Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES
  3. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Confusión y decisiones
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: Capítulo 24: Confusión y decisiones 24: Capítulo 24: Confusión y decisiones Virginia miró hacia el árbol.

—Matías… se están acercando.

Sin dudar, lo agarró del brazo.

—Vení.

Ambos salieron rápido de entre las ramas.

En ese mismo instante, Félix apartó las hojas caídas… pero no había nadie.

Matías y Virginia ya corrían por la calle, alejándose de ahí.

—¡Mirá!

—dijo el chico que estaba con Félix—.

Ese chico y esa chica estaban acá adentro.

Félix miró con atención.

Reconoció la mochila… y su forma de caminar.

Soltó una risa nerviosa.

—Carajo… Matías corría agarrado de la mano con Virginia.

Giraron por otro camino y, cuando frenaron, se empezaron a reír.

Se quedaron bajo un árbol del otro lado de la cuadra.

Matías miró hacia arriba, observando las ramas.

—Es hermoso… De repente, empezaron a caer gotas.

Virginia levantó la mirada.

—Está lloviendo… tengo que irme ya, si no mis papás me van a retar por llegar tarde.

—Está bien —dijo Matías.

Caminaron juntos hasta su cuadra mientras la llovizna se hacía más fuerte.

Antes de llegar, Virginia se detuvo.

—Solo hasta acá… si mi papá te ve conmigo, me va a retar.

—Está bien.

Se abrazaron.

Virginia le acomodó el pelo, mojado por la lluvia.

—Nos vemos.

Matías la vio irse, entrar a su casa… y cerrar la puerta.

Se quedó unos segundos quieto.

Después, se dio la vuelta y siguió caminando bajo la lluvia.

Matías empezó a caminar sonriendo.

—Ay… es tan hermoso pasar tiempo con ella… la amo tanto.

Volvió a pasar por la cuadra donde antes estaba Félix con el otro chico.

Miró el árbol donde se había escondido con Virginia y soltó una pequeña risa.

Sacó su celular.

Se dio cuenta de que había grabado todo… desde que estaba espiando hasta ahora.

Matías se quedó mirando la pantalla unos segundos.

Iba a borrarlo… pero no lo hizo.

Guardó el celular.

Siguió caminando hasta acercarse a su cuadra… cuando lo vio.

Félix estaba apoyado en su auto, al costado.

—Puta mierda… —murmuró Matías.

Sin pensarlo, empezó a correr por otro camino, metiéndose en una calle llena de barro por la lluvia.

Félix lo vio.

Cerró el auto y salió corriendo detrás de él, mientras la lluvia empezaba a caer cada vez más fuerte.

Matías guardó bien el celular en su mochila, cubriéndolo con el pecho mientras corría.

—¡Esperá, Matías!

—gritó Félix.

Matías miró hacia atrás… y corrió más rápido.

Félix también aceleró el paso.

En segundos, logró alcanzarlo.

Lo agarró de la camisa y lo tiró hacia él.

Matías perdió el equilibrio.

Félix intentó sostenerlo… pero los dos terminaron cayendo al barro.

Félix quedó sentado en el suelo.

Matías cayó sobre su brazo.

Por un instante, se quedaron mirándose.

Matías reaccionó primero.

Se levantó rápido, todo embarrado.

Félix también se puso de pie y se acercó a él.

—¿Podés dejarme en paz cuando me ves en la calle?

—dijo Matías, molesto.

Félix no respondió.

Se acercó más… y lo tomó del brazo.

Matías lo miró, confundido.

¿Qué quiere hacer?

Félix lo miraba fijamente.

Se acercó más… demasiado.

Matías sintió la incomodidad al instante.

Se apartó bruscamente.

—¡Qué asco!

—¿Qué te pasa, Matías?

—le dice Félix.

—Estoy harto de que me sigas, me sigas y me sigas.

—¿Desde cuándo te molesta eso?

—dice Félix.

—Desde aquel día que me obligaste a entrar a propósito en tu auto y a decirme cosas feas.

Félix baja un poco la mirada.

—Lo siento… solo quería explicarte que el chico que viste hace rato no somos nada.

—No me importa con quién te ves o tenés relación, Félix.

