MEGADEATH TOURNAMENT: Novela oficial. - Capítulo 7
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7: Capítulo 7 — Entre Balas y Lamentos.
7: Capítulo 7 — Entre Balas y Lamentos.
El silencio era denso, solo roto por el goteo constante del agua cayendo desde alguna tubería oxidada.
Hayley yacía inmóvil, el cuerpo entumecido, la respiración irregular.
Por un momento, parecía muerta.
Pero su mente… no descansaba.
La oscuridad que la envolvía comenzó a iluminarse con destellos rojizos.
De pronto, ya no estaba en una celda: el aire olía a arena caliente, y el rugido del viento le recordaba a su tierra natal.
Abrió los ojos y vio el horizonte del bosque.
Frente a ella, tres sombras esperaban un duelo.
—“Vamos, Dubois… muéstranos si sigues siendo la mejor pistolera del oeste.” —dijo uno, con una sonrisa podrida.
Ella levantó su revólver, temblando apenas.
El sol ardía como un juicio sobre su nuca.
Tres disparos resonaron.
Tres cuerpos cayeron.
Y uno de ellos… no debía haber muerto.
El recuerdo se quebró con un sonido metálico.
Hayley despertó sobresaltada, jadeando, de nuevo entre las sombras de sus ataduras.
El sudor le corría por el cuello, y su voz apenas salió como un suspiro: —“Maldición… no me dejas en paz, ¿verdad?” Las luces parpadearon por un instante, reflejando la presencia del comandante Vernant, la hora de su juicio había comenzado.
Hayley, apenas recuperando la cordura, entreabrió los ojos y vio cómo la oscuridad de la celda se teñía con una luz blanquecina que venía del pasillo.
Las siluetas borrosas de tres hombres se proyectaban frente a ella: Vernant, imponente como una sombra de autoridad; Korn, rígido como una estatua; y John… con el rostro tenso, pero sin decir palabra alguna.
El eco de sus pasos resonó entre los muros húmedos.
Hayley trató de incorporarse, pero sus piernas no respondieron del todo.
Solo alcanzó a murmurar, con la voz quebrada: —¿Qué… qué demonios planean hacer conmigo ahora?
El comandante, sin apartar la mirada de ella, comenzó a enumerar uno por uno los actos que había cometido.
Hayley, aún aturdida, apenas entendía cómo habían podido engañarla con la promesa de libertad.
La “segunda oportunidad” que le ofrecieron no fue más que una cruel mentira.
Y lo peor de todo fue ver los rostros de aquellos a quienes había ayudado —John y Korn— sonriendo con una frialdad que traspasaba el alma.
—¡¡¡Los maldigo, cabrones!!!
—gritó con una furia desbordante, liberando toda la ira y frustración que había contenido hasta entonces.
Y entonces, un zumbido profundo invadió la sala.
El suelo comenzó a vibrar con una intensidad que hizo titilar las luces del techo.
El comandante Vernant, al igual que John y Korn, clavaron la mirada en Hayley.
estaba despertando algo.
Su Nge-llün se manifestaba.
Hayley alzó la cabeza lentamente y, con una voz fría y autoritaria, susurró: —¡Black Pentagram!
Desde el suelo, a escasos centímetros de sus pies, un pentagrama se dibujó con un resplandor rosa neón que quemaba la vista.
Los presentes quedaron inmóviles, hipnotizados por el espectáculo.
En un instante, Hayley se irguió con un impulso inhumano; el símbolo la lanzó hacia adelante como una flecha.
Su objetivo era claro: Vernant.
La rabia contenida se transformó en pura ferocidad.
Saltó sobre él, y con el rostro torcido por la ira, abrió la boca para atacar su yugular.
Su grito fue animal, un rugido que resonó en toda la cámara.
A pocos centímetros del cuello del comandante, Vernant no se inmutó.
Su postura firme y su mirada serena transmitían una calma perturbadora.
De pronto, el avance de Hayley se detuvo: la mano prostética de John se interpuso, sujetándola por el rostro antes de que pudiera alcanzar su objetivo.
