MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 Entre risas lluvia y promesas
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5: Capítulo 5: Entre risas, lluvia y promesas 5: Capítulo 5: Entre risas, lluvia y promesas Matías, No sé muy bien cómo empezar esta carta.
Me da un poco de vergüenza escribirte, pero también mucha felicidad.
Desde que te conocí, hace tan poco tiempo, siento que mi vida cambió sin darme cuenta.
Nunca pensé que alguien pudiera hacerme sentir así con solo hablarme, mirarme o abrazarme.
Cada momento que compartimos se volvió especial para mí.
Me hace feliz verte sonreír, escuchar tu voz y sentir que puedo ser yo misma cuando estoy con vos.
Hay días en los que no estoy bien, pero con solo pensar en vos, todo se siente un poco más liviano.
Gracias por tu cariño, por tus palabras lindas y por estar ahí.
Gracias por hacerme sentir importante y por hacerme reír cuando más lo necesito.
Me gusta mucho estar con vos, más de lo que puedo explicar con palabras.
Tal vez no nos conozcamos desde hace tanto, pero todo lo que vivimos juntos se siente verdadero.
Y quería que lo supieras.
Te quiero mucho, Mati.
Más de lo que imaginás.
Elizabeth Matías bajó la carta lentamente.
Sus manos temblaban un poco y sentía el pecho apretado, como si algo dentro suyo se hubiera despertado de golpe.
Volvió a leer las últimas líneas una vez más, en silencio.
“Te quiero mucho, Mati.” Se quedó mirando el papel, respirando hondo.
Nunca nadie le había escrito algo así.
Nadie le había dicho que su sola presencia podía cambiarle el día a otra persona.
Se recostó contra la pared de su cuarto y dejó que una sonrisa tímida se le escapara sin querer.
-No puede ser…
-susurró para sí.
Pensó en Elizabeth: en su risa, en la forma en que lo miraba, en cómo lo hacía sentir tranquilo, sin presión, sin miedo.
Pensó en cada momento compartido, en lo poco que se conocían y en lo fuerte que, aun así, se sentía todo.
Dobla la carta con cuidado y la guarda en el bolsillo interno de su mochila, como si fuera algo frágil y valioso.
Se tira en la cama mirando el techo, con el corazón acelerado.
Por primera vez en mucho tiempo, Matías no sabía qué hacer con lo que sentía…
pero tampoco quería dejar de sentirlo.
Cerró los ojos, todavía con esa sensación cálida en el pecho, y dejó que el cansancio lo venciera poco a poco, mientras afuera la noche seguía su curso.
Al día siguiente, Matías está en la cocina con su hermana, hablando mientras ayudan a preparar la comida.
Está distraído, con la mente en otro lado.
Agarra el celular por costumbre, lo mira un segundo y lo guarda.
Va a cambiarse para ir a la escuela y su mamá lo reta cuando lo ve con el uniforme blanco puesto antes de comer.
-No me voy a ensuciar, ma -dice él.
Comen juntos y después su hermano lo lleva hasta la escuela.
Al entrar a la escuela, Matías ve a Virginia entre la gente.
Cuando levanta la mano para saludarla, Virginia se adelanta de golpe y lo abraza.
Matías se queda quieto, sorprendido por unos segundos.
Virginia, un poco más bajita, levanta la mirada y sonríe.
-Hola -le dice, como si nada.
Matías sonríe también, todavía medio descolocado.
Desde unos pasos más atrás, Raúl ve la escena.
Se queda mirándolos fijo, sin decir nada.
Virginia, sin soltar del todo a Matías, gira apenas la cabeza.
-Hola, Raúl -dice, apoyando la mano en el hombro de Matías.
Raúl responde con la mirada, serio.
-Nos vemos en el recreo -dice Matías, tratando de cortar el momento.
-Dale -responde Virginia.
Ella se va hacia su aula.
Antes de entrar, una chica del mismo grado que Virginia sale al pasillo, mira a Raúl por unos segundos y vuelve a meterse al aula sin decir nada.
Matías entra a su aula y se sienta al lado de Vanessa, como siempre, junto a la ventana.
Apoya la mochila y mira la puerta.