No somos nada para venir a darme explicaciones… y tampoco para querer besarme.

—No sabés cuánto me gustás, Matías.

—Viendo cómo fuiste hace rato también con ese chico, muestra muchas cosas… que tal vez simplemente quieras algo de mí y después nada.

Félix lo mira fijo.

—Entonces estás celoso.

—No estoy celoso, Félix.

Te lo demostré mil veces que no me gustás.

Te lo dije y te lo estoy volviendo a decir: no me gustás.

Félix guarda silencio por un momento.

—No entiendo por qué no podés amarme, Matías.

Matías baja la mirada, claramente afectado.

—Porque no sos quien mi sentimiento está buscando… ni siquiera sé si me gusta Elizabeth, te dije.

Hace una pausa, respirando más pesado.

—Y eso me lastima… no sé a quién amar, Félix… y vos me confundís con tus preguntas.

—¿Qué tiene que ver Elizabeth acá, Matías?

—dice Félix.

—Nada, Félix… tengo una novia y aun así no respetás.

Aprendé a aceptar las palabras de los demás y no busques soluciones donde solo vas a empeorar todo.

Matías se voltea y empieza a irse.

Félix se queda mirándolo en silencio, sin decir nada.

Después baja la mirada y se da la vuelta, caminando en sentido contrario.

Matías, con su camisa blanca llena de barro, intenta limpiarse… pero solo se ensucia más.

Félix llega a su auto, empapado y cubierto de barro.

Se sube y empieza a golpear el volante.

—Mierda… puta… carajo… Matías llega a su casa y tira la mochila en el sofá.

Su mamá sale y lo ve.

—Pero, ¿qué te pasó, Matías?

—Me caí mientras venía, ma.

—Andá a cambiarte —le dice ella.

Matías, sin ganas, entra al baño.

Mientras tanto… Milagro estaba sentada en la sala de la casa de su abuela.

De repente, la puerta se abre y entra Alondra corriendo, tapándose con un abrigo para no mojarse.

—¡Por fin llegás!

—dice Milagro.

—Obvio —responde Alondra, riéndose.

—Bueno, pasá rápido.

Alondra se acomoda el abrigo y entra.

—Bueno, estuve pensando sobre mi cumple… y lo voy a hacer de Blackpink.

Milagro la mira.

—¿No que te gustaba BTS?

Alondra hace un gesto con la boca.

—Ehh… sí, pero soy más blink.

Milagro se ríe.

—Bueno, entonces será temática Blackpink.

Alondra sonríe.

—Y no quiero que entre ningún extraño, para nada… y si entran extraño es porque alguien claramente me amenazó —dice riéndose.

Milagro se ríe fuerte.

—Te voy a obligar, ¡JAJAJAJAJA!

Milagro se queda en silencio, mirando a Alondra.

—¿Qué pasa?

—dice Alondra, notando su cambio de humor.

—¿Creés que en el cielo nos volvamos a encontrar si muero?

Alondra baja un poco la mirada.

—No digas eso, mi amor… me pone mal pensarlo.

—Es que me da curiosidad.

Supongamos que muero ahora y vos de vieja… sería raro verte hablándome siendo grande y yo seguir igual, jovencita —dice riéndose.

—Ay no… sería una humillación —responde Alondra, entre risa e incomodidad.

Milagro la observa un momento.

—A veces pienso lo madura que sos para tu edad, ¿sabés?

—¿Por qué lo decís?

—pregunta Alondra.

—Porque apenas vas a cumplir 13… y desde los 10 siempre fuiste diferente a los demás de tu edad.

Alondra toma su jugo con la pajita, haciendo un pequeño ruido.

—Amo ser tal cual como soy… así pude coincidir con sus amistades.

—Bueno, estoy emocionada por mi cumple… solo faltan 3 meses.

Y el tuyo… 5 meses… bueno, prácticamente 4 para que cumplas 16, vieja.

Milagro se ríe.

—Siii, y lo voy a hacer con temática de lesbiana, así enojo a papá.

Las dos se ríen.

—Hay que grabar ese video de darte vuelta vos en mi cumple y yo en el tuyo, ¿sí?

