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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 Hola chico de ojos lindos
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7: Capítulo 7: Hola, chico de ojos lindos 7: Capítulo 7: Hola, chico de ojos lindos Matías abre la hoja y lee lo que dice: “Hola, Matías, jajaja.

Martes a las 6 de la tarde, en el puente del kilómetro 9, Monday.

Si podés, andá.

No nos decepciones.

No le cuentes esto a Félix, solo vos.” Más abajo decía: “Acá te dejo mi número, por si querés preguntarme algo o avisar si vas, así le aviso a los otros.” Matías deja la botella de agua sobre la mesa, dobla la hoja y la guarda en su mochila.

Luego vuelve a acostarse otra vez.

Al despertarse, vio que eran las diez.

Sacudió a su sobrino, Yonathan, y le dijo: —Despertate, ya son las diez.

—Dejame, quiero dormir más —respondió Yoni, dándose vuelta.

Matías se levantó, fue a lavarse la cara y a cepillarse los dientes.

Después salió un momento a tomar aire y le preguntó a su mamá qué iban a comer.

—No sé todavía —le dijo ella—.

Andá a comprarme tomate mientras pienso qué voy a hacer de comer.

—Bueno, mami —respondió Matías.

Fue al almacén y lo atendió Kevin.

Matías se acercó y le comentó que el día anterior había sido raro.

—¿Será por Elizabeth?

—preguntó Kevin.

—No, no es por ella… mejor nada —dijo Matías, evitando el tema—.

¿Y vos?

¿Por qué no fuiste al cole?

—Porque me sentía mal, pero ahora ya estoy bien —contestó Kevin.

—Ah, seguro no quisiste ir —bromeó Matías.

—En serio, tenía diarrea —dijo Kevin.

Matías se rió.

—Bueno, me voy.

—Nos vemos después de que vuelvas de la escuela —le dijo Kevin.

—Sí, sí… es que no voy a ir a otro lado —respondió Matías.

Kevin lo miró mal.

Matías se dio vuelta y se fue.

Al llegar a su casa, le dio el tomate a su mamá y se metió a bañarse.

Cuando salió, planchó su pantalón y la camisa.

Después agarró la hoja, anotó el número de Milagro y le envió un “hola”.

Al instante, Mila le respondió.

Matías le preguntó para qué quería que fuera al puente del kilómetro 9, en Monday.

Milagro le dijo que era para hacer algo.

Matías respondió que le quedaba un poco lejos.

—Si no tenés bici… —escribió Mila.

—Sí, tengo —contestó Matías.

—Entonces paso por vos a las cinco y media, frente a la carpintería de tu casa —dijo ella.

—¿Cómo sabés dónde vivo?

—preguntó Matías.

—Te explico cuando nos veamos —respondió Mila.

—Dale —contestó él.

Bajó el celular, guardó la hoja en la mochila y fue a comer.

Su mamá le pidió que despertara a su sobrino, pero cuando fue a buscarlo, ya estaba despierto.

—Vamos a comer —le dijo Matías.

Comieron todos juntos.

Después Matías se puso el uniforme y le dijo a su hermano que le llevara, mientras su hermano sacaba la moto.

Antes de salir, Matías volvió corriendo a buscar su celular, le dio un beso a su mamá y se despidió de su sobrino.

Ya afuera, vio a su vecino Yonathan, su ex compañero de sexto.

Matías lo saludó con la mano y subió en la moto Al llegar, Matías se quedó quieto unos segundos.

Metió la mano en el bolsillo y sacó el tapaboca que llevaba guardado.

Se lo puso antes de entrar y miró a su alrededor.

Todavía era muy temprano y había pocas personas en el lugar.

Mientras observaba, se acomodó el tapaboca, que le molestaba bastante, y terminó bajándoselo un momento para respirar mejor.

De pronto, vio llegar a sus compañeros.

Rápidamente volvió a colocárselo y entró al aula.

Poco después llegó Vanessa.

Matías se acercó a su banco y sonrió.

—Hola, Vane.

Vanessa lo miró, como siempre, con esa expresión tranquila y una pequeña sonrisa.

