MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 Lo viste… ahora cuidado
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20: Capítulo 20: Lo viste… ahora cuidado 20: Capítulo 20: Lo viste… ahora cuidado Félix da la vuelta en la cuadra de Matías y estaciona frente a su casa.
—Te quería hablar de lo de la última vez… —dice desde el auto—.
Cuando te obligué a subir y te dije todo eso.
Hace una pausa.
—Perdón.
Me pasé.
Es que… me dieron celos.
Porque… me gustás un poco.
Matías lo escucha en silencio, mirando de reojo a su vecino que observaba el auto.
Después lo mira otra vez.
—Tranqui… ya pasó —responde—.
No hay problema.
Hace una pequeña pausa.
—Y no creo que sea “un poco”.
Matías abre la puerta del auto, baja y la cierra.
Se da la vuelta para irse.
Félix baja la ventana.
—Bueno… nos vemos.
—Nos vemos —dice Matías, sin girarse.
6 días después.
30 de abril.
Matías estaba decorando con Rumi en el salón para el Día del Profesor.
Estaba colocando la decoración mientras Rumi lo ayudaba.
Matías se baja de la silla al terminar y dice: —Bueno, listo, terminé.
Los dos se quedan mirando la decoración y, al mismo tiempo, inclinan un poco la cabeza de costado.
—Bueno… sí quedó bien —dice Rumi.
—Bueno, vamos afuera.
—Dale.
Salen caminando hacia el fondo.
El fondo estaba un poco silencioso, todos concentrados en preparar sus clases por el Día del Profesor.
Matías se sienta y le dice: —Rumi, en pocos días es el campamento, ¿vas?
—Sí, voy.
Yo ya pagué todo, ¿y vos?
—Yo también voy, entonces ya está asegurado que irás.
—Pues sí.
—¿Tenés campamento?
—No, no tengo… ¿y vos?
—Yo sí.
¿Qué tal si nos hacemos equipo?
Creo que entramos tres, así no me aburro, ya que falta poco y Elizabeth aún no avisa si irá, y tampoco Vanessa.
—Pero si ellas van, ¿no me vas a cambiar?
—dice Rumi.
—Claro que no.
Ya te elegí, y si yo elijo no cambio más… hasta que me cambien a mí.
Rumi sonríe.
Matías y Rumi se miran.
—Está bien —dice Rumi.
—Vamos —responde Matías.
Ambos caminan hacia su clase.
Cuando están por entrar, Fátima se acerca a Rumi.
—Rumi, ¿me ayudás con la comida y a ordenar, por favor?
—Está bien… esperame —le dice Rumi a Matías.
—Bueno —responde él.
Matías entra al aula solo.
Apenas da unos pasos, Rouxan se le acerca.
—Hola, Mati.
¿Me ayudás a acomodar la decoración que se cayó?
—Claro —dice Matías, acomodándola en su lugar.
—Gracias —responde Rouxan.
Matías asiente y sale nuevamente afuera.
Desde lejos ve a Virginia, así que se acerca a donde está su curso.
Ella estaba sentada con su amiga Rosaura.
—Holaaa —dice Matías.
—Holis —responden ellas.
—¿Qué hacen?
—pregunta.
—Nada, acá aburridas.
Sentate con nosotras —dice Virginia.
Matías mira hacia el frente del salón y ve a Rumi sentarse sola.
Duda un segundo.
—Ya vengo, ¿sí?
Sin esperar respuesta, se da la vuelta y vuelve corriendo junto a Rumi.
Se sienta a su lado.
—¿Qué pasó, Rumi?
—Nada.
Ya ayudé a Fati y se fue a clase.
Matías asiente.
—¿Salimos fotos?
—Está bien.
Matías se acerca un poco más.
Rumi lo mira.
—Sacate el tapaboca.
Matías mira a su alrededor.
Duda.
Solo estaban Rouxan y Gabriela cerca.
Después de unos segundos, se lo saca.
Se sacan varias fotos.
Apenas terminan, Matías se lo vuelve a poner rápido.
Desde la puerta, Fátima llama: —¡Vení, Rumi!
—Ya vengo —responde ella.
Rumi se levanta y entra al aula.
Matías la mira irse y luego corre hacia donde estaban Virginia y Rosaura.
Matías se sienta con ellas, observando lo que pasa alrededor, y saca su celular.
Virginia se acerca un poco y lo mira.
—¿Y si nos sacamos fotos?
Pero tenés que sacarte el tapaboca.
—Ay, no… me da pena —dice Matías.
—¿Por qué te va a dar pena?
—pregunta Rosaura.
—No sé… —Ay, Matías, no te tiene que dar vergüenza.
Sacatelo así salimos fotos —insiste Rosaura.
Matías duda unos segundos.
—Ehhh… bueno.
Se saca el tapaboca.
Virginia lo mira con atención.
Matías baja la mirada y levanta el celular para sacar la foto.
Se sacan varias.
—Dame, yo saco ahora —dice Rosaura, tomando el celular.
Virginia apoya su cabeza en el hombro de Matías.
Matías, después de un segundo, apoya la suya suavemente contra la de ella y sonríe.
Rosaura saca la foto.
—Pero qué lindos —dice, mirando la pantalla.
Matías se acerca a ver.
—Sí… qué bonito.
Rosaura lo mira y sonríe.
—No sé por qué siempre que te veo usás tapaboca.
Te ves bien así.
Matías se encoge un poco de hombros.
—Pronto… tal vez me lo quite —dice, volviéndose a poner el tapaboca.
—Espero —responde ella, y luego se va a su clase.
Virginia lo mira con una leve sonrisa.
—Hasta que cumpliste en sacarte el tapaboca y dejar verte la cara.
Matías se ríe.
—Yo siempre cumplo.
Virginia lo observa un segundo más.
—Sos muy lindo.
Matías baja un poco la mirada.
—Gracias… vos también.
A lo lejos, Rumi los estaba mirando.
Su expresión cambia, seria.
Fátima le toca el hombro.
—Rumi, vamos a salir en la foto grupal.
Rumi, sin dejar de mirar a Matías, responde: —Sí… con su otro grupito feo.
—¿Qué?
—dice Fátima, confundida.
Rumi reacciona de golpe.
—Ay, nada… vamos —dice, intentando disimular.
Matías, que estaba concentrado mirando cómo todos sus compañeros entraban a clase, pensó: Tal vez yo también deba ir… pero no quiero dejar a Virginia.
—¿Y vino Elizabeth?
—pregunta Virginia de repente.
Matías la mira sorprendido.
—¿Hablás con Elizabeth?
Virginia niega con la cabeza.
—No, pero a veces te veo con ella.
—Ah… —dice Matías—.
Es que hoy no vino.
La estaba esperando, pero no apareció.
En ese momento, Raúl aparece por detrás.
—¡¿Qué hacennn?!
Matías y Virginia saltan del susto.
Virginia se levanta de golpe y le pega con el trapo.
—¡Me asustaste!
Raúl se empieza a reír al ver la reacción de Matías.
—Vamos, Matías, a clase, que están comiendo —dice—.
Y Rumi parece que te estaba buscando.
—Bueno, vamos —responde Matías.
—Adelantate —dice Raúl.
Pero Matías lo agarra del brazo.
—Nos adelantamos los dos, así que vamos —dice, llevándoselo casi a la fuerza.
Virginia se queda mirándolos, riéndose.
Matías entra al aula y ve a Rumi sentada.
Sin dudar, corre a sentarse a su lado.
Ella estaba comiendo tranquila en su silla.
Matías se sienta a su lado.
Rumi lo mira.
—¿Dónde estabas?
Me dejaste sola.
Estábamos sacando fotos y vos no estabas.
—Es que estaba en la clase de séptimo.
—Ya veo… —dice Rumi, mientras muerde su empanada.
De a poco, todos empiezan a salir afuera.
Solo quedan dentro Fátima, Rouxan, Gabriela, Lucas y Raul.
Matías se quita el tapaboca.
Desde su asiento, Fátima lo mira con atención.
Para ignorar esa mirada, Matías se enfoca en Rumi: empieza a hablar con ella mientras comen juntos.
Las horas pasan.
Matías está en la salida de la escuela, conversando mientras todos se van.
Están a un costado.
—Bueno… ya me tengo que ir —dice Rumi.
—Está bien —responde Matías.
Rumi se pone de puntitas para alcanzarlo mejor y lo abraza fuerte.
Matías le devuelve el abrazo con la misma intensidad.
Se siente tranquilo en ese momento.
Ella se separa y le dice: —Nos vemos, mi Mati.
—Nos vemos —responde él, mirándola irse.
Rumi se aleja sin mirar atrás.
Matías se queda un segundo más, luego se da la vuelta y también se va.
Matías caminaba tranquilo, pero de repente siente que lo están observando.
Se detiene y mira hacia atrás.
Un chico estaba detrás de él.
Matías da un paso atrás y lo observa mejor.
Era Benjamín.
—¿Qué hacés acá… chico del que me olvidé el nombre?
—dice Matías.
—Me llamo Benjamín, Matías.
Acordate.
—Bueno… ¿qué hacés acá?
—Vine con Félix.
Mi hermana y Milagro están en esa ferretería.
Estábamos en la casa de una amiga cerca de acá.
Caminan juntos hasta la ferretería.
Apenas llegan, Milagro corre hacia Matías y lo abraza.
—¡Holis, Matías!
Benjamín mira a Félix y le lanza una mirada incómoda, luego se sube al auto.
Matías también sube, y todos entran.
Félix arranca.
—Vamos, hagamos una reunión como la última vez, en la casa de Alondra.
—¿En serio?
¿También van a ir Yuri y Benjamín?
—Ay, no… es el último lugar donde pienso pisar de nuevo.
Matías estaba por preguntar por qué, pero Yuri interviene: —Bueno, mejor bájennos dos cuadras antes, así vamos caminando hasta casa.
Y ustedes van a lo de Alondra.
Félix asiente.
—Está bien.
Matías saca su celular y le avisa a su mamá que va a estar en la casa de Kevin.
Llegan a la cuadra de Yuri.
Benjamín abre la puerta y se baja.
Yuri baja del otro lado, y Milagro la sigue.
Matías, pensando que todos bajarían ahí, también se baja.
De repente, ve cómo Yuri besa a Milagro.
—Nos vemos, amor —dice Yuri.
—Nos vemos, bb —responde Milagro—.
Y nos vemos, Benjamín.
—Nos vemos —dice Matías.
Milagro se queda a su lado, mirando cómo Yuri se aleja.
Benjamín se acerca un poco a Matías.
—Espero que algún día podamos hablar bien.
Tengo muchas cosas que contarte, Mati… nos vemos.
A lo lejos, Yuri grita: —¡Benja, vení, vamos!
Benjamín sale corriendo hacia ella.
Matías se queda mirando.
—Qué carismático… no entiendo por qué no se lleva bien con Alondra… y creo que tampoco con Alex.
La otra vez me quiso decir algo de él… Milagro lo mira sorprendida.
—¿Decir qué?
—No sé… algo me quiso decir, pero bueno.
Ambos suben al auto.
Félix arranca y se van.
A unos metros, apoyado junto a un árbol, estaba Alex.
Había visto todo.
Sale de entre la sombra, se toca el cachete y sonríe levemente.
—Así que Matías ya conoce a Benjamín… Sin decir más, empieza a correr en dirección a la casa de Alondra.
Félix estaciona frente a la casa de Alondra.
Matías baja del auto y, de repente, aparece Alex enfrente, agitado.
—¿Estás bien?
—dice Matías, agarrándolo del hombro.
—Sí… estoy bien —responde Alex, apoyando su mano en la cintura de Matías.
Milagro baja del auto, ve la escena y enseguida se acerca, apartando la mano de Alex.
—Vamos —dice, empujando suavemente a Matías hacia la entrada.
Félix también baja.
—Dale, vamos adentro.
Matías entra a la casa y ve a José Sebastián y a Alondra sentados en el sofá.
—Hola —saluda.
—Hola —responden ellos.
Matías se sienta, y los demás entran y se acomodan.
—Es la segunda vez que nos reunimos todos desde que estoy en el grupo —dice Matías.
—Bueno… no todos.
Yo no estaba esa vez —agrega Alex.
Alondra sonríe.
—Les tengo una noticia enorme: ¡se viene mi cumpleaños número 13!
—¿13 años?
—dice Matías—.
Pensé que tenías más.
—Te lo dije la primera vez que vine, soy la menor del grupo.
—Me sorprende… —Lo que quiero es hacer otra fiesta con máscaras, otra vez en la quinta de Alex.
Y espero que no hagamos quilombo como la otra vez… que hasta vino la policía.
Algunos se ríen.
—Va a ser en agosto.
Ya sé que me van a decir que falta mucho, que recién entraremos en mayo… pero estoy emocionada.
Hace una pausa, y su expresión cambia un poco.
—Y tengo una mala noticia: mi papá sigue pensando en querer mudarse a Buenos Aires, y no es porque vendía más allá, sino por uno con quien trabaja acá… bueno, no saben exactamente quién aún.
Están dando pruebas de dónde está papá o dónde está vendiendo su… ya saben qué.
Aún no le descubren a papi y no creo, pero ¿por qué razón lo traicionarían?
Quisiera saber bien —dice ella.
Alex la mira con una sonrisa leve.
—Ay no… esa gente doble cara que trabaja con tu papá no es de confiar, cariño.
