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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 17

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  3. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 Chispas Entre Dos Mundos
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17: Capítulo 17: Chispas Entre Dos Mundos 17: Capítulo 17: Chispas Entre Dos Mundos Félix se quedó mirando a Matías mientras se iba corriendo de ahí.

Félix agachó la mirada y dijo: —¿Por qué dije eso…?

Matías, que corría enojado, se detuvo y pasó por la casa de un amigo de su mamá para ir a su cuadra.

Pasó en frente de la casa de su amigo Álvaro.

Matías vio a Gustavo sentado junto con Kevin, Álvaro y Abigail.

Matías corrió y se apoyó en la reja.

—¿Me abren, por favor?

Abigail corre a abrirle.

—Pasá, rápido.

Matías entra, se acerca donde están Gustavo, Kevin y Álvaro, tira la mochila al suelo y dice: —Estoy…

pero muy, muy enojado.

Kevin lo mira.

—¿Y eso?

¿Qué te pasó?

¿Es algo sobre Elizabeth?

—Nooo, no es eso —dice Matías—.

Es que hay un chico que está obsesionado conmigo… bueno, no importa eso.

¿Qué estaban haciendo ustedes?

—Nada —responde Kevin—.

Hace rato vine a tomar tereré con Gustavo porque estoy aburrido en casa, y justo ahora ya me iba.

Luego agrega: —Bueno, ya debo irme, tengo que comprar en lo de Pablo.

—Te acompañamos —dice Gustavo.

—No —responde Kevin—.

Que venga Álvaro conmigo y ustedes espérenme acá, que enseguida volvemos.

—Está bien —dicen.

Kevin y Álvaro se van.

Matías se queda solo con Gustavo.

Gustavo lo mira y le dice: —Contame… ¿qué pasó con ese chico?

—Iré a preparar más tereré —dice Abigail.

—Está bien —responde Gustavo.

Matías suspira un poco y empieza a hablar.

—Bueno… te cuento.

Conozco a ese chico hace unos meses.

Está enamorado de mí desde que me conoce, si no me equivoco.

Es lindo… me trata hermoso, pero… —¿Pero qué?

—pregunta Gustavo.

—Es que ahora estoy con Elizabeth… y con ella estoy bien.

Gustavo lo mira sorprendido.

—¿Salís con una chica ahora?

Yo no sabía… mirá dónde me vine a enterar.

—Sí… salgo con ella hace unos días.

Me dijo que fuera su novio, ya que yo no le contestaba la carta donde me decía que me amaba.

—¿Y por qué no le contestaste?

—pregunta Gustavo.

—Porque realmente no estoy seguro de mis sentimientos.

Gustavo se queda pensativo.

—¿Es porque ese chico te hace dudar… o tal vez te está empezando a gustar?

—No, no y no —responde Matías—.

No me gusta.

Me trata lindo y todo, pero… ¿sabés lo que me dijo hoy?

—¿Qué te dijo?

—Me dijo que soy tremendo homosexual..

me agarró a la fuerza, me metió en su auto y me dijo eso… y también que uso a Elizabeth para ocultar mi orientación.

Gustavo lo mira serio.

—Pero… ¿realmente te gusta Elizabeth?

Matías duda un momento.

—Es que… sí, creo.

Gustavo asiente.

—No te apures en definir lo que sentís, Matías.

Matías baja la mirada.

—Es que Félix me desordena los pensamientos.

—¿En qué sentido?

—pregunta Gustavo.

—En el sentido de que me hace preguntas… que me hacen dudar si realmente la amo a ella.

Gustavo lo mira con seriedad.

—Bueno, Matías… siendo sincero, yo creo que tal vez te gustan los chicos.

Y no lo digo solo por Félix… lo digo por lo que me habías contado de lo que te pasó de chiquito.

Matías se queda en silencio unos segundos y luego responde: —No voy a mentir… tal vez me atraen los chicos.

Pero eso no le da derecho a él ni a nadie a decirme que soy gay.

Y no lo estoy negando… pero si fuera algo, estoy seguro de que sería bisexual antes que gay.

Hace una pausa y suspira.

—Aparte, no me gusta estar en un cuadro de “atrracción sexual” donde sí o sí tenés que explicar qué sos.

Puede gustarte quien te guste sin tener que definirte.

Gustavo lo escucha atento.

—Si conozco a alguien, chico o chica o lo que sea, y si me gusta ami qué me importa, No deberían la gente tener que definirte en algo solo por cómo sos.

Matías baja un poco la mirada.

—Eso de que el comportamiento, los colores o la ropa tengan género me parece absurdo… son solo cosas.

Suspira profundamente.

—Bueno… ya me desahogué —dice Matías, soltando un poco el aire—.

Y eso que dijiste de lo que pasó cuando era chico… tampoco me define.

Era muy chico para saber, creo.

Gustavo se ríe levemente.

—Bueno… eso ya lo sabrás vos.

Matías lo mira con curiosidad.

—¿Y cómo supiste vos que te gustaban los chicos?

Gustavo se encoge de hombros.

—Simplemente lo supe.

Me empezó a gustar uno… era mayor.

Yo era más chico que vos cuando me di cuenta.

—Eso está bueno —dice Matías.

Gustavo lo mira y pregunta: —Entonces… ¿qué te considerás?

Matías se queda pensando unos segundos.

—Pues… mi respuesta sería que si algún día me llega a gustar un chico o chica o lo que sea… y si a mí me gusta, ¿por qué no intentar?

Todos hacen las cosas cuando algo les gusta.

En ese momento llega Abigail con el tereré.

—Ya traje más —dice.

Matías la mira y luego agrega: —Nadie anda probando cosas que no le gustan… uno busca lo que le gusta.

Pero bueno… la gente siempre quiere ponerle nombre a todo.

—Bueno, eso es cierto —dice Abigail.

Matías le sonríe.

—Claro.

En ese momento llegan Kevin y Álvaro.

Kevin se acerca, se sienta junto a ellos y dice: —¿De qué hablan?

Gustavo, mirando hacia el frente, suelta: —Me gustaría ir a la iglesia este domingo.

—Sería lindo eso —dice Matías.

Kevin hace una cara incómoda.

—¿No creés que todos te mirarían mal?

Gustavo se encoge de hombros.

—¿Qué me importa lo que digan los demás?

—Sería bueno verte en la iglesia —dice Matías.

Kevin mira mal a Matías.

Matías lo ignora.

Y los cuatro siguen tomando tereré.

Al día siguiente.

Matías estaba sentado en el recreo en el fondo, solo.

Miraba a la nada mientras sostenía su jugo.

Virginia se acerca sola y le dice: —¿Por qué tan solo, Matías?

—Hola, Virginia… bueno, en realidad hoy la tarea fue muy estresante.

Estoy esperando a Elizabeth, que dijo que vendría, pero ya pasaron varios minutos.

Virginia se acomoda la pollera de atrás para sentarse y se sienta al lado de él.

—Yo vi a Elizabeth con Raúl.

—Ahh… seguro por eso no vino aún —dice Matías.

Se voltea a ver a Virginia.

—Qué lindos ojos tenés, Mati —dice ella.

—¿En serio?

El tuyo es más lindo —responde Matías.

Los dos sonríen.

—Siento que ya te vi en alguna parte de mi vida… creo que de chiquito —dice Matías.

—¿Será?

—responde Virginia.

Virginia levanta lentamente su mano para quitarle el tapabocas.

Matías mira cómo su mano se acerca a su cara… y se deja.

En ese momento, Elizabeth viene con Raúl y se acerca riéndose.

—Raúl… Virginia… ¡acá estabas!

Matías se levanta.

—Por fin venís.

Elizabeth se ríe.

—Es que este molestaba mucho —dice señalando a Raúl.

Raúl mira a Virginia y le dice: —Vamos un rato a comprar algo.

—Ay no… —responde Virginia y se va.

Y Raúl va detrás de ella.

En el lugar ya no queda nadie sentado.

Matías se queda solo con Elizabeth.

Se acerca un poco y le agarra suavemente el brazo.

—Vamos a caminar un rato.

Elizabeth asiente y los dos se van hacia el fondo del colegio, donde casi no hay nadie.

Caminan esquivando ramas rotas, saltando algunas mientras avanzan.

—¿Qué hacemos acá?

—pregunta Elizabeth.

Matías mira alrededor.

—Los del colegio hoy no tienen clase… El lugar estaba muy silencioso.

Matías se queda en silencio y levanta la mirada hacia el cielo, escuchando el sonido de los pájaros.

Lentamente se quita el tapabocas y suspira, dejando que el aire libre le toque la cara.

Elizabeth lo mira con atención mientras él sigue mirando hacia arriba.

Se acerca un poco más.

Matías baja la mirada y la ve directamente.

Se pone nervioso y pensativo.

“¿Me quiere besar?

¿Qué hago…?

No estoy preparado…” Su mente se llena de pensamientos.

De repente pisa unas ramas viejas.

—¡Ah!

—se asusta Matías.

Elizabeth se ríe.

—Cuidado —le dice, sonriendo.

Mientras tanto, en otra escuela… Milagro estaba sentada en el recreo, mirando a la gente.

“Esta escuela católica de mierda… quiero irme de aquí lo antes posible.

Malditos mis padres que me mantienen en esta escuela… estoy tan harta”, pensaba.

En eso, se acerca su amiga Ara.

—¿Qué te pasa, Milagro?

Andás muy pensativa.

Milagro la mira.

—Sabés que esta escuela es de lo peor, ¿verdad?

—Sí… —responde Ara, sentándose a su lado—.

Pero sabés qué podría hacer que sea mejor… Milagro la mira con curiosidad.

—Yuri volvió a la escuela.

Ara sonríe un poco.

—Es un milagro… como tu nombre.

Milagro sonríe levemente.

—¿En serio?

No lo vi desde la última vez… en la fiesta.

¿Dónde está?

—Te está esperando atrás de nuestra clase, en el pasillo —responde Ara.

Milagro se levanta, se acomoda el pelo y la pollera.

Sin decir nada más, empieza a caminar.

Ara la mira irse y sonríe.

—Esto se va a poner interesante… Milagro no pudo aguantar más y corrió hacia la parte de atrás de la escuela.

Allí lo vio.

Yuri estaba apoyado en la pared del pasillo.

Milagro se acercó corriendo y lo abrazó con fuerza.

Luego le agarró el rostro con las manos y le dio un beso.

—¿Por qué no venías, amor?

—le dijo, dándole otro beso—.

Te extrañé tanto… te necesitaba.

Yuri bajó un poco la mirada.

—Mis padres se enteraron de que me escapé de casa para ir a la fiesta.

Me castigaron, me quitaron el celular… y por eso no quise volver a la escuela.

Perdón, mi amor.

—Eso no importa —dijo Milagro—.

Me preocupabas.

Pensé que no ibas a volver… —Sabés que jamás te abandonaría —dijo Yuri.

—¿Te atraparon en la fiesta entonces?

Yuri asintió.

—Si… cuando llegó la policía vos te fuiste con tus amigos hacia adentro.

A mis amigos los agarraron y dijeron que iban a llamar a sus padres.

Yo fui atrás de ustedes, pero ya no te encontré… y me atraparon.

Llamaron a mi papá… me pegó.

Fue horrible.

Milagro lo mira triste.

—Perdón por meterte en ese problema… —No pasa nada —respondió yuri suavemente—.

Ya estamos acá.

Voy a venir por vos todos los días.

Yuri le agarró el brazo y empezó a acariciarla por debajo de la manga de la campera.

La expresión de Milagro cambió de repente.

Se apartó rápido.

—¿Qué pasa?

¿Por qué apartás la mano?

—pregunta Yuri.

Milagro duda un segundo antes de responder.

—Pensé que te había pasado algo… y con lo de mi papá y la escuela, ya sabés… necesitaba distraerme.

Yuri toma suavemente su brazo y levanta la manga de la campera.

Se queda mirando en silencio.

—¿Esto es por mi culpa?

—No, amor… no es por vos.

Sabés que a veces hago esto… Yuri niega despacio.

—No quiero que te lastimes otra vez.

Su voz se quiebra un poco.

Milagro se acerca.

—Ey… no llores.

Le acaricia la mejilla y le da un beso.

En ese momento, una voz corta el momento.

—Qué escena tan lindo, ¿no?… Las dos se separan de golpe.

La directora estaba ahí, observándolas.

Detrás, Ara miraba sorprendida.

—A dirección.

Las dos.

En la dirección.

—No es la primera vez que pasan estas cosas, señoritas.

El año pasado ocurrió lo mismo: ustedes dos en el baño durante el recreo… y ahora, detrás de su salón.

La directora suspira.

—Gracias, señorita Ara, por avisarme.

—De nada —dice Ara, sonriendo, como si disfrutara la situación.

Milagro la mira con enojo.

—Sos una estúpida hipócrita.

—¡Ese vocabulario no en mi oficina!

—dice la directora con firmeza—.

Y vos lo sabés muy bien, Milagro.

En ese momento suena la campana que indica el fin del recreo.

—Voy a tener que llamar a tus padres.

Milagro la mira furiosa, sin decir nada.

De repente, una profesora entra apurada.

—Directora, los chicos de séptimo grado se están peleando en clase.

Por favor, vengan.

La directora se levanta de inmediato.

—Ustedes dos se quedan acá.

Sale rápidamente de la oficina junto con la profesora.

Ara se levanta y sale detrás de la directora.

Milagro se queda en silencio unos segundos y luego mira a Yuri.

—Te van a castigar muy feo… —dice Yuri, preocupada—.

Te pido que no te hagas más nada, por favor.

Milagro baja un poco la mirada.

—Ojalá no llamen a mis padres… Yuri, tengo miedo.

Aprieta los puños.

—Maldita sea… la perra de Ara… no entiendo cuál es su problema.

La detesto tanto.

Yuri la observa.

—¿Por qué habrá hecho eso?

—No lo sé —responde Milagro—.

