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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 Choque de emociones
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16: Capítulo 16: Choque de emociones 16: Capítulo 16: Choque de emociones Matías estaba sentado en el pasillo de su clase porque había llegado temprano y miraba a la nada, pensando en lo de Milagro.

No entendía por qué todos se preocupaban por ella, menos Alex… o eso creía.

“No sé”, pensó, “pero bueno”.

Justo en ese momento apareció Rumi.

—¿Otra vez pensando a fondo?

—le dijo.

Matías levantó la mirada.

—Ah, Rumi… es que sí.

Últimamente los días han sido súper raros.

—¿Raros cómo?

—preguntó Rumi.

—Nada importante —respondió Matías—.

Oye, ¿qué haces tan temprano acá?

—Pues no sé, hoy quise salir temprano.

¿Somos los únicos por ahora?

—No.

Ya vino Raúl, pero está en el fondo.

Pero sí, por ahora estamos solos… bueno, estábamos, porque ahí vienen Lucas y Fátima.

Lucas y Fátima se acercaron y los saludaron.

—Hola, Mati.

Hola, Rumi.

—Hola —dijeron Matías y Rumi.

Luego los cuatro se fueron a clase y se acomodaron en sus lugares.

Después de un rato, Matías salió del aula y se fue al fondo a buscar a Raúl.

Justo en ese momento apareció Félix viniendo desde el fondo del colegio.

Matías quiso evitarlo, así que intentó volver hacia atrás rápidamente, pero Félix corrió para alcanzarlo.

Matías se quedó quieto, se volteó y le dijo: —¿Qué quieres?

—¿Acaso no puedo saludarte?

—respondió Félix.

—Es que me da pereza saludarte.

—¿Qué te pasa ahora?

¿Desde que estás en pareja sos así?

—¿Y qué tiene que ver eso con que no quiera saludarte?

Matías lo miró raro, se dio la vuelta y estaba por irse, pero justo Félix lo agarró de la mano.

—¿Cuál es tu problema, Matías?

Desde lejos, Raúl estaba viendo la escena y empezó a acercarse para saber qué pasaba.

—¿Puedes dejarme en paz?

—dijo Matías.

—Ayer estábamos todo bien, Matías.

A veces no entiendo por qué me tratas mal.

—No te estoy tratando mal, Félix.

Simplemente no estoy de humor.

Es fácil entenderme.

En ese momento Raúl llegó y preguntó: —¿Qué pasa aquí?

Félix soltó a Matías y miró a Raúl.

—¿Y este quién es?

Matías no dijo nada.

Solo empezó a caminar.

—Raúl, vamos —dijo.

Raúl miró de reojo a Félix.

Félix también le devolvió una mirada fuerte.

Luego Raúl se fue detrás de Matías.

Félix se quedó mirando cómo Matías se iba, con Raúl caminando detrás de él.

Enojado, Félix se dio la vuelta y se fue.

Mientras caminaban, Matías pensaba: Ayer acepté salir con Elizabeth y ahora me dice raro porque estoy en pareja… ¿Quién se cree?

Raúl se acercó un poco más y le preguntó: —¿Quién era ese?

—Ah, es un amigo del colegio.

Es súper pesado, ignóralo.

—Si te quiere hacer algo, dime.

Así vemos cómo le pegamos.

Matías se quedó quieto un momento y se rió.

—Naa… Justo en ese momento apareció Virginia.

Raúl corrió hacia ella para saludarla, pero Virginia ni siquiera lo saludó y pasó de largo hasta llegar junto a Matías.

—Hola, Matías.

—Hola —respondió Matías.

Virginia se acercó y le acomodó un poco el pelo.

—Bueno, nos vemos después.

Matías se quedó mirándola mientras se iba.

Raúl se acercó a Matías, como si fuera a decir algo, pero Matías lo interrumpió antes.

—Cállate mejor, Raúl… y vamos a clase.

Matías y Raúl entraron a clase.

Matías fue directo a su lugar y empezó a revisar su mochila.

Como siempre, las amigas de Vanessa se acercaban para sentarse detrás de ella, en el fondo del aula.

Una de las chicas pasó por el lado de Matías, pero él tenía el pie en medio del camino.

—¿Puedes quitar tu pie?

—dijo la chica de mala manera.