—Sí, lo vamos a hacer —dice Milagro—.

Y después ese video lo podemos usar para tus 15 años, sería muy lindo.

—Sí —responde Alondra.

Ambas se levantan, listas para grabar.

Félix entra en la sala y ve a Milagro y Alondra grabando el video.

La abuela se levanta y, al verlo empapado, se acerca preocupada.

—¿Por qué estás así, mojado, hijo?

Pasá, te vas a enfermar.

Félix se sienta en la cocina, todavía sucio.

—¿Qué estaban haciendo?

—Estábamos grabando un video, tipo darnos vuelta… para usarlo en nuestros cumpleaños, y al final en sus 15, aunque falta mucho —dice Milagro.

Félix se quita la corbata, molesto.

—A mí Matías me mandó a la mierda.

Me vio hablando con Rodrigo y creo que se puso celoso por eso… me dijo muchas cosas.

—¿Matías celoso por eso?

—dice Milagro.

—Sí, lo conozco bien —responde Félix.

Milagro se queda pensando un momento.

—Shh… —murmura— ni que Matías se fuera a poner celoso… no creo.

—¿Por qué hacés eso?

—dice Félix—.

¿Acaso no me creés?

La abuela se acerca con ropa en la mano.

—Esta es la ropa que dejaste la otra vez.

Ponete esto y andá a cambiarte.

—Gracias —dice Félix, yéndose hacia el baño.

—Bueno, Milagro, yo me tengo que ir.

Le prometí a Alex que iría a su casa para hablar también del cumpleaños.

—Está bien —dice Milagro.

—Chau, María —dice Alondra, despidiéndose de la abuela.

—Chau —responde la abuela desde la pieza.

Alondra sale afuera.

El clima ya había calmado.

Corre entre los pastos mojados hasta la calle.

Alex estaba en su bici, esperándola.

Alondra corre, se sube atrás y lo agarra de la cintura.

Empiezan a irse.

—¿A dónde vamos?

—pregunta Alondra.

—Vamos a ir al arroyo.

Hace mucho quería ir ahí —dice Alex.

—Está bien —responde ella.

Llegan al arroyo y bajan con cuidado, paso a paso, hasta sentarse cerca del agua.

—¿Por qué querías venir acá?

—pregunta Alondra.

—Porque sabés que me gustan los arroyos… y estar acá.

—Ah… —dice ella, mirando el agua correr, y la toca con la mano.

—Sabés qué me gustaría para tu cumple, como dijiste que lo ibas a hacer en mi quinta… —¿Qué?

—pregunta Alondra, emocionada.

—Que invites a personas que yo conozco… o dejar entrar gente.

—No, no y no.

Dije que solo seríamos los invitados.

Alex la mira, serio, y sonríe al mismo tiempo.

Alondra reconoce esa mirada.

—No quiero que planees nada para mi cumple.

Yo voy a decidir cómo va a ser.

Alex la mira y se acerca un poco.

—A mí no me vas a decir qué vas a hacer o cómo será… acá se hace lo que yo diga —dice, en tono de broma.

—Sabés que no me gustan ese tipo de bromas —dice Alondra, levantándose.

Se queda en silencio un momento.

—recapacita un rato.

No quiero problemas en mi cumpleaños como el año pasado… no quiero que esta vez me arruines mi feliz cumpleaños.

Alondra se sube y se va.

Alex, enojado, levanta una piedra y la tira.

Se agarra el pelo con frustración.

—¿recapacitar yo?

—murmura, haciendo un sonido con la boca—.

Shh… Empieza a subir, todavía molesto, y ve a Alondra alejándose rápido.

La observa un momento.

—Vamos a ver quién recapacita primero en esta situación… —dice en voz baja.

—¡Abuelaaaa!

—¿Qué pasó, Milagro?

—Vinieron papá y mamá —dice Milagro, acercándose—.

Por favor, abuela, decime que no… no quiero irme con ellos, quiero quedarme con vos, por favor.

—Está bien, mi hija.

—¿Qué pasa?

—dice Félix, acercándose mientras se seca la cabeza con la toalla.

—Mamá, papá vino otra vez… seguro quiere que vaya con ellos otra vez.

