MEGADEATH TOURNAMENT: Novela oficial. - Capítulo 18
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18: Capítulo 18 — Contra la misma tentación.
18: Capítulo 18 — Contra la misma tentación.
Mediante el último rayo de luz, el sol falso se apagó como un grito cortado en el horizonte.
El estruendo de las peleas se fue apagando, marca de las rondas finales.
Pero la sorpresa impredecible de ciertos participantes cambió todo.
Desde las sombras, dos figuras pertenecientes a Nero Forte la tenían al frente.
Dispuestos a capturarla.
A llevarla a juicio.
Morticia entrecerró los ojos.
Una expresión de casi molestia cruzó su rostro, como si alguien hubiera interrumpido su juego favorito.
La noche cayó pesada.
Y con ella, el verdadero juicio.
La capitana Mia Sakura y el excapitán Kornelius comenzaron a caminar lentamente hacia las gradas.
Sus energías se sincronizaron con un chisporroteo bajo, Nge-llün despertando en silencio.
Alzaron la voz al unísono, firme y amenazante: —Lady Death, por la corte de los Nero Forte, estás detenida.
Cargos: terrorismo, homicidio a gran escala, tráfico de personas y conspiración en el asesinato del ministro de BexTroynia.
Serás llevada a juicio.
El silencio cayó como un ladrillo a la suave tierra.
El polvo rojo se asentó alrededor de sus botas.
Morticia no se movió.
Solo entrecerró los ojos.
Y sonrió.
—Oh vaya, qué atrevimiento entrar sin invitación a mi centro de reclutamiento —dijo Morticia con una risa suave—.
Puff, jaja… es broma.
Ya sabía que tarde o temprano estarían jugando en mi patio.
Aunque me sorprende que alejaran a mi soldado de mis filas.
—¡Ya cierra el hocico, loca!
—gritó Mia—.
Levanta tus manos y arrójate al suelo.
Morticia se levantó con suma elegancia, adoptando una pose de sumisión fingida.
—Oh, qué osadía… obligar a una dama a arrodillarse ante semejante intimidación.
Pero lo que no tenían en cuenta es que acababan de entrar en su zona de peligro.
Morticia sonrió de nuevo.
Una sonrisa que daba asco y nervios al mismo tiempo.
Los cuerpos de Korn y Mia comenzaron a temblar.
Sus Nge-llün se apagaron instintivamente, como si alguien hubiera apagado un interruptor interno.
El aire se llenó de voces lejanas de pena y dolor, susurrando alrededor de Lady Death.
Ella elevó su postura de sumisión para adoptar una de cortesía maquiavélica.
Korn y Mia se quedaron paralizados por un breve momento.
Dudaron.
No sabían el nivel de aura que tenía ella.
Tenían que analizar con suma precaución y rapidez cómo dominarla… o tarde o temprano serían ellos los dominados.
Pero la capitana Mia, en un impulso imprevisto, arremetió contra ella.
Korn gritó en alarma.
Sabía que era exactamente lo que Morticia esperaba.
Y al segundo que la tocó, una inmensa cortina de humo negro la envolvió.
Morticia desapareció frente a ellos.
El humo se disipó lentamente.
Y un carcajeo se escuchó detrás de ellos.
—Jajaja ¿Acaso creen que sería fácil detenerme?
—habló Morticia, voz melosa y cruel—.
Odio a los entrometidos.
Los mataré con mis propias manos… y serán esclavos para mí.
Tentáculos de sombra se manifestaron en el suelo de las gradas, retorciéndose como venas vivas.
—¡Bitch, please!
—gritó Korn—.
Mia, prepárate para disparar.
Esta tipa será un desafío.
—No me desordenes —replicó Mia con tono desafiante—.
Yo soy la capitana aquí.
Korn la miró fijamente.
—Mia, no es el momento.
Lady Death se nos podría escapar… o peor, matarnos.
—Uy, tú siempre tan estoico y cabrón —dijo ella, sonrisa torcida—.
Ya entiendo por qué el comandante te retiró el título de capitán.
Korn se quedó helado.
Esas palabras no eran de Mia.
No eran suyas.
Notó un corte superficial en su ropa.
Volteó la mirada a Lady Death.
Y la teoría peligrosa se formó en su mente.
“Podría ser… cuando Mia la atacó de frente, Lady Death la cortó e inyectó algo que infecta lentamente su cordura.
Si es así… debo estar preparado”.
Mientras Korn se enfrentaba a la decisión de calmar a su amiga o arrestar a Morticia, desde abajo el último choque de hermanos estaba a punto de empezar.
John volvió en sí justo a tiempo.
Salvó a Hayley de las garras de The One con un contundente golpe en la cara que lo mandó volando hacia Nakano.
La onna-musha confundió a The One con John.
Le dejó un corte no tan efectivo – la piel de Izamu era dura, difícil de perforar – pero sí lo suficiente para dejar sangre.
En un arrebato de ira, The One la detuvo y sostuvo su muñeca desnuda con fuerza.
—¿Crees que esta espada puede matarme?
—gruñó—.
Ja… es más que un cuchillo de cocina, mujer —susurró con voz baja y amenazante—.
Pero aceptaré darte una probada de una verdadera espada.
Lentamente desenfundó su katana.
El acero cantó al salir de la vaina.
Nakano sonrió con desafío.
—No cantes victoria, embustero.
He querido pelear contigo después de tanto tiempo.
Pero tendrá que esperar.
Mi pelea es con ese hombre del brazo de metal.
Lo mataré… y vendré por ti.
The One ladeó la cabeza.
—Oh, te refieres a ese bastardo… Bien.
Te propongo un reto: quien lo decapite antes gana.
Así veremos quién tiene la espada más rápida.
La propuesta tentó a Nakano.
Dirigió su postura hacia John.
Con una mirada seria pero efectiva, aceptó el reto.
Ambos tomaron distancia.
Elevando su Nge-llün, aumentaron velocidad y precisión.
—Lista en 1… 2… ¡3!
Y como flechas en llamas, se lanzaron hacia John.
Sus espadas se movieron como hojas vivas, silbando con el aire, cortando el viento en dos.
El impacto se acercaba.
Mientras Hayley y John cruzaron miradas de emoción y seguridad, el instinto de John presintió el ataque desde ambos lados.
En un acto inesperado, tomó a su amiga de la cintura y de la mano la hizo girar con rapidez.
Sus ojos volvieron a cruzarse en una atmósfera lenta y exótica, como si el tiempo se hubiera detenido para ellos.
Y entonces Hayley los vio: The One desde la derecha, Nakano desde la izquierda.
John no se movió.
No retrocedió.
Solo extendió las manos.
El brazo prostético atrapó la katana de The One con un crujido metálico que resonó como trueno.
La mano izquierda —carne y rabia pura— sujetó la hoja de Nakano, el filo mordiendo palma, sangre brotando caliente pero sin soltar.
En la vista de Hayley, era como si un gorila estuviera sujetando las cabezas de dos grandes serpientes con intensidad y pura supervivencia.
Pero lo que destacó más fue el ojo derecho de John: su pupila cambió a negra con iris blanco muerto.
Eso le provocó un susto que le heló la sangre.
Ni Nakano ni The One podían creer la velocidad y fuerza de su presa.
¿Cómo podía tener ese agarre?
Sin embargo, ninguno perdería la oportunidad.
Intentando liberar sus armas, comenzaron a golpearlo y patearlo en zonas críticas.
John recibió una lluvia de ataques contundentes sin soltar las espadas.
Moretones floreciendo.
Sangre saliendo en toneladas.
Dientes rotos.
Hayley se tapó la cara, quiso intervenir.
Pero un grave y amenazante “NO” de John la detuvo.
Él levantó la cabeza hasta mirarla.
La cara cubierta de moretones, sangre goteando, dientes rotos.
Y en esa mirada, le transmitió que nada en el mundo la lastimaría.
Una expresión que liberó un recuerdo en ella, de su vida pasada.
—Yo de aquí me encargo, nena —le dijo John a Hayley, con una sonrisa suave y mirada tranquila que contrastaba con la sangre en su cara.
John, con ambas espadas aún sujetas, las giró en dirección inversa a su cuello.
Movió cada punta hacia los extremos de sus enemigos, dejando que el movimiento siguiera su curso natural.
Luego soltó las katanas con un gesto seco.
Bajó ambos brazos hasta la cintura.
Apretó el ceño con fuerza.
Concentró todo su poder en un solo ataque.
Los mentones de Nakano y The One como objetivos.
Gritó desde lo más profundo de su corazón: —¡Lightning Uppercut!
Los puños se liberaron.
Relámpagos azules ascendieron como rayos invertidos, conectando con las mandíbulas de ambos.
Nakano salió despedida hacia arriba, cuerpo girando en el aire, casi inconsciente al impacto.
The One se tambaleó.
El golpe lo afectó, pero no lo derribó.
Su piel dura resistió lo peor.
Ni con la potencia del Lightning pudo someterlo.
Mientras detrás de él un sonido de golpe lo hizo girar.
Era Nakano.
Cayó al duro y afilado suelo.
Intentó levantarse, pero el golpe mortal la desconectó de Megitsune.
La máscara cayó con un tintineo sordo.
Aun sin su poder, siguió caminando hasta llegar al costado de Izamu.
The One la miró sorprendido.
Su honor y estoicismo eran tan puros que aún seguía de pie.
Pero la gran pérdida de sangre la hizo sucumbir.
Cayó de rodillas detrás de él.
Entonces él comprendió: ella no continuaría la pelea.
Bajó la cabeza, decepcionado.
No le daría un buen combate.
Bajó su mano izquierda al nivel de su mentón.
Nakano lo notó.
Lo único que pensó fue que era una señal de ayuda.
Pero The One, desde su frío corazón, dijo: —Entrégame tu arma.
—¿Qué?
—Ya me oíste, mujer.
Entrégamela.
Nakano se indignó.
Para ella, darle su arma era entregarse en cuerpo y alma.
En un rápido movimiento apartó la mano de Izamu con la derecha.
Se alzó de golpe hasta estar a la altura de sus ojos.
—Pedazo de escoria —gruñó con enfado—.
¿Te crees que tienes la osadía de declarar mi derrota?
No te entregaré mi arma.
Si eso significa dar mi vida… así que si la quieres, tendrás que pelear.
En el instante en que afirmó la última palabra, The One la atravesó con su katana.
Con arrebato le quitó la espada por la fuerza.
Nakano escupió sangre.
—Tú… no tienes honor, escoria —dijo con voz quebrada.
The One se acercó a su mentón.
Lamió la sangre de una manera horrenda y lenta.
—Es por eso, que el honor da debilidad… como tú.
Ella, sin más resistencia, sucumbió ante la herida.
Cayó casi inmóvil al suelo, cuerpo temblando una última vez antes de quedarse quieto.
The One tomó la espada de Nakano.
La sacudió con extrema fuerza, comprobando su pureza y resistencia.
El acero cantó al cortar el aire.
Satisfecho, limpió la otra hoja con un movimiento rápido.
La sangre salpicó la arena en gotas rojas.
Ahora sí se disponía a atacar con todo.
En guardia, manifestó su Nge-llün hasta los límites.
El aura roja se impregnó en la katana de Nakano, dominando su esencia.
La espada ya no era de ella.
Era suya.
—Voy a terminar de una vez con esto… JOHN —dijo con voz baja y fría.
El aire se volvió pesado.
Y The One dio un paso al frente.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES GoldenPunch “El honor de Nakano murió con ella.
The One se lo llevó todo.
John sigue de pie… pero cada vez más lejos de sí mismo.
El final de la temporada de verano se aproxima.
Y con él, el verdadero vacío.
Gracias por sangrar conmigo hasta aquí.
Nos vemos en el último aliento.
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