Matías levantó la mirada enseguida.

—Está bien… pero podrías decir “permiso”, al menos —respondió con calma.

—Mejor quítate —dijo la otra chica con fastidio.

Matías suspiró, se levantó un poco y dijo: —Pasen.

Las chicas pasaron, chocándolo levemente al hacerlo, y siguieron hasta sus lugares.

Matías no le dio importancia.

Salió otra vez al pasillo y sacó su celular para mirar la hora.

En ese momento llegó la profesora de música.

—Vamos adentro, Duban —dijo la profesora.

Matías guardó el celular y volvió al aula.

Matías se sentó en su lugar y, justo en ese momento, Vanessa llegó y se sentó también.

Matías se volteó hacia ella.

—Hola, Vane.

—Hola, Mati —respondió ella.

En ese momento entró Elizabeth.

La profesora la vio llegar y dijo: —Rápido, Eli, que voy a hablar de algo.

Elizabeth corrió a sentarse en su lugar, justo frente a Matías.

Antes de acomodarse, le sonrió.

—Hola, Matías.

—Holaa —respondió Matías.

La profesora de música miró a toda la clase y empezó a hablar: —Bueno, chicos, les quería proponer algo.

Estoy pensando en organizar un campamento de dos días junto con la profesora de educación física y la profesora de historia.

La idea es hacerlo después del Día del Maestro, que sería en mayo.

Algunos estudiantes empezaron a mirarse entre ellos con curiosidad.

—La idea es que nos vayamos organizando desde ahora.

Cada uno tendría que pagar diez mil guaraníes para poder ir.

La profesora continuó: —También vamos a hablar con el noveno de la mañana para ver si les permiten ir con nosotros, así podemos hacerlo todos juntos, conocernos más y organizar actividades divertidas.

Luego agregó: —Bueno, eso es todo por ahora.

A quienes les interese, pueden acercarse después para ir anotándose.

Mientras más vayamos, mejor será el campamento.

Matías miró a Vanessa y dijo: —Eso sería divertido.

Vanessa negó un poco con la cabeza.

—A mí no creo que me dejen ir.

Elizabeth, que estaba sentada enfrente, se volteó hacia ellos al escuchar la conversación.

—A mí me gustaría ir, pero depende de qué día sea… a veces trabajo.

Matías suspiró un poco.

—¿Eso significa que podrían faltar?

Sería súper mal.

No quiero ir y que no estén ustedes, son con quienes mejor me llevo.

Vanessa lo miró y dijo: —¿Y Gabriela?

Con ella hablabas también.

—Bueno, sí hablamos… pero no tanto.

Creo que fue más al comienzo de clases.

Elizabeth pensó un momento y luego dijo: —¿Y Rumi?

—Claro, Rumi sí.

Si no van ustedes, al menos está ella… aunque hablamos poquito.

—Bueno, la idea es que vayamos todos.

Ojalá les dejen y puedan ir —dijo Matías—.

Y así de paso conocemos a los de la mañana, si es que van con nosotros.

En ese momento, Raúl se acercó un poco a ellos y dijo: —Más vale que vayan todos.

Antes de que pudieran seguir hablando, la profesora los interrumpió desde el frente del aula.

—Saquen sus cuadernos, que voy a dictar.

Todos sacaron sus cuadernos y empezaron a escribir lo que la profesora dictaba.

Las horas pasaban mientras el aula se mantenía en silencio.

Matías resolvía con Elizabeth la tarea que tenían que entregar.

Justo en ese momento sonó la campana del recreo.

Matías levantó la mirada y dijo: —Bueno, casi terminamos.

Vamos en el recreo.

—Dale —respondió Elizabeth.

Luego ambos salieron del aula.

Matías y Elizabeth salieron corriendo hacia la cantina antes de que se llenara.

Matías compró rápido junto con Elizabeth y luego se fueron al fondo a sentarse.

Elizabeth lo miró mientras abría su jugo.

—Siempre comes galletitas saladas y jugo Tilly.

—Sí.

Es que si compro empanada siento que no me llena y después voy a querer más.

Matías dudó un momento y luego agregó: —Bueno… no sé por qué te voy a mentir.

En realidad no compro porque tendría que quitarme el tapabocas para comer bien.

Elizabeth lo miró con curiosidad.