Esperaba ver entrar a Elizabeth, para responderle la carta.
Pasan los minutos.
Elizabeth no llega.
-No va a venir -dice Matías en voz baja.
-Siempre llega tarde -le responde Vanessa.
El tiempo sigue pasando y Elizabeth no aparece.
Matías se queda callado, con la mirada baja.
-Ay, Mati…
-dice Vanessa-.
Si pasa la primera hora, ya no viene más.
Matías se acomoda el tapaboca y mira hacia atrás.
Las amigas de Vanessa lo miran mal, como siempre.
-Me siguen mirando mal desde que empezó la clase -murmura él.
-Sí, siempre son así -dice Vanessa, sin darle importancia.
La profesora entra al aula.
Matías se endereza y trata de prestar atención, pero no puede dejar de pensar.
La hora pasa lenta.
Hasta que finalmente, suena el timbre del recreo.
Matías se levanta rápido, saluda a Rumi y sale casi corriendo al recreo.
Matías va a la cantina para comprarse un jugo Tilly y una galletita.
Hay mucha gente, empujones y ruido.
Mira la fila y suspira.
—Son muchas personas… vuelvo después —dice Matías, dándose la vuelta sin prestar atención.
En ese momento, una chica sale del aula de octavo grado y casi chocan.
—¡Hey, cuidado!
—dice ella, frenando de golpe.
Matías se queda mirándola unos segundos, confundido.
La chica lo observa y sonríe.
—Hola… —Holaa —dice Matías, mirándola—.
¿Te acordás de mí?
—pregunta la chica.
—Nunca en mi vida te vi —responde Matías.
La chica se ríe.
—Claro que sí.
Éramos amigos de chicos, solo que no te acordás.
Matías intenta buscar algún recuerdo, pero no encuentra nada.
—No, en serio… no te conozco —dice—.
¿Cómo te llamás?
—Meilyn.
—Mmm… —Matías niega con la cabeza—.
No recuerdo haber conocido a una Meylin de chiquito, creo.
Ella se ríe, y Matías la mira confundido.
—Bueno… vamos a dar una vuelta —dice Matías—.
A ver si me hacés acordar.
Empiezan a caminar juntos por el patio mientras hablan.
—Éramos amigos cuando éramos chicos —insiste Meilyn—.
Vos siempre te olvidás de todo.
—No, te juro que no me acuerdo de haberte conocido de chiquito… empiezo a sospechar que me estás mintiendo.
Meilyn se ríe.
Justo en ese momento, suena la campana.
—Bueno —dice Matías—, mucho gusto volver a verte, amiga de la infancia que no recuerdo.
Meilyn se ríe.
—Sí, mucho gusto.
Caminan juntos hasta la cantina.
Matías compra su galletita y su jugo.
—Creo que este recreo pasó muy rápido —dice Matías.
—¿Será porque estuvimos hablando mucho… o porque intentaba hacer que te acuerdes de mí?
—dice Meilyn.
—Y… puede ser.
—Bueno, nos vemos —dice Matías.
—Nos vemos —responde ella.
Cada uno se va hacia su aula.
Matías entra al aula y ve a Rumi, que lo mira y le sonríe.
Él le devuelve la sonrisa, deja sus cosas…
pero enseguida vuelve a salir.
Entra al baño, se lava las manos, se quita el tapaboca un momento, se acomoda frente al espejo y vuelve a ponérselo bien.
Al salir, choca con Virginia.
-Perdón -dice Matías rápido.
Virginia se ríe.
-Vamos a la cantina.
-Dale -responde él.
Caminan juntos unos pasos.
-¿Cuándo te vas a quitar el tapaboca para verte la cara?
-le pregunta Virginia.
-Nunca -dice Matías, dramático.
Virginia se ríe.
Matías se despide y vuelve a su clase.
Una amiga de Virginia se le acerca.
Virginia se queda tomando su Tilly, mirando cómo Matías se aleja.
-Parece puto -dice la chica.
Virginia le pega sin pensarlo.
-¿Qué te pasa?
La chica sale corriendo y Virginia la persigue riéndose.
Matías entra al aula y se sienta al lado de Vanessa.
