MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 Hay algo que no encaja
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19: Capítulo 19: Hay algo que no encaja 19: Capítulo 19: Hay algo que no encaja Dos semanas después.
24 de abril.
Matías estaba acostado boca abajo en su cama, escribiendo en el diario de Elizabeth, el cual se había quedado con él.
-Ya va casi un mes desde que estamos juntos…
-murmura mientras escribe.
Se queda pensando unos segundos…
y vuelve a escribir, llenando las hojas con cosas lindas.
Hace una pausa.
-A ella le gusta Miraculous…
a mí también -dice en voz baja-.
Ya sé qué puedo decirle.
Empieza a escribir de nuevo, más decidido.
Después de unos minutos, sonríe.
-Listo.
Cierra el cuaderno con cuidado, se levanta y lo guarda en su mochila.
-¡Ya estoy, mami!
-dice desde su habitación.
-Bueno, si ya estás, vamos que te llevo -responde Rodrigo.
-Dale.
Matías toma su mochila y sale.
Minutos después, ya iban camino a la escuela.
Matías se baja de la moto y entra a la escuela.
Mira a su alrededor.
En un rincón, Virginia estaba sentada sola, escribiendo.
Se acomoda la mochila y se acerca por detrás.
Se queda unos segundos mirándola desde arriba.
Virginia levanta la vista, ve su cara y sonríe.
-Hola, Mati.
-Hola, mi vida -responde Matías, sentándose a su lado.
-¿Qué hacés tan temprano por acá?
-pregunta Virginia.
-Lo mismo me pregunto yo -responde Matías.
Virginia sonríe.
-Vine temprano porque mis papás salieron…
y de paso hago la tarea de hoy.
¿Y vos?
-No sé…
vine temprano porque sí.
-¿Viste que faltan pocos días para el Día del Profesor?
No vamos a tener clases normales.
-¿En serio?
-dice Matías-.
Ay, mejor.
Virginia se ríe.
-Sí…
va a ser más como celebración.
Después vendrá la olimpiada, aunque falte mucho.
-En mi otra escuela casi nunca hacían eso…
pero espero disfrutar este año.
Virginia lo mira con una sonrisa.
-Tal vez deberías postularte como rey cuando llegue el día.
-¿Por qué?
-pregunta Matías.
-No sé…
sería lindo verte ahí.
Pero tendrías que sacarte ese tapabocas -dice-.
Y aparte, me prometiste que lo ibas a hacer…
y todavía no cumpliste.
Matías la mira.
-Lo hago el Día del Profesor.
Promesa de meñique.
Virginia levanta la mano.
-Promesa de meñique.
Matías se levanta.
-Nosotros tenemos campamento dentro de una o dos semanas, creo.
La profe no dio una fecha exacta…
pero se supone que hoy debe avisar.
Bueno, me voy a mi clase.
Nos vemos en el recreo, Virgi.
-Nos vemos -dice Virginia, levantándose.
Ambos se separan y van directo a sus respectivas clases.
Desde uno de los salones, una chica sale y los observa mientras se alejan.
Matías, a mitad de camino, se da vuelta por un momento.
La chica reacciona rápido y vuelve a entrar a su salón.
Pasan las horas.
Todos estaban sentados en el salón, haciendo la tarea.
Matías estaba, como siempre, al lado de Vanessa.
Frente a él, Raúl, y al lado, Elizabeth.
Elizabeth se acerca un poco y le dice en voz baja: -¿Me vas a dar mi diario hoy?
Matías sonríe.
-Obvio que no…
debo escribir más.
-Dale…
-dice Elizabeth, estirando la mano-.
Pero dale, Matiaaas.
En ese momento, suena la campana del recreo.
Matías abre su mochila, saca el diario y la mira.
-Vamos.
Ambos se levantan rápido y salen del salón.
-Vamos al fondo -dice Matías mientras caminan.
-Dale.
Caminan unos segundos.
-Escribí varias cosas en tu diario…
cosas que siento que tal vez te gusten -dice Matías-.
Pero hay algo en específico que creo que te va a gustar más.
-¿Puedo leerlo ahora?
-No.
Se detienen en el fondo, debajo de un árbol grande.
Matías levanta el diario.
-Está acá…
pero quiero que lo leas en tu casa, no ahora.
¿Ok?
Elizabeth, un poco más alta que él, intenta alcanzarlo.
-Dale…
dámelo.
Elizabeth intenta sacarle el diario.
Matías se mueve un poco hacia atrás…
y en el intento, ella se tropieza.
Cae sobre él, y Matías la sostiene para que no caiga.
Quedan muy cerca.
Se miran fijamente por un momento.
Matías sonríe.
-Cuidado…
Elizabeth se endereza rápido.
-Dame, sí.
Matías la mira unos segundos más y suspira.
-Está bien.
Le entrega el diario.
-Y…
bueno, espero que lo leas en tu casa.
Me da un poco de pena que lo leas ahora.
-Está bien -responde ella.
En ese momento, aparece Raúl.
-¿Qué hacen?
-Nada -dice Matías rápido-.
Bueno, Eli, voy a comprar algo para tomar.
Ya vengo.
-Está bien.
Matías se aleja, dejándola con Raúl.
Corre hacia la cantina.
A lo lejos, ve a Virginia tomando jugo junto a una amiga.
Matías la mira, se detiene un segundo…
se da la vuelta, y corre hacia ellas.
-Mirá a quién tenemos acá -dice Virginia al verlo acercarse.
-Hola -dice Matías.
Al lado de ella, una chica pelirroja lo mira.
-Hola -le dice Matías.
-Hola -responde ella-.
¿Cómo te llamás?
-Me llamo Matías, ¿y vos?
-Yo soy Rosaura, mucho gusto.
Bueno, ya vengo, voy con Analia.
Ya vuelvo, Viki.
-Está bien -dice Virginia.
Rosaura se aleja.
Virginia mira a Matías.
-¿Querés un poco de jugo?
-Sí.
Matías toma la botella de jugo Tilly y mete la pajita por debajo del tapabocas para tomar.
Virginia lo observa con atención.
Luego él le devuelve la botella.
-Ese tapabocas te queda bien, ¿sabés?
No sé de dónde sacás tantos diferentes cada día.
Matías sonríe un poco.
-Es que en casa, en la cuarentena, fabricábamos tapabocas.
Aprendí a hacer muchos…
y sobraron un montón de esa época, así que tengo varios.
Virginia lo mira.
-Este en específico me encanta.
-Gracias -responde él.
En ese momento, suena la campana.
-Bueno, nos vemos -dice Matías.
Virginia se acerca y lo abraza fuerte.
Matías siente su calor, su cercanía…
y le devuelve el abrazo con la misma intensidad.
Ella lo abraza aún más fuerte por un momento.
Luego se separan.
-Bueno, nos vemos.
-Sí, nos vemos -dicen ambos.
Matías corre de vuelta a su clase.
De repente, una puntada fuerte le atraviesa el estómago.
-Ah…
-se queja, llevándose la mano al abdomen.
Se apoya contra la pared…
y termina deslizándose hasta el suelo.
Una compañera se acerca rápido.
-Mati, ¿estás bien?
Matías la mira con dificultad.
-Me duele mucho el estómago…
-¿Qué te pasa?
-pregunta Rouxan, acercándose más.
Matías intenta enfocar la vista.
-Me duele el estómago, Rouxan…
En ese momento, llega Gabriela desde atrás.
-¿Estás bien?
Rouxan lo sostiene.
-Vení, sentate.
Entre las dos lo ayudan a levantarse y lo llevan hasta una silla cercana.
Matías respira hondo, todavía con la mano en el estómago.
-Ese dolor siempre me ha pasado…
pero esta vez me dolió más fuerte -le dice a Rouxan.
Gabriela lo mira preocupada.
-Voy a llamar a la profe.
-No, está bien -dice Matías rápido.
Se levanta, apretándose el estómago, y camina hacia su clase.
Rouxan y Gabriela se quedan mirándolo…
y luego van detrás de él.
Matías llega y se deja caer en su silla.
Poco a poco, los demás alumnos empiezan a entrar al salón, y detrás de ellos entra la profesora.
Elizabeth se acerca a Matías.
-¿Estás bien?
