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MATÍAS DUBAN Y SUS AMISTADES - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 El silencio después del caos
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9: Capítulo 9: El silencio después del caos 9: Capítulo 9: El silencio después del caos Matías: -Tú…

José se acerca mirando la mancha de vino.

-Uh, esa remera no va a salir ni con lavandina.

Alex frunce el ceño.

-¿Quién es el que me dijo “tú”?

Matías traga saliva.

-Soy Mati.

-¿Mati quién?

-pregunta Alex.

Félix mira a Matías.

-¿Se conocen?

Matías se quita la máscara.

Alex abre los ojos.

-Ahhh…

eres Matías, el monaguillo de la iglesia.

Matías sonríe apenas.

-Sí.

Yo sabía que eras tú…

de quien hablaban.

-Qué gusto verte por aquí -dice Alex.

Milagro, Sebastián y Alondra se miran sorprendidos.

-Mirá cómo gira el barrio, ya se conocían.

Alex señala la mancha.

-Ven, vamos a cambiarnos.

-No -dice Félix, seco.

-Dale, Félix -responde Matías-.

Por tu culpa le manché.

Alex sonríe con picardía.

-¿Son novios?

-Sí -dice Félix al instante.

-No -dice Matías al mismo tiempo.

El silencio pesa un segundo.

Matías toma a Alex del brazo.

-Vamos.

Félix aprieta la mandíbula.

Alondra se interpone.

-Basta, Félix.

Recién llegamos, no armes problema.

Félix suelta, molesto: -Por eso no quería traerlo a la fiesta.

Milagro lo mira seria.

-Matías ya conocía a Alex.

Escuchaste bien.

No te hagas el tonto y calmate.

Matías no es tuyo para tratarlo así.

Dejá de arruinarle la noche.

No sos nadie para decirle qué hacer.

Félix intenta responder.

-Nada, Félix -lo cortas-.

Tenés 17, casi 18.

Comportate.

Matías entra con Alex a una pieza apartada.

-Es bueno encontrar a alguien conocido…

y más de la iglesia.

No sabía que los monaguillos iban a fiestas -dice Alex sonriendo.

Matías se ríe.

-Te aseguro que no son así los monaguillos.

Alex se ríe también y le pasa una remera blanca larga.

-Ponte esto.

-Gracias.

Ambos se cambian rápido.

-¿Es tu quinta?

-pregunta Matías.

-Es de mi padrastro.

Vivo en Brasil.

Vine de vacaciones…

me expulsaron del cole, así que ahora entro en Jorge Rubén Peña.

-¿Por qué?

Alex sonríe apenas.

-Larga historia.

Agarra su máscara.

Matías lo mira fijo.

-Es hermoso.

Alex abre su mochila y saca otra.

-¿La quieres?

Matías duda.

-Quisiera…

pero Félix se va a enojar si uso esta y no la que me dio para compartir.

Alex se acerca un poco.

-Acá no importa lo que piense él.

Importa que vos te sientas cómodo.

Que te diviertas.

Para eso hice esta fiesta.

Matías lo piensa un segundo…

y agarra la máscara.

Se la pone.

Salen.

-Guau, Mati, esa máscara te queda espectacular -dice Alondra.

Matías sonríe, la toma de la mano y empiezan a bailar.

Félix, sentado a un costado, lo mira.

Nota la máscara distinta.

Aprieta la mandíbula.

Mario se acerca.

-¿Qué te pasa?

-Mi chico anda con otro y me deja de lado.

-La mejor forma de cuidar lo tuyo es hacerle saber al otro.

-¿Cómo?

-Pegándole.

Félix niega con la cabeza.

-Nah…

Pero toma otro trago.

Horas después.

Son casi las tres.

Matías ya está algo mareado.

-Quiero tomar más.

-Basta, Mati -dice Sebastián-.

Ya estás borracho.

-Quiero más -insiste.

Un chico con la misma máscara que Alex se acerca.

-Vamos.

Matías lo sigue.

Se apartan un poco.

-Eres muy guapo -dice el chico.

Matías frunce el ceño.

-Tú no eres Alex.

-Soy mejor que él -responde, tomándolo de la cintura.

-Soltame.

-No.

El chico se acerca demasiado.

-¡Basta!

-grita Matías.

Lo empuja con fuerza y le da una patada para soltarse.

chico lo mira con enojo.

-¿Qué te pasa hijo de puta?

-dice.

Y empuja a Matías con fuerza.

Matías cae al piso.

Varias personas se giran al escuchar el golpe.

Se forma un círculo alrededor.

Félix se levanta de inmediato.

-¿Por qué lo empujás?

Alondra y Sebastián ayudan a Matías.

-¿Estás bien?

-Sí…

-responde, todavía nervioso.

El chico señala a Matías.

-Él me golpeó primero cuando solo quise hablar.

Matías lo mira firme.

-No es verdad hijo de perra.

Me intentaste besar y te pedí que me soltaras.

Se escuchan murmullos.