Tiró a la basura nuestra amistad de dos años… pero no entiendo por qué.

Mientras tanto… Matías y Elizabeth estaban sentados hablando cuando, de repente, suena la campana que indica el fin del recreo.

—Vamos —dice Matías, levantándose.

Le da la mano a Elizabeth para ayudarla a levantarse y los dos empiezan a caminar hacia el salón.

Al llegar frente a su aula, Matías se detiene.

—Voy a comprar algo para tomar.

—Está bien, yo voy entrando a clase —responde Elizabeth.

—Bueno.

Elizabeth entra al salón y Matías se da la vuelta, caminando hacia la cantina.

Compra un jugo Tilly y, cuando la señora le pregunta si quiere algo más, se queda mirando las empanadas.

“Quiero comer… pero tendría que quitarme el tapabocas”, piensa.

Duda unos segundos.

—Bueno… dame una empanada de jamón y queso.

Paga y se va rápido.

Camina hasta el fondo de la escuela .

El lugar estaba completamente vacío.

Se sienta tranquilo, se quita el tapabocas y empieza a comer mientras mira hacia el patio.

Detrás de él, sin que se dé cuenta, Meilyn se acerca en silencio.

Se queda mirándolo mientras come, sin decir nada.

Matías termina de comer, se limpia la boca, toma un poco de jugo y vuelve a ponerse el tapabocas.

En ese momento, siente una mano en el hombro.

—¿Tan apurado comiendo, eh?

Matías se asusta y se voltea de golpe.

—¿Estuviste todo el tiempo ahí?

—Lo suficiente para verte comerte toda tu empanada —dice Meilyn.

—Ay no… qué vergüenza —responde Matías.

Se levanta rápido.

—Debo irme a clase, vamos.

—Vamos —dice ella, caminando con él.

Mientras avanzan, Meilyn le pregunta: —¿Por qué comías tan rápido?

—Porque ya era la hora de entrar y tenía que quitarme el tapabocas… y no quería hacerlo en clase, así que vine a comer al fondo.

Meilyn lo mira.

—Es fácil quitártelo.

—Créeme que no —dice Matías.

Llegan cerca de las aulas.

—Bueno, nos vemos —dice Matías.

Y se va corriendo hacia su salón.

Meilyn se queda mirándolo irse y suelta una pequeña risa.

—Qué raro es este… Luego entra a su clase.

Mientras tanto… La directora entra nuevamente a la oficina, esta vez con un chico.

—Sentate ahí atrás —le dice.

El chico obedece en silencio.

—A tus padres también voy a llamar.

¿Cómo vas a pegarle a tu compañero?

—dice la directora con firmeza.

—Él empezó… —responde el chico, mirando hacia abajo.

Milagro lo observa en silencio.

—Por Dios, estos chicos… —murmura la directora mientras toma unas hojas y sale un momento de la oficina.

Apenas se va, Milagro se gira hacia él.

—¿Por qué se pelearon?

El chico tarda un segundo en responder.

—Me llamó “puto”… y me tiró mis cosas.

Se estaba haciendo el importante frente a las chicas… y me cansé.

Hace una pausa.

—Era mi amigo… pero creo que le importa más la atención que nuestra amistad.

Milagro lo mira fijamente.

—¿Creés que valió la pena pegarle?

—Bastante —responde él sin dudar.

Luego el chico las mira a ambas.

—¿Y ustedes por qué están acá?

Milagro suspira.

—Por la soplona de mi “amiga”.

Se queda pensando un segundo.

En ese momento, la directora vuelve a entrar.

—Sus padres ya están afuera.

Justo después, suena el timbre de salida.

Se escuchan pasos y voces en los pasillos mientras todos empiezan a formar filas.

—Vayan a formar.

Los espero a los tres en la salida para hablar con sus padres —dice la directora.

Los tres salen de la oficina, van hasta sus salones, agarran sus mochilas y vuelven a salir.

Milagro se acerca a Yuri.

—No te metas, ¿okey?

Yuri la mira preocupada.

—¿Qué vas a hacer?

—Vos solo andá a formar con tu fila —responde Milagro.

Milagro se va a formar en su fila.

Más adelante, ve a Ara al inicio de la fila.

Se queda mirándola unos segundos.

“No dudes… se lo merece.

No es la primera vez que me hace esto”, piensa.

De repente, tira su mochila al suelo.

Un compañero la mira sorprendido.

—¿Por qué tirás tu mochila?

Milagro no responde.

Sale de la fila y camina directo hacia ella.

La agarra del brazo.

—Hei, Ara… Y sin darle tiempo a reaccionar, le da una cachetada fuerte….

REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer la historia.

Si te gustó, me ayudaría mucho tu “piedra de poder ¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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