—Hola.

Ella dejó su mochila sobre la silla mientras Matías tomaba asiento cerca.

En ese momento también entró Rumi.

Matías se levantó para saludarla y se quedó hablando unos minutos con ella hasta que la profesora apareció en el aula.

—Nos vemos después —le dijo Matías antes de volver a sentarse junto a Vanessa.

Mientras se acomodaba, Matías notó a un chico a lo lejos, pero no le prestó demasiada atención.

Segundos después, el chico entró al salón.

Matías frunció levemente el ceño y susurró: —¿De dónde vendrá?

Vanessa miró hacia la puerta.

—Parece que es un compañero nuevo.

Detrás del chico entró otra chica.

Matías se quedó mirándola unos segundos.

Ella saludó a la profesora con una sonrisa hermosa y natural.

Vanessa le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Dejá de mirarla tanto.

Matías se volteó rápido, algo avergonzado.

Abrió su mochila para sacar los cuadernos, miró a Vanessa y ambos terminaron riéndose en silencio.

Matías se dio vuelta y volvió a mirar a la chica nueva.

Ella se sentó en su banco y empezó a acomodar sus cosas, sacando los cuadernos de la mochila.

Matías la observaba sin darse cuenta.

En un momento, ella levantó la mirada y lo miró directo.

Matías desvió los ojos enseguida, fingiendo que buscaba algo en su mochila.

Comenzaron las clases.

La profesora dio tarea y todos se pusieron a trabajar.

Las horas pasaron lentas hasta que, finalmente, sonó la campana del recreo.

Matías se levantó de inmediato.

—Vamos —le dijo a Vanessa.

—Enseguida salgo —respondió ella.

Matías salió primero y se quedó a un costado, apoyado cerca de la puerta, mirando cómo sus compañeros iban saliendo del aula.

En eso, salió la chica nueva.

Al pasar cerca de él, se detuvo y sonrió.

—Hola, chico de ojos lindo.

Matías se quedó quieto unos segundos, sorprendido.

Después sonrió con ganas; los ojos se le achicaron de la sonrisa.

—Holaaaa —respondió.

Ella lo miró, le devolvió la sonrisa y siguió caminando junto al chico que había entrado con ella al curso.

Matías se quedó mirándola hasta que se perdió entre la gente.

Luego giró la cabeza hacia las aulas de séptimo grado y vio a Jessica parada en la puerta.

Sin pensarlo, se acercó.

—¿Qué hacés en la clase de séptimo?

—le preguntó.

—Nada, estaba mirando —respondió ella.

—Tanto tiempo… hacía mucho que no te veía.

—Ah… es que tuve algunos problemas.

—Ah… ¿pero todo bien?

—Sí, sí.

En ese momento llegó Raúl, le pasó un brazo por los hombros a Matías y prácticamente se lo llevó al fondo de la escuela, hacia la cancha.

Caminaron un rato en silencio hasta que Raúl habló: —¿Tenés algo con Virginia?

—¿Quéeee?

—dijo Matías—.

Apenas nos conocimos.

—Es que a mí me gusta ella.

—Qué bueno que te guste.

Raúl le dio dos palmadas en el hombro, hizo un shhh exagerado con la boca, levantó la mano moviendo los dedos y se rió.

Matías se rió también.

—Vamos a comprar algo, quiero tomar Tilly —dijo Matías.

Compraron y regresaron al aula.

Matías tomó su jugo y miró a Vanessa.

—¿Querés tomar conmigo?

—Sí.

Mientras tomaban, Matías le contó lo que Raúl le había dicho.

Justo en ese momento, Raúl apareció, se acercó a Vanessa, le acarició el cachete con un dedo y le dijo: —Qué hermosa.

Empezó a molestarla y Vanessa le respondió.

Los dos discutían en broma mientras Matías se reía mirándolos.

Entonces entró la chica nueva al aula.

Matías se acercó despacio.

—¿Cómo te llamás?

—le preguntó.

—Fátima Sofía.

El chico nuevo también se acercó.

—¿Qué hacen?

