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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 Como hojas en otoño
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21: Capítulo 21: Como hojas en otoño 21: Capítulo 21: Como hojas en otoño Matías corre con la mochila y sus cosas de campamento en la mano para llegar a la escuela.

Mira su reloj: eran las 7:30 de la mañana.

Justo llega, entra y mira a su alrededor.

Ve a todos sus compañeros hablando.

Matías entra y ve a los alumnos de la mañana, pero no ve a Rumi.

Se acerca a Rouxan.

-Hola, Rouxan, buen día.

-Hola, Mati, buen día.

-¿Has visto a Rumi?

-dice Matías.

-Sí, está en clase, sentada, porque dijo que tenía mucho frío.

-Sí, igual amaneció con mucho frío hoy -dice Matías, soplando sus manos por el frío-.

Bueno, iré junto a ella.

Nos vemos.

-Nos vemos -dice ella.

Matías entra al aula y ve a Rumi sentada con un camperón.

Se acerca.

-Hola, Rumi.

-¡Holaa!

-dice ella, emocionada al verlo-.

Pensé que no vendrías, ya me preocupabas.

-Obvio que iba a venir -dice Matías, bajando su mochila al suelo.

-Creo que Elizabeth y Vanessa no van a ir -dice Rumi-.

No las veo.

-No va a ir Elizabeth, tiene cosas que hacer justo hoy.

Dijo que siempre está ocupada los viernes…

y Vanessa no pudo, no la dejaron -dice Matías.

-Pero bueno…

por suerte te vas vos conmigo -dice Matías.

-Y sí -responde Rumi.

En ese momento entran Fati y Lucas juntos.

-Qué frío -dice Lucas, moviendo la cabeza.

-Sí, amaneció con un re frío hoy -dice Matías-.

Ni ganas de levantarme tenía.

Fati se acerca y le dice a Matías: -Hoy tu tapaboca seguro te debe re servir con el frío que hace.

-Bastante -dice el.

Y en ese momento la profe llama a todos: -Chicos, entren adentro, vamos a hablar.

Todos empiezan a entrar y a sentarse.

Matías sienta alado de Rumi, y Fati al lado de él.

-Bueno, chicos, saldrán afuera cuando llamen a cada grupo que ustedes eligieron.

Van a salir donde está el colectivo que nos llevará y se van a subir ahí.

-Okey -dicen algunos.

Mientras llaman la lista, Matías le dice a Fátima: -¿Con quién hiciste grupo?

-Con Lucas -responde ella.

-Si estás aburrida, vení con nosotros, que vamos a estar los dos.

-Está bien -dice.

En ese momento, la profe dice: -Duban Matías y Rumi Belén.

Agarra sus cosas y salen juntos hacia el colectivo.

Suben y se sientan.

Ella se pone junto a la ventana, y él se queda mirándola.

-¿Qué pasa?

-pregunta ella.

-Es que quiero ir al lado de la ventana.

Rumi duda un momento, lo mira y luego dice: -Está bien, vení.

Él deja sus cosas arriba y se sienta junto a la ventana.

Pasan los minutos y todos empiezan a subir.

Lucas y Fátima se sientan atrás de ellos.

Matías abre la ventana y el frío empieza a entrar.

El colectivo arranca y se van.

Se quita el tapaboca para sentir el aire frío.

-Hace mucho frío, ¿cómo vas a estar con la ventana abierta?

-dice Rumi, temblando.

-¿Te molesta?

-pregunta él.

-No, no es eso.

A mí no me da directo, por suerte…

pero te digo por vos.

-Tengo frío en las manos, pero en la cara no.

Igual me gusta que me pegue el frío en la cara…

es muy refrescante, me encanta.

Rumi agarra su mochila, que tenía al lado de sus pies, abre el bolsillo del medio y saca unos guantes.

-Ponete esto, así no te da frío en las manos.

-No hace falta.

-Claro que sí -responde ella, agarrándole la mano y poniéndole el guante.

