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MEGADEATH TOURNAMENT: Novela oficial. - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 — El Rugido del Nuevo Mundo
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5: Capítulo 5 — El Rugido del Nuevo Mundo 5: Capítulo 5 — El Rugido del Nuevo Mundo El eco del combate aún resonaba en la distancia.

El polvo del asfalto se mezclaba con el olor a sangre y metal quemado.

Korn contempló el horizonte, y por un instante creyó escuchar un grito que no provenía del terrorista, sino del propio mundo.

En lo alto, el cielo negro de Inan Ngüne se abrió con un rugido que estremeció la tierra; un sonido antiguo, como si los pecados de cada era despertaran al mismo tiempo.

John alzó la vista sin comprender del todo… y supo que algo había cambiado.

El infierno había dejado de ser un castigo: ahora tenía un propósito.

—¿Qué esperas, bastardo?

—susurró, clavándole la mirada.

En un movimiento sútil, apareció frente a él, dejando a Korn sorprendido y con la guardia baja.

Recibió un potente ataque, pero logró usar su Nge-llün como escudo y contraatacar, lanzando al enemigo contra el pavimento.

Korn lo observó con cautela, analizando el resultado, pero su expresión cambió al notar que el golpe no había surtido efecto.

El terrorista se levantó con suma facilidad, como si nada hubiera pasado.

—¡Demonios!…

Mi golpe no lo abatió —pronunció Korn, incrédulo.

Desde otro ángulo, John y Hayley se quedaron boquiabiertos al notar que el terrorista seguía en pie.

Aun así, ambos observaban con cautela la pelea.

—¡Oye, rubio!

¡Desátame ya mismo!

—¿Qué, estás loca?

—replicó John—.

Mejor calla y mira… esta será una función que no se ve todos los días —afirmó con emoción.

—¿Tienes algo que decir?

—preguntó Korn con voz autoritaria al terrorista.

De pronto, el tipo comenzó a temblar; una sonrisa cínica se dibujó en su rostro antes de soltar una carcajada desquiciada.

—¿Te parece divertido, maldito sádico?

—rugió Korn—.

¡Ya responde!

¿Por qué nos estabas siguiendo?

—Je, jeje… ustedes no llegarán al torneo —boceteó al erguir la cabeza—.

Jejeje… ustedes, seres impuros… ¡¡¡no podrán contra la palabra de Dios!!!

—gritó el terrorista al cielo, mientras una energía oscura comenzaba a emanar de su cuerpo.

—Mish… nos topamos con un fanático psicodélico —murmuró John, alzando una ceja.

El terrorista canalizó su Nge-llün para invocar un enorme espectro con forma de mazo.

Su figura espectral lo envolvía como una anaconda, protegiéndolo y extendiendo su fuerza.

Al juntar las manos, alzó una plegaria oscura, y el espectro atacó desde todos los ángulos, azotando el aire como un látigo de energía.

Korn, al verse superado, recurrió a una nueva táctica: Crimson Carapace.

Su aura roja carmesí se solidificó alrededor de partes específicas de su cuerpo, formando una armadura densa y pétrea.

Este “caparazón” resistía los impactos, desviando y absorbiendo el daño como una roca viva.

Cada golpe resonaba en el campo como una explosión de tierra y piedra.

Ambos combatientes terminaron exhaustos, cubiertos de polvo y sangre, mientras una silueta misteriosa los observaba desde la distancia.

John, que decidió intervenir al salir del auto, se dirigió pasivamente hacia el terrorista.

—¡Oye, oye, cabeza de metal!

—gritó Hayley—.

¿Qué haces?

—¡Shh!

Tú, ni te metas; quiero acabar con este problema ya mismo.

—Hey, si no haces nada, te dejaré vivir e irte en paz —boceteó Korn con voz cansada.

No obstante, el terrorista presintió la aparición de John a su izquierda.

—Oye, moreno —divagó, encendiendo un cigarro—.

Le estás dando demasiadas oportunidades; si sigues así, tarde o pronto te matará.

—No puede ser —murmuró para sí mismo—.

Éste es…

quien asesinó a mi hermano —pensó el terrorista.

En el instante en que John botó su cigarro, el ambiente cambió; el terrorista observó cómo su Nge-llün comenzaba a manifestarse.

John estaba listo para los golpes.

—Bien… ¡mataré dos pájaros de un tiro!

—gritó el terrorista.

Dando una plegaria, dirigió su espectro hacia John, su ataque era letal y rápido como un látigo colosal, el terrorista carcajeo ante su inminente victoria.

No obstante al esperar que el polvo se disipara, vio que no estaba ahí.

—Uy… te falto un poquito— murmuro detrás de su oído.

— Que mal, para tener un buen Nge-llün te falta coordinar bien.

Fueron las palabras de John al propinarle un severo golpe en el rostro, enviándolo varios metros hacia atrás.

Sin embargo, el enemigo, pese al impacto, permaneció en pie.

En el instante del ataque, una sonrisa se dibujó en su rostro, revelando una habilidad oculta que captó la atención de los tres.

Su Nge-llün comenzó a expandirse, volviéndose más denso y poderoso.

Fue entonces cuando John comprendió algo: “No eran sus plegarias las que lo fortalecían… sino mis ataques.

Este sujeto es un maldito masoquista.” John se lanzó de nuevo, decidido a no darle respiro.

Sin embargo, el terrorista atrapó su puño desnudo y, en un movimiento salvaje, lo devolvió con el doble de fuerza.

Korn vio el peligro y, sin pensarlo, invocó de nuevo su Crimson Carapace, interponiéndose justo a tiempo.