—Voy a hablar con ellos, Mila.

Ya vengo, quedate acá, ¿sí?

—dice la abuela.

La abuela sale y va hacia el frente para abrir el portón.

—Hola, mamá —dice el papá de Milagro.

—Hola, ¿qué pasa?

—responde la abuela.

—¿No puedo pasar a visitarte… o ver a mi hija?

—Claro, pero Milagro aún no quiere verlos.

—No puede hacer lo que ella diga, suegra.

Tiene solo 15 años.

—Dejenla conmigo más tiempo.

Y vos, Gallardo, te dije mil veces que no le pegues más a la niña.

—Por favor, mamá… a veces hay que corregir para que aprenda.

—¿Aprender qué?

¿Que tu hija tenga novia te da coraje?

—Ay, mamá… en la Biblia… —¡A la mierda la Biblia!

—dice la abuela, cerrándoles la puerta en la cara.

—¡A la gran put…!

—grita el papá.

—Amor, calmate —dice su pareja, la mamá de Milagro, intentando consolarlo.

—Milagro no puede hacer lo que quiera.

Tiene que volver a la iglesia y a sus estudios.

—Dejalo por ahora, amor.

Mientras no falte a la escuela, está todo bien.

—Solo la voy a dejar esta semana acá.

Si no viene con nosotros… ya sabrá su castigo.

Ambos se suben al auto y se van.

—¿Qué pasó, abuela?

—pregunta Milagro.

—Lo de siempre.

Tu papá viene solo para llevarte… y metiendo su religión en todo, como excusa.

Ya me tiene podrida —responde la abuela.

—¿Ves, abuela?

Siempre usa la religión para justificar todo.

Él mismo se arruina la vida con eso… me tiene harta.

—No quiero irme, abuela.

—Tranquila… vos te quedás conmigo, mi hija.

Mientras tanto… Matías estaba sentado usando su celular, escuchando cómo su mamá hablaba por llamada.

Matías ve que corta y se acerca.

—¿Con quién hablabas, mami?

—Eran tus primos de Argentina.

—¿Qué querían?

—Nada… solo llamaron.

Les conté sobre tu hermano, que siempre está encerrado y no quiere trabajar… y como siempre dicen que quieren que lo lleve para allá, todos juntos y esas cosas.

—Apenas tenemos para comer… ¿y querés que lo lleves allá?

—dice Matías.

—Pues… y si… —responde la mamá.

—Necesitamos trabajo, Matías.

Últimamente estuve debiendo mucho… y ya sabés cómo es Mónica, se queja por cualquier cosa cuando le pedís plata.

Matías la mira, preocupado.

La mamá se levanta y se va a su pieza.

Matías también va a su pieza y se sienta.

Justo entra su sobrino Yonathan.

—Ah, Yoni… ¿qué hacés acá?

—Nada, vine a darle plata a mamá.

¿Dónde está?

—Está en su pieza… ¿y la plata, por qué?

Yonathan no responde y se dirige directo a la habitación de su mamá.

Yonathan se acerca a la mamá de Matías, su abuela.

—Tomá, mami… no le digas a mamá que te di esta plata.

Ya sabés cómo es, me va a retar… siempre se queja de todo.

Su abuela lo mira y le dice: —Gracias.

Yonathan dice: —Bueno, me voy, ya que debo trabajar.

Enseguida nos vemos, mami —dice, dándole un beso en la frente.

Matías acompaña a su sobrino hasta el frente.

—¿Qué día vendrás?

Así podemos tomar tereré y hablar juntos.

Yonathan, como siempre, con ese humor que mezcla un sí, un no, desagrado y cariño a la vez, responde: —Ay, Matías… no sé cuándo pueda —y se va.

Matías se queda mirándolo mientras se aleja.

De pronto, sale corriendo hacia la casa de Kevin, dejando atrás a su sobrino.

Corre tan rápido que pasa por la casa del fondo, atravesando el barro que dejó la lluvia.

El cielo estaba nublado, con relámpagos.

Matías corría hacia el bosque y, de repente, choca con alguien.

Se aparta rápido y lo mira.

—¿Qué hacés acá?

—dice, mirando a la persona con la que chocó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo