Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mi CEO, mi obsesión - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Mi CEO, mi obsesión
  3. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 POR TI HARÍA LO QUE FUERA.

No pude decir una palabra cuando Hugo se incorporó, echando la sábana a un lado.

Tragué fuerte mientras mis ojos se iban sin mi permiso a su torso desnudo.

Era una maldita escultura.

Cada músculo en alta definición.

Piel suave y dorada.

Que daba ganas de morder y arañar.

Él me miró en silencio.

Esperando.

Al cabo del rato pude recuperar el habla.

—Me has dado un susto de muerte —dije.

Y mi voz sonó como gotas de algo espeso cayendo.

—Yo no me asusté exactamente —contestó, y sus ojos se oscurecieron más aún—.

Estás cruzando todos los límites…

Isabella.

—No sabía que vendrías.

—¿Eso fue una disculpa?

—Algo así.

Sonrió y se inclinó hacia adelante.

Sus músculos se tensaron aún más.

Bañados por la luz dorada del amanecer que se colaba entre las cortinas.

—Igual, Isabella.

Esta es mi alcoba.

Te estás pasando de rosca hace mucho.

—Solo llevo acá dos días.

Se reclinó de la cabecera.

Estudiándome.

Y yo por primera vez, no tenía palabras.

—¿Por qué no me echaste?

—pregunté entonces, con una voz pequeña.

—Dormías profundamente.

Comencé a enrollar entre mis dedos un trozo de sábana.

—¿Sue…

ella…

—Estará bien —me cortó.

El silencio a continuación me zumbó en los oídos.

—¿Qué piensas hacer?

—preguntó luego.

Lo miré, interrogante.

—¿A qué te refieres?

Se encogió de hombros.

—Tienes que ir a trabajar.

Atender tu departamento.

Un gato que alimentar…

Salté.

—¿Cómo sabes que tengo un gato?

Su sonrisa retorcida y cínica fue mi respuesta.

Claro.

Él hizo la tarea.

Había olvidado que sabía más de lo que yo pensaba.

Pasé la lengua por mis labios resecos.

—Temo que si salgo de aquí el juego acabe —confesé—.

Yo esperé tanto que me vieras…

que ahora que estoy dentro no quiero irme.

—¿Y qué tal si te echo?

—No lo harás.

Tú fuiste quién comenzó esto.

Rio, pero sin alegría.

Tampoco estaba enojado.

—En eso te equivocas —discrepó, rasposo—, pero no pienso contradecirte, e igual tienes que trabajar.

Una de sus manos se deslizó hasta mis dedos enredados en la sábana.

No me rozó siquiera.

—El corte está casi sano —observó.

—¿Tendrás un par de guantes que me prestes?

Esta vez su mirada fue demasiado afilada.

—Te quedarían enormes.

Y seguramente acabarían destrozados.

—Claro que no —gruñí.

—Claro que sí.

Rompes todo, Isabella.

Su tono fue una caricia con espinas.

—No me conoces —protesté—.

Tal vez me observaste un poco cuando se te ocurrió jugar conmigo pero no sabes quién soy.

Hice silencio cuando su expresión me cayó encima como una losa.

—¿Segura?

—Segura —me atreví a responder.

Sin convicción.

Sentí inquietud.

Él me miró un poco más y se levantó.

Yo aparté la vista.

Juro que quería lanzármele encima.

Pero temía su reacción.

Porque no tenía idea de si esperaba lo mismo.

Y no quería adelantarme a nada por mucho que lo deseara.

—Voy a ducharme —anunció, caminando hacia el baño—.

Hazlo también y llama a Roger.

Seguramente extraña a su mejor hacker.

Me quedé impávida.

Roger era mi jefe.

Dirigía el departamento de “Recursos Logísticos de Programación y Análisis” en la Compañía.

Sí, era un nombre larguísimo y enrevesado.

Pero de vital importancia.

Apenas seis operarios rodeados de ordenadores y café, analizando gráficos, flujos de datos y detección de anomalías.

Día y noche.

Diez pisos por debajo de la oficina del CEO.

Roger tenía tres hombres por delante en la cadena de mando antes de poder acceder a Hugo.

Yo era analista en programación logística.

Y muy buena decodificando archivos, detectando errores y plantando virus en algoritmos.

Una herramienta útil.

Que Hugo me llamara hacker se suponía que era un cumplido.

Que supiera tanto de mí, también.