Él le pasa la otra mano para que le ponga el otro.

-Gracias…

casi nadie se preocupa por mí así -dice, medio en broma.

-Conmigo no te va a faltar nada, mi vida.

Los minutos pasan.

Matías se empieza a sentirse mareado por el viaje, así que apoya su cabeza en el hombro de Rumi.

Ella, sin dudar, apoya la suya sobre la de él.

-¿Falta mucho?

Es que me siento re mareado.

-Relajate un rato, no te muevas tanto -dice Rumi.

A Matías, que le gusta bromear, empieza a mover la boca como si fuera a vomitar.

Rumi le tapa la boca.

-Ni se te ocurra.

El colectivo empieza a adentrarse en una zona con bosque alrededor.

-¿A dónde era que íbamos?

-pregunta Matías.

-Al Paraíso Escondido -responde Rumi.

-Ahh…

El colectivo se detiene de golpe.

-Por favor, chicos, bajen despacio.

Agarren todas sus cosas, no se olviden nada -grita la profesora.

Matías se levanta, toma sus cosas y él ya estaba por irse cuando Rumi le dice: -No me dejes.

Rumi le agarra la mano.

Ambos tenían guantes negros.

Bajan juntos y empiezan a caminar hasta quedar bajo un árbol, esperando a que todos bajen.

En ese momento bajan Fátima y Lucas.

Matías los ve y levanta la mano, señalando que están bajo el árbol.

Se acercan.

—Hace un poco más de frío acá, ¿no?

—dice Fátima.

—Sí, justo hoy tenía que hacer más frío —responde Rumi.

—Bueno, chicos, por favor síganme —dice la profesora.

Todos la siguen hasta llegar frente a un río hermoso, con una vista llena de árboles.

Matías mira alrededor.

—Mirá, ahí hay un quincho chiquito que llega hasta el agua… ya quiero ir a verlo —dice.

—Bueno, chicos —dice la profesora—, vayan eligiendo dónde acampar y ordenen sus cosas.

No los quiero tan lejos, traten de estar lo más cerca posible.

—Bueno, vamos a poner lo nuestro —dice Matías, agarrándole la mano a Rumi, y se van a elegir lugar.

Fátima los mira irse y le dice a Lucas: —Vamos a acampar al lado de ellos.

—Está bien —responde él.

Y se van detrás de ellos.

Matías se agachó para sacar sus cosas de la mochila y empezar a armar la carpa.

Rumi se dejó caer sobre el pasto, observándolo en silencio mientras el viento movía suavemente su cabello.

—¿Querés que te ayude?

—preguntó ella, sin dejar de mirarlo.

Matías, sin responder enseguida, agarró la mochila y vació todo de una.

—Sí, ayudame a armar —dijo.

Rumi se levantó y se acercó a él.

Entre los dos comenzaron a acomodar las varillas y la tela, tratando de que la carpa quedara firme.

En ese momento, Fátima se acercó.

—¿Podemos acampar al lado de ustedes?

—preguntó Fátima.

—Claro que sí —respondió Matías.

Fátima y Lucas dejaron sus cosas cerca y empezaron a armar su propia carpa.

Después de un rato, los cuatro se alejaron un poco para mirar lo que habían hecho.

—Creo que está bien —dijo Fátima.

—Yo también la veo bien —agregó Rumi.

Volvieron a sus carpas para ordenar todo por dentro.

Matías entró primero, y Rumi fue detrás de él.

Él extendió una sábana en el suelo, mientras Rumi colocaba otra encima para que quedara más cómodo.

Luego, Matías sacó una sábana del Hombre Araña.

Rumi soltó una risa.

—¿Ese es el Hombre Araña?

—Sí —respondió él, acomodándola a un costado.

Rumi terminó de ordenar lo suyo y ambos se sentaron a observar el interior.

—Ay, qué lindo —dijo ella, dejándose caer sobre la sábana—.

Está calentito.