El chico da un paso al frente.

-Repetilo.

Félix se interpone.

-No lo toques.

El chico sonríe con burla.

-¿Y qué?

¿Te pertenece?

Félix aprieta los puños.

-No te metas con él.

El chico empujó a Félix.

-¿Qué me vas a hacer, eh?

-le gritó y lo empujó otra vez.

Félix le pegó en la cara.

La máscara se rompió y el chico cayó al piso.

Alondra corrió y gritó: -¡Basta, Félix!

¡Basta!

El chico se levantó y atacó a Félix de nuevo.

Matías gritó: -¡Basta!

Los amigos del chico se metieron.

La hermana le dijo a Matías: -¡Esto es por tu culpa!

José le dijo: -Matías, Matías…

Alondra agarró al chico y lo empujó para que deje a Félix.

José gritó: -¡Llamá a Milagros!

Matías y Alondra subiero la escalera juntos, subiéndose arriba corriendo a buscarla.

La hermana del chico los siguió.

Arriba, la hermana agarró a Alondra del pelo.

Alondra: -¡Suéltame!

Matías agarró a la hermana del pelo también.

-¡Que la sueltes!

Se estiraron del pelo los tres se cayeron por la escalera en un enredo de golpes y gritos.

De golpe, la música paró.

Félix seguía peleándose abajo, empujando y gritando.

Matías se levantó rápido, agarró a la chica del brazo y la empujó para alejarla.

La chica se paró furiosa.

-¿Qué te creés tan macho, pelotudo de mierda?

¡Maricón!

¿Te metés con mujeres?

Matías la miró fijo.

-Que seas mujer no significa que te deje hacer lo que te pegue la gana.

A mi amiga no la tocas.

De repente se escucharon sirenas de policias acercándose.

El ruido cortaba la noche.

Matías corrió hacia Félix.

-Vamos, vamos, dejalo.

¡Tenemos que irnos!

Félix soltó al otro y corrió con Matías.

Milagro bajaba corriendo con una chica de la mano.

Alondra los vio y gritó: -¿Dónde estabas?

¿Qué hacías con la chica?

¡Tenemos que irnos, la policía viene!

Milagro agarró a la chica, le dio un beso rápido.

-Nos vemos, amor.

La chica salió corriendo por otro lado.

José y Alex llegaron jadeando.

Alex miró alrededor.

-Vamos, yo sé por dónde salir sin que nos vean.

Félix negó con la cabeza.

-No puedo ir con ustedes.

Tengo que sacar mi auto.

-Entonces ve a sacarlo -dijo Matías, desesperado.

-Vení conmigo -insistió Félix.

Matías negó.

-No, ve vos.

Milagro lo agarró del brazo a Félix.

-Ve rápido, Félix.

Matías corrió con los otros.

Félix lo miró enojado, salió afuera, se subió al auto, arrancó y pisó el acelerador justo cuando llegaban los patrulleros.

Aceleró y se perdió en la calle.

La policía bajó rápido de los autos y entró a la casa.

Matías, Milagro y los demás corrieron hacia arriba, subieron al último piso y se escondieron en una habitación, con el corazón en la boca, escuchando los pasos y las voces abajo.

policía bajó rápido y uno gritó: -Todos calmados, no los quiero ver alterados.

Revisen a los menores.

Veo mayores y menores mezclados.

Son las 4 de la mañana con peleas, menores y mayores.

Revisen a todos.

Matías, escondido en la pieza de arriba, susurró nervioso: -¿Cómo saldremos de aquí?

Nos van a descubrir.

Mi mamá me mata si nos agarra la policía.

Se va a enterar que estuve acá.

Alex miró por la puerta entreabierta.

-Si bajamos al segundo piso, hay una ventana atrás que da a la calle.

Podemos saltar.

Hay un montón de arena abajo, nos salva de rompernos algo.

Todos corrieron callados al segundo piso.

Justo entró la policía por abajo.

Matías agarró a Milagro y se escondieron al lado de un mueble con platos y vasos.

La policía pasó de largo y subió la escalera.

Alex abrió la ventana rápido y saltó.

José saltó atrás de él.

Matías agarró a Milagro fuerte y saltaron juntos.

Por último, Alondra y Sebastián.

Justo bajó la policía gritando: -Paren ahí!

Alondra y Sebastián saltaron igual.

La policía corrió a la ventana.

Milagro les sacó el dedo del medio: -Tomen esto.

Corrieron por la calle, zigzagueando.

Corrieron 10 cuadras y se pararon en una esquina, abajo de un árbol.

Matías se tiró al pasto, jadeando.

-Me mataron.

Milagro se rió.

-Esto fue súper divertido.

Matías miró a Alex.

-¿Qué te dirán a vos?

Alex se encogió de hombros.

-Lo más seguro me manden a Brasil por lo que pasó hoy.

Pero no me importa.

Alondra sacudió la cabeza.

-Por favor, acabás de venir hace poco.

Ojalá no.

