Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mi Familia Explosiva - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Mi Familia Explosiva
  3. Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 Decisiones
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

25: Capítulo 25: Decisiones 25: Capítulo 25: Decisiones El despertador sonó a las siete de la mañana, pero ninguno de los dos lo escuchó.

Bakugō llevaba media hora despierto, mirando el techo, con Akeno acurrucada contra su pecho y Rías durmiendo en la cuna junto a la cama.

La pequeña pelirroja tenía un pulgar en la boca y el otro apretando a Dora la Exploradora contra su pecho.

—Katsuki —murmuró Akeno, sin abrir los ojos—.

Tu corazón late muy rápido.

Me está despertando.

—Es tu culpa.

—¿Por qué?

—Porque estás pegada a mí.

—Me gusta estar pegada a ti.

—Lo sé.

Por eso late rápido.

Akeno sonrió contra su pecho y finalmente abrió los ojos.

Sus pupilas violetas brillaron con la luz de la mañana.

—Hoy tenemos que decidir —dijo, incorporándose—.

Las ofertas de pasantía.

—Lo sé.

—¿Ya sabes a cuál quieres ir?

—¿Ya sabes tú?

—Te pregunté primero.

—Yo pregunté segundo.

—Eso no tiene sentido.

—Tampoco lo tiene discutir esto a las siete de la mañana.

Bajaron a la cocina.

Mitsuki ya había preparado el desayuno y tenía la televisión encendida.

Rías, que había despertado con el olor de la comida, mordisqueaba una tostada desde su trona con una expresión de concentración absoluta.

—Buenos días, tortolitos —dijo Mitsuki, sirviendo el té—.

¿Durmieron bien?

—Sí —respondió Akeno, sentándose—.

Gracias por quedarte con Rías anoche.

—No es nada.

Es mi nieta.

Además —Mitsuki sonrió con picardía—, ustedes necesitan tiempo a solas.

Con otro bebé en camino, se viene el doble de trabajo.

Bakugō casi se atraganta con el té.

—¿Ya le dijiste?

—preguntó Akeno, arqueando una ceja.

—No.

Ella sola adivinó.

—Mitsuki-san, usted es una bruja.

—Soy una abuela.

Es peor.

Rías, ajena a la conversación, levantó su tostada como si fuera un trofeo.

—¡Pan!

—anunció—.

¡Rías pan!

—Sí, cariño —respondió Akeno, sonriendo—.

Rías pan.

La televisión, que habían dejado de fondo en un canal de noticias, cambió repentinamente de tono.

La presentadora, una mujer de cabello oscuro y expresión seria, apareció en pantalla con un gráfico rojo detrás de ella.

—”Última hora” —leyó Mitsuki en voz alta—.

“El héroe profesional Native ha sido atacado por el asesino de héroes, Stain.

Native se encuentra en estado crítico, pero fuera de peligro.

Las autoridades continúan la búsqueda del villano, que ha sido visto en la zona de Hosu City.” El ambiente se tensó.

—Stain —murmuró Bakugō—.

El que paraliza a los héroes con su sangre.

—Y los mata —añadió Akeno—.

O al menos lo intenta.

—”Se recomienda a los héroes en entrenamiento extremar precauciones” —continuó la presentadora—.

“Varios estudiantes de la U.A.

han manifestado su intención de realizar pasantías en Hosu, a pesar de las advertencias.” —¿Eso es estúpido o valiente?

—preguntó Mitsuki.

—Las dos cosas —respondió Bakugō.

—¿Tú irías?

—Depende.

Si hay un villano así, alguien tiene que detenerlo.

—Katsuki —Akeno lo miró—.

No eres un héroe profesional todavía.

No es tu responsabilidad.

—Si puedo ayudar, lo haré.

—Aunque te maten.

—No me van a matar.

—¿Estás seguro?

—Estoy seguro de que no voy a dejar que me maten.

Akeno suspiró.

Sabía que no ganaría esa discusión.

—Hablemos de las ofertas —dijo, cambiando de tema—.

Aquí.

En la mesa.

Con números.

Bakugō asintió y fue a buscar la carpeta donde habían acumulado todas las propuestas.

Era enorme.

Diez mil setecientas veintitrés hojas impresas, más los correos electrónicos que seguían llegando.

—Vamos por categorías —propuso Akeno—.

Descartamos las que no aceptan parejas.

—Eso elimina el ochenta por ciento.

—Bien.

Luego las que están demasiado lejos.

Rías no puede viajar horas cada día.

—Otro quince por ciento.

—Nos quedan quinientas.

—Seguimos.

—Bakugō señaló una página—.

Endeavor.

Es el número dos.

Tiene prestigio.

—No acepta parejas.

—En su oferta dice que sí.

—Su oferta dice que me acepta a mí.

Tú eres un “extra”.

No me gusta.

—Todoroki entrenó con él y sobrevivió.

—Todoroki es su hijo.

Tú no.

—Tampoco quiero ser su hijo.

—Entonces no.

—Entonces no.

Akeno sacó otra hoja.

—Mirko.

