MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 La Noche del Puente de la Amistad
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15: Capítulo 15: La Noche del Puente de la Amistad 15: Capítulo 15: La Noche del Puente de la Amistad Matías reaccionó de repente, sin saber realmente qué decir.
El silencio entre los dos parecía eterno.
—Sí… quiero ser tu novio —dijo finalmente, casi sin pensarlo.
Elizabeth se quedó mirándolo un segundo y luego comenzó a reír de la emoción.
Sin decir nada más, lo abrazó fuerte.
—¡Sabía que dirías que sí!
—dijo feliz.
Después lo soltó y salió corriendo hacia la salida del colegio, todavía sonriendo.
Matías se quedó allí unos segundos, sonriendo también por lo que acababa de pasar.
Pero de repente su sonrisa empezó a desaparecer poco a poco.
Salió hacia afuera del colegio.
Elizabeth ya se estaba subiendo al transporte escolar.
Matías la vio desde lejos mientras el vehículo se preparaba para irse.
Miró alrededor buscando a su hermano, pero no lo vio por ningún lado.
Entonces decidió irse por el camino de siempre.
Mientras caminaba, empezó a ponerse nervioso.
—Ay no… le acepté… no lo puedo creer —murmuró Matías para sí mismo.
Se pasó la mano por el pelo, todavía confundido por todo lo que acababa de pasar.
Se quedó pensando unos segundos y luego suspiró.
—Pero bueno… ¿qué tan malo podría ser?
Si todavía no descubro del todo mis sentimientos por ella… ahora puedo hacerlo.
Después de todo, ya acepté ser su novio.
Matías se quedó mirando al frente mientras pensaba.
—¿Quién podría impedir que eso suceda?
—dijo en voz baja.
Matías comenzó a correr, pensando en cosas que tal vez podía hacer con Elizabeth.
Al mismo tiempo, el sentimiento todavía no lo convencía del todo, pero prefirió ignorarlo.
Al rato llegó a su casa.
Entró, dejó su mochila sobre la mesa y gritó: —¡Mami, ya llegué!
Sacó su celular y vio que tenía una notificación.
Era un mensaje de Milagro.
Milagro: Hola Mati, ¿no quieres salir hoy a cenar con nosotros?
Nos lleva Félix.
Matías respondió: Matías: No creo que mi mami me deje salir.
Ya son las cinco de la tarde y enseguida oscurece.
Milagro: Déjame, yo me encargo de que tu mami te deje.
Prepárate, iremos a buscarte.
En ese momento Matías se volteó y vio a su mamá.
—¿Por qué gritabas?
—preguntó ella.
—Solo te decía que ya vine… —respondió Matías—.
Y otra cosa, mami… ¿puedo salir con unos amigos un rato, por favor?
—No, Matías.
Ya es tarde para salir.
—Por favor, mami, solo un rato.
—No es no —dijo su mamá.
Matías se fue a su cuarto, se quitó la camisa y los zapatos, se cambió de ropa y se tiró en la cama enojado.
En ese momento le llegó otro mensaje de Milagro.
Milagro: Estoy en el frente.
Matías salió rápido de su cuarto y vio que su mamá caminaba hacia la puerta para ver quién estaba aplaudiendo afuera.
Nervioso, Matías corrió detrás de ella.
Su mamá abrió la puerta.
Era Milagro.
—Hola, mami de Mati —dijo Milagro.
—Hola —respondió la mamá de Matías.
—¿No podría dejar que su hijo vaya a cenar con nosotros?
Después lo traemos otra vez hasta la puerta de su casa.
La mamá de Matías se quedó pensando y miró a su hijo.
Matías se acercó un poco y susurró: —Por favor… Su mamá suspiró.
—Bueno, Mati… anda.
Matías corrió a agarrar una campera y salió afuera.
—No pensé que me dejaría —le susurró a Milagro.
Milagro lo tomó del brazo y comenzó a caminar hacia el auto.
—Yo soy experta en sacar permisos —dijo sonriendo.
Cuando llegaron al auto, Matías abrió la puerta y vio que adentro estaban Alondra, Sebastián y Alex.
—¿Y se supone que yo dónde entro?
—dijo Matías mirando el asiento lleno—.
Además… se supone que Félix y Alex se llevan mal.
Es raro que ahora estén así.
Félix se rió desde el asiento delantero y se volteó un poco.
—Somos así siempre, Mati.
Matías volvió a mirar el espacio dentro del auto.
—Pero si yo no entro… Alex sonrió y dijo: —Súbete en mi regazo.
Alondra se quedó mirando a Alex cuando dijo eso y pensó: Ay no… eso le va a dar celos a Félix.
Entonces intervino rápido.
—Matías, mejor ven aquí —dijo girándose un poco—.
Siéntate en mi regazo.
Matías dudó un segundo, pero luego cerró la puerta.
—Bueno… —dijo finalmente.
Matías giró, abrió la puerta del auto y se sentó en el regazo de Alondra.
—Bueno… —dijo acomodándose un poco.
Luego miró hacia adelante, donde estaba Milagro, y le susurró desde atrás: —Tengo cosas que contarte.
—¿Qué cosa?
—preguntó Sebastián desde el medio, curioso.
Matías lo miró.
—¿Y a vos qué te importa?
Félix se rió un poco.
—Dale, cuéntanos.
Matías suspiró.
—Bueno… está bien.
Se quedó en silencio un segundo antes de empezar a hablar.
—Hoy… se me declaró una persona.
Bueno… les cuento.
Yo le había dicho que estaba esperando para responderle porque siempre nos interrumpían… pero realmente creo que nunca me iba a animar a decirle algo.
Los demás lo escuchaban atentos.
—Y creo que ella no quiso esperar más… entonces me preguntó si podía ser su novio… y bueno… yo le acepté.
Matías siguió hablando rápido, casi sin respirar.
—La verdad… no quiero lastimarla, porque es una buena persona conmigo.
Me trata bien… y es casi la primera vez que me pasa algo así… Terminó de hablar y suspiró, como si recién ahí se diera cuenta de lo rápido que había dicho todo.
—O sea… ¿vos no eras gay?
—dijo Alondra, mirándolo directamente.
Matías frunció un poco el ceño.
—Yo nunca dije que era gay.
Alex se rió un poco.
—Bueno, eso es bueno.
Ya tienes pareja.
—Pues… creo que sí —respondió Matías.
Félix, que venía escuchando en silencio, habló desde adelante.
—Pero… ¿realmente la amas?
Matías dudó un momento.
—Pues creo que sí… y si no fuera así, ¿por qué no intentar hacerlo?
Félix lo miró por el espejo del auto.
—Entonces no estás seguro.
—Pues… no sé, Félix.
—Entonces ¿por qué le aceptaste?
Matías suspiró.
—Porque no sé, Félix… creo que me gusta… no sé, me siento confundido.
Félix volvió a preguntar, casi provocándolo.
—¿Y qué es lo que te hace estar tan confundido?
Matías ya empezaba a molestarse.
—¡Pues no sé, Félix!
¡Ya cállate!
—Pero cálmate —dijo Félix mientras estacionaba enfrente del shopping.
Matías, todavía enojado, abrió la puerta del auto y salió rápido, caminando hacia la entrada del shopping sin mirar atrás.
—Qué bravo… —dijo Alex riéndose.
Milagro miró a Félix con molestia.
—¿Ves lo que causas, Félix?
No podemos estar bien ni una sola juntada.
¿Qué te costaba guardarte tus preguntas?
Félix suspiró.
—Yo no dije nada malo, Mila.
Simplemente le hice preguntas.
—Sabías bien que estaba procesando lo que le acaba de pasar hace unas horas —respondió Milagro—.