-Soy lindo, Vane -dice, en broma.
-Nooo -responde ella-.
Ay, Mati…
si no te quitás ese tapaboca, ¿cómo voy a saber?
-Me la paso todo el día con esto -dice él, riéndose.
-Mostrá la cara y tal vez te diga -agrega Vanessa-.
Igual, por los ojos…
sos muy lindo.
-Ay, basta -dice Matías-.
Yo soy feo.
Entra la profesora de Geografía.
Matías se acomoda y empieza a hacer la tarea.
Las horas pasan.
Suena la campana de salida.
Matías guarda sus cosas.
-Chau -les dice a Vanessa y Rumi.
Afuera, ve a Virginia y la saluda desde lejos.
Raúl los observa desde un costado, serio.
Matías sale de la escuela.
Mira alrededor y se da cuenta de que su hermano no vino a buscarlo.
Suspira y empieza a caminar solo.
Matías llega a su casa, deja la mochila en el piso y se cambia rápido.
Agarra el celular y ve un mensaje.
Kevin: Hay misa en la iglesia a las 7.
No pasan ni dos minutos cuando el celular vibra otra vez.
Kevin lo está llamando.
-Mati, apurate que ya voy para allá.
-Dale, ya voy -responde Matías.
Se mete a bañarse rápido, casi sin pensar.
Sale, se seca a las apuradas y plancha su túnica blanca con cuidado.
La guarda en su mochilita justo cuando Kevin toca la puerta.
-¡Vamos, Mati!
-dice Kevin desde afuera.
-¡Ya voy!
-responde Matías-.
¡Mami, ya me voy a la iglesia!
-Dale, cuidate -le contesta su mamá.
Salen juntos.
Al llegar a la iglesia entran rápido.
—Vamos a ponernos la túnica —dice Kevin.
Matías lo ayuda a ponérsela rápido y a abrocharla.
Luego Kevin lo ayuda a él, y se colocan apurados el hilo en la cintura.
—Rápido, que ya empieza.
Llegaron tarde —dice Lucas desde la puerta.
Lucas y Yoselin van a buscar la vela y la cruz.
Mientras tanto, Matías le empieza a contar a Kevin, mientras se acomodan la túnica y salen afuera: —Una chica me dijo que me conocía desde chiquito… que éramos amigos.
Pero yo no me acuerdo de nada.
Y eso es raro, porque yo sí me acuerdo bien de mis amistades de antes… y ella no me suena en nada.
—Qué miedo —responde Kevin, exagerando.
Yoselin baja la vela y ve que Matías tiene mal puesto el hilo de la cintura.
Se acerca y se lo acomoda.
—¿Cuántas veces te voy a decir que es así?
—dice ella.
—Gracias —responde Matías en voz baja.
Matías toma la vela junto con Yoselin y se pone en fila para empezar la misa.
La encienden y comienzan a avanzar hacia el altar.
Hacen la reverencia y suben para acomodarse en sus lugares.
Matías se sienta con Kevin, y Yoselin con Lucas.
La misa comienza y el padre empieza a predicar.
—Mati… ¿te acordás cuando Julio se cayó?
—susurra Kevin.
Matías se ríe bajito.
—Sí… Kevin lo mira y los dos empiezan a reírse tratando de aguantarse.
Matías se empieza a tentar más fuerte.
Lucas los mira de reojo desde el otro banco para que se callen.
Después, Lucas les hace una seña para que se levanten a llevar el lavado de manos al padre.
Matías agarra la jarra, Kevin la palangana chiquita y Yoselin el trapo.
Se acercan al padre.
Él extiende las manos.
Kevin sostiene la palangana, Matías vierte el agua sobre su mano y Yoselin le pasa el trapo.
Luego hacen una reverencia y se retiran.
Matías mira a Kevin mientras vuelven y los dos se ríen otra vez.
Dejan las cosas y apenas pueden contener la risa.
Un señor desde abajo los mira y les hace una seña para que paren, riéndose también.
Kevin vuelve rápido a su lugar y Matías va detrás de él.
Mientras tanto, Yoselin y Lucas llevan el vino y el agua al padre.
La misa continúa hasta que finalmente termina.