—¿Y qué me dices, Vernant?
—dijo John con una sonrisa ladeada, mientras contenía la furia de Hayley—.
¿No crees que esta chica sería útil para la misión?
Vernant lo observó en silencio, apenas curvando los labios en una leve sonrisa.
—Tenía que asegurarme de que fuera lo suficientemente fuerte —respondió con voz grave—.
Ahora sé que lo es… y que no le teme a la muerte.
Las palabras de Vernant dejaron a Hayley sumida en la duda.
En su mente, no era más que otro juego, una tortura psicológica más de Nero Forte.
El comandante, sin embargo, se limitó a acomodarse los guantes con calma y dio unos pasos hacia atrás, lanzándole a John una mirada que bastó para que la soltara.
John obedeció, bajándola con cierta gentileza.
Aún desorientada, Hayley los observó con furia antes de soltar un grito cargado de frustración.
—¡¿Qué se creen, jugando con mi esperanza?!
—¡Hey, la idea fue del moreno!
—protestó John, señalando a Korn.
—¿¡Qué yo!?
¡Tú fuiste quien dijo que la trajéramos así!
—respondió Korn, cruzado de brazos.
El absurdo intercambio fue cortado por un rugido seco: —¡¡¡Silencio, trío de chiflados!!!
—bramó Vernant.
Su voz, firme y fría, bastó para devolver el orden a la sala.
—El caos está creciendo más rápido de lo que imaginamos —continuó sin mirar atrás—.
Y Nero Forte no puede perder tiempo con sus pleitos.
El comandante levantó la mano y, con un gesto, activó un holograma frente a ellos.
Símbolos arcaicos y coordenadas flotaron en el aire, formando un mapa vivo que temblaba con energía.
—Este mundo… Inan Ngüne —murmuró— está empezando a fracturarse.
Las almas más viejas despiertan, atraídas por algo que ni siquiera Lady Death puede controlar.
Sus ojos se fijaron en el trio.
—Korn y tu equipo se infiltrarán en sus filas.
Quiero saber por qué está reclutando más renacidos… y qué está preparando.
— Dicto Vernant.
Mientras Vernant hablaba, Hayley bajó la mirada, recordando la sensación de estar encadenada minutos antes.
Por primera vez, su voz sonó sin sarcasmo: —¿Y si esto no es una misión… sino una trampa para eliminar a los que no siguen sus reglas?
El silencio fue total.
Korn se quedó inmóvil, y John desvió la mirada.
Vernant solo respondió con una sonrisa enigmática: —Entonces será el destino quien decida quién merece seguir existiendo en este mundo.
—Pronuncio con tono relajado.
—Les daré cuarenta y ocho horas para estar preparados —pronunció Vernant con tono relajado.
—¡Hey, hey, hey!
¿Quién dijo que debía ir con este dúo de monos?
¿Y desde cuándo decidieron que yo trabajaría con ustedes?
—bufó Hayley.
—Decidí eximirte de todos tus cargos gracias a Korn y porque John me sugirió tus habilidades de combate —respondió Vernant con voz fría y afirmativa—.
¿O prefieres que procedamos con tu juicio y ejecución?
—Eh… no —balbuceó ella.
—Me parece —continuó Vernant—.
Proseguiré explicándoles lo siguiente: como muchos saben, Inan Ngüne es considerado por algunos nuestro nuevo mundo y, para otros, el purgatorio de los fieles al caos.
Tras múltiples intentos, la mayoría no logró rehacer una vida normal: muchos se convirtieron en asesinos, psicópatas o tiranos.
Fue una dificultad casi imposible para el orden de una nueva sociedad.
No obstante, un puñado de renacidos logró fundar ciudades y levantar algo parecido a civilización.
Ese conglomerado fue bautizado como Inan Ngüne: la tierra de la redención… o de la perdición.
Ya no sé cómo llamarla hoy en día.
—Les mostraré las ciudades que sobrevivieron y se fundieron por renacidos con algo de razón: Evil City, ParaDize City, Old-Paranoid y BexTroynia.
