MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 Carta vientos y amistades
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4: Capítulo 4: Carta, vientos y amistades 4: Capítulo 4: Carta, vientos y amistades Los días empiezan a pasar.
Matías va conociendo cada vez más a Elizabeth.
Hablan mucho en clase, caminan juntos en los recreos y cada vez se sienten más cómodos uno con el otro.
También empieza a llevarse mejor con Vanessa, que muchas veces se suma a sus conversaciones.
Poco a poco Matías también empieza a hablar más con Rumi y con otros compañeros del curso, aunque algunos todavía le parecen un poco extraños.
.
Un día, durante la clase de educación física, todos estaban haciendo ejercicios en el patio.
Matías estaba con Elizabeth cuando apareció la profesora de primer grado.
-¿Quiénes tienen celular?
-preguntó-.
Necesito dos parejas para ayudarme con un juego con los chicos de primer grado.
Matías mira a Elizabeth.
-Yo tengo celular.
¿Vamos?
-Dale -dice Elizabeth.
-Yo tengo -dice Matías levantando la mano-.
Voy con Elizabeth.
-Yo también -responde otro compañero.
-Bien, vengan conmigo -dice la profesora.
Cuando llegan al aula de primer grado, los hacen sentarse y entrar a un link en sus celulares para jugar.
El juego consiste en que Matías hace de “papá” y Elizabeth de “mamá”, guiando a un grupo de niños que deben adivinar palabras que la profesora proyecta en la pantalla.
También hay otros “padres”, que son los otros compañeros que vinieron a ayudar.
El grupo que más palabras adivine es el que gana el juego.
Empiezan a jugar y, después de varios intentos, el grupo de Matías y Elizabeth gana.
Los niños de primer grado gritan de emoción mientras saltan alrededor.
Justo en ese momento suena la campana del recreo y los chicos salen corriendo del aula.
-Gracias -dice la profesora mientras sale detrás de ellos.
El salón queda en silencio.
Matías y Elizabeth se quedan solos.
Matías se sube arriba de una mesa y se sienta balanceando un poco los pies.
Elizabeth se sienta a su lado y lo mira con una sonrisa.
-¿Vamos a sacarnos fotos?
-dice ella.
-Bueno -responde Matías.
Empiezan a sacarse algunas fotos con el celular, riéndose por las caras que hacen.
De repente Elizabeth lo mira con más atención.
-¿Podrías sacarte el tapabocas?
Matías se queda quieto.
-Me da vergüenza -dice bajito.
Elizabeth mira alrededor.
El aula estaba completamente vacía.
-No hay nadie -dice ella con calma.
Matías duda unos segundos.
Respira profundo.
-Bueno…
Lentamente lleva su mano al rostro y empieza a bajar el tapabocas.
Es la primera vez que Elizabeth iba a verlo completamente desde que se conocieron semanas atrás.
Cuando finalmente se lo quita, Matías levanta la mirada.
Elizabeth lo observa con atención.
Luego sonríe.
-Qué hermoso que sos.
Matías se queda un poco sorprendido y baja la mirada, tímido.
-Ahora saquemos otra foto -dice él, intentando cambiar el momento.
Se sacan otra foto juntos.
Elizabeth lo mira unos segundos más.
De repente se inclina y le da un beso en la mejilla.
Luego salta de la mesa con una sonrisa y sale corriendo del aula.
Matías se queda inmóvil.
No puede creer lo que acaba de pasar.
Se toca la mejilla donde ella lo besó.
Matías baja de la mesa todavía pensando en lo que acaba de pasar.
Se vuelve a poner el tapabocas y sale al recreo.
Camina hacia el fondo del patio.
Aunque su boca está cubierta, sus ojos se achinan ligeramente al sonreír, como si la alegría se le escapara igual.
Va hacia el fondo del patio.
Allí ve a Félix caminando.
Félix lo observa un momento y se acerca.
-Con esos ojos achinados ya veo que estás muy alegre -dice con una sonrisa-.
¿Qué te hace sentir así?
¿Verme a mí?
Matías se ríe.
-Porque me llamo Félix…
como feliz…
y te hago feliz -agrega él en tono de broma.
Los dos se sientan juntos en una rueda de piedra.
Matías toma aire.
-Creo que me gusta alguien, Félix…
pero no logro aclarar bien lo que siento.
-¿Hace cuánto la conocés?
-pregunta Félix.
-Un par de semanas…
casi un mes.
Félix asiente.
-No pasa nada, Mati.
No vayas rápido.
Los sentimientos se descubren con el tiempo…
Luego lo mira con una sonrisa traviesa.
-Como yo siento por ti cosas en menos de un mes.
Matías se queda mirándolo.
La broma parecía demasiado seria.
Entonces responde también en broma.
-Pues a mí no me gustás.
-Yo sé que puedo hacer que gustes de mí -dice Félix otra vez riendo.
-Difícil -contesta Matías-.
Sos un amigo muy lindo.
Matías se levanta, agarra el jugo Tilly de Félix y dice: -Nos vemos.
Da media vuelta, hace una pequeña reverencia y agrega: -Señor Félix, estás a punto de graduarte.
Pronto serás un señor.
Este nene de 14 años va a ir a descubrir sus sentimientos.
Y sale corriendo con el jugo.
Félix se queda riendo.
-¡Hijo de puta!
Se llevó mi jugo…
y encima dice que no podría hacerlo enamorarse.
Matías vuelve corriendo hacia su clase.
Cuando llega frente al aula, ve a Raúl en la puerta del salón de séptimo todavía hablando con una chica.
Matías, curioso, se acerca.
Raúl estaba riéndose con ella, pero al ver a Matías acercarse levanta la mano.
-¡Matiaaas!
La chica gira la cabeza y mira a Matías con atención.
-Mati, mirá -dice Raúl-.
Ella es Virginia…
mi chiquita.
-¡Basta!
-dice Virginia dándole un pequeño golpe en el brazo.
Matías la mira con curiosidad y la saluda.
-Hola.
Sus ojos se achinan un poco al sonreír detrás del tapabocas.
Virginia lo observa unos segundos.
-Hola…
¿cómo te llamás?
Matías sonríe.
-Decime primero cómo te llamás vos y después te digo el mío.
Virginia se ríe.
-No, decime primero vos.
Raúl los mira con cara seria y los interrumpe.
-Se llama Virginia -dice señalándola.
-Ahh, mucho gusto -dice Matías.
-Muchísimo gusto -responde Virginia sonriendo.
En ese momento suena la campana de entrada.
-Bueno, nos vemos, Virginia -dice Matías.
-Nos vemos -responde ella.
Matías vuelve hacia su clase junto a Raúl.
Raúl lo mira y dice: -¿Qué tenés vos?
Te presenté a Elizabeth hace semanas y ahora son súper amigos…
y ahora te presento a Virginia y ya se llevan bien también.
A todos les caés bien de una.
Matías se encoge de hombros.
-Pues…
no sé.
Los dos entran al salón mientras la clase comienza.
Las horas pasaban hasta que Matías le pidió permiso a la profesora para ir al baño.
Sale del aula y camina por el pasillo.
Cuando estaba por ir hacia el baño, ve a Virginia sentada sola en una esquina del patio.
Matías se acerca y se sienta a su lado.
-¿Estás bien, Virginia?
Ella se voltea a mirarlo.
-Ah, Mati…
sí, estoy bien.
-¿Y qué hacés afuera?
¿No tenés clase?
-La profe no vino -responde Virginia-.
Algunos de mis compañeros ya se fueron y mi amiga también…
así que me quedé acá sentada un rato.
Matías sonríe un poco.
-Bueno…
no estás tan sola ahora.
Virginia se ríe.
-Eso parece.
Se quedan mirando el patio por unos segundos.
-¿Siempre sos así de tranquilo?
-pregunta Virginia.
-¿Así cómo?
-Te sentás y hablás como si ya conocieras a la gente de hace mucho.
Matías se encoge de hombros.
-No sé…
me gusta hablar con las personas.
Virginia lo mira con curiosidad.
-Raúl tenía razón.
-¿Qué dijo?
-Que le caés bien a la gente rápido.
Matías baja un poco la mirada.
-Yo creo que exagera.
-No parece -dice Virginia sonriendo.
Se quedan en silencio unos segundos más.
Luego Virginia vuelve a mirarlo.
-Te he visto varias veces…
siempre estás con tapabocas.
Matías baja un poco la mirada.
-Sí.
-¿No te molesta usarlo tanto tiempo?
-No…
ya me acostumbré.
Virginia lo observa con curiosidad.
-Igual me da curiosidad.
Matías se ríe un poco.
-¿Curiosidad de qué?
-De cómo es tu cara -dice ella riendo.
Matías se encoge de hombros.
-Nada interesante.
-No te creo -responde Virginia.
Matías mira hacia el patio.
-Tal vez algún día lo veas.
Virginia sonríe.
-Entonces voy a esperar ese día.
Matías mira el patio donde algunos chicos ya empezaban a salir de sus aulas.
-¿Te gusta estar acá afuera?