Y tú con tus preguntas estúpidas… Se quitó el cinturón y se bajó del auto cerrando la puerta con rapidez.
Alondra, desde atrás, se mordió el labio.
—Bueno… ya empezamos.
Sebastián se rió un poco.
—Esta es mi parte favorita.
Siempre tienen que pelearse con alguien.
Me hubiera gustado que estuviera Juan acá, así nos burlábamos.
Alex lo miró.
—Bueno, bajemos todos.
Así Félix puede estacionar tranquilo.
Todos se bajaron del auto.
Félix se quedó unos segundos dentro, en silencio.
Luego arrancó el auto para ir a estacionar.
Mientras giraba el volante para dirigirse al estacionamiento, murmuró para sí mismo: —Tanto se va a enojar… ¿entonces para qué acepta?
Pero bueno… como siempre, tengo la culpa.
Mientras tanto, Matías estaba dentro del shopping, mirando unos productos apoyado contra una pared.
Milagro se acercó a él.
Le acarició suavemente la espalda y apoyó su cabeza en su hombro mientras le acariciaba el otro.
—No le hagas caso a Félix —dijo con calma—.
Procesa tus sentimientos a tu manera.
Un sentimiento no hace falta descubrirlo de inmediato.
Tómate el tiempo que quieras.
Mientras esa chica te comprenda y te quiera, te va a ayudar a descubrir qué es lo que realmente sientes por ella.
Matías se volteó hacia ella y le tomó la mano, moviéndola despacio.
—Lo sé… —dijo levantando un poco el brazo—.
Igual no es nada.
Simplemente tengo muchas cosas en la cabeza… y me enojé por tantas preguntas.
Félix sabe que soy así.
—Lo sé —respondió Milagro mientras se volteaba suavemente.
Al voltearse, Milagro vio a Sebastián y a los demás entrar al shopping.
Tomó a Matías de la mano.
—Vamos —le dijo.
Los dos caminaron hacia donde estaban los otros.
—Bueno… creo que ya se calmó —dijo Alex, acercándose a Matías y golpeándolo un poco con el cuerpo.
Milagro lo agarró del brazo.
—No lo toques.
Alex la miró mal y estaba por decir algo, pero en ese momento entró Félix.
—Bueno, chicos, basta de pelear —dijo—.
Vamos a comer unas hamburguesas bien ricas.
Todos caminaron hacia uno de los restaurantes del shopping.
Cuando llegaron, se sentaron alrededor de una mesa y comenzaron a discutir quién iba a ir a pedir la comida.
Matías se levantó.
—Yo voy.
Félix también se levantó de la silla.
—Iré contigo.
Empujó la silla hacia atrás y salió con Matías hacia el mostrador.
Desde la mesa, Milagro gritó: —¡Y también una Coca Cola!
Matías se acercó al mostrador.
—¿Me das seis hamburguesas doble carne, por favor?
Y dos Coca Cola.
Una hamburguesa que no tenga lechuga y otra que no tenga tomate, por favor.
—Está bien —respondió la persona del mostrador—.
¿Algo más?
—Nada más —dijo Matías.
—Serían 57 mil en total.
—Ok —respondió Matías mientras sacaba plata.
Pero Félix le detuvo la mano.
—Yo invito, así que no pagas nada.
Matías sonrió.
—Ayy… ya me está empezando a gustar esta salida.
Matías y Félix regresaron a la mesa.
Alondra y Alex se levantaron justo cuando ellos llegaban.
—Ya pedí —dijo Matías—.
¿A dónde van?
—Vamos al baño —respondió Alondra.
—Ok —dijo Matías mientras se sentaba.
Alondra y Alex se fueron juntos.
Mientras caminaban hacia el baño, Alex habló en voz baja.
—¿Sabes qué quiero hacerle a Matías?
Lo mismo que le hice a Benjamín.
Alondra se detuvo un momento y lo miró.
—¿Estás loco?