—Sí —respondió Matías.

Se levantó y salió afuera, y Rumi fue detrás de él.

Matías miró alrededor y vio cómo el sol empezaba a salir entre las nubes oscuras.

Levantó la vista y, justo en ese momento, Rumi salió de la carpa.

—Vamos a aquel quincho —le dijo.

—¡Vamos!

—respondió Rumi—.

¡Yo quería ir a ver!

Fátima, que estaba cerca, se acercó rápido.

—¡Yo también voy!

Matías sonrió.

—¿Jugamos una carrera hasta llegar allá?

—Dale —dijeron Rumi y Fátima.

Los tres empezaron a correr, riéndose, hasta llegar al quincho.

Fátima quedó un poco más atrás, pero llegó enseguida.

Se detuvieron frente a una baranda de madera que daba al río.

Se quedaron en silencio, mirando el agua.

—Qué lindo lugar… —dijo Matías.

—¿Verdad que sí?

—respondió Fátima, mirándolo.

Matías, Rumi y Fátima se quedaron hablando durante unas horas, caminando por el lugar y conversando sobre sus vidas mientras recorrían el espacio libre.

Después, todos se reunieron en grupos para comer, como en un picnic.

Matías estaba con Fátima, Lucas y Rumi.

Mientras comían, él compartía fresas con Rumi y miraba alrededor.

—Siento que está pasando muy rápido el día… ya son las 3:49 —dijo Matías.

—Es porque estuvimos caminando, hablando y conociendo el lugar.

Se voló la hora —respondió Fátima.

—Claro —agregó Lucas.

En ese momento, la profesora levantó la voz.

—Chicos, cuando terminen de merendar, quiero que busquen leña por el bosque.

No los quiero lejos de acá, quédense cerca, por favor.

Es para la fogata de la noche.

Y vayan dejándola allá —dijo, señalando un pozo bastante grande.

Matías miró el pozo y luego a Rumi y Fátima.

—Ese pozo está un poco grande para llenarlo de leña… —Bueno, entonces hay que empezar a buscar ya —dijo Lucas—, así lo llenamos.

Todos asintieron y comenzaron a dirigirse hacia el bosque.

Matías, Rumi, Fátima y Lucas llegaron frente al bosque.

Se quedaron observando los árboles altos, el ambiente oscuro mezclado con tonos verdes y anaranjados por el sol que se filtraba entre las hojas caídas del otoño.

Matías se quitó los guantes y los guardó en su bolsillo.

Rumi lo miró y también hizo lo mismo.

—Bueno, manos a la obra —dijo Lucas, agarrando una carretilla que estaba al lado de un árbol.

Matías miró alrededor y vio que había varias.

Sonrió mientras miraba a Fátima.

Fátima le devolvió la sonrisa.

—Sé lo que estás pensando.

Matías salió corriendo, agarró una carretilla y volvió hacia ella.

—Subite, vamos a buscar leña.

—Pero no me vas a tirar, ¿verdad?

—preguntó Fátima.

—Claro que no —respondió Matías.

Fátima se subió a la carretilla.

Lucas miró a Rumi.

—¿Querés subirte también?

—No… me da miedo —respondió ella.

—Bueno, vamos a buscar —dijo Lucas.

Matías empezó a empujar la carretilla con Fátima arriba.

Rumi iba caminando detrás de él.

De repente, la rueda chocó con una piedra y la carretilla se inclinó hacia un costado.

Fátima cayó al suelo.

Los tres empezaron a reírse, mientras Lucas, que estaba un poco más lejos juntando leña, los miraba y también se reía.

Matías ayudó a Fátima a levantarse.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió ella, sacudiéndose un poco la ropa.

—Mirá, Lucas —dijo Rumi—, ya está juntando un montón.

Rumi empezó a colocar leña en la carretilla, y luego los tres comenzaron a adentrarse más en el bosque, alejándose de donde estaban antes.

Mientras avanzaban, Rumi caminaba detrás de Matías, sujetándolo suavemente de la campera.

Fátima iba a su lado, y él empujaba la carretilla.

Después de unos minutos, Matías se detuvo.

Había visto algo.

Al costado de un árbol, el suelo estaba cubierto de hojas anaranjadas, y el árbol aún tenía muchas hojas amarillas colgando de sus ramas.

—Qué triste… se caen todas —dijo Fátima, mirando el suelo.

Matías se acercó al árbol, observándolo con calma.

—¿Saben a qué me hace acordar… y a lo que me hace sentir esto?

A una frase.

—¿Qué frase?

—preguntó Rumi, mirándolo.

Matías levantó un poco la vista hacia las hojas.

—Los árboles dejan caer sus hojas en otoño… y aun así siguen en pie.

Supongo que es su forma de enseñarnos que perder algo no significa que todo terminó… sino que, a veces, es necesario para poder volver a florecer.

Hubo un pequeño silencio.

—Qué bonito… —dijo Fátima, mirándolo.

Matías sonrió levemente.

—Acérquense… vamos.

Las dos se acercaron.

—Miren arriba… las hojas.

Matías tomó el tronco y lo sacudió con fuerza.

De repente, una lluvia de hojas amarillas empezó a caer sobre ellos.

—¿No es tan bonito?

—dijo Matías, sonriendo.

De repente, las hojas dejaron de caer.

Matías levantó la vista… y la expresión de sus ojos cambió.

—¿Qué pasa?

—preguntó Rumi, mirándolo.

Matías se dejó caer sobre el montón de hojas bajo el árbol y se quitó el tapaboca.

—Es que… era tan lindo cuando estaban cayendo… pero ya casi no quedan.

Y es triste… porque todo termina en algún momento.

Tomó una hoja entre sus manos.

—Es triste ver cómo ya murieron… y cómo otras van a ocupar su lugar, justo donde crecieron.

Al final… nosotros también vamos a ser reemplazados… como las hojas… donde alguna vez hubo una historia.

Fátima lo observaba en silencio, prestando atención a cada palabra.

Rumi se arrodilló frente a él y le levantó suavemente la cara.

—Por eso tenemos que disfrutar nuestro momento, ¿sí, Mati?

—dijo, agarrando su tapaboca del suelo y ayudándolo a levantarse.

—Claro —dijo Matías, caminando hacia la carretilla.

De repente se detuvo, se giró hacia Fátima y se tocó la cara—.

Ehh … ¿ y mi tapaboca?

—Acá está —dijo Rumi.

Matías se acercó, lo tomó y se lo colocó.

—Cuando estábamos comiendo te vi, Matías… no tengas vergüenza de sacarte el tapaboca frente a mí.

—No es eso —respondió él—, es que… me hace sentir más seguro.

—Pero verte completo, cómo sos… es mejor que ocultarlo.

Matías la miró un momento y luego desvió la vista.

—Bueno… vamos, que se está oscureciendo.

Siguieron juntando leña hasta que Lucas apareció.

—Ya junté bastante.

Los estaba buscando… voy al pozo a dejar todo.

Vamos, Fati.

—Vamos.

Nos vemos allá, chicos —dijo ella.

—Nos vemos —respondieron Matías y Rumi.

Matías y Rumi siguieron recolectando leña hasta que llegaron a un tronco cortado.

Matías corrió y se subió arriba.

—Mirá el sol cómo baja… ¿no es lindo?

—dijo, quitándose el tapaboca por la emoción.

—Claro que sí —respondió Rumi, subiendo con él.

El viento soplaba fuerte, moviendo sus cabellos.

Se quedaron en silencio, observando el atardecer y el río a lo lejos.

Matías se giró hacia ella.

—¿No es lindo cómo cada día puede ser una aventura… algo distinto?

—Sí… es hermoso —respondió Rumi, bajando del tronco.

Matías bajó también, juntó unos troncos pequeños y los colocó en la carretilla.

—Bueno, listo… ya estamos.

Volvemos.

—Vamos —dijo Rumi.

En el camino de regreso, el bosque se volvía más oscuro bajo la sombra de los árboles.

Rumi caminaba detrás de él, sujetándose de su campera.

Al salir del bosque, Matías volvió a colocarse el tapaboca.

—Bueno, vamos.

Fátima apareció detrás de ellos.

—Acá estaban.

Matías se dio vuelta.

—Pensé que ya habían salido del bosque hace rato… ¿qué hacés acá?

—Me quedé buscando mi guante, se me cayó mientras venía con Lucas —dijo Fátima—.

Rumi, ¿me ayudás a buscar la otra parte mientras Matías va a dejar la leña en el pozo?

—Está bien —dijo Rumi—.

Andá, dejá rápido la leña y vení detrás de nosotros —le dijo a Matías.

—Está bien —respondió él, yéndose hacia el pozo.

Fátima y Rumi volvieron a adentrarse en el bosque.

—Qué lindo cómo Matías ve el mundo… me encanta cómo expresa todo —dijo Fátima.

—Sí… a mí también.

Hace poco que hablamos, pero me gusta estar con él —respondió Rumi.

Fátima sonrió y de repente vio algo.

—Acá está —dijo, levantando el guante.

—Bueno, vamos antes de que oscurezca —dijo Fátima.

Ambas empezaron a caminar, pero al levantar la vista notaron algo.

Árboles por todos lados.

—Nosotras vinimos derecho… así que volvemos derecho —dijo Rumi.

Fátima dudó, mirando alrededor.

—No… vinimos derecho y después giramos… tenemos que ir por el costado.

—No… —respondió Rumi, mirándola con preocupación.

—Bueno… ¿qué hacemos?

Creo que estamos perdidas —dijo Fátima.

—Vamos derecho —respondió Rumi.

—No, mejor por el costado… ya se está haciendo de noche.

Rumi negó con la cabeza.

—Yo voy derecho.

—No te vayas, no es por ahí —insistió Fátima.

—Vení conmigo —dijo Rumi.

Fátima dudó unos segundos y luego habló: —La mejor opción es que vayamos por caminos diferentes.

Si vos llegás antes, volvés a buscarme acá.

Yo también voy a volver a este mismo lugar si me equivoco.

Y si encuentro el camino correcto, vuelvo por vos… pero apenas sientas que ese no es el camino, volvé directo acá, ¿sí?

Rumi la miró.

—Está bien.

Las dos tomaron caminos distintos.

Rumi caminaba sola.

El bosque ya estaba casi oscuro.

—¿Por qué vine sola…?

—murmuró—.

Hubiera ido con Fátima… Mientras tanto, Fátima avanzaba mirando alrededor.

—Ahora tengo que girar acá… A lo lejos vio unas luces y empezó a correr hacia ellas.

De repente, chocó de frente con alguien y cayó al suelo.

—¡Ah!

Matías se levantó rápido.

—Fátima, ¿estás bien?

—Sí… —respondió ella, levantándose.

—¿Dónde está Rumi?.

—Nos confundimos de camino… y ella se fue sola.

Le dije que viniera conmigo.

—Ay, no… —dijo Matías, preocupado.

Mientras tanto, Rumi seguía caminando sola.

El bosque ya estaba oscuro por completo.

—Ay… qué miedo… Recordó lo que había dicho Fátima y empezó a retroceder.

Luego, el miedo la hizo acelerar el paso… hasta que comenzó a correr.

De repente, escuchó un crujido seco, como si alguien hubiera pisado algo.

Se quedó completamente quieta.

Miró a su alrededor, desesperada.

—¿Hola…?

El silencio era total.

Y entonces… Sintió una mano apoyarse en su hombro desde atrás.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por acompañar este capítulo.

Si te gustó, podés apoyarlo con una Piedra de Poder y tu comentario.

Nos vemos en el siguiente ♡

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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