Matías la mira y sonríe, tratando de disimular.
-Sí…
súper bien.
La profesora deja su cartera sobre la mesa.
-Bueno, chicos, hoy les quería hablar sobre el campamento.
Todos prestan atención.
-Es para el 6 de mayo, un viernes, y se quedan hasta el sábado a la tarde.
La mayoría ya pagó, pero los que no, tienen tiempo hasta el 4 de mayo.
Hace una pausa.
-Y los que no van a ir, también tienen tiempo hasta el 4 para avisar, así se les devuelve la plata en caso de que hayan pagado.
Algunos murmuran entre ellos.
-Tienen que llevar cosas para el campamento y algo para compartir: repelente, comida…
y elegir sus grupos.
Sigue hablando mientras anota algo en la mesa.
-Vamos a organizarnos mejor en estos días.
Lo importante es que todos tengamos lo necesario.
Se acomoda y mira a la clase.
-Bueno…
espero que podamos ir todos.
Hace una pequeña pausa.
-Ahora saquen sus cuadernos.
Vamos a resolver lo de la semana pasada.
Todos prestan atención mientras la profesora explica cómo resolver la tarea.
Matías intenta respirar mejor para que se le pase el dolor.
Poco a poco, se le va calmando.
Las horas pasan.
Llega la salida.
Todos empiezan a salir del salón.
Afuera, Matías y Elizabeth se quedan un momento juntos.
-Bueno, Mati…
nos vemos.
Voy a tratar de conseguir el permiso para ir al campamento -dice ella.
Matías asiente.
-Nos vemos mañana.
Elizabeth se acerca, le acaricia el pelo con suavidad y se va hacia su transporte.
Matías la mira alejarse por unos segundos.
Después, empieza a caminar solo…
ya que su hermano no vino a buscarlo.
Elizabeth se sube al transporte.
Apoya su mochila en su regazo.
El vehículo arranca.
Saca su diario y lo abre.
Empieza a leer…
y poco a poco se le escapa una risa.
-Pero qué lindo…
-murmura.
Pasa las hojas con atención, una por una, disfrutando cada palabra.
Sin darse cuenta, el transporte llega.
Se baja junto a su hermanito y entran a la casa.
-Hola, ya llegamos -dice, saludando a su abuela mientras sigue con el diario en la mano.
Va directo a su pieza.
Deja la mochila sobre la cama, se sienta…
y sigue leyendo.
Pasa a la última hoja.
Ahí se detiene.
Lee en voz baja: -Como dice Lucas…
“Eres la chica más extraordinaria, Elizabeth.
Clara como una nota musical y sincera como una melodía.
Eres la música que suena en mi cabeza desde que nos conocimos”.
Sus ojos brillan.
Su sonrisa se ilumina, y su corazón late con fuerza.
De la emoción, se tapa la cara con el diario y deja escapar un grito silencioso.
Luego se deja caer hacia atrás sobre la cama, feliz.
-Lo amo, lo amo, lo amo…
-dice Elizabeth, feliz, abrazando el diario contra su pecho.
Mientras tanto…
Matías sigue caminando solo.
A lo lejos, ve a Félix sentado en una esquina.
Félix levanta la mirada y lo ve acercarse lento, con una mano en el estómago.
Se levanta rápido y va hacia él.
-¿Estás bien, Matías?
¿Te lastimaste?
-No…
-responde Matías-.
Es un dolor de panza que a veces me agarra.
Félix lo mira serio.
-Eso no es normal.
Dejame llevarte a la casa de la abuela de Milagro.
Ella te puede revisar.
Matías asiente.
-Sí…
llevame.
Así de paso veo a Milagro, no la veo desde la última vez que se quedó ahí.
-Dale.
Ambos se suben al auto y se van.
Después de unos minutos, llegan a la casa de la abuela de Milagro.
Bajan del auto.
Félix se acerca a la puerta…
y toca.
La abuela abre la puerta.
-¡Félix!
Qué gusto verte por acá -dice, abrazándolo.
Matías, detrás, levanta la mano.
-Hola…
-Hola, Matías.
Pasen, pasen -responde ella-.
Llegaron justo a tiempo.