—¿Y vos cómo te llamás?

—preguntó Matías.

—Lucas Matias.

—Ah, igual que el mío.

—¿Vos también te llamás Matías?

—Sí.

Fátima sonrió.

—Gemelos.

Los tres se rieron.

En ese momento sonó la campana y todos volvieron a entrar al aula.

La profesora pidió silencio y comenzó la clase.

Matías se inclinó hacia Vanessa y susurró: —La chica nueva es muy buena onda.

—Qué bueno eso —respondió ella.

Matías levantó la mano para pedir permiso.

—¿Puedo ir al baño?

—Rápido —le dijo la profesora.

Matías salió y, desde lejos, vio a Virginia.

Sin pensarlo, fue hasta la clase de séptimo y la saludó.

Virginia corrió hacia él y se abrazaron fuerte.

La directora los vio y se acercó enseguida.

—¿Qué hacés acá en hora de clase, Matías?

—Nada, solo vine a darle algo a Virginia.

—Rápido.

Matías le dio un lápiz a Virginia y salió corriendo de vuelta a su aula.

Se sentó e intentó hacer la tarea, pero no podía concentrarse.

Al final terminó copiando de Vanessa.

Entregaron justo cuando sonó la campana de salida.

Matías miró la hora: 4:30.

Se despidió de Vanessa y de Rumi y salió corriendo.

Afuera vio el auto de Félix.

Sin pensarlo, se escondió detrás de otro auto.

Félix estaba mirando alrededor, buscándolo.

Virginia salió de la escuela y caminó directo, hasta que se dio vuelta y lo vio agachado.

—¿De quién te escondés?

—De alguien —respondió Matías.

Virginia lo agarró del brazo.

—Sé por dónde podemos ir para que no te vean.

Matías se levantó, la agarró del brazo y salieron corriendo por una calle diferente.

Cuando frenaron, Matías respiró agitado.

—Me salvaste.

Virginia se rió.

Justo al salir a la ruta, Matías vio a su hermano pasar en la moto.

—¡Acá estoy!

Su hermano frenó.

Matías se despidió de Virginia.

—Gracias.

Se subió a la moto y se fue.

Virginia se quedó mirándolo mientras él le decía chau con la mano, y ella seguía riéndose.

Matías también se rió.

Al llegar a casa, Matías le dijo a su mamá que iba a salir a caminar un rato.

—¿Otra vez?

—dijo ella—.

Volvé antes de que oscurezca.

—Sí, mami, un rato.

Agarró la bici y se fue hacia la calle donde le había dicho Milagro.

Se sentó en una esquina a esperar.

Desde lejos vio que alguien se acercaba.

Sin darse cuenta, empezó a pensar en la chica nueva del colegio.

Fátima, Fátima, Fátima.

—Cállate, mente —murmuró.

—No sabía que hablabas solo —dijo Milagro apareciendo de repente.

Matías se levantó de golpe.

—Vamos —dijo.

—Esperá, falta Sebastián.

Sebastián llegó enseguida.

—Vamos derecho.

Se subieron a las bicis y lo siguieron.

—¿Y los otros?

—preguntó Matías.

—No vinieron, pero bueno —respondió Milagro—.

¡Carrera!

Salieron rápido.

Bajaron por una calle empinada y Matías tomó demasiada velocidad.

Perdió el control.

—¡Más lento!

—gritó Milagro.

Matías gritó al caerse en una esquina.

Milagro frenó y empezó a reírse.

Sebastián también frenó, se bajó y lo ayudó a levantarse.

Los tres terminaron riéndose.

Caminaron con las bicis hasta el puente.

—¿Para qué me trajeron acá?

—preguntó Matías.

—Estábamos aburridos —dijo Sebastián—.

Queríamos compartir y conocernos más.

Iban a venir José y Angelina, pero no vinieron.

—¿Y por qué no querían que Félix se entere?

Milagro lo miró.

—Porque está enamorado de vos.

Se pondría celoso si te ve con Sebastián y arruinaría la tarde.

Matías asintió.

—¿Bajamos abajo del puente?

Los dos dijeron que sí.

Bajaron y dejaron las bicis a un costado.

Se acercaron a las rocas y se sentaron arriba, mirando cómo el agua corría mientras el atardecer teñía todo de naranja.

Se sacaron una foto con los pies mojándose en el agua.

Una foto de los tres juntos.

—Qué bonito —dijo Matías—.

Jamás me habían invitado a algo así.

Me encanta.

Milagro sonrió.

—¿Ves?

Con nosotros no te vas a aburrir.

Ojalá pronto seamos amigos muy cercanos.

—Claro que sí, pronto —respondió Matías, riéndose.

Después agregó: —¿Y si traemos más amigos al grupo?

Sebastián negó con la cabeza.

—Es mejor que seamos solo nosotros.

Si sumamos a más personas, tal vez nos alejemos y aparezcan problemas.

Es mejor que seamos tú, yo, Milagro, Félix, José y Angelina.

—Está bien —dijo Matías.

Milagro miró el cielo.

—Qué lindo el atardecer… es hermoso.

—Acá venía de chico con un amigo —dijo Matías—.

Se llamaba Moisés.

—¿Y dónde está ahora?

—preguntó Milagro.

—Está con la naturaleza.

Sebastián se rió.

—¿Quéeee?

Matías se levantó de golpe, pateó el agua y las salpicaduras volaron por todos lados.

—¡Miren la naturaleza!

—dijo—.

El agua moviéndose, el viento fuerte atravesando nuestra ropa… ¿no es tan lindo el mundo?

—¿Y eso qué tiene que ver con Moisés?

—preguntó Sebastián.

—Mucho que ver —respondió Matías.

Milagro se levantó y lo salpicó con agua.

Matías le devolvió la salpicadura.

Los tres se rieron, mojándose entre juegos.

Después Sebastián miró alrededor.

—Es mejor que ya nos vayamos antes de que sea de noche.

Estamos lejos de casa y de noche esto es muy peligroso.

Matías y Milagro se miraron en silencio.

Luego fueron a buscar sus bicis.

Agarraron sus bicis, se subieron y comenzaron a volver.

Al llegar al camino por donde habían venido, tuvieron que bajarse y avanzar caminando.

Mientras avanzaban, Matías miraba hacia atrás, observando por última vez la hermosa naturaleza.

Milagro lo miró y le dijo: —¿Sabés por qué sabía dónde vivías?

Matías la miró sorprendido.

—¿Cómo sabías?

—Porque Félix nos trajo una vez a la heladería que está cerca de tu casa —respondió—.

Decía que su novio vivía por ahí cerca… y al final hablaba de vos.

Matías se rió.

—¿Que soy su novio?

jajajaja.

—Sí —dijo Milagro—, está muy enamorado de vos.

—Yo no lo amo, ya se lo dije —respondió Matías.

Sebastián agregó: —Igual él no se rinde nunca.

—Ehh… —dijo Matías, sin saber qué responder.

Volvieron a subirse a las bicis y empezaron a jugar otra vez, haciendo una carrera hasta llegar a la casa de Matías.

Sebastián fue tan rápido que llegó primero.

Ya estaba cayendo la noche cuando Milagro y Matías llegaron.

—Fue muy divertido —dijo Milagro—.

Nos vemos este sábado en la fiesta .

—Sí, ahí estaré —respondió Matías.

Se despidieron y Matías les dijo: —Muchas gracias por esta tarde, fue muy lindo.

—El placer fue nuestro —respondieron.

Matías entró a su casa y le avisó a su mamá que ya había llegado.

Después se fue a bañar.

Al salir, se acostó en su cama y comenzó a pensar en la nueva compañera que había llegado al colegio.

Le había encantado que le dijera “chico de ojos lindos”.

Cada vez que lo recordaba, se emocionaba más.

Entonces agarró su cuaderno y escribió: “Este día se llamará: ‘El chico de ojos lindos y el hermoso atardecer entre amigos nuevos’.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES UniverseMismi Pronto este capítulo será actualizado con mejor ortografía y una explicación más clara.

Gracias por leer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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