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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 Un día mil consecuencias
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18: Capítulo 18: Un día, mil consecuencias 18: Capítulo 18: Un día, mil consecuencias Ara se da vuelta y Milagro la agarra de golpe, dándole una cachetada fuerte frente a todos.

El sonido seco resuena en el patio.

Todos se quedan mirando, congelados.

El chico que estaba en dirección con ella empieza a sonreír al ver la escena.

La directora se acerca enseguida.

Pero Milagro no se detiene.

La empuja y la tira al piso.

Se sube encima de ella y comienza a darle varias cachetadas seguidas, sin parar.

Ara intenta cubrirse con los brazos, tratando de defenderse.

De pronto, logra responder y le da una cachetada fuerte en la boca a Milagro.

-¡Basta, basta!

-grita Yuri, corriendo a agarrar a Milagro por la cintura para separarla.

La directora levanta a Ara del piso, sosteniéndola por los hombros.

En ese momento entra el papá de Milagro.

La agarra fuerte del brazo y aparta a Yuri de un empujón.

Milagro se toca el labio y, con la respiración agitada, le grita a Ara: -¡Perra de mierda, sos una doble cara!

¡Me tenías podrida!

La directora levanta la voz: -¡Cállense las dos!

Las separa a cada una hacia un costado.

Luego mira a los alumnos y dice con firmeza: -Quiero que salgan en filas, como siempre.

Ya.

Los chicos empiezan a moverse despacio, en silencio, mirando de reojo lo que acaba de pasar.

El aire se siente pesado.

Cuando todos los alumnos salen afuera, quedan solo la directora, Ara, Milagro con su papá y Yuri al lado.

El papá de Milagro habla primero, con tono firme: -Vi todo.

¿Cómo vas a atacar así a tu mejor amiga?

-Ex -responde Milagro, seca.

Yuri intenta decir algo, pero el padre la interrumpe de inmediato: -Vos callate.

Bastantes problemas ya le trajiste a mi hija.

Tuve que salir del trabajo para venir a ver qué estaba pasando con ustedes dos.

-Pero, por favor, señor -responde Yuri-, besarse no es un delito.

No estábamos haciendo nada malo.

-¡Callate!

-le grita-.

A mi hija no la ves más.

Directora, por favor, no permita que se junte con ella otra vez.

Siempre le trae problemas.

Luego mira a Milagro: -Disculpate con tu amiga, Araceli.

Ara la mira con una leve sonrisa.

Milagro aparta la mano de su padre, se acerca a Ara y le dice en voz baja: -Jamás te voy a pedir perdón.

Después se da la vuelta y sale corriendo.

Yuri duda un segundo y corre detrás de ella.

El padre suspira, molesto: -Si la madre quiere hacer una queja, me hago cargo.

Ya me voy, directora.

Gracias por avisar.

Yo me encargo de mi hija.

Y quiero que se le informe a la madre de Yuri…

o que tomen medidas.

No quiero verla cerca de mi hija.

-Sí, por favor -dice Ara-.

Ella me pegó porque seguro Yuri le dijo algo.

Milagro jamás me haría eso por sí sola.

-Déjeme, yo me encargo -responde el padre, antes de salir.

Milagro estaba afuera, frente al auto de su papá, llorando.

Yuri se acerca y le dice: -No tendrías que haber hecho eso, Mila…

tu papá te va a castigar feo.

-Es que Ara se lo merecía -dice Milagro, entre lágrimas-.

Ya hizo muchas cosas…

pero esto…

esto ya fue demasiado.

Tiró nuestra amistad a la basura.

La perdoné una y mil veces…

es una…

no sé qué -dice, llorando de nervios.

Yuri la agarra y la abraza fuerte.

-Está bien, amor…

no llores -le susurra.

Milagro llora más fuerte sobre su hombro.

Luego entreabre los ojos…

Y ve a su papá acercándose.

Milagro se suelta del abrazo de Yuri justo cuando su papá se acerca.

-Tenemos mucho de qué hablar -dice él, serio.

-Yo no quiero hablar con vos -responde Milagro.

Sin dudar, su padre le da una cachetada.

Luego la agarra del brazo con fuerza y la arrastra hacia el auto.

-¡Soltala!

-grita Yuri, agarrando el brazo de Milagro desde atrás.

-A mí no me vas a decir qué hacer -responde el padre con dureza-.

Todo esto empezó por tu culpa.

Alejate de mi hija.

Abre la puerta del auto y mete a Milagro a la fuerza.

Después la cierra de un golpe seco.

Sin mirar atrás, rodea el auto y se sube.

El auto arranca.

Milagro intenta abrir la puerta, pero su papá la había trabado.

Desesperada, se pone de rodillas en el asiento y mira por el vidrio trasero cómo se va alejando…

dejando a Yuri atrás.

Afuera, Yuri empieza a correr detrás del auto.

-¡Milagro!

Desde adentro, Milagro la ve correr.

-Papá, pará, por favor -dice, angustiada.

Pero su padre no le hace caso.

Dobla en una esquina…

y Yuri sigue corriendo sin parar.

Yuri corre cada vez más rápido, intentando alcanzarlos…

pero el auto gira en otra cuadra y lo pierde.

Aun así, no se detiene.

Sigue corriendo…

hasta que tropieza con una piedra y cae al asfalto de la calle vacía.

-Todo esto es mi culpa…

-murmura entre lágrimas.

Su mente se llena de pensamientos, todo se vuelve confuso a su alrededor.

Un chico se acerca corriendo.

-Yuri, levantate…

salí del medio de la calle, por favor.

La voz le llega lejana…

como si estuviera muy lejos.

Yuri apenas la escucha.

-Yuri…

¿me escuchás?

Por favor…

Yuri vuelve en sí.

Empieza a escuchar bocinas, autos intentando pasar, voces a su alrededor.

Reacciona de golpe y se levanta rápido.

Se gira…

y lo ve.

-Benjamín…

Su hermano la agarra del brazo y la aparta hacia la vereda.

-¿Estás bien?

¿Qué te pasó?

-dice, preocupado.

Yuri lo mira, todavía con lágrimas en los ojos.

-Ay, Benjamín…

Se acerca y lo abraza fuerte.

Él la abraza fuerte.

-Vamos a casa, Yuri…

Mientras tanto…

-Por favor, necesito que salgan a formar la fila en el tinglado.

Vamos, novenos.

Todos empiezan a salir en filas desde el aula.

Matías va junto a Rumi y Elizabeth.

-Imaginate que vayamos al campamento y aparezca el pombero…

-Ay, qué miedo -dice Rumi, riéndose.

Los tres se ríen entre ellos mientras se dirigen a formar la fila.

Forman la fila, y Matías queda al lado de la de sus compañeras.

Se inclina un poco y le susurra a Rumi: -Nos vemos mañana.

-Sí -responde ella.

Todos empiezan a salir en fila.

Afuera, Matías se despide de Rumi.

-Chau -dice, mientras se aleja.

Matías sigue saludándola con la mano, y Rumi se ríe, devolviéndole el saludo.

Elizabeth se acerca.

-Bueno, nos vemos, Mati -dice, y lo abraza fuerte-.

Te amo, mi amor.

Matías se queda quieto al escuchar eso.

Elizabeth se aleja rápido y sube a su transporte.

-Uh…

“amor”…

es una palabra muy directa de otra persona hacia mí…

me encanta -piensa Matías, sonriendo.

Luego mira alrededor, buscando a su hermano.

No lo ve.

Así que empieza a caminar solo.

Mientras Matías iba caminando, le empiezan a llegar muchas notificaciones al celular.

Al principio las ignora, pero como no dejan de llegar, saca el celular del bolsillo.

-¿Qué pasa ahora…?

-murmura.

Ve un chat desconocido.

Entra.

El mensaje dice: “Hola, Mati.

Soy José.

No nos vimos hace mucho, desde aquella juntada a la que viniste por primera vez.

Te escribo para avisarte que Benjamín, hermano de la novia de Milagro, quiere que vayas con Félix.

Te está esperando en tu cuadra, porque está pasando algo con Milagro.

Te aviso yo porque a Félix le da un poco de cosa escribirte…

ya sabés, por lo que pasó entre ustedes.

Bueno, eso.” Matías guarda el celular y sale corriendo hasta su cuadra.

Al llegar, ve el auto de Félix estacionado frente a la casa de Kevin.

Se acerca rápido y golpea la ventana.

Félix baja el vidrio.

-Subite -dice.

Matías abre la puerta, entra y la cierra.

Félix arranca de inmediato.

-¿Qué pasa?

José me escribió…

dijo que algo pasó con Milagro.

Nombró a Benjamín…

no entiendo nada -dice Matías, agitado.

Félix mira al frente mientras maneja.

-A mí me avisó un amigo que tengo en la escuela donde va Milagro.

Se peleó con una amiga…

mal.