Después de mencionar las ciudades, Vernant activó un holograma del mapa de Inan Ngüne.
Cada ciudad parpadeaba con luces rojas, marcando disturbios o zonas en guerra.
Una de ellas, Old-Paranoid, permanecía completamente oscura, señal de que había sido destruida o había caído en manos de los seguidores de Lady Death.
Mientras Vernant explicaba la situación, John, Korn y Hayley discutían en voz baja.
—¿Quién en su sano juicio llamaría Old-Paranoid a su casa?
—murmuró John con sarcasmo.
—Shhh.
Guarda silencio o harán que nos castiguen —respondió Korn, reprimiendo la molestia.
Hayley, aburrida por tanta información, terminó quedándose dormida; un pequeño ronquido escapó de sus labios, mientras Korn intentaba mantener la compostura.
Vernant interrumpió la charla con un golpe seco sobre la mesa, su voz cargada de frustración.
En ese momento, las luces parpadearon.
El sistema de la base comenzó a detectar una señal interferida.
En la pantalla principal se proyectó un símbolo familiar: el círculo fracturado de Lady Death.
Una voz distorsionada resonó por todo el recinto: —“El Megadeth Tournament… ha comenzado oficialmente.” El inesperado mensaje estremeció a toda la sala.
Vernant, al ver el caos que pronto se desataría, levantó la mano con autoridad y ordenó: —Korn, lleva a Hayley y a John a sus recámaras.
Los quiero listos al amanecer.
Después del mensaje de Lady Death, la base quedó sumida en un silencio sepulcral.
Korn llevó a los otros dos a sus habitaciones.
John permaneció despierto, fumando junto a la ventana mientras observaba el horizonte rojo de Inan Ngüne.
El viento arrastraba ecos de gritos y explosiones lejanas.
En su mente, el recuerdo del restaurante destruido y de Sasha lo atormentaba.
—Esto ya no es una misión… —murmuró—, es una maldita guerra.
—Ni me lo digas —respondió Hayley desde las ventilaciones—.
Oye, rubia, si no me hubieran tratado de esa forma, les habría ahorrado los golpes.
—Oye, es mejor que empieces a llamarme por mi nombre… a menos que quieras que Korn te vuelva a dejar como una vaca en shibari, jajaja.
Hayley, al recordar aquella humillación, frunció el ceño con un puchero antes de alejarse sin decir nada más.
Cuando el silencio se apoderó de la base, en la recamara de la vaquera empezaria a manifestar un momento crucial.
Horas después, incapaz de dormir, Hayley escuchó voces distorsionadas a través de los conductos de ventilación: murmullos que hablaban de “los elegidos” y “el sacrificio del despertar”.
Una brillante luz rosada comenzó a filtrarse desde el suelo.
El mismo pentagrama que había invocado antes volvía a manifestarse.
—Black Pentagram…
¿por qué sigue activo?
—susurró, sintiendo el pulso mágico bajo sus pies.
Pero el símbolo se distorsionó, y en el centro emergió un rostro antinatural, cubierto de grietas y sombras líquidas.
Hayley retrocedió horrorizada.
Una mano espectral salió del pentagrama y, poco después, todo un cuerpo de oscuridad tomó forma frente a ella.
Intentó golpear el muro para despertar a John, pero las paredes se deformaron, mostrando rostros humanos que gritaban en silencio.
Dio un salto atrás, solo para sentir una respiración fría en su cuello.
Giró…
y el ser la sostuvo por la garganta.
—¿Qué es lo que quieres?
—susurró con voz quebrada.
El espectro acercó su boca a su oído.
Su voz era un susurro que parecía salir de dentro del suelo: —“Tu dolor… y tu miedo.” Y entonces abrió su mandíbula, revelando en su interior un espiral de oscuridad infinita.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES GoldenPunch Debo notificar que este volumen finalizara muy pronto con el capitulo 10, asi que esten atentos para los 3 ultimos 🙂
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