—Si compro el jugo, tomo desde abajo con la pajita.

Y las galletitas bajo un poquito el tapabocas y me las meto rápido en la boca.

Elizabeth asintió.

—Sí, veo que siempre haces eso.

Pero no sé por qué siempre debes usar el tapabocas, Matías.

Eres hermoso.

Matías bajó un poco la mirada.

—Es que… no sé.

Siento que si me lo quito me siento un poco inseguro.

—¿Acaso alguien dijo algo sobre tu rostro?

—preguntó Elizabeth.

—No, no es eso.

Es que simplemente, por ahora, no estoy preparado para venir sin tapabocas.

Siento que me acostumbré estos dos meses.

—Espero que pronto te lo quites —dijo Elizabeth.

—Seguro —respondió Matías mientras metía la pajita por debajo de su tapabocas.

Elizabeth lo miraba con curiosidad mientras él tomaba el jugo.

Matías levantó la mirada y notó que Elizabeth lo observaba con mucha atención.

—¿Tengo algo en la cara o qué?

—preguntó.

—Es que realmente quisiera que te quitaras el tapabocas —dijo Elizabeth.

Matías sonrió.

—Estás sonriendo —dijo Elizabeth—.

Siempre noto que cuando te ríes se te achinan los ojos.

Matías soltó una pequeña risa y pensó: Qué lindo es pasar tiempo con ella.

—¿Sabes algo?

—dijo Matías.

—¿Qué?

—preguntó Elizabeth.

—¿Sabías que sos mi primera novia en estos catorce años de mi vida?

Elizabeth abrió un poco los ojos.

—¿En serio?

No te creo.

—Es en serio —dijo Matías.

Elizabeth sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.

Desde lejos, Félix miraba la escena.

Así que por eso… pensó.

Seguro por eso me trata mal.

Estúpido.

Elizabeth, apoyada en su hombro, le dijo a Matías: —Matías… ¿quién es ese chico que nos está mirando y viene directo hacia nosotros?

Matías estaba mirando a la nada, como siempre, y respondió sin darse cuenta: —¿Qué chico?

—Ese —dijo Elizabeth, separándose un poco de su hombro.

Matías reaccionó y miró hacia adelante.

Era Félix, que se estaba acercando.

La expresión de Matías cambió enseguida.

Se levantó rápidamente justo cuando Félix llegó.

Félix miró a Elizabeth y dijo: —¿Puedo llevármelo un rato?

Es para decirle algo.

—Claro que sí —respondió Elizabeth.

Matías se alejó unos pasos con Félix y le dijo: —¿Qué te pasa?

¿Qué quieres?

—Nada, solo quería preguntarte si querías salir después de que salgas de clases.

—No quiero —respondió Matías, dándose la vuelta para irse.

Pero Félix volvió a agarrarlo del brazo.

—Matías— —¡Basta!

—dijo Matías, medio gritándole—.

¡Déjame, Félix!

Félix, enojado, le arrancó el tapabocas.

En ese momento, a Matías se le vinieron muchas cosas a la cabeza.

Se quedó quieto por un instante, como si su mente se llenara de pensamientos y recuerdos que no entendía.

—¡Dame mi tapabocas!

—gritó—.

¡Déjame en paz, Félix!

Matías le arrebató el tapabocas de la mano rápidamente y salió corriendo.

Elizabeth vio cómo se iba corriendo, sin ponerse el tapabocas todavía.

—¿Qué pasó?

—dijo preocupada.

Se levantó enseguida para ir detrás de él.

Félix se quedó quieto en su lugar, mirando al suelo, pensando en lo que acababa de hacer.

Elizabeth salió corriendo detrás de Matías.

—¡Matías!

¿Qué pasa?

—le gritó.

Matías seguía corriendo sin mirar bien hacia adelante y terminó chocando con Fátima.

—¡Ah!

—exclamaron los dos al mismo tiempo.

En el choque, el tapabocas de Matías cayó al suelo.

Matías se agachó rápidamente para recogerlo, pero Fátima también se agachó al mismo tiempo.

Los dos agarraron el tapabocas a la vez.

En ese momento, Fátima levantó la mirada… y vio el rostro de Matías.

Los dos se quedaron mirándose unos segundos, en silencio.

Matías reaccionó primero.

Bajó la mirada, tomó el tapabocas y se lo volvió a poner rápidamente.

Fátima iba a decir algo, todavía sorprendida.

Pero justo en ese momento Elizabeth llegó corriendo detrás de él.

—¿Qué pasó, Mati?

—No pasó nada —dijo Matías—.

Es que ese chico era un conocido mío y es muy molestoso.

Por eso vine corriendo hacia acá, así me dejaba un rato en paz.

Fátima se rió un poco.

—Me asusté cuando chocaste conmigo.

En realidad pensé que vendrías a hablarme y me paré justo… pero viniste directo —dijo riéndose.

Matías también soltó una pequeña risa.

—Bueno… Eli, Fati, ya vengo.

Iré al baño.

—Está bien —respondieron las dos.

Matías entró al baño y se quitó el tapabocas.

Abrió la canilla y se mojó la cara, intentando calmarse.

Mientras miraba el tapabocas en su mano, pensó: Nunca me había pasado algo así en mi vida… cuando Félix me lo quitó… En ese momento entró Raúl.

Matías lo miró.

Por alguna razón, con él no sentía la necesidad de ocultar su cara.

Se quedaron mirándose unos segundos.

—Raúl… ¿desde cuándo nos conocemos?

—preguntó Matías.

Raúl pensó un momento.

—Pues… desde que tengo memoria, creo.

Desde chiquitos, qué sé yo.

Matías bajó un poco la mirada y pensó: Tal vez por eso con él no me dan ganas de ocultar mi cara… pero con otros me cuesta quitarme el tapabocas.

Luego se secó la cara con su remera.

Raúl lo miró con curiosidad.

—¿De dónde viene la pregunta?

—Nada… nada importante —respondió Matías.

Matías volvió a ponerse el tapabocas.

En ese momento sonó la campana de entrada.

—Bueno, me voy a clase —dijo Matías.

—Está bien, ahí voy —respondió Raúl.

Matías entró a clase y se sentó.

La profesora de ciencias naturales comenzaba a copiar la tarea en el pizarrón, mientras él se quedaba pensativo.

Los demás alumnos iban entrando y acomodándose en sus lugares.

Matías seguía con la mente en otra parte.

Elizabeth se volteó hacia él y le dijo: —Mati, ¿estás bien?

Matías reaccionó: —Claro que sí.

—Él siempre es así —comentó Vanessa, pensando en la nada por un rato.

Matías sonrió ligeramente.

Pasaron las horas mientras copiaban y resolvían la tarea, hasta que sonó la campana de salida.

Matías guardó sus cosas en la mochila y salió del aula.

Justo en ese momento, un compañero chocó con él: —¡Atiende, chovo!

Tu camino… Seguro no me veías con el tapabocas —añadió.

—¿Por qué te lo quitas?

—dijo su compañera Jessica riendose.

Matías se apartó y comenzó a caminar rápido hacia el tinglado.

Mientras lo hacía, su mente se llenó de pensamientos otra vez, como un torbellino que no podía controlar.

Se bajó rápidamente al tinglado, intentando calmarse.

En ese momento, Rumi se acercó a él y su presencia hizo que Matías empezara a relajarse un poco.

—¿Irás al campamento?

—preguntó Rumi.

—Si vas tú, yo voy —dijo Matías—.

Es que no me llevo casi bien con nadie, pero contigo hablo un poco.

Y Elizabeth y Vane dijeron que tal vez no podrían ir.

Matías pensó un momento.

—Tal vez podríamos estar juntos durante el campamento, así no nos sentimos tan solos.

Justo en ese momento se acercó Elizabeth.

Matías le dijo: —Ojalá puedas ir cuando llegue el día del campamento.

—Falta más de un mes —dijo Elizabeth.

—Prácticamente un mes y una semana.

Ya estamos a finales de marzo —respondió Matías.

—Aparte no sabemos si está totalmente confirmado —dijo Rumi.

—Bueno, por las dudas hay que prepararnos —respondió Matías.

—Claro.

Bueno, nos vemos mañana, Eli.

—Y nos vemos mañana, mi Mati.

Bye —dijo Rumi.

Matías se quedó solo con Elizabeth y comenzaron a caminar despacio hacia afuera.

Mientras caminaban, Matías pensaba: ¿Vendrá mi hermano a buscarme o no?