El papá se la llevó a la fuerza.

Matías se queda pensando unos segundos.

-Y Benjamín…

-continúa Félix- es el hermano de Yuri.

Yuri es la novia de Milagro.

Matías procesa lo que escucha en silencio.

-Seguro Milagro le contó a Yuri algo sobre vos…

y ahora Yuri quiere que vayamos a la casa de Milagro.

-¿Para qué?

-pregunta Matías.

Félix aprieta el volante.

-Porque cuando ella está así…

se lastima.

Y con el padre que tiene…

peor.

Matías traga saliva.

-¿Y qué se supone que hagamos?

-Estar ahí -responde Félix-.

El padre ya sabe que siempre aparecemos cuando pasa algo así…

nos va a estar esperando.

Hace una pausa.

-Y la madre es muy religiosa, igual que él.

No nos va a decir nada…

mientras no hagamos lío.

Le importa mucho lo que piensen los demás.

Félix lo mira de reojo.

-Además, vos sos nuevo para ellos…

todavía no saben quién sos.

Llegan a la casa de Milagro.

Félix frena, y los dos bajan rápido del auto.

En la vereda ya estaban José, Sebastián y Alondra.

Matías se acerca, todavía agitado.

-Aún no entiendo bien qué está pasando…

o sea, sí, pero igual me siento confundido -dice, mirando alrededor-.

¿Y Alex?

¿Por qué no está acá?

Alondra suelta una leve risa.

-Ay, Mati…

faltan muchas cosas que todavía no sabés.

Matías la mira, sin entender del todo.

Félix da un paso al frente y aplaude fuerte frente a la casa de Milagro, como para que alguien salga.

Dentro de la casa de Milagro…

Milagro seguía llorando en su cama.

Su papá no dejaba de gritarle: -Eres una inútil.

No entiendo por qué siempre tienes que traernos problemas.

-Basta…

por favor…

-murmura Milagro, con la voz quebrada.

Lo mira con una mezcla de dolor y bronca.

El padre levanta la mano, furioso…

En ese momento se escuchan aplausos afuera.

Se queda quieto un segundo, molesto.

Camina hacia la ventana, mira y dice en voz baja: -No puede ser…

Sale de la habitación de golpe.

La madre se queda en la puerta, mirando a Milagro sin saber qué hacer.

-Alejate de mí -le grita Milagro.

Le cierra la puerta en la cara.

El silencio cae de golpe.

Milagro se queda sola en su habitación, respirando agitada, con lágrimas cayendo sin parar.

Milagro se acerca al cajón y lo abre despacio, con la mano temblando apenas.

Saca la navaja pequeña, la sostiene un momento en la palma, sintiendo el peso frío del metal.

La mira fijamente, el filo brillando bajo la luz tenue de la habitación.

Se la pone en el brazo, la punta rozando la piel.

Respira profundo, cierra los ojos con fuerza, apretando los párpados hasta que duele.

La presión aumenta un poco más, pero aún no corta.

Solo se queda ahí, el corazón latiéndole fuerte en el pecho, el silencio de la habitación envolviéndola.

Milagro se queda quieta.

Respira agitada, con lágrimas cayendo sin parar.

En su mente, una voz…

-Por favor…

no te lastimes más.

La voz de Yuri.

Cierra los ojos con fuerza.

Otra voz aparece.

-Siempre hay otras cuadras que tomar…

no tenés que seguir la misma.

Matías.

Milagro tiembla.

Aprieta la mano…

y de repente la suelta.

La navaja cae al suelo con un sonido seco.

Mientras tanto, afuera…

El papá sale y los mira.

-¿Qué quieren, chicos?

-Quiero ver a Milagro -dice Matías directamente.

Antes de que alguien más responda, todos se quedan mirándolo.

-Ella no está -responde el padre.

Matías sostiene la mirada.

-Sí está, señor.

La vi en la escuela.

Me enteré de que se peleó con su amiga…

y sé que ella se siente muy mal cuando pasa eso.

Vinimos a verla, para apoyarla.

El padre se queda en silencio unos segundos.

-Está bien.

Pasen.

Está en su pieza, llorando…

por favor, cálmenla.

Matías lo mira de reojo y entra.

Los demás lo siguen.

La madre está sentada en la mesa.

Levanta la mirada y observa cómo los chicos entran y suben las escaleras.

El padre se dirige a la cocina.

-No sé cómo estos chicos se enteran tan rápido de todo lo que pasa cuando Milagro se siente mal…

-Por favor, Luciano, déjala por hoy -dice la madre con calma-.

No sabemos qué pasó entre ellas para llegar a esto.

El padre aprieta la mandíbula.

-Nuestra hija se besó con una chica.

Está saliendo con esa Yuri…

es una mala influencia.

Se peleó, y ahora no quiere ir más a la iglesia.

No le falta nada…

¿y así nos paga?

La madre lo mira con seriedad.

-Por hoy quiero tranquilidad, amor.

Déjame hablar con ella, ¿sí?

El padre suspira.

-Está bien…

Matías golpea la puerta.

-Déjame en paz, Luciano -grita Milagro desde adentro.

-Soy Matías…

abrime.

Se hace un silencio.

Enseguida, la expresión de Milagro cambia.

Se levanta de la cama y corre a abrir la puerta.

Apenas abre, todos entran.

Milagro abraza a Matías con fuerza.

Félix, mientras tanto, mira al suelo.

Ve la navaja y se acerca.

La levanta y la guarda en su bolsillo.

-No quiero ver esto en tu pieza -dice en voz baja.

Milagro se seca las lágrimas.

-¿Cómo se enteraron tan rápido de todo esto, chicos?

-De nosotros no se escapa nada -dice Sebastián.

Eso le saca una pequeña risa.

Todos se sientan en la cama.

-En serio…

me alegra verlos a todos acá.

Pero díganme…

¿cómo supieron?

José responde: -Me hablaron Benjamín y Yuri.

Me dijeron que les avisara a todos…

porque sabían que ibas a necesitarnos.

Matías se acerca un poco y le toca el labio a Milagro.

-Ay…

-se queja ella.

-Ganaste vos, seguro -dice Matías.

Milagro sonríe levemente.

-Obvio.

Alondra interviene: -¿Qué pasó?

¿Por qué te peleaste?

Milagro suspira.

-Mi supuesta mejor amiga me delató…

estaba con Yuri atrás de mi clase y avisó a la directora.

Nos vio, y bueno…

Hace una pausa.

-Había un chico que también se había peleado.

Dijo que le pegó a su amigo porque era un mal amigo…

y no sé…

me quedó eso en la cabeza.

Levanta la mirada, todavía con enojo.

-Y me dejé llevar.

Tenía tanta bronca que la terminé golpeando…

Silencio.

-Y como dijo ese chico…

valió la pena.

Félix habla primero: -Te van a castigar feo…

espero que tu papá no te haga nada.

Milagro baja la mirada.

-Me iba a pegar…

y llegaron ustedes.

Hace una pausa, respira hondo.

-Me siento muy mal, chicos…

y peor que Yuri no sabe nada.

No puedo avisarle, papá me sacó el teléfono…

Encima recién hoy la volví a ver.

La última vez que hablamos fue la semana pasada…

y la penúltima vez que nos vimos fue en la fiesta de máscaras…

ay no…

Sebastián la mira.

-¿Qué vas a hacer?

Milagro se levanta de golpe.

Agarra su bolso, abre el ropero y empieza a meter ropa sin pensar demasiado.

-Lo de siempre.

Irme a lo de mi abuela cuando mi papá se pone insoportable.

Sigue guardando cosas rápido, cierra el bolso y se lo cuelga.

-Llevame, Félix.

Matías la mira, preocupado.

-¿Y tus papás qué van a decir de esto?

Félix se levanta con calma.

-No es la primera vez.

Cuando se enoja con su papá…

se va con su abuela.

-Vamos -dice Milagro.

Todos bajan de las escaleras.

Su papá la mira y dice: -¿A dónde vas?

Milagro sale sin decir nada.

Y todos salen atrás de ella.

La mamá dice: -Déjame, iré a hablar con ella.

La mamá corre junto a Milagro.

Y todos se quedan quietos en la vereda, mirándola acercarse a Milagro.

La mamá le dice: -Milagro, ve tranquila…

salúdala de paso.

Como si supiera que irá a la casa de su abuela Le agarra la mano y le da su celular.

Milagro la mira y la abraza.

Abre el baúl del auto, mete su bolsa y, sin mirar a su mamá, se sube.

Todos empiezan a subir.

Matías queda afuera, siente pena por la mamá al verla.

La mira, le sonríe y luego se va.

Se sube en el regazo de Milagro, cierra la puerta.

Y su mamá se queda viendo cómo el auto se aleja…

REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer la historia.

Si te gustó, dejá tu “Piedra de Poder” y un comentario.

Nos vemos en el próximo capítulo.

♡

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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