Vuelven a tomar la vela, bajan, hacen la reverencia y se dirigen hacia la puerta.
El padre dice “amén”, apagan la vela y finaliza la misa.
Devuelven la vela a su lugar y van a sacarse la túnica.
—No me aguanté —dice Kevin, riéndose.
—Con vos es imposible —responde Matías.
La madrina se acerca mientras Lucas se ríe.
—Este no se aguantaba la risa… hasta yo me quería reír —dice Matías—.
Es que Kevin me decía cosas.
—Nada que ver, vos empezaste —responde Kevin.
—Está bien que se rían, pero que no se note cuando están arriba —dice la madrina.
—Bueno —responde Matías.
Salen afuera… y Matías ve pasar a una chica Junto con su compañero de monaguillo David, Matias lo agarra del brazo y le pregunta: —¿Quién es ella?
—Es mi hermana… ¿por qué?
—responde David.
-Ah…
-Matías le sonríe a la chica y la saluda.
Ella le devuelve el saludo.
Matías piensa que sería buena idea hacerse amiga de ella.
—Ya es tarde —dice Kevin, interrumpiendo—.
Vamos a casa.
—Está bien, vamos.
Chau, David —dice.
—Chau —responde él.
Kevin y él se van caminando hacia la salida.
Yoselin corre detrás de ellos.
—¡Espérenme!
Voy con ustedes —dice.
Ella se une a los dos.
A una cuadra, se despide.
-Chau, Mati.
-Chau, Yose.
Al día siguiente – Sábado Matías se despierta por una llamada.
Agarra su celular y ve la hora.
3:40 de la tarde.
—¿Tanto iba a dormir?
—dice.
Atiende.
—¿Qué pasó, Kevin?
—¿Vas a ir a la reunión de monaguillos?
—Sí.
—Paso a buscarte.
Matías se levanta rápido, se cambia y agarra una banana para comer.
Su mamá, que estaba sentada en la cocina, lo mira.
—¿Tanto ibas a dormir?
—Eso mismo dije yo —responde Matías—.
Me tengo que ir a la reunión de monaguillos, ya son las 4… seguro Kevin llega ahora.
Al rato, Kevin llega.
—Hola, tía —dice.
—Hola —responde Nilda, la mamá de Matías.
—Vamos ya —dice Kevin.
—Vamos.
Llegan a la iglesia.
—Tenés cara de dormido —le dice Kevin.
—Lo sé —responde Matías.
Sus compañeros de monaguillos ya estaban sentados.
Kevin y Matías se acercan y se sientan con ellos.
Empiezan a hablar sobre quién va a servir en la misa del domingo.
– Yo puedo a las 6 y a las 7 si hace falta -dice Matías, como siempre.
Todos dicen sus horarios.
—Voy al baño, madrina —dice Matías.
—Bueno.
Matías se levanta y se va por el costado de la iglesia.
Yoselin lo ve irse y dice: —Yo también voy al baño.
Se va por el otro lado y, cuando ve que Matías se acerca a la puerta del baño, sale de golpe desde el fondo para asustarlo.
—¡Eh!
¿Qué te pasa?
No asustás en nada —dice Matías.
—Ay —dice ella, riéndose.
—Ya vengo —dice Matías, entrando al baño.
—Yo también —dice Yoselin, entrando al baño de al lado.
Matías sale del baño y espera a Yoselin para ir juntos.
Yoselin sale.
—Bueno, vamos.
Yoselin lo agarra del brazo y se van.
Llegan, se sientan… y Lucas los mira de reojo.
-Ya terminamos por hoy -dice la madrina-.
Nos vemos mañana.
Guardan las sillas.
La madrina se va.
Matías se queda hablando y riéndose con Yoselin.
Lucas los vuelve a mirar y dice seco: -Vamos.
Todos salen de la iglesia.
el camino, Matías le dijo a Kevin que no sabía qué haría sin él si algún día se llegaban a separar.
Kevin lo miró serio, pero con una sonrisa tranquila.
-Eso jamás va a pasar -le dijo-.
Siempre va a ser vos y yo, como mejores amigos.
Siguieron caminando hasta despedirse.
