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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 Dudas que crecen
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23: Capítulo 23: Dudas que crecen 23: Capítulo 23: Dudas que crecen Dos semanas y un día después del campamento.

24 DE MAYO Matías estaba con Fátima, Elizabeth y Rumi en la librería de la escuela, Matías sostenía su celular, listo para grabar.

Frente a él estaban Fátima y Elizabeth, algo nerviosas.

Rumi observaba desde un costado, apoyada contra la pared.

—Bueno, el video tiene que salir bien —dijo Matías, acomodando el celular.

Elizabeth soltó una pequeña risa nerviosa.

—Es que… no sé qué decir.

—Ustedes saben hablar mejor que nosotros dos —respondió él.

—Está bien, ya practicamos mucho, no será en vano.

Bueno, empezá a grabar, Mati —dijo Fátima.

Matías levantó el celular.

—Listo… grabando.

—Bueno… —empezó Fátima— el otro día… Pero comenzó a reírse al ver que Matías también se reía.

—¡Pero basta, Matías!

—Bueno, bueno —dijo él entre risas, cortando el video—.

Otra vez.

Elizabeth se rió.

—Bueno, otra vez.

Fátima suspiró y volvió a empezar: —El otro día, en la clase de noveno grado, estuvimos haciendo muchos juegos de historia con la profesora Mirta.

Se quedó en silencio por un momento.

Elizabeth la miró, confundida, y al ver que se frenaba improvisó: —En estos juegos pusimos a prueba nuestro conocimiento… ehhhh… todo lo que dimos en estos meses… Fátima asintió y continuó, moviendo la mano al hablar: —Fueron juegos diferentes y divertidos, ya que no solamente nos divertimos o jugamos, sino que aprendimos muchas cosas también en el juego.

Miró a Elizabeth.

—Fue muy divertido y hubo muchos métodos diferentes en la explicación de historia que nos hizo aprender mucho.

—Sí, fue súper divertido —respondió Elizabeth.

—Con el cual también compartimos nuestros conocimientos, lo que aprendimos del uno del otro —agregó Fátima.

—En general fue muy divertido —dijo ella riéndose.

—Ojalá que volvamos algún día a hacerlo de nuevo —dijo Elizabeth.

—Sí, nos encantaría repetirlo —respondió Fátima.

—Eso es todo, chau —cerró Fátima.

—Chau —dijo Elizabeth.

Matías bajó la cámara y sonrió.

—Excelente, chicas, les salió genial.

—Gracias —dijo Fátima, riéndose.

—Yo veía que parabas y no sabías qué decir, pero de tanto pensar, de la nada se me salieron algunas palabras —dijo Elizabeth.

Fátima se rió, mirándola.

Rumi, que estaba apoyada en la pared, se acercó y miraron el video todos juntos.

—Bueno, salió bien —dijo Elizabeth.

—Bueno, pasáselo al profe después, ya antes de junio —agregó.

—Dale —respondió Matías.

Salieron de la biblioteca.

Fátima y Rumi entraron a clase, mientras que Matías y Elizabeth se quedaron afuera y empezaron a caminar.

—No me habías contado qué tal te fue en el campamento —dijo Elizabeth.

—Pues, súper bien.

Me divertí mucho… pero hubiera sido más divertido si estuvieras vos —respondió Matías.

—Lástima que no pude estar —dijo ella, sentándose en la rueda de concreto del fondo, bajo el árbol.

Matías se sentó a su lado.

—Creo que va a haber más oportunidades más adelante donde podamos compartir, así que tranquila —dijo.

—Y sí… —respondió ella.

En ese momento, sonó la campana de entrada.

Ambos se levantaron y se fueron a sus clases.

Elizabeth entró primero, y Matías iba a entrar detrás de ella, pero vio a Virginia sentada afuera.

Corrió hacia ella.

Virginia lo vio, se levantó y lo abrazó fuerte.

—No te vi hoy —dijo, abrazándolo.

En ese momento apareció Raúl detrás de ellos.

—Ehhh… —dijo, mirándolos.

Matías soltó a Virginia, y ella se dio vuelta riéndose.

Justo en ese momento, la directora se acercaba.

Matías le hizo una seña rápida a Raúl para avisarle y luego miró a Virginia, indicándole que ya se tenían que ir.

—¿Qué he dicho sobre no estar afuera a la hora de entrada?

—dijo la directora, seria—.

Y peor aún en clase de séptimo grado… Novenos, a sus clases.

¡Rápido!

Y vos, Virginia, adentro ya.

—Sí… —respondio Virginia.