Elizabeth caminaba a su lado, y Matías tomó suavemente su mano.

—Bueno, me temo que iré caminando.

Nos vemos mañana, Eli —dijo Matías.

—Nos vemos —respondió Elizabeth.

Se abrazaron y Matías se fue caminando por un camino diferente, derecho, para no encontrarse con Félix.

Rumi estaba parada en la calle y le dijo a Matías: —¿Desde cuándo vienes por esta calle?

—Siempre hay una primera vez —respondió Matías mientras se alejaba.

Rumi lo observó mientras se iba, y Matías se volteó a mirarla mientras se alejaba.

Al llegar a su cuadra, que lo llevaba derecho hacia su casa, todavía le faltaban más de diez cuadras para llegar.

Justo en ese momento, Félix se detuvo con su auto frente a él.

Matías lo vio venir y decidió ignorarlo.

Corrió hacia atrás y tomó otro camino.

Félix giró rápidamente su auto y lo siguió por el mismo camino.

Al ver que venía rápido, Matías se apartó, y Félix pasó derecho.

Matías corrió hacia atrás otra vez, intentando ganar distancia.

Félix detuvo el auto, se bajó rápidamente y corrió tras Matías, agarrándolo con fuerza.

—¡Déjame en paz, Félix!

—gritó Matías, todo enojado, intentando liberarse—.

¿Qué quieres?

Félix intentó calmarlo: —Calma, Matías… Matías forcejeó para liberarse del brazo de Félix, pero no podía contra su fuerza.

Al final, se resignó.

—¿Qué quieres, Félix?

—preguntó Matías.

—Solo quiero saber por qué me tratas tan mal hoy, Matías Dubán —dijo Félix.

—No estoy de humor hoy… y además andas molestando mucho.

¿Puedes soltarme, por favor?

—replicó Matías.

Félix, que lo tenía apretado desde atrás con fuerza, le respondió: —Te soltaré cuando vayamos en el auto.

Félix empezó a alzarlo y llevarlo hacia el auto.

—Te voy a soltar, pero entra en el auto —dijo Félix mientras lo subía.

—Bueno —dijo Matías resignado.

Félix lo soltó, pero cuando Matías intentó correr, Félix lo agarró de la mochila y lo empujó dentro del auto.

Félix cerró la puerta del auto.

Matías se calmó un poco, se quitó la mochila y la puso sobre su regazo.

Félix se volteó y subió al asiento.

—Está bien —dijo Félix—.

Me da celos verte con Elizabeth.

Sigo enojado hasta ahora, desde que compartiste algo casi igual de máscara con Alex en la fiesta en lugar de usar la mía.

Me gustas mucho, Matías, y lo sabes.

Me hace mal que me hagas esto, que me trates así.

—Pues sabes que a mí no me gustas, Félix —respondió Matías, con voz firme—.

Sé que gustas de mí desde aquella vez que bromeaste diciéndome que me conquistarías, pero ahora estoy con Elizabeth.

No voy a lastimarla.

Y no sé por qué te digo esto, porque ni siquiera me gustás vos.

Además, sigo muy, pero muy enojado por lo que hiciste al quitarme el tapabocas.

—¿Qué tiene que ver la tapaboca, Matías?

—dijo Félix—.

Creás excusas para hacerme sentir mal.

—Creés que te quiero hacer sentir mal, pero por favor, Félix… desde aquel sábado que salimos y hasta ahora andas muy insistente con cada cosa y buscándome.

—Es que… hoy me fui con las ganas de saludarte, Matías, y me trataste mal.

—Sabes que siempre soy así, Félix.

No sé por qué ahora te haces el afectado —respondió Matías, molesto.

Matías abrió la puerta del auto para bajarse.

—Yo sé que sos puto, Matías —le gritó Félix—.

Dejá de fingir estar con Elizabeth para ocultar eso.

Matías se enojó aún más, bajó del auto y le respondió con fuerza: —Que vos seas un puto homosexual de mierda no te proyectes en mí y déjame en paz —dijo, cerrando la puerta con fuerza.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer este capítulo.

Si les está gustando la historia, pueden apoyarla con su Piedra de Poder.

También pueden avisarme en los comentarios si ven algún error.

¡Gracias por acompañar la historia!

♡

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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