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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 Domingo temprano
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2: Capítulo 2: Domingo temprano 2: Capítulo 2: Domingo temprano Al día siguiente, Matías se despertó temprano y decidió ir a la casa de su mejor amigo, Kevin.

Cuando llegó, entró como siempre sin tocar.

Kevin estaba acostado en su cama mirando el celular.

—¿Vas a ir a la reunión de monaguillos hoy?

—le preguntó Matías.

Kevin suspiró.

—Ay… sí, aunque no tenga muchas ganas.

Matías se tiró al lado de él en la cama y empezaron a charlar un rato.

Hablaron de sus compañeros y de cómo les había ido en la escuela durante la semana.

Después de un rato, Matías miró la hora.

—Bueno… ya es la una.

Voy a ir a comer y después nos vemos en la tarde para la reunión, ¿sí?

—Está bien, Matías —respondió Kevin.

Matías se fue a su casa para ayudar a su mamá a cocinar y luego comer con ella.

Las horas pasaron rápido y cuando se dio cuenta ya eran las cuatro de la tarde.

Matías se bañó y comenzó a vestirse.

Justo en ese momento Kevin llegó a su casa para ir juntos a la reunión.

—¿Tanto vas a tardar en prepararte?

—le dijo Kevin desde la puerta.

Matías estaba en el baño acomodándose el pelo frente al espejo.

—Sí… pero ya estoy —respondió mientras salía.

—Entonces vamos —dijo Kevin.

Antes de salir, Matías le avisó a su mamá: —¡Ya voy, mami!

—Dale, cuídense —respondió ella.

Los dos salieron caminando hacia la iglesia.

Cuando llegaron, saludaron a los demás y se sentaron.

Kevin miraba mucho a su compañera Katherine, que como siempre lo estaba molestando.

Matías lo miró, Kevin lo miró de vuelta, y los dos comenzaron a reírse en silencio.

La madrina Rosita los vio y los miró seria.

—Chicos, basta.

Estoy hablando.

Aun así, Matías y Kevin no podían dejar de reírse.

Lucas, su compañero monaguillo, los miró molesto.

—Cállense —les dijo.

Matías se enojó y lo miró muy mal, pero no dijo nada.

En ese momento la madrina volvió a hablar.

—Bueno, Matías, vos servís en la misa de la mañana con Lucas y Yose.

Kevin, Katherine y Axel, ustedes en la de las siete como siempre.

Y si algunos pueden venir a la de las seis, estaría súper bien.

Luego agregó: —Nos vemos mañana, y vengan con ánimos.

La reunión terminó y todos comenzaron a levantarse.

Matías y Kevin salieron juntos de la iglesia.

Mientras caminaban hacia la casa de Matías, él suspiró.

—A veces no lo soporto a Lucas.

Kevin se rió un poco.

—Encima mañana es domingo —continuó Matías—.

En la misa seguro me va a obligar a hacer cosas que no quiero hacer… y como soy tan bueno, voy a decir que sí.

—No le hagas caso —le respondió Kevin—.

Él no manda sobre vos.

Cuando llegaron frente a la casa de Matías, él se detuvo.

—Tenés razón… pero bueno.

Nos vemos mañana en la iglesia.

¿Vas a ir a la de las seis?

—Sí —dijo Kevin—.

Llamame y me preparo y vamos.

—Dale.

Matías entró a su casa y se acostó a usar el celular.

En ese momento le llegó un mensaje de un número desconocido.

—¿Quién sos?

—escribió.

—Soy Ángela —respondió la otra persona.

—Ah, Ángela —dijo Matías.

Empezaron a chatear y hablar durante horas.

Cuando Matías miró la hora ya eran las doce de la noche.

Se levantó, fue a la cocina y agarró una pera para comer.

Su mamá estaba acostada mirando televisión.

—¿Vas a cenar algo?

Ya es súper tarde —le dijo.

—No, está bien.

Como una pera y me voy a acostar.

—Está bien —respondió su mamá.

Matías volvió a su cuarto y siguió chateando con Ángela, hablando de cosas de sus vidas.

Después de un rato volvió a mirar la hora.

Eran las tres de la mañana.

—Ay no… dentro de tres horas me tengo que despertar —dijo.

Dejó el celular y se acomodó para dormir.

Se durmió rápido, pero solo logró dormir dos horas.

Cuando se despertó no tenía muchas ganas de ir, pero igual se levantó.

Miró la hora: eran las 5:30.

Se preparó rápido y llamó a Kevin, pero no le contestó.

Así que decidió ir solo.

Se cambió, salió de su casa y caminó hacia la iglesia.

Al llegar a la iglesia, Matías se encontró con la señora que siempre abría temprano.

Matías se acercó y la saludó.

—Hola, buen día.

—Hola, Mati, buen día.

¿Tan temprano por acá?

—le respondió la señora.

—Tenía la impresión de que si me quedaba más tiempo en casa me iba a quedar dormido —dijo Matías.

La señora se rió.

—Bueno, entonces podés abrir la iglesia mientras voy a buscar algo a mi casa.

—Obvio que sí, vaya tranquila.

Yo abro —respondió Matías.

Matías empujó la enorme puerta de la iglesia.

El sonido de la madera retumbó con un eco profundo dentro del lugar.

Matías soltó un pequeño suspiro, como si ese sonido y el aire frío de la mañana lo calmaran.

El sol comenzaba a subir lentamente.

—Esto sí que es empezar una mañana hermosa —dijo en voz baja.

Entró y fue a abrir la puerta del costado.

Miró su celular.

Eran las 5:57.

—Creo que me daba la impresión de que era más tarde… esto me pasa por no dormir —murmuró.

Mientras abría la puerta lateral, se dirigía hacia la otra cuando vio a un chico acercarse a la iglesia.

Matías lo miró con curiosidad.

—Qué raro… es súper temprano para que alguien venga.

La misa empieza a las 6:30 y casi nadie llega antes de las 6:15 —pensó.

Matías salió afuera y se acercó.

—Hola, buenos días.

¿Tan temprano por acá?

—le preguntó.

El chico respondió con tranquilidad.

—No sabía a qué hora venir.

Soy nuevo en el barrio, vine de Brasil hace poco.

Allá iba a la iglesia y quería conocer esta.

Matías sonrió.

—Viniste muy temprano… pero mejor así.

¿Me ayudás a abrir?

El chico lo miró y asintió.

—Está bien.

Los dos caminaron hacia la puerta.

—¿Cómo te llamás?

—preguntó Matías.

—Elías Alexander.

¿Y vos?

— Dubán Matias.

Se acercaron a abrir la otra puerta juntos.

Cuando la empujaron, el viento fresco de la mañana entró con fuerza, moviendo el cabello de Alex.

Matías lo miró por un momento.

—Bueno, Elías Alexander… o mejor dicho, Alex.

Mucho gusto, y gracias por tu ayuda —dijo Matías.

Matías empezó a caminar hacia la pieza de los monaguillos.

Alex iba detrás de él.

—¿Dónde queda el baño?

—preguntó Alex.

Matías se detuvo, se dio vuelta y le dijo: —Salís por esta puerta que abrimos hace rato, vas al fondo y vas a ver dos baños separados.

Alex fue directo hacia la puerta para buscar el baño.

Mientras tanto, Matías acomodaba su túnica blanca.

Un momento después, Alex apareció otra vez en la puerta.

—No encontré.

Solo vi una puerta y pensé que era esa, pero está cerrada.

Matías se rió.

—Fuiste a la puerta del costado, ¿no?

—Sí, ahí mismo —respondió Alex.

—Pero ahí no es —dijo Matías riéndose—.

Vení, te muestro dónde es.

Lo acompañó hasta el baño.

—Ahhh… era este —dijo Alex.

Entraron.

Alex pasó primero.

Matías se quedó un momento mojándose un poco el pelo y acomodándoselo frente al espejo.

Cuando terminó, salió del baño.

Justo detrás de él salió Alex, pero se resbaló y cayó al suelo.

Matías se dio vuelta enseguida.

—¡Eh!

Volvió a entrar rápido al baño, lo ayudó a levantarse y preguntó: —¿Estás bien?

—Sí… estoy bien —respondió Alex.

Matías lo ayudó a ponerse de pie.

Alex lo miró fijamente a los ojos y, con cuidado, le acomodó un poco el pelo que tenía mojado.

Por un segundo quedaron muy cerca, en silencio.

Justo cuando Alex parecía que iba a decir algo, apareció Lucas en la puerta.

Lucas los miró con cara rara.

—Matías… acá estabas.

Se acercó, lo agarró del brazo y dijo: —Vamos.

Antes de irse, Alex le dijo: —Suerte, Mati.

Matías se fue con Lucas.

Lucas seguía sujetándolo del brazo.

—¿Qué pasa, Lucas?

—preguntó Matías.

—Tenés que ir a prepararte.