—¡Te dije que no pelearas solo, rubio idiota!

—rugió, bloqueando el golpe con su brazo cubierto de piedra.

Ambos retrocedieron, y Korn lanzó su mirada al fanático: —Si este loco se alimenta del dolor, entonces lo venceremos con algo que no pueda absorber… pura furia combinada.

Ambos se incorporaron pese a la dificultad de erguirse.

No obstante, al elevar la mirada, un terror los petrificó: delante de ellos, el Nge-llün del terrorista empezó a dividirse; ya no era uno, sino tres mazos en forma de látigo.

—¿Pero qué demonios es eso?

—murmuraron Korn y John.

Al instante, el pavimento se agrietó bajo sus pies.

Korn y John, al cruzar miradas, no tuvieron más opción que trabajar en conjunto.

La energía roja del primero y los relámpagos azules del segundo se cruzaron en el aire, formando un resplandor violento que iluminó toda la autopista.

El fanático, cegado por la mezcla de poder, retrocedió por primera vez; sintió que esa fuerza no podía absorberla… era demasiado caótica, demasiado viva.

John apretó los dientes y gritó: —¡Vamos, Korn!

¡Partámosle el culo!

—¡Tomen esto, idiotas!

—gritó el terrorista, ordenando a sus espectros aniquilar a John y Korn.

Los entes se abalanzaron con una velocidad absurda, cortando el aire como látigos vivientes.

Cada golpe impactaba el suelo con una fuerza devastadora, obligando a ambos a esquivar a duras penas.

El caos se extendía por la autopista entre chispas, polvo y fragmentos de asfalto.

De pronto, cuando uno de los espectros estuvo a punto de atravesar el pecho de Korn, una bala silbó desde la distancia, perforando el cuerpo etéreo de la criatura y desvaneciéndolo en un estallido de luz oscura.

—¿Esa bala… debió ser de ella?

—divagó John al girar y ver que Hayley tenía su pistola en mano.

—¿Qué haces ahí parado, rubio?

—¡Derríbalo ahora!

—ordenó Hayley mientras seguía disparando a los entes.

Al tener el camino libre, John canalizó su Nge-llün al máximo, concentrando toda su energía en un solo punto.

En un estallido de relámpagos, saltó por encima del terrorista, esquivando a los espectros con agilidad sobrehumana.

—¡¡¡Ride… The Lightning!!!

—rugió con fuerza.

Una poderosa patada descendente impactó la cabeza del enemigo, lanzándolo violentamente contra su propio vehículo.

Hayley, al ver que el cuerpo del terrorista se aproximaba a toda velocidad, reaccionó a tiempo y saltó por la ventana.

¡CRASH!

El coche estalló en una mezcla de fuego y chispas, mientras los relámpagos azules de John iluminaban el caos final del combate.

El silencio tras la explosión era ensordecedor y el humo se disipaba lentamente.

Entre los restos del vehículo y el olor a gasolina quemada, John observó su destrozado automóvil, con el parabrisas hecho trizas y el motor humeante.

—¡¡¡ME QUIERO VOLVER CHANGO, MI AUTO!!!

—gritó con furia y desesperación cómica, llevándose las manos a la cabeza.

Korn, aún apoyado en su rodilla, soltó una carcajada.

—Vamos, hombre… al menos sigues con vida.

—¡Sí, pero mi auto no!

—replicó John, dándole una patada a la puerta chamuscada—.

¡Era mi único lujo en este maldito mundo!

Hayley cruzó los brazos con burla.

—Por lo menos ahora combina contigo: los dos están hechos pedazos.

—Ja, ja, muy graciosa, pistolera de pacotilla —gruñó John, dándole otra patada al capó— Ahora sí que nos quedamos sin transporte —exclamó con frustración al contemplar su auto destrozado.

El humo del vehículo calcinado se alzó hasta perderse entre las nubes.

A kilómetros de allí, ese mismo humo descendía sobre un antiguo estadio en ruinas, donde The One limpiaba su espada manchada de sangre.

—“Uno más cae…

pero los rayos siguen rugiendo” —dijo, mirando el horizonte con fastidio.

—“Estos Nero Forte sí que son un problema” —habló Lady Death desde un decodificador—.

The One, no pierdas tiempo; deja entrar a los participantes.

—A todos los participantes… su tiempo de espera ha terminado —ordenó con una voz fuerte y firme a sus esbirros—.

Pueden entrar.

La gran puerta del estadio soltó un chirrido metálico, largo y oxidado.

Desde afuera, decenas de siluetas comenzaron a avanzar entre la neblina, atraídas por la voz imponente que resonaba como un trueno.

—Qué viaje tan cansador… —bocetó una mujer occidental, exhausta.

Detrás de ella le seguían hombres y mujeres de distintas eras y etnias, cada uno marcado por la muerte y el pecado.

Al frente de todos, The One los observaba con los brazos cruzados, su mirada cortante y llena de juicio.

Entonces, con una voz explosiva y cargada de autoridad, gritó: —¡¡¡Bienvenidos… al Mega-Death Tournament!!!

REFLEXIONES DE LOS CREADORES GoldenPunch “El equilibrio entre los vivos y los muertos se ha roto.

Nuevos guerreros despiertan, pero cada paso hacia el torneo los acerca a su propio juicio.

El Mega-Death Tournament no es un juego… es la última oportunidad de un alma.” — Extracto del Registro Inan Ngüne.

(Aviso este miercoles no habra capitulo 6, debido a temas personales, sin embargo volvere la otra semana)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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