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MEGADEATH TOURNAMENT: Novela oficial. - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 — Vergüenza y dolor
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8: Capítulo 8 — Vergüenza y dolor.

8: Capítulo 8 — Vergüenza y dolor.

Mientras la noche describía el descontrol con lo peor de Inan Ngüne.

Hayley es presa de una parasomnia, su cuerpo permanecía inmóvil sobre la cama, pero su mente estaba atrapada en un abismo entre el sueño y la realidad.

La presencia del espectro que emergía del pentagrama se inclinaba sobre ella, observándola con ojos huecos y una sonrisa deformada.

Sus manos etéreas rozaban su cuello, como si buscara arrancarle el alma.

En otro extremo de la base, John ignoraba por completo el tormento de su compañera.

Caminaba descalzo por el pasillo metálico, bostezando y rascándose la cabeza.

—“Me prometieron una buena cerveza… y ni eso cumplen estos locos.” —murmuró, abriendo la nevera de la despensa.

Solo encontró una botella tibia y medio vacía.

—“Bah, me la tomo igual.” —bufó, llevándose el envase al hombro mientras las luces del pasillo parpadeaban con un zumbido inquietante.

—¿Ahora qué sucede?

Y esta luz rosa… se parece a la invocación de la vaquera.

John, atraído por el brillo rosado que salía del subsuelo, abrió la puerta con fastidio, con intención de llamar la atención de la chica.

Mientras tanto, Hayley seguía atrapada en su pesadilla dentro del pentagrama.

Justo cuando el ser se disponía a devorarla, se detuvo de golpe; había notado la presencia de algo fuera de su subconsciente.

Y en un susurro profundo, dejó un mensaje: —“Tu miedo y tu dolor serán míos… cuando te hayas rendido a tus pecados.” Tan pronto como la soltó, toda la habitación fue devorada por una densa niebla negra.

Hayley, con dificultad, contempló cómo su entorno se elevaba y distorsionaba hasta que una luz la arrancó del trance.

—¿Oye, oye, tú me escuchas?

—exclamó John chasqueando los dedos junto a su oído.

Cuando abrió los ojos, vio a John demasiado cerca de su cara.

Con las mejillas encendidas por la vergüenza y la confusión, Hayley reaccionó con un golpe certero en su nariz.

Paff —¡¡¡Oh my God, mi nariz!!!

Hayley aún temblaba cuando abrió los ojos.

Intentó levantarse, pero las piernas no le respondieron.

John, sangrando de la nariz por el golpe, resopló: —¡Oye!

Yo solo intentaba ayudarte, ¿sabes?

—¡Pues ayuda sin meterme la cara en la mía, imbécil!

—le reclamó ella, con la voz quebrada.

John se cruzó de brazos.

—Mira, vaquera, solo fue una pesadilla.

¿Cierto?

Ella lo miró… y su expresión no era de enojo, sino de auténtico terror.

—No… eso no fue un sueño.

Había algo.

Alguien.

Y sabía mi nombre, John.

Sabía… todo sobre mí.

La voz se le quebró.

John dejó de bromear al instante.

—Eeeh… Bueno… —retrocedió hacia la puerta—.

Te dejo descansar entonces.

Pero Hayley lo sujetó del brazo.

—¡Espera!

—su voz salió casi como un ruego—.

¿Podrías quedarte?

Solo un momento… no quiero estar sola.

John abrió los ojos sorprendido.

—¿Yo?

¿Después de que me rompiste la nariz?

¡Ni lo— Ella bajó la cabeza, ocultando el temblor de sus manos.

Ese gesto lo desarmó por completo.

John suspiró con resignación.

—Está bien… pero solo esta noche.

Nada raro, nada de golpes, nada de gritos.

Hayley asintió, respirando más tranquila.

John se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la pared.

—Listo.

Ya.

Duerme o algo.

Yo vigilo por si aparece otro monstruo rosa o lo que sea.

Ella soltó una pequeña risa nerviosa y se acomodó.

El silencio se volvió casi cómodo… Hasta que la puerta se abrió de golpe.

Klonk Korn apareció con una linterna en mano y cara de soldado en misión.

Pero cuando vio la escena, se congeló: John sentado junto a la cama.

Hayley cubriéndose con la manta.

Los dos colorados como tomates.

Korn parpadeó lento.

—¿Interrumpo algo?

—¡¡NO!!

—gritaron ambos al mismo tiempo.

John señaló la pared como si tuviera una explicación preparada: —Ella tuvo una pesadilla gigante, apareció un bicho extraño, casi se muere, yo vine por casualidad, me pidió que me quedara, yo dije que sí pero solo por seguridad, nada más, ¿está claro?

Hayley, ruborizada, gritó: —¡NO ESTÁ PASANDO NADA!

¡NO PENSÉS TONTERÍAS!

Korn levantó una ceja.

—Ajá… entiendo perfectamente.

Dos adultos gritando en la madrugada, muy sutil.

John gruñó.

—Korn, lárgate.

Korn dejó una sonrisa apenas visible.

—Solo vine a asegurarme de que la asesina no te hubiera matado rubio… —hizo una pausa, señalándolos— …pero veo que están bien entretenidos.

Cierra la puerta lentamente mientras se retira, como un padre sospechando de su hijo.

Silencio.

John se cubrió el rostro con las manos.

—No puedo creer que haya visto esto… Hayley suspiró.

—Es tu culpa por ponerte tan cerca.

—¡Ay, por favor, si estabas llorando como un gato ahogado!

Ella le arrojó una almohada.

John la esquivó y se rio bajito.

Finalmente, la tensión bajó.

Hayley, ya más calmada, musitó: —John… gracias por quedarte.

El soldado miró al techo.

—Sí, sí… duérmete, vaquera.

Mañana nos matan de verdad si no descansamos.

Ella cerró los ojos.

John vigiló la habitación.

Y por primera vez en mucho tiempo… ninguno de los dos durmió completamente solo.

Cuando la luz del sol blanco impregnó toda la base, Korn, con un ceño marcado por el agotamiento, se dirigió a despertar a John y Hayley.

—Hey, oigan… ya es momento de que se preparen… Pero las palabras se le quedaron atoradas.

Frente a él, John roncaba como una bestia salvaje, mientras Hayley dormía a su costado, abrazada a la almohada y con el cabello hecho un desastre.

La escena era tan rara, tan incómoda, que Korn solo pudo parpadear un par de veces antes de reaccionar.

¡Bum!

¡Bum!

¡Bum!

Golpeó la puerta con fuerza.

—¡¡¡Ya despierten!!!

¿Cuánto tiempo van a seguir de dormilones?

—rugió, furioso.

John dio un respingo y Hayley se incorporó a medias; ambos bostezaron al mismo tiempo.

Cuando sus miradas se encontraron, un silencio incómodo inundó la habitación.

En cuanto Hayley procesó la cercanía de John, sus ojos se abrieron como platos.

—¿¡Qué rayos haces tan cerca de mí!?

—gritó, alzando la mano.

¡Paf!

La cachetada resonó como un latigazo en toda la habitación.

Seguidamente, todo el personal se dirigió al punto de operaciones.

Allí se encontraba Vernant, esperando al trío.

Sin embargo, su atención se clavó de inmediato en la marcada huella roja en el rostro de John… y en la evidente irritación de Hayley, aún con la mano tibia por la bofetada.

—Veo que estuvieron muy ocupados ustedes dos —señaló Vernant con un tono burlón mientras los observaba de arriba abajo—.

En fin, enfoquémonos en lo importante.

El comandante activó un mapa holográfico sobre la mesa; varias zonas parpadeaban en un tono carmesí inquietante.

—La taza de caos alrededor de Evil City está aumentando de manera anormal —continuó—.

Necesito enviar otro grupo a cubrir las zonas más afectadas.

Y para ustedes tres… ya conseguí un transporte que los llevará directo a su destino.

A las afueras de la base, el trío fue escoltado hasta el transporte que los llevaría al punto de encuentro del Mega-Death Tournament.

El ambiente era tenso, casi incómodo.

Mientras avanzaban, John no dejaba de fulminar a Hayley con la mirada; era evidente que seguía exigiendo respuestas por la cachetada matutina.

Ella, en cambio, cruzó los brazos y desvió el rostro con un giro altivo, ignorándolo con un desprecio calculado.

Korn, el único realmente concentrado, caminaba unos pasos por delante.

Su expresión era seria, no por la pelea infantil entre los otros dos, sino por la incertidumbre que se avecinaba.

—¿Cómo diablos entraremos a ese evento…?

—pensó, repasando posibles estrategias— Lady Death no deja El trío se detuvo frente a un vehículo blindado color gris opaco, con el sello de Nero Forte grabado a golpes en la chapa.

No era precisamente nuevo: tenía las esquinas abolladas, restos de pintura quemada y un parabrisas remendado con placas metálicas improvisadas.

—¿Este… es el transporte?

—preguntó John, ladeando la boca con asco.

—Sí —respondió Korn sin emociones—.

Último modelo… hace veinte años.

—Genial —bufó Hayley—.

Un ataúd con ruedas.

El soldado encargado de entregarlo les abrió la puerta trasera sin siquiera mirarlos.

—Intenten no destruir este —murmuró, claramente refiriéndose al auto anterior de John.

—¡No fue mi culpa!

—reclamó John—.

¡Ese loco y su serpiente espectral me lo chocó!

—Sí sí, como digas… —dijo el soldado, alejándose mientras negaba con la cabeza.

Korn subió primero.

—Vamos, debemos adelantarnos a los equipos enemigos.

Lady Death no pierde el tiempo.

El interior era estrecho, olía a aceite, metal viejo y pólvora.

John se dejó caer en un asiento rígido, cruzando los brazos mientras seguía mirando de reojo a Hayley.

Ella, molesta, se colocó lo más lejos posible.

—¿Aún enojada?

—provocó John.

—No me hables —respondió ella, dándole la espalda.

—Oye, tú fuiste la que casi me rompe la nariz esta mañana.

—Y tú fuiste el que se metió en mi espacio personal.

—¡Te estabas muriendo, vaquera!

—¡Era una pesadilla, no un incendio!

Korn golpeó el techo del vehículo con el puño.

—¡Silencio, ustedes!

—rugió—.

Si siguen jodiendo así cuando lleguemos, los van a oír desde tres ciudades.

John y Hayley callaron al instante.

—Bien —continuó Korn, recuperando la compostura—.

Vamos a un terreno desconocido.

Lady Death ya tiene bajo su mando a cientos de Renacidos, y ustedes dos comportándose como niños no ayudará.

—¿Y tú qué?

¿No estás nervioso?

—preguntó Hayley, aún irritada.

Korn inhaló profundo.

—…Sí.

Mucho.

Pero alguien tiene que pensar como adulto aquí.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES GoldenPunch A todos mis lectores y lectores internacionales esta serie finalizara muy pronto y me gustaria que la pudieran comentar y compartir, sin importar la brecha del idioma.

To all my readers and international readers, this series will end very soon and I would like you to comment on it and share it, regardless of the language barrier.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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