Matías llegó a su casa y, apenas entró, lavó su túnica blanca para el día siguiente.
La colgó con cuidado, como si fuera algo frágil.
No mucho después, Julio pasó a buscarlo.
-Ma, ya vengo -avisó Matías.
-No te tardes -respondió su mamá.
-¿Querés ir a caminar?
-preguntó Julio.
-Bueno -dijo Matías sin pensarlo demasiado.
Se fueron caminando hacia la cancha, lejos de sus casas.
Bajaron por una pendiente que llevaba a la cancha, con un bosque al lado.
—¿Sabés?
Es lindo este lugar… es muy silencioso.
Solíamos venir mucho de chiquitos —dice Matías, saltando sobre unas rocas.
—Lo sé —responde Julio.
Matías mira el cielo.
—Parece que va a llover fuerte… Empieza a lloviznar.
—¿Y si vamos por el bosque?
—dice Matías.
—¿Por qué no?
—responde Julio.
Y salieron corriendo hacia el bosque.
Matías le agarró el brazo y corrieron sin pensar, riéndose, hasta quedarse sin aire.
Empezó a llover.
Las gotas caían cada vez más fuerte.
-¡Corré más rápido!
-gritaba Julio-.
¡No pares hasta que me canse!
Matías acelera y lo pasa.
Julio intenta alcanzarlo.
Matías resbala en un charco de lodo… y cae al suelo.
-¡JA!
-Julio se largó a reír sin parar.
-¡Amo la lluvia!
-gritó, empapado.
Ayudó a Matías a levantarse y le dijo, todavía sonriendo: -Gracias por traerme a caminar…
necesitaba salir un rato.
Se sentaron uno al lado del otro.
Matías escuchaba su respiración agitada, los suspiros, la lluvia golpeando el suelo, el agua cayendo por sus brazos y su ropa.
-Esto es tan lindo -dijo Matías en voz baja-.
Mirá todo lo que se puede hacer con un amigo.
-Agradeceme otra vez -respondió Julio-, te hice feliz y te hice reír.
Matías lo miró y sonrió.
-Sin mí esto tampoco sería divertido…
así que agradeceme vos también.
Julio se rió, se levantó, le estiró la mano y le dijo: -Entonces levantate, que todavía nos queda camino…
y no pienso volver tarde.
-Vamos.
Matías se levantó y se fueron caminando de vuelta.
Al llegar a su casa, se despidieron con un gesto rápido, todavía sonriendo, como si la lluvia les hubiera dejado algo guardado en el pecho.
-¿Por qué estás todo mojado?
-preguntó su mamá apenas lo vio entrar.
-¿No ves?
Estaba lloviendo -respondió Matías, como si fuera lo más obvio del mundo.
-¿Y por qué saliste con lluvia?
Matías se encogió de hombros.
-Salí a mojarme.
Su mamá negó con la cabeza, pero sin retarlo.
-Andá a bañarte antes de resfriarte.
Matías fue directo al baño.
Cuando salió, se puso ropa seca y se sentó un rato en su cama.
Agarró el celular, miró un poco las redes y después fue a cenar.
Más tarde volvió a su cuarto, dejó la mochila en el piso, puso la alarma y se acostó.
El día había sido largo.
Al día siguiente, el sonido de la alarma lo despertó de golpe.
Matías abrió los ojos despacio, respiró hondo Eran las cinco de la mañana.
Matías se despertó con el sonido suave de la alarma.
Todavía estaba oscuro.
Se quedó unos segundos mirando el techo y después agarró el celular.
Llamó a Kevin, pero no atendía.
Volvió a intentar.
Nada.
Suspiró, se levantó y fue a la cocina.
Preparó café, tomó un poco y, mientras tanto, abrió el celular y le escribió a Pamela, su mejor amiga.
Pamela respondió casi al instante.
-¿Te acordás cómo nos conocimos?
-le escribió ella-.
Fue rarísimo.
Matías sonrió.
-Si no te hubiera pedido esa foto el 13 de agosto de 2021, no nos habríamos conocido nunca.
-Sí -respondió Pamela-.
Gracias a vos nos conocimos.
Ojalá nos veamos pronto.
-Ojalá -contestó Matías.
Dejó el celular, agarró su túnica y empezó a plancharla con cuidado.
Después la dobló, la guardó en su mochilita y volvió a mirar el teléfono.
Kevin seguía sin contestar.
-Bueno…
-murmuró.
Salió de su casa y fue directo a la iglesia.
Llegó muy temprano y ayudó a las señoras encargadas a abrir.
Después se sentó a esperar.
Al rato llegó Alex.
-Buen día -saludó Matías.
-Buen día -respondió Alex-.
¿Hoy subís como monaguillo?
-Sí, me toca a las seis -dijo Matías.
-Ah, yo quería entrar también algún día -comentó Alex-.
Pero todavía no sé bien cómo es.
Mientras acomodaban unos bancos, Matías le explicó un poco cómo funcionaba, los horarios y quiénes servían ese día.
-Si querés, pasame tu número -dijo Matías -.
Cualquier cosa te aviso cuando haya reuniones o si falta alguien.
-Dale -respondió Alex.
Intercambiaron números y en ese momento llegó Lucas.
Matías se despidió de Alex con un gesto y fue hacia el altar.
-Parece que hoy seremos solo dos -le dijo a Lucas.
-Sí…
ojalá venga alguien más.
Ser tres siempre es mejor.
Matías se puso la túnica blanca, pero como siempre no podía atarse bien la cuerda.
-Es así -le dijo Lucas, ayudándolo-.
Mirá.
-Gracias -respondió Matías.
Nadie más llegó.
-Bueno -dijo Lucas-.
Seremos dos La misa comenzó.
Subieron al altar y se sentaron.
Durante la predicación, Matías intentaba concentrarse.
Llegó el momento de preparar el altar.
Lucas llevaba el vino y Matías el agua.
-Solo una gota -le susurró Lucas.
Matías asintió, nervioso.
Lucas sirvió el vino y Matías intentó poner el agua…
pero se le derramó de más dentro del cáliz.
El sacerdote lo miró sorprendido.
Matías sintió que el corazón se le aceleraba.
-Hice mal -le susurró a Lucas.
Lucas aguantó la risa.
Volvieron a sentarse.
Más tarde sirvieron el pan de Dios, todos oraron y la misa terminó.
Cuando bajaron, Lucas ya no pudo contenerse y se rió.
Matías se enojó y salió rápido.
En ese momento llegó Kevin, apurado, para la segunda misa.
-Tenías que haber ido a buscarme -le dijo Kevin.
-No contestabas -respondió Matías-.
Ash.
Llegó David con su hermanita y su hermana mayor.
Matías la saludó y ella respondió con la mano.
-Pronto cumple quince -dijo David-.
Capaz te invita…
si te acercás.
La chica parecía tímida.
Kevin y Matías intentaron hablarle.
-¿Cómo te llamás?
-preguntó Matías.
-Luján -respondió ella.
-¿Vas a hacer fiesta de quince?
-Todavía no sé -dijo, sonriendo.
Se sentaron.
Kevin subió a servir y Matías se quedó abajo, hablando.
Cuando terminó la misa, Matías salió afuera y se encontró con la señorita Ramona, amiga de kevin.
-¿Puedo entrar al grupo de servidores?
-preguntó Matías.
-Claro que sí -respondió ella.
Más tarde, la encargada le dijo: -¿Cómo vas a ser servidor si sos monaguillo?
-A las seis soy monaguillo y a las siete servidor.
Quiero formar parte.
-Desde el próximo domingo -le dijo-.
Ya sos servidor.
Matías se emocionó y se lo contó a Kevin.
-Ay no, Mati…
-Callate -respondió Matías-.
Es fácil.
-Bueno -dijo Kevin.
Se despidieron y salieron juntos.
Fueron al parque para sentarse a hablar.
De repente, un auto pasó a toda velocidad y Kevin salió corriendo para cruzar.
—¡Kevin, pará!
—gritó Matías….
REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Gracias por leer este capítulo.
Si les gustó, pueden apoyar con una Piedra de Poder.
Y si ven algún error, pueden avisarme en los comentarios.
¡Nos vemos en el próximo!
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