-pregunta.
-Sí…
es más tranquilo que estar en clase.
-Eso es verdad -dice Matías riendo.
En ese momento suena la campana de salida.
Los alumnos empiezan a salir de las aulas.
Matías se levanta.
-Bueno…
voy a buscar mi mochila.
-Está bien -dice Virginia-.
Nos vemos, Mati.
-Nos vemos.
Matías sonríe con los ojos y camina de vuelta hacia su clase.
Matías agarra su mochila rápido, se despide de Vanessa y sale apurado.
Baja las escaleras y choca con una compañera.
-Perdón -dice sin detenerse.
Baja hasta el tinglado.
Levanta la vista.
Elizabeth está ahí.
Matías se acerca con las manos detrás de la espalda.
Elizabeth se acerca y lo abraza.
Luego le da un beso en la mejilla por encima del tapabocas.
Después saca una carta y se la entrega.
Matías mira la carta sorprendido.
Elizabeth sonríe un momento…
y se va caminando hacia la salida sin decir nada.
Matías se queda mirándola.
Luego sale corriendo detrás de ella.
La ve subir a su transporte escolar.
Matías busca con la mirada a su hermano y lo ve en la esquina de siempre.
Corre hasta la moto, se sube y se van.
Más tarde, en la casa de Kevin, Matías saca la carta.
-Elizabeth me dio esto -dice-.
Quiero leerla.
Kevin lo mira.
-¿Y qué esperás?
Matías mira la carta nervioso.
-Lo leeré más adelante…
me da nervios.
-¿La vas a leer o no?
-No…
mejor la leo solo.
En ese momento llega Julio, el vecino de Matías.
-Vamos a caminar, Matías.
-¿Ahora que está a punto de oscurecer?
-Sí.
-Está bien -dice Matías-.
Nos vemos mañana, Kevin.
Matías y Julio salen.
-¿Adónde vamos?
-pregunta Matías.
-A la casa nueva del fondo -responde Julio.
-¡Qué miedo!
Ya está re oscuro.
-¿No es más interesante así?
-Bueno…
pero primero voy a dejar algo en casa.
Matías corre a su casa, guarda la carta en su mochila y vuelve.
Los dos caminan hasta la casa de cinco pisos en construcción.
-Eso no es un edificio, Julio Josué…
es una casa de cinco pisos.
-Vamos adentro.
Matías entra corriendo.
Buscan una forma de subir.
-Esto no tiene escalera -dice Matías.
-Claro que debe tener.
Matías mira hacia arriba.
-Ahí está…
pero no está terminada.
Tenemos que escalar.
Julio lo ayuda a subir primero.
Luego Matías lo ayuda a él.
Empiezan a subir los pisos.
-Esto me da tranquilidad -dice Matías.
-¿Ves?
Siempre es divertido salir conmigo -responde Julio-.
Yo sabía que te gustaba el aire de la naturaleza…
y el bosque que se ve desde acá.
Finalmente llegan al último piso.
El viento sopla fuerte y el bosque se ve enorme frente a ellos.
-Esto le hubiera gustado a Moisés -dice Matías.
-Seguro que sí.
Matías levanta los brazos y siente el viento golpeando su remera.
Julio lo agarra de la cintura.
-¡Qué divertido!
-Callate -dice Matías quitándole la mano-.
Vamos, que es tarde.
Mi mamá me va a retar.
Empiezan a bajar.
-¿Hacemos algo?
-pregunta Julio.
-¿Qué?
-Ya sabés.
-¡Qué asco!
-dice Matías.
Cuando llegan abajo ven que para saltar es alto.
-Tengo miedo -dice Julio.
-No pasa nada -dice Matías y salta.
Cae fuerte.
Julio se ríe.
-¡Josué, basta!
Matías extiende la mano para ayudarlo a bajar.
Julio se deja caer y terminan cayendo los dos al suelo.
Empiezan a reírse fuerte.
Los perros de la calle empiezan a ladrar.
-¡Corre!
-grita Matías.
Los dos salen corriendo por la calle hasta llegar a la casa de Matías.
Matías se abraza a sí mismo por el frío.
-La próxima vamos más temprano -dice Julio.
-Está bien.
Julio se va.
Matías entra a su casa, avisa a su mamá que llegó y entra a su cuarto.
Se sienta en la cama.
La mochila se cae al suelo.
De ella sale la carta de Elizabeth.
Matías la recoge lentamente.
La abre.
Empieza a leer.
Y mientras lee…
se emociona con cada palabra que Elizabeth escribió.
Una sonrisa aparece lentamente en su rostro…..
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