Ni lo pienses, Alex.
Sabes que a Benjamín le afectó mucho lo que le hiciste.
Incluso, si te ve con Matías, es capaz de ir a decirle todo para advertirlo, como hizo con Gael… y por eso se terminó separando de vos.
Alex se encogió de hombros.
—Nadie se va a enterar si disimulamos, como hice con Benjamín.
Alondra suspiró y lo miró con seriedad.
—Escúchame bien, Alex.
Soy tu mejor amiga y te apoyé en mil cosas… pero volver a repetir esto no.
No cuentes conmigo.
Matías es un chico bastante bueno, y además Félix gusta de él.
Si llegas a hacer algo así, vas a desatar un problemón, como pasó con Benjamín.
Así que basta.
Alex la miró mal.
Los dos entraron al baño en silencio, separados.
Matías, sentado en la mesa, dijo: —Saben… tengo bastante hambre, en serio.
Félix sonrió.
—Bueno, hubiéramos pedido dos hamburguesas —dijo riéndose.
—Ay, deja de ser exagerado —respondió Matías.
En ese momento regresaron Alondra y Alex y se sentaron otra vez en la mesa.
—Saben… faltan unos meses para mi cumpleaños —dijo Alondra—.
Quisiera volver a hacer mi fiesta de máscaras otra vez.
Matías se rió.
—¿Para que Félix rompa otra vez la máscara de alguien y se peleen?
Félix le dio un pequeño golpe en el brazo.
—¡Basta, Mati!
Todos se rieron justo cuando llegaron las hamburguesas.
—Gracias —dijeron algunos mientras las recibían.
Milagro miró su hamburguesa con emoción.
—¡Qué ricoooo!
El mío es el que no tiene lechuga.
—El mío es el que no tiene tomate —dijo Matías.
Todos comenzaron a comer.
Mientras lo hacían, Matías miró a sus amigos alrededor de la mesa y sonrió.
—¿Saben?
Es lindo tenerlos a todos aquí.
—Vamos, no empieces —dijo Sebastián.
—No, en serio —continuó Matías—.
Si Félix no se hubiera quedado aquel día con su auto y no me hubiera acosado para que subiera… tal vez no estaría compartiendo con ustedes ahora.
Alex sonrió un poco.
—Pues creo que yo ya te había visto antes en la iglesia y tal vez… De repente, Alondra le pisó la pierna por debajo de la mesa, cortándole la frase.
—¡Ayyh!
—dijo Alex—.
¿Qué pasa?
—Ups… te pisé por accidente —respondió Alondra.
—Están raros ustedes dos —dijo Milagro con la boca llena.
Sebastián hizo una cara de asco.
—¡Qué asco!
Traga todo antes de hablar, por favor.
Milagro lo miró y, a propósito, empezó a hablar otra vez con la boca llena para molestarlo.
—¿Así?
¿Así te molesta más?
Sebastián se echó un poco hacia atrás.
—¡No, no!
¡Pará!
Matías se rió al ver a Milagro y Sebastián molestándose entre ellos.
Pasaron unos minutos y todos terminaron de comer.
Milagro miró a Félix.
—Félix, ¿me pagas los juegos?
Alondra se levantó, sacó un billete de cien mil y se lo dio a Milagro.
—Toma.
—Tú siempre, mi mami millonaria… mi Ari —dijo Milagro riéndose.
—¿Ari?
—preguntó Matías.
Alondra lo miró.
—Es mi segundo nombre.
¿Sabías que tengo tres nombres?
—¿En serio?
—dijo Matías—.
¿Y cómo es?
—Alondra Ariani Arami.
Matías hizo una cara exagerada.
—En serio… es horrible.
—¡Oye!
—dijo Alondra riéndose—.
Pero me dicen seguido así.
En realidad me gustaría que me llamen más Ari o Arami… son más lindos que Alondra.
Matías se levantó.
—Entonces vamos, Ari.
Vamos a los juegos.
Matías y Alondra empezaron a caminar hacia los juegos.
Alex, Sebastián y Félix se levantaron y fueron detrás de ellos.
Empezaron a jugar.
Primero se subieron al juego de los autos chocadores.
Se reían mientras se chocaban entre ellos.
Pasaron los minutos y jugaron varios juegos más.
Matías miró su celular.
—Ya son las nueve… creo que ya debo irme a casa —le dijo a Félix.
Félix levantó la voz para llamar a todos.
—¡Bueno, vámonos!
Pero primero quiero ir a un lugar antes de que cada uno se vaya.
—¿A dónde?
—preguntó Milagro.
—Al lugar donde empezó todo con Matías.
—¿En el puente de la amistad?
—dijo Alondra.
Matías sonrió.
—Antes de irnos quiero jugar algo.
Corramos todos mientras Félix va a sacar el auto.
¡El que llegue primero afuera gana!
—¡Dale!
—dijeron todos.
—Entonces nos vemos afuera —dijo Félix.
—¡Dale!
Félix se fue hacia el estacionamiento y los demás empezaron a correr.
Matías y Milagro bajaron corriendo juntos por las escaleras mecánicas.
Mientras tanto, Alex, Alondra y Sebastián corrían tratando de pasarse entre ellos.
Alondra iba tan rápido que logró adelantarlos a todos.
Se volteó para burlarse de ellos, pero en ese momento chocó muy fuerte contra una chica y cayó al piso.
Todos se detuvieron.
Matías se acercó rápido a Alondra, mientras Milagro ayudaba a la otra chica.
—Ay, perdón… ¿estás bien?
—dijo Alondra—.
No me fijé, venía corriendo muy rápido.
—No pasa nada —respondió la chica antes de seguir su camino.
Sebastián se quedó atrás riéndose.
Luego todos salieron afuera del shopping, donde Félix ya los estaba esperando con el auto.
Subieron al auto otra vez.
Matías se sentó en el regazo de Milagro y Alondra se sentó adelante.
—Entonces vamos un rato al puente de la amistad —dijo Felix.
—Sí —respondieron algunos.
Félix arrancó el auto y comenzó a conducir hacia el puente de la amistad.
Llegaron al puente de la amistad.
Félix estacionó el auto y todos bajaron.
Sin esperar mucho, comenzaron a correr hacia el puente.
—¡Corran!
—gritó Milagro.
Todos empezaron a correr por el puente hasta llegar a un mirador.
Allí se detuvieron y se quedaron mirando el agua oscura que pasaba por debajo.
—Qué hermoso… —dijo Milagro.
Todos quedaron en silencio por un momento, observando el agua y la noche tranquila alrededor.
—Qué linda es la naturaleza —dijo Matías.
—¿Verdad que sí?
—respondió Milagro—.
Es injusto que mucha gente no pueda apreciar estas cosas.
Sebastián suspiró.
—Ay, ya se van a poner así ustedes dos… De repente, Milagro dijo algo que rompió el momento: —A veces pienso que, si algún día me quisiera morir… este sería un buen lugar.
Todos se voltearon a mirarla.
—¿Qué?
—dijo Milagro al ver sus caras.
Félix se acercó a ella.
—Sabes que no me gusta que hables de eso.
Alondra también la miró con preocupación.
—Sabes que todavía tienes mucho que disfrutar con nosotros.
Matías los observaba confundido.
Alex se acercó un poco a él y le habló en voz baja.
—Es que a veces Milagro piensa esas cosas… porque podría llegar a hacerlo.
No es la primera vez que tiene pensamientos así.
Matías lo miró sorprendido.
—No creo que sea capaz —dijo Matías.
—Esperemos que no —respondió Alex, metiendo las manos en los bolsillos.
Milagro los miró y suspiró.
—Ya sé… Se quedó mirando el agua por un momento antes de hablar.
—La vida es muy corta para desaprovecharla… pero a veces tampoco tiene sentido p.
seguir.
A veces me siento cansada de todo.
Los demás se quedaron en silencio.
—Pero cuando realmente me canse de verdad… —continuó Milagro— prefiero ser yo misma quien decida marcharme de este mundo antes que esperar a que llegue mi día.
Félix reaccionó enseguida y la agarró del brazo.
—Cállate —dijo con seriedad—.
¿Desde cuándo estás pensando en eso otra vez?
Milagro hizo una mueca.
—Ay, qué exagerado eres.
—Uy, no… —dijo Alex.
Matías lo miró confundido y pensó: ¿Por qué a Alex no parece preocuparle?
El viento golpeaba su cara y movía su cabello mientras observaba a los demás.
—Bueno, basta chicos —dijo Milagro de repente—.
Mejor vámonos antes de que mi mamá me rete por llegar tarde.
Agarró a Matías del brazo y empezaron a caminar primero hacia el auto.
Félix se quedó un poco atrás con los otros.
—Me preocupan esos pensamientos… no los tenía desde hace mucho —dijo Félix.
—Seguro pasó algo en su casa —respondió Sebastián.
—Ella me había contado que su mamá le volvió a recalcar que no le gusta que salga con nosotros —agregó Alondra.
Alex se acercó a ellos desde atrás.
—O porque es lesbiana.
—No creo que sea eso —dijo Félix.
—Vamos… todos sabemos que su familia es muy religiosa —continuó Alex—.
No le dejarían ser lesbiana.
La última pelea fue por eso… y porque su papá la trataba mal, y su hermano también.
Félix se quedó pensativo.
Cuando llegaron al auto, Milagro le habló a Matías en voz baja.
—No te preocupes por lo que escuchaste… obviamente no haré nada —dijo guiñándole un ojo.
Los otros llegaron, Félix abrió el auto y todos subieron.
Durante el camino casi nadie habló.
El silencio duró unos minutos hasta que Alondra dijo: —Entonces… ¿qué piensan de hacer mi cumpleaños con máscaras otra vez?
Como cuando Alex lo hizo en la quinta.
Alex se rió un poco.
—Mientras nadie se pelee y no llamen a la policía, todo bien.
A mí casi me mandan a Brasil por lo que pasó ese día.
Félix giró en la cuadra de Matías y estacionó frente a su casa.
Matías abrió la puerta.
—Pues a mí me parece muy lindo… más si se trata de máscaras.
Ojalá lo hagas así —dijo.
Cerró la puerta del auto y Milagro bajó la ventana.
Matías se apoyó en ella.
—Muchas gracias, chicos, por la salida.
Fue muy lindo, gracias.
—No agradezcas —dijo Alondra—.
El placer fue nuestro de que nos hayas acompañado.
—Chau —dijo Matías.
—Chau —respondieron algunos.
—Chau, Félix.
—Chau —respondió Félix.
Matías entró a su casa.
Félix dejó de sonreír y su expresión cambió a una más seria.
Miró a Milagro.
—Ahora que Matías se fue… ¿nos vas a decir por qué tienes esos pensamientos otra vez?
Milagro suspiró.
—Ay, son exagerados… saben que siempre pienso en estas cosas.
Félix la miró serio desde el asiento del conductor.
—Que yo sepa, no lo decías desde el año pasado… desde el último problema.
Y la otra vez me dijiste que tu mamá te volvió a recalcar que andabas saliendo mucho con nosotros.
Hizo una pausa antes de continuar.
—No sabemos qué te dijo exactamente, pero sabes que nos preocupamos por vos.
Necesitamos saber qué te pasa.
Milagro miró hacia la ventana.
—Ay, chicos… simplemente estaba hablando.
No pasa nada, en serio.
Félix no respondió.
Encendió el auto, arrancó en silencio y empezaron a irse.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer.
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Los leo en los comentarios.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com