Matías sacó su cel y llamó a Félix.

Félix contestó: -¿Dónde están?

Sebastián agarró el teléfono.

-Estamos en el frente del negocio Don Juan.

Ven a buscarnos.

Félix llegó en el auto y gritó: -Suban todos.

Félix miró a Matías.

-Matías en el frente.

Todos los demás se fueron atrás.

Quedó silencio total.

Félix paró en la casa de Alondra, se bajaron todos.

Félix estacionó y entraron adentro.

Se sentaron en el sofá, otros en el piso.

-Nunca estuve tan cansado -dijo Sebastián, tirándose para atrás.

Félix miró al techo.

-Yo sabía que esto terminaría así.

Por eso no quería llevar a Matías.

-¿Llevar qué?

-preguntó Milagro, frunciendo el ceño.

-Si esto empezó porque pegaste al chico.

-No empecé pegando al chico -dijo Félix-.

Fue Matías.

Matías levantó la voz.

-Me quiso forzar a besar y me tocaba.

Yo solo me defendí.

No era para que le vengas a pegar y armes todo este lío.

Félix lo miró dolido.

-Aparte de que te defiendo, me tratás así.

Si supiera que iba a ser así, no te defendía.

Matías le gritó: -Si supiera que ibas a ser así, no hubiera venido con vos.

Félix se le quebró la voz, los ojos llenos de lágrimas.

-¿Por qué siempre me tratás mal?

Trato de dar lo mejor de mí…

Matías negó con la cabeza.

-No te pedí que lo hicieras.

Agarró su celular, se levantó y salió afuera.

Pidió un Uber rápido.

Milagro corrió atrás de él.

-Matías, no seas así.

No te enojes.

Tratemos de calmarnos.

Alondra se acercó a Félix, que ya estaba llorando.

Lo abrazó.

-Calmate, no llores.

Llegó el Uber.

Matías abrió la puerta.

-Mi error fue venir.

Se subió y se fue.

Milagro se mordió el labio, mirando el auto alejarse.

-Ay por Dios, ¿adónde llegamos?

Entró adentro y dijo: -Matías se fue.

Félix levantó la cabeza.

-¿Con quién?

-Se fue en un Uber -dijo Milagro-.

Yo me voy a mi casa.

Nos vemos.

Todos se quedaron mirando a Félix, que seguía sentado con la cara hundida en las manos.

Mientras tanto, en el Uber…

Matías sacó la cabeza por la ventana, dejando que el viento le pegue en la cara.

Pensaba en todo lo que había pasado: la fiesta, los empujones, los gritos, la caída, la policía…

y ahora esto.

Cerró los ojos un segundo.

Llegó a su casa, pagó al Uber y entró sin hacer ruido.

Se fue directo a su pieza, tiró el celular en la mesita y se tiró en la cama.

Pegó un puñetazo al colchón, gritó en silencio con la cara hundida en la almohada, ahogando todo el enojo y la bronca.

Félix, con la voz rota y los ojos rojos, murmuró mirando al piso (como hablando para sí mismo, pero respondiendo a Alondra que le pregunta “¿qué te pasa?” -Mirá lo que soy…

un tonto nomás.

Lo defendí toda la noche, me metí en una pelea por él, corrí de la policía por él…

y al final me trata como si fuera el enemigo.

Me duele el pecho, Alon.

Me duele porque lo quiero tanto que me quema por dentro, pero él…

prefiere irse antes que hablar conmigo.

(Se limpia la cara con la manga, respira hondo.) -Siempre hago todo mal con él.

Le doy la máscara que elegí yo, y se pone la de otro.

Lo llevo a la fiesta para que se divierta conmigo, y termina bailando con vos y hablando con Alex como si yo no existiera.

¿Qué hice para que me odie tanto?

Yo solo quería que fuera nuestro momento.

(Se ríe amargo, sin gracia.) -Y ahora se fue en un Uber, solo, sin decirme nada.

Capaz que ni me extraña.

Capaz que ya está pensando en otro.

Me mata la idea de que alguien más lo toque, que alguien más lo haga reír como yo no pude hoy.

Soy celoso, lo sé…

pero es que lo amo tanto, Alon.

Alondra lo abraza más fuerte, y Félix murmura bajito: -Si mañana no me habla…

no sé qué voy a hacer.

No quiero perderlo, pero parece que ya lo perdí.

Félix seguía llorando bajito, la cara hundida en las manos.

Alondra le habló suave: -Sebastián, traé una sábana.

Está re borracho.

Sebastián trajo la sábana y la tapó con cuidado.

Alex y José ya dormían profundos en el sofá.

Sebastián se sentó al lado de Félix, le pasó un brazo por los hombros.

-Tranquilo, felix.

Mañana se arregla.

Alondra se sentó del otro lado, le acarició el pelo.

-Descansá, Félix.

No pasa nada.

Poco a poco Félix se calmó, agotado.

Cerró los ojos.

El silencio llenó la casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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