Raul y Matías se fueron rápidamente a su clase.

Matías y Raúl entraron rápido a clase y vieron a todos hablando y riéndose.

Matías se acomodó el tapaboca y miró el escritorio de la profesora.

No estaba.

Se acercó a Elizabeth.

—¿Acaso la profe no viene?

—No, no viene —respondió ella—.

Lo dijo el director, así que podemos estar tranquilos, sin tareas.

—Bueno… entonces me voy a sentar afuera.

¿Vamos?

—Vamos —dijo Elizabeth.

Salieron y se sentaron como siempre, en la orilla del piso que estaba a un metro del suelo.

Matías miró a Elizabeth y dijo: —Estamos hace casi dos meses ya juntos.

Elizabeth iba a responder, pero en ese momento vio su collar brillar.

—Qué bonito… ¿de dónde lo conseguiste?

Matías lo agarró y lo miró.

—Ah… me lo regaló Fátima en el campamento, cuando fuimos a hablar un rato.

—Es hermoso —dijo Elizabeth.

En ese momento, Raúl se sentó al lado de ellos.

—Matías, en el campamento se durmió con Fátima y Rumi… ¿qué tenés que decirle a Elizabeth por eso?

—dijo, bromeando.

Matías lo miró.

—¿Qué se supone que deba decirle?

No estoy haciendo nada malo.

Elizabeth se rió.

—Basta, Raúl.

Matías se levantó y miró a Raúl y a Elizabeth.

En ese momento, Elizabeth empezó a tararear una melodía.

Matías se quedó quieto.

Su expresión cambió.

Esa música… La reconocía.

“Esa es la música… del video…” Se quedó inmóvil, escuchando el sonido de fondo mientras su mente empezaba a moverse.

De repente, los recuerdos comenzaron a mezclarse en su cabeza.

Alex desesperado intentando quitarle el video.

El momento en que Alex discutió con Alondra solo por que vi el vídeo.

La pelea entre Benjamín y Alondra.

Félix… que al principio lo odiaba, y ahora de la nada estaba bien con nel.

Todo empezó a encajar… o al menos eso parecía.

“Entonces… ¿qué está pasando?” Su respiración se volvió más pesada.

“¿Y si…?” Su mente siguió.

“¿Y si el del video es Benjamín…?

Se parecía mucho… solo que tenía máscara…” Los ojos de Matías se abrieron, sorprendido por su propia idea.

—¡Matías!

—dijo Elizabeth, al ver que no respondía.

Él reaccionó de golpe.

Miró a Raúl y a Elizabeth, todavía impactado.

Sin decir nada… salió corriendo.

Los dejó atrás.

—¿Qué le pasó?

—dijo Raúl.

Rumi, que estaba desde la puerta, había visto cómo Matías se quedaba quieto pensando.

Reconocía esa mirada.

Luego lo vio salir corriendo.

Se acercó y tocó el hombro de Elizabeth, que estaba sentada.

—Iré yo atrás de él.

Esperen acá —dijo Rumi, y salió corriendo.

Raúl miró a Elizabeth.

—¿Y vos sabés qué le pasa?

—No sé… —respondió ella.

—Se supone que deberías saberlo todo vos.

—¿Y por qué tendría que saber todo?

—Porque sos su novia, Elizabeth.

Ella bajó un poco la mirada.

—Pero con Matías estamos hace casi dos meses… y no hemos avanzado nada de lo que debería avanzar una pareja.

Solo hablamos, nos abrazamos… y nada más.

Raúl lo miro de reojo.

—Pues pedile que te dé un beso o algo.

Es tu novio.

—Es que… —dijo Elizabeth, mirando hacia donde Matías se había ido corriendo.

Mientras tanto, Rumi lo siguió con la mirada a lo lejos.

Vio cómo Matías corría desde la escuela hacia el fondo, dirigiéndose al colegio.

Se detuvo bajo un árbol.

Se quedó quieta, observándolo desaparecer sin parar.

Luego se sentó en la rueda de cemento, pensativa.

Matías siguió corriendo hasta llegar al colegio.

Apenas piso, la directora lo detuvo.

—¿Qué hacés acá en el colegio?.

—Necesito hablar urgente con Félix, por favor —respondió Matías, agitado.

—¿Qué tan urgente es?

—Algo familiar… solo puedo hablarlo con él.

La directora suspiró.

—Bueno, podés hablar un rato con él.

Pero después volvés a tu escuela.

No me gusta que los de la escuela vengan al colegio, ¿okey?

—Dale —respondió Matías.

La directora se dirigió a la clase de tercer año y habló desde la puerta.

—Félix, te buscan.

Vení un momento, por favor.

Félix, confundido, se levantó.

—¿Quién me busca?

—Tu sobrino —respondió la directora—.

Dice que quiere hablar algo importante con vos.

—¿Mi sobrino?

—repitió, sin entender.

—Sí, allá está —dijo, señalando a Matías.

Félix reaccionó.

—Ah… sí, mi sobrino, Matías.

Seguro le pasó algo.

—Ve rápido a hablar con él —dijo la directora.

—Gracias —respondió Félix, saliendo y dirigiéndose hacia Matías.

Matías, que estaba inquieto, se dio vuelta y lo vio venir.

Se acercó rápido.

—No sé por dónde empezar… y no podía esperar, porque si no perdía la emoción de sospechar y acordarme de todo.

Félix lo mira serió.

—¿Sospechar y acordarte de qué?

A lo lejos, Rumi observaba desde abajo de un árbol.

Veía a Matías hablando con alguien, pero no distinguía bien quién era debido a su miopía.

Matías respiró hondo.

—Bueno… empecé a pensar y a sospechar de tu grupo, adonde también estoy yo.

—¿Qué sospecha?

Andá al grano —dijo Félix.

—Alondra tiene algo escondido… en un pendrive que estaba conectada a su computadora.

Es un video que creo que no quiere que vea.

Cuando estuve a punto de verlo, Alex apareció de la nada en la pieza, quitó el pendrive de la computadora, se la guardó y me cerró la computadora.

Me pareció algo muy sospechoso, y algunas cosas que me dijo después de eso.

—Creo que en ese video estaba Alex… bailando con un chico.

Y creo que ese chico es Benjamín… aunque no estoy seguro, porque el chico tenía máscara.

—Y también… Alondra se lleva mal con Benjamín, al igual que Alex con él.

—Y más todavía… vos decías que te caía mal… y ahora de la nada ya no decís nada de él y te juntás todo el día con él.

—Y después de eso apareció Alondra y empezó a preguntar qué pasó, y cuestión que yo dije que iba a ir al baño.

Fui, pero antes de entrar vi que ellos dos me miraban.

—Apenas entré al baño, Alex enseguida metió a Alondra adentro de la pieza, y yo corrí para escuchar de qué hablaban detrás de la puerta.

—Él se estaba quejando de que ella podía perjudicarlo… que si yo llegara a ver el video.

Félix lo miró unos segundos, en silencio.

—Matías… estás mezclando muchas cosas.

—Primero… ese video creo que es de cuando todos nos llevábamos bien… del cumpleaños de Alondra.

No es nada raro.

Hizo una pausa.

—Lo otro… lo de las peleas viene de antes.

Hubo rumores… cosas que se dijeron… y todo se fue a la mierda.

Nunca se supo bien quién empezó.

—Benjamín y Alex se echaron la culpa entre ellos… y de ahí se rompió todo.

Félix bajó un poco la voz.

—Yuri también se metió… y empezó a decir cosas de Alex.

No sé qué tan cierto era todo eso.

—Después se sumaron más problemas… gente opinando, separándose… y el grupo se terminó de romper.

Se quedó un momento en silencio antes de seguir.

—Este año volvimos a hablar… intentamos dejar todo atrás.

Pero no todos quisieron.

—Benjamín Gael y Yuri… ya no quisieron volver después de todo lo que pasó.

Miró a Matías.

—Y decidimos no meter a nadie más… porque, según Milagros, eso siempre termina mal.

Hizo una última pausa.

—Y a vos te aceptaron… porque eras el chico que me gustaba.

Matías se quedó pensando un rato.

¿En serio no sospechaba absolutamente nada de todo lo que estaba pasando?

Félix habló con calma.

—Mirá… el único problema ahora en el grupo es Milagros.

Está mal… tiene pensamientos de hacerse daño.

Eso es lo único que me importa.

Hizo una pausa.

—Y aunque fuera verdad todo lo que pasó antes… no vale la pena reabrir cosas que pueden traer problemas otra vez.

—Así que no hagas caso si te dicen algo.

Decímelo a mí.

Y si te hacen sentir incómodo o algo… también.

Matías lo miró.

—Está bien… no pasa nada.

Seguro confundí las cosas.

En ese momento se acercó la directora.

Matías reaccionó rápido.

—Bueno, nos vemos, tío.

Miró a la directora.

—Muchas gracias por dejarme hablar con él.

—Nos vemos.

—Chau —dijo Félix, y volvió con la directora.

Matías empezó a caminar.

“Se ve que él no sospecha nada… pero hay algo que está pasando… y lo voy a averiguar”, pensó.

A lo lejos, Rumi lo vio acercarse y se levantó.

—¿Qué pasó?

¿Por qué te fuiste corriendo así?

Matías improvisó.

—Fui a hablar con un amigo… es mejor amigo de mi hermano.

—Ah… —respondió Rumi.

En ese momento, sonó la campana de salida.

Se fueron a clase, agarraron sus cosas y, al terminar, Matías salió hablando con Rumi y Fati.

Después de un rato, los tres se separaron y tomaron caminos diferentes.

Matías empezó a caminar por un camino totalmente distinto al que solía ir siempre.

Se quitó el tapabocas y, mientras caminaba, miraba su celular.

En eso, lo llamó su mejor amiga, Pamela.

—¿Vos creés, Matías, que faltan solo tres meses para agosto?

Por fin nos vamos a ver vos, yo y Kevin en el seminario.

—Sí… yo estoy esperando ese momento con ganas.

—Yo estoy emocionada de ver a Kevin, hace mucho que no lo veo.

—Ah, como siempre… vos con tu Kevin —dijo Matías, riéndose.

De repente, la llamada se cortó.

Matías le escribió: “¿Qué pasó?”, pero solo le apareció una línea.

—Se ve que se le cortó el internet… —murmuró, guardando el celular.

Iba a girar por otro camino cuando vio a Félix a un costado, hablando con un chico.

Matías se quedó quieto al lado de un árbol, observando.

—Parece que están discutiendo… —susurró.

—Verdad que sí —dijo alguien detrás de él.

Matías se dio vuelta rápido.

Era Virginia.

—Me asustaste —dijo, llevándose una mano al pecho.

—Creo que andamos curiosos —respondió Virginia.

—¿Qué hacés acá?

—Esa de allá es mi casa —dijo señalando.

—¿Vivís por esta cuadra?

No sabía.

—Pues ahora sabés.

¿Y vos qué hacés espiando?

¿Y a quién?

Matías miró hacia Félix.

—El chico de allá es mi amigo… y parece que están discutiendo.

Vení, ponete acá, que no te vea.

Detrás del árbol.

—Ok —dijo Virginia.

Los dos se acomodaron detrás del árbol y empezaron a observar.

Matías sacó su celular e intentó grabar.

De repente, el chico que estaba con Félix gritó: —¡Dejame en paz, Félix!

Y salió corriendo… directo hacia donde estaban ellos.

Matías se tensó.

—No tiene que verme… Antes de que pudiera reaccionar, Virginia lo agarró y lo metió entre unas ramas caídas del árbol.

Perdieron el equilibrio y cayeron por una pequeña bajada.

Matías quedó encima de Virginia, pecho a pecho.

Se apoyó un poco para levantarse… pero al mirarla, se quedaron quietos.

Mirándose fijo.

Matías se puso nervioso y se levantó rápido.

Ayudó a Virginia a levantarse.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió ella, sacudiéndose un poco.

Matías empezó a mirar alrededor, completamente sorprendido por lo que veía.

Virginia levantó la mirada y lo observó, sonriendo, antes de mirar también el lugar.

—¿Qué pasa, Mati?

¿Te encanta el lugar?

—Es hermoso… Las ramas caídas, llenas de hojas que llegan hasta el suelo… y el sol entrando entre ellas… Hizo una pequeña pausa.

—Es como una cortina… es bellísimo.

Me encantan los árboles así.

Virginia se acercó un poco a él.

—Sí… a mí también me encanta.

Una vez me escondí acá de mi hermana.

Fue hace mucho… pero sí, es muy lindo estar acá adentro.

El chico empezó a correr, pero de repente se detuvo.

Había escuchado cómo unas ramas con hojas se movían a un costado, detrás de una gran palmera.

Se quedó quieto, mirando fijo hacia ese lugar.

Félix lo alcanzó.

—Perdoname… —Shh —lo interrumpió el chico—.

Creo que hay alguien adentro de ese árbol… el que está detrás de la palmera.

Félix miró hacia donde señalaba.

—¿Ese árbol?

—Sí… ese mismo.

Félix dudó un segundo.

—Bueno… vamos a ver quiénes son.

Empezaron a acercarse.

Adentro… Virginia iba a hablar.

—Acá adentro y ta— Matías le tapó la boca rápido.

—Shh… escuchá… se están acercando.

Los pasos cada vez sonaban más cerca.

Félix llegó hasta el árbol… y empezó a separa las ramas llenas de hojas…..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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