—Pero es súper temprano aún —dijo Matías.

—Siempre decimos eso y después se nos pasa la hora —respondió Lucas.

Caminaron hacia la pieza de los monaguillos.

Antes de entrar, Matías se detuvo para saludar a algunos servidores que estaban llegando y soltó el brazo de Lucas para acercarse a ellos.

Luego entró junto con Lucas a la pieza.

Matías agarró su túnica blanca y empezó a prepararse.

Notó que no venían casi monaguillos.

Solo estaban él y Lucas, porque la mayoría no iba a la misa de las 6:30.

Matías se puso la túnica y trató de atarse el hilo en la cintura, pero le quedaba mal y se estaba apretando demasiado.

Lucas se acercó.

—No, así no —dijo mientras le acomodaba el hilo morado—.

Tenés que atarlo así.

Así no te aprieta tanto.

—¿Ves?

—Gracias —respondió Matías.

Después salieron de la pieza.

Matías se dirigió hacia el altar, hizo la reverencia, subió para buscar la vela y la cruz, y luego volvió a bajar.

En ese momento llegó Yoselin.

Entró rápido a la pieza, se vistió y salió para buscar la otra vela.

Todo quedó listo para la misa.

Poco a poco la gente comenzó a entrar y a sentarse.

Lucas miró la hora.

—Ya son las 6:20.

El padre ya vino.

Pónganse en fila, en diez minutos empezamos.

Los monaguillos se pusieron en fila.

Detrás también se acomodaron los del coro y los litúrgicos.

El padre se colocó al final.

Encendieron las velas.

Lucas se puso en el medio y levantó la cruz.

Así comenzó la misa.

Caminaron hacia el altar.

Matías llevaba una vela y Yoselin la otra.

Mientras avanzaban por el pasillo, Matías vio a Alex sentado casi al frente.

Alex le guiñó un ojo.

Matías lo ignoró y siguió caminando.

Llegaron al altar, hicieron la reverencia y luego se fueron a sentar junto yose y Matías, y lucas solo en nel otro banco.

La misa avanzó y Matías, Yoselin y Lucas comenzaron a servir.

El tiempo pasó rápido y, después de un rato, la misa terminó.

El padre levantó las manos y dijo: —Amén.

Todos respondieron y comenzaron a levantarse de sus asientos.

Matías, Yoselin y Lucas tomaron la cruz y las velas.

Bajaron los tres escalones del altar, hicieron la reverencia y se pusieron en fila para caminar hacia la salida.

Cuando llegaron a la entrada, el padre volvió a decir: —Amén.

Gracias.

Matías y Yoselin apagaron las velas y Lucas bajó la cruz.

Así terminó la misa.

Los tres volvieron al altar para colocar nuevamente la cruz y las velas en su lugar.

Después bajaron y fueron a la pieza de los monaguillos para quitarse las túnicas.

Matías intentaba sacarse la túnica, pero se había olvidado de desabrochar el botón del cuello y quedó atrapado.

En ese momento entró Kevin.

Lucas, que también se estaba quitando la túnica, le dijo: —Kevin, ayudalo.

Kevin se acercó, le desabrochó el botón y Matías pudo sacarse la túnica.

—Kevin, tengo que contarte algo —dijo Matías.

Lo agarró del brazo y lo llevó afuera.

Yoselin salió detrás de ellos.

—¿Adónde tan deprisa?

¿Y qué tenés que contarle a Kevin?

—preguntó yoselin.

—Qué metida que sos —dijo Kevin.

—Cállense —dijo Matías—.

Vi a un chico tan lindo.

—¿Eh?

¿Quién?

—preguntó Yoselin.

Justo en ese momento el chico pasó caminando.

Saludó con la mano.

—Hola… chau.

Matías se dejó caer dramáticamente.

—Qué hermosooo… —Ay, Mati… es feito —dijo Yoselin.

Kevin se rió junto con ella.

—Bueno, bueno… Después Kevin preguntó: —¿Vuelven a subir a la segunda misa, la de las siete y media?

—Ay, no —dijo Matías.

—Yo tampoco —dijo Yoselin.

En ese momento salió Lucas.

—Kevin, vamos.

Te toca la segunda misa.

Ya va a comenzar.

Kevin fue a prepararse.

Matías y Yoselin se sentaron a hablar.

Matías le contó que anteayer un chico desconocido lo había llevado en su auto a tomar helado hasta el Puente de la Amistad.

—¿Estás loco?

—dijo Yoselin—.

¿Cómo vas a subirte con un desconocido?

—No es tan desconocido… ahora es conocido —respondió Matías—.

Es del mismo colegio al que entro ahora.

—Bueno… estás acá y no te hizo nada —dijo Yoselin.

—Y sí —respondió Matías.

Después de un rato, Matías se levantó para ver si la misa ya había empezado.

Pasó el tiempo y la segunda misa también terminó.

Kevin bajó rápido, fue a la pieza, se cambió y luego se acercó a Matías y Yoselin.

—Vamos ya.

—¿No vas a quedarte en el catequesis?

—preguntó Matías.

—No, vamos.

Matías se despidió de Yoselin.

—Chau.

Kevin lo empujaba del brazo para salir.

Los dos salieron de la iglesia y comenzaron a caminar.

Durante el camino hablaron.

Matías le contó lo del chico del auto, que se llamaba Félix.

—Entonces tiene plata —dijo Kevin.

—Seguro que sí —respondió Matías—.

Y el chico del baño me miró como si me fuera a besar… el que me saludó a la salida de la misa de las seis.

—Ese está un poco lindo —dijo Kevin.

—¡Que síii!

—respondió Matías.

Llegaron frente a la casa de Matías.

—Bueno, nos vemos más tarde —dijo Kevin.

—Nos vemos.

Kevin se fue.

Justo en ese momento llegó la hermana de Matías con sus dos hijos.

Matías se acercó y levantó a su sobrino chiquito.

—Ay, Mati, qué calor que hace.

Sacate esa campera —dijo su hermana Mónica.

—Ay, Mónica… me muero de sueño —respondió Matías.

Entraron a la casa.

—Mamá, tengo hambre.

¿Qué vamos a comer?

—preguntó Mónica.

Su sobrino mayor Yonathan se sentó con Matías mientras él comía una manzana.

—¿Qué tal te fue?

—le preguntó.

—Bien —respondió Matías.

Después se fue a su cuarto a acostarse.

Su sobrino Yonathan se acostó con él.

—¿Qué tal la escuela?

—preguntó.

—Bien… creo.

Matías cerró los ojos y se quedó dormido.

Su sobrino le prendió el ventilador y salió del cuarto.

Cuando Matías despertó, vio que eran las seis de la tarde.

—¿Y Mónica ya se fue?

—preguntó.

—Sí.

Y ahora que te despertaste, andá a comprarme leche y harina a lo de Julia —respondió su mamá.

—Está bien.

Matías se cambió y fue a la casa de Kevin, donde vivía Julia, su mamá.

Kevin le atiende.

—Tenés una cara de dormido.

Matías se sentó a su lado.

—Lo sé… y tengo hambre.

Dame leche y harina.

Kevin se las dio.

—Quedate un rato más.

—Mamá me va a pegar si tardo como siempre.

—¿Desde cuándo le hacés caso a tu mamá vos?

—dijo Kevin.

—Desde siempre.

Bueno, ya cállate.

Me voy, no tengo ganas de nada.

—Bueno, dale.

Nos vemos mañana.

—Dale.

Matías volvió a su casa, le dejó la leche y la harina a su mamá y salió al fondo.

Ya estaba oscuro.

El viento movía las hojas del árbol grande que crecía en el patio baldío detrás de la casa.

Las ramas crujían suavemente y el aire de la noche estaba fresco.

Matías caminó por ahí un momento y luego salió hacia la calle de atrás.

Allí encontró a Juan, un amigo de su hermano mayor, Rodrigo.

—¿Qué hacés por acá a esta hora?

—preguntó Juan.

—Estaba aburrido… y vos sabés que me gusta tomar aire.

Así que salí a caminar.

—Te diría para dar un paseo, pero mi moto justo se descompuso —dijo Juan.

—Ojalá la repares pronto.

Así vamos a pasear.

—Sii.

—Bueno, nos vemos.

Solo salí a caminar un poco.

—Está bien —respondió Juan.

Matías volvió a su casa, entró a su cuarto y abrió el ropero.

Un cuaderno cayó al suelo.

Matías lo levantó y lo miró por un momento.

—Podría empezar un diario… Lo pensó unos segundos.

—Ay no… qué aburrido escribir.

Guardó el cuaderno otra vez, cerró el ropero y se tiró en la cama.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer este capítulo.

Espero que la historia les esté gustando.

Si quieren apoyar la historia, pueden donar su Piedra de Poder.

Y si encuentran algún error, pueden avisarme en los comentarios.

¡Muchas gracias por leer!

♡

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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