—Claro —responde Alondra.
—Es terrible si te mudás —dice Matías —.
Yo no aguantaría separarme de mis amigos… de este grupo.
—Yo tampoco —dice Alondra.
Matías mira alrededor.
—Bueno… ¿dónde está el baño?
Quiero ir.
—Está arriba.
El de abajo no anda.
Subí y a la derecha hay una puerta marrón, ese es.
—Bueno.
Matías se levanta y sube las escaleras.
Todos se quedan hablando abajo.
Matías sube y va hacia la derecha por un pasillo.
Mira los retratos, ve una puerta verde frente a él y, más allá, la puerta marrón.
Observa la puerta verde, que estaba un poco abierta, y la abre.
Entra.
Era el cuarto de Alondra.
Matías mira a su alrededor, sorprendido por lo hermoso que era.
Ve una computadora encendida sobre el escritorio.
Se acerca y observa con atención.
Nota un pendrive conectado y varios videos.
No logra distinguir bien las portadas.
Decide reproducir uno.
En el video, Alex está bailando en una habitación con un chico con máscara.
Matías sonríe al verlo bailar… pero cuando Alex toma al chico de la cintura y lo acerca hacia él, su expresión cambia de inmediato.
De repente, la computadora se cierra de golpe.
Matías se sobresalta.
—¿No eras que ibas al baño, Duban Matías?
—dice Alex detrás de él, con una expresión que Matías nunca había visto antes.
—Sí, iba… pero vi el cuarto de Alondra, era hermoso, y entré.
¿Por qué me mirás así?
No estoy haciendo nada malo —dice Matías.
—Es que era un video mío… me daba vergüenza que lo vean —responde Alex, quitando el pendrive y guardándolo en su bolsillo.
Matías sale de la pieza y se va al baño.
Entra.
Alondra aparece detrás de Alex, y él la agarra y la mete dentro de la habitación.
Matías sale del baño y ve cómo ambos entran rápido al cuarto.
Se acerca despacio a la puerta para escuchar de qué hablan.
—¿Qué hace este pendrive conectado a tu computadora?
Y lo peor de todo, otra vez abierto… y con la puerta abierta.
¿Me querés perjudicar?
—dice Alex.
—Pero nadie lo va a ver —responde Alondra, agarrándole de la mano el pendrive.
—Matías reprodujo el video donde yo bailo con Benjamín.
Dijiste que nadie lo iba a ver.
Lo cerré al instante al escuchar la música y ver el pendrive.
Si no querés que pase nada, cuidá bien lo que tenés que guardar —dice Alex.
Matías apenas escucha todo.
“¿Pero qué tiene que cuidar?
¿Y qué va a pasar si no lo hace?”, piensa.
En ese momento, escucha que se acercan a la puerta.
Matías corre rápidamente de vuelta al baño.
Salen de la pieza, y Alondra enseguida baja.
Milagro, al notar que Alex no baja, lo mira seria.
—¿Por qué Alex justo se fue cuando Matías también se fue?
¿Y por qué fuiste atrás de él?
—dice Milagro.
—Ya saben cómo es Alex, queriendo asustar a todos.
Se fue atrás de él.
—Déjenme, le voy a decir que no haga eso —dice Félix.
—¡Basta!
—dice Alondra, haciéndolo sentar—.
Déjalo, ya lo asustó.
Están hablando.
Félix cambia su expresión a enojo.
—¿Pero de qué van a hablar?
¿Y solos otra vez?
—¡Basta ya!
—dice Milagro.
Ambos se sientan.
Matías sale del baño y va directo para bajar.
Alex, desde atrás, le dice: —¿Qué tanto viste en el video?
Matías se voltea.
—No entiendo por qué tanto drama con ese video.
—Nos estabas escuchando, ¿verdad, mientras hablábamos adentro?
—dice Alex, acercándose a Matías.
Matías da un paso atrás.
—A veces me das una mala vibra.
—¿Te dijo algo Benjamín de mí?
Porque veo que estuviste hablando con él —dice Alex.
—¿Qué tiene que ver eso?
—Pues es un maricón, inventa cosas del grupo.
No te recomiendo juntarte con él.
Te vi hoy con él —dice, agarrando el brazo de Matías y apretándolo despacio.
Matías mira cómo le aprieta el brazo.
—Ni lo conozco, Alex… y tampoco a ti.
Se suelta con fuerza y se da vuelta para irse.
—Pues me vas a conocer más de lo que te imaginás… —dice Alex en voz baja..
REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por llegar hasta acá.
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Nos vemos en el siguiente capítulo ♡
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