Salí de la cama con la intención de irme.

Pero antes me acerqué a la puerta del baño.

Pegué el oído.

Podía escuchar el agua cayendo.

Me quedé ahí unos minutos.

Debatiendo si debía mostrarle la nota.

Si lo hacía podría obtener puntos a mi favor.

Pero perdería terreno.

Me haría presa fácil.

Predecible.

Decidí no decirle aún.

Primero pensaba averiguar quién andaba tras él.

Antes, desaparecí de la web archivos peligrosos para él.

Por él haría lo que fuera.

Incluso matar.

Sue pasó por mi mente.

También “Ella”.

“No eres la única”.

El agua se detuvo.

Y salí corriendo de ahí.

¿ELLA DIJO MI NOMBRE?

Una hora después nos reencontramos en la cocina.

Su aroma caro se mezcló con el del café recién hecho y el tocino frito.

Yo misma preparé el desayuno.

La mujer del día anterior no apareció.

Cuando Hugo entró, fue lo único que podía ver.

Vestido impecable con uno de sus tantos trajes de miles.

Se veía de lujo.

Como siempre.

Altísimo.

Recién afeitado.

Y hablando por teléfono.

Su teléfono.

El que antes estaba en mi poder.

¿Cómo?

—Huele bien —su voz captó toda mi atención.

—Sé cocinar —dije y le serví café.

Miré de reojo el celular sobre la mesa.

Era el mismo sin dudas.

Serví el resto y me senté enfrente.

—¿Vas a la oficina?

—¿Tú llamaste a Roger?

Típico.

Contestar con otra pregunta.

—Pedí vacaciones —mentí.

Él supo que mentía.

Pero no dijo nada y se terminó el café.

Se levantó, y yo con él.

—No has tocado el desayuno.

Te aseguro que está delicioso.

—No lo dudo —dijo, arreglando su corbata—.

Tengo negocios que cerrar.

La vida no se detiene a pesar de ti.

La frase, cargada con sarcasmo, me hizo fruncir el ceño.

—Como digas, pero me quedaré por aquí.

—Claro, estás en tu casa —murmuró con sorna.

Me echó un último vistazo de reojo.

—¿Vendrás tarde?

—No me esperes despierta.

Se alejó riendo.

Apreté los puños y lo seguí.

—¿Verás a…

tu prometida?

No me respondió enseguida.

Solo cuando llegó a la puerta.

Entonces me miró frontal.

—¿Hay algo que debas decirme?

Esa pregunta me sorprendió.

Porque sí había algo.

Pero no me decidía.

—¿Te da esa impresión?

Se acercó a centímetros y su aroma me embriagó.

—Me la da —contestó en voz muy baja—.

Por favor, ordena mi despacho.

—Claro.

Sonreí.

Se apartó, alisando su peinado perfecto.

Ya me había dado cuenta de ese gesto.

—Espero que no cometas errores, Isabella.

No supe qué decir.

—¿Confías en mí?

—me mordí la lengua después de preguntar eso.

Fui impulsiva y llegué a creer que no respondería.

Pero lo hizo.

—Ya sabes lo que dicen: mantén cerca a tu amigo.

Pero todavía más a tu enemigo.

Me hizo un guiño y abrió la puerta.

—Yo no soy tu enemiga —casi grité—.

Sabes bien qué es lo que quiero.

Se detuvo en los escalones de piedra gastada.

—Eso piensas —una pausa—.

Pronto descubrirás lo equivocada que estás.

—Pero…

El molesto zumbido del teléfono me hizo callar.

Hugo lo tomó en sus manos, viendo la pantalla con expresión sombría.

Respondió con monosílabos.

Su rostro se tensaba más con cada palabra.

Yo esperé.

Supe que hablaba con el hospital.

Cuando cortó iba a preguntarle.

No fue necesario.

Me clavó su mirada perpleja.

Como si yo no fuera lo que él creía.

—Sue despertó —su voz cavernosa me hizo rechinar los dientes.

Me acerqué.

Sentí mi piel fría.

—¿Y?

Titubeó claramente.

Lo vi.

Pero esperé.

Otra vez la mano en su pelo.

Y volvió a mirarme.

Más denso.

Insondable.

—Dijo una sola palabra.

Sentí algo helado emerger desde mi interior.

Un sabor metálico asaltó mi boca.

—¿Cuál?

Silencio.

Breve.

Peligroso.

—Tu nombre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo