvió a mirarla.

—Lo iba a hacer… —dijo con sinceridad—.

Es que pasaron muchas cosas.

Cada vez que te iba a decir… siempre venía alguien a interrumpirnos.

Elizabeth sonrió suavemente.

Se quedó mirándolo unos segundos más, como si estuviera reuniendo valor.

Entonces respiró profundo.

—¿Quieres ser mi novio?

El tiempo pareció detenerse.

Matías se quedó completamente quieto.

Sus ojos se abrieron un poco más.

Nunca nadie le había dicho algo así de frente.

Sentía muchas cosas al mismo tiempo: emoción, nervios, confusión, alegría… y también miedo.

Su mente se llenó de pensamientos.

La carta.

Los momentos que pasaron juntos.

Su sonrisa.

Sus ojos.

El abrazo que ella le había dado el día anterior.

Elizabeth seguía allí, frente a él, esperando su respuesta.

Un poco nerviosa.

Un poco sonrojada.

Pero sin apartar la mirada.

Era la primera vez que alguien se abría así con él.

Y Matías lo sabía.

Ese momento.… era uno que jamas iba a olvidar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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