Milagro está sentada con su…
más allá de amiga.
-¿Más allá de amiga?
-dice Matías, mirando a Félix.
La abuela se ríe.
-Síganme.
Empiezan a caminar.
Matías mira alrededor: un patio enorme, hermoso, lleno de flores y árboles.
Félix se acerca un poco y le susurra: -“Más allá de amiga” significa su novia.
-¿Está con su novia?
-dice Matías en voz baja.
-Sí.
-Siempre me dio curiosidad saber cómo era Yuri.
-Bueno…
ahora la vas a ver.
Se acercan a una mesa bajo un árbol grande.
Milagro, al verlos, se levanta de golpe y corre a abrazar a Matías.
-¡Mati!
-Ah…
-se queja él al sentir el dolor.
Milagro se separa un poco, preocupada, todavía sujetándolo del hombro.
-¿Qué te pasa?
-Me duele mucho la panza…
-¿Por qué?
-No sé…
capaz comí mal, o es ese dolor de siempre que me agarra a veces.
Milagro lo mira seria.
-Bueno, viniste al lugar correcto.
Acá te pueden revisar.
En ese momento, Yuri se levanta.
-Así que vos sos Duban Matías…
Mila me habló mucho de vos.
Matías la mira.
-Eh…
vos sos la chica de la fiesta…
la que Milagro besó antes de que escapáramos de la policía.
-La misma -responde Yuri.
La abuela se acerca.
-Vengan todos…
vamos a revisar a Matías.
Entran a la sala.
Un chico estaba sentado mirando la tele.
La abuela habla: -Benjamín, por favor, ¿me ayudás a revisar a este chico?
-Claro que sí -dice él, levantándose.
Mira a Félix.
-Ah…
Félix, hola.
Luego mira a Matías.
-Hola.
-Hola -responde Matías.
Yuri interviene: -Es mi hermano menor.
Tiene tu edad, 14 años.
-Ah, mirá vos -dice Benjamín-.
Bueno, vení, Mati.
Todos van a una pieza.
-Sentate acá -le indica.
La abuela entra con alcohol.
-Necesito que te acuestes así te reviso.
Levantá la remera y dejame ver tu panza, ¿sí?
-Sí…
-dice Matías.
Benjamín pone el alcohol sobre su abdomen.
Toca una parte específica.
-¿Es acá, María?
Es justo acá.
La abuela acerca la mano y presiona con los dedos, moviéndolos con firmeza.
-Ya está.
Matías la mira, confundido.
-¿Eso era todo?
-Comiste algo que te cayó mal -responde ella-.
Ahora ya se te va a pasar.
Tratá de comer liviano.
-Está bien…
Salen de la habitación y vuelven afuera.
Se sientan todos juntos.
Matías mira a Milagro.
-¿Qué tal todo?
-Yo estoy acá desde hace semanas.
No quiero volver con mi papá.
Acá puedo ver tranquila a Yuri…
y a mi abuelita, que siempre me apoya con que Yuri sea mi “amiga más allá de amiga”.
Matías se ríe.
-Bueno, está bueno eso.
Y sobre Yuri…
siempre tuve curiosidad de cómo eras.
No sabía que eras la chica de la fiesta, pensé que era otra.
Yuri sonríe levemente.
-Seguro que era otra, ya que todos teníamos máscara…
infiel qué es.
-Ay no, basta, Yuri -dice Milagro.
Félix se levanta.
-Voy al baño.
Se aleja.
Benjamín, que estaba sentado al lado de Yuri, lo mira mal.
Matías, justo en ese momento, estaba mirando a Benjamín, que seguía mirando mal a Félix.
De repente, Benjamín se voltea y mira a Matías.
Matías disimula rápido y mira hacia otro lado.
En ese momento, Alondra entra corriendo hacia ellos.
-¿Cómo entraste?
-pregunta la abuela.
-Tengo mis estrategias, señorita María -responde Alondra.
La abuela se ríe.
Alondra se sienta junto a ellos.
Mira a Benjamín.
-Ah…
Benjamín, hola.
Benjamín no responde.
Matías observa todo con atención.
En ese momento, llega Félix.
Benjamín, como esperando ese momento, habla: -Y vos, Matías…
sos del grupo de ellos, ¿no?
Entonces seguro conocés a todos.
-Sí…
¿por qué?
-responde Matías.
Antes de que siga la conversación, Alondra interrumpe rápido: -Les tengo que decir algo…
lo que me dijeron mis papás…
me quiero morir.
Félix se acerca de golpe.
-¿Qué pasó?
Alondra respira hondo.
-Bueno…
todos saben que mi papá es narco…
bueno, vos no, Mati…
ahora ya sabés.
Matías se queda serio.
-Se quiere mudar a Buenos Aires a finales de año…
pero yo no quiero volver ahí…
me voy a morir…
-¿Y por qué quiere irse?
-pregunta Matías.
-Porque vende más allá…
ya sabés…
que acá.
Y quiere mudarse, pero yo no quiero irme…
Mira a Milagro, luego a Félix.
-¿Qué voy a hacer sin vos, Milagro…?
Y sin vos, Félix…
me muero…
Luego mira a la abuela.
-Y de vos también, María…
ay, me muero…
Benjamín se levanta y se va hacia la sala.
Matías lo ve irse.
-Esperame…
¿me mostrás dónde queda el baño?
-dice.
-Yo te muestro -responde Alondra rápido.
-No -dice Matías, haciéndola sentar-.
Benjamín me muestra.
Y corre tras él.
Benjamín se detiene.
-Está bien, vamos.
Ambos entran.
Mientras caminan, Matías habla: -Noté que Alondra cortó la conversación…
¿por qué surgió esa pregunta?
Benjamín señala una puerta.
-Es ahí.
Hace una pausa.
-Sobre eso…
quería saber si conocés a Elías…
o Alex, como le digan.
Matías entra al baño.
-Sí, Alex…
-¿Lo conocés hace mucho?
-pregunta Benjamín desde afuera.
-Hace poco…
unos meses -responde Matías.
-¿Cómo lo conociste?
Matías abre la puerta, saliendo del baño.
-Una vez vino temprano a la iglesia donde soy monaguillo y lo conocí ahí.
Después supe en una fiesta que también era del grupo.
Creo que había llegado hace poco de Brasil en ese momento.
Benjamín se queda en silencio unos segundos.
Su tono cambia.
-¿Sabés por qué se fue?
Matías lo mira, confundido.
-No…
¿por qué?
-dice con curiosidad.
Benjamín baja un poco la mirada.
-Es que él es una persona muy…
En ese momento, Alondra interrumpe desde lejos: -¡Félix ya se va, vamos.
Benjamín reacciona molesto.
-¿Podés dejarnos hablar en paz de una vez, Arami?
Ella se gira y lo mira.
-¿Cuál es tu problema, Benjamín?
-Sabés bien cuál es mi problema -responde él, levantando la voz.
Matías se queda sorprendido.
El ambiente se tensa.
Todos entran.
Yuri se acerca rápido a Benjamín.
-Calmate, Benja, por favor…
Alondra, furiosa, se da la vuelta y sale hacia afuera.
Félix mira a Matías.
-Vamos…
una disculpa.
Matías asiente y empieza a irse.
Se despide de Milagro y de la abuela.
Antes de irse, se acerca a Yuri y a Benjamín.
Yuri, en voz baja, dice: -Dejalo…
Matías mira a Benjamín con calma.
-Nos veremos otra vez…
para poder terminar lo que empezó, sin interrupciones, ¿sí?
Benjamín se calma un poco, se seca las lágrimas.
-Sí…
Matías asiente y se va junto a Félix.
Benjamín se queda mirándolo mientras se aleja.
Yuri suspira.
-No entiendo qué te pasa, Benja…
por eso no nos juntamos más con ese grupo.
No sé qué traes con Alondra…
Matías corre detrás de Alondra, y ella se va enojada derechito hacia la orilla de la calle.
Matías se queda mirándola.
Está por ir atrás de ella, pero Félix lo detiene.
-Vive cerca de aquí…
dejala.
No es la primera vez que se discuten así.
Matías se queda pensando en todo.
-A veces pienso que este grupo oculta algo grande…
REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer.
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Nos vemos en el próximo capítulo.
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