Heroína número cinco.

Su oferta dice “quiero ver de qué está hecha esa chica”, refiriéndose a mí.

Y en una posdata pequeña: “el chico explosivo también puede venir si promete no romper nada importante”.

—No voy a prometer eso.

—Lo sé.

Por eso no.

—Star and Stripe —dijo Bakugō, señalando el sobre dorado—.

La número uno de Estados Unidos.

—¿En serio consideras ir a Estados Unidos a tres meses de tener otro bebé?

—No.

Solo la mencioné para que veas que tienes ofertas internacionales.

—No me importan.

—Lo sé.

Por eso te quiero.

Akeno sonrió.

—Sigue.

Revisaron durante una hora.

Descartaron agencias por ubicación, por filosofía, por requisitos incompatibles con su estilo de lucha conjunto.

Al final, solo quedaron tres.

—La agencia de Kamui Woods —leyó Akeno—.

Especializada en rescate urbano.

Quiere que aprendamos a contener daños colaterales.

—No me gusta Kamui Woods.

Es un poser.

—No es un poser.

Es efectivo.

—Es un poser efectivo.

—Eso no existe.

—Existe.

—Bueno.

Siguiente.

—Agencia de Mirko —dijo Bakugō, volviendo a leer la carta—.

Entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo, alta intensidad, cero descanso.

“Si lloran, se van.” —Suena a ti.

—Suena a mí.

Pero es en Osaka.

Muy lejos.

—Cierto.

—Última.

—Bakugō sacó la hoja—.

Agencia del héroe manual: Gran Torino.

Akeno arqueó una ceja.

—¿Gran Torino?

¿El viejo que vuela con sus chorros de aire?

—El mismo.

Su oferta es corta: “Vengan los dos.

Les enseñaré a moverse.

No me importa si son pareja, solo quiero que dejen de ser torpes”.

—¿Torpes?

—Akeno se sintió ofendida—.

Nosotros no somos torpes.

—Eso dijiste antes de que el Kirin me diera de lleno.

—¡Me lo dijiste tú!

“Atraviesa el Kirin con una explosión, Katsuki” y lo hiciste.

—Y me chamusqué entero.

Torpe.

—…Tienes un punto.

Se quedaron en silencio, mirando las tres ofertas.

Rías, que había terminado su tostada, aplaudió feliz.

—¡Mamá!

¡Papá!

¡Rías playa!

—¿Playa?

—Akeno la miró.

—Tía Mina dijo playa.

Tía Ochako dijo playa.

Tía Momo dijo playa.

¡Rías playa!

—¿Quedaron en ir a la playa?

—preguntó Bakugō.

—Sí —respondió Akeno, como si acabara de recordarlo—.

Hoy.

Con Mina, Ochako, Kirishima y Yaoyorozu.

Dijeron que necesitábamos descansar después del festival.

—No necesito descansar.

—Yo sí.

He estado entrenando, criando a una bebé y gestando a otra.

Quiero arena y mar.

—Y Rías también.

—Y Rías también.

Bakugō suspiró.

—Está bien.

Pero llevamos las ofertas.

Seguimos discutiendo allá.

—Trato hecho.

— La Playa: Arena, Sal y Perdones La playa estaba vacía.

Era un día de semana, temprano, y los turistas aún no habían llegado.

El sol brillaba alto y el mar se extendía azul e infinito hasta donde alcanzaba la vista.

Mina fue la primera en llegar, con su traje de baño rosa y una sombrilla gigante.

—¡Llegaron!

—gritó, agitando los brazos—.

¡Pongan las toallas aquí!

Ochako llevaba un flotador con forma de estrella y una nevera portátil.

—Traje refrescos y bocadillos —anunció—.

Y helados.

Muchos helados.

—Eres mi heroína favorita —dijo Mina, abrazándola.

Kirishima llegó con una tabla de surf bajo el brazo.

—Las olas están buenísimas —dijo—.

¿Alguien quiere intentarlo?

—Yo no sé surfear —respondió Ochako.

—Yo tampoco —dijo Mina.

—Yo sí —dijo Kirishima—.

Pero vine solo para lucirme.

—Eso es muy honesto.

—Lo sé.

Momo llegó la última.

Llevaba un traje de baño de dos piezas elegante, color turquesa, y un sombrero de ala ancha que le daba un aire de actriz de cine antiguo.

—Disculpen la demora —dijo—.

Me entretuve eligiendo protector solar.

—¿Elegiste un protector solar?

—preguntó Mina.

—Tengo ocho.

Cada uno para una parte diferente del cuerpo.

—Eres increíble, Yaomomo.

—Lo sé.

Akeno y Bakugō llegaron con Rías en brazos y una bolsa enorme con toallas, juguetes de playa y una sombrilla adicional.

—¡Tíos!

—gritó Rías, agitando los bracitos—.

¡Rías playa!

—¡Hola, pequeña!

—respondió Mina, acercándose—.

¿Quieres construir un castillo de arena?

—¿Castillo?

—Sí.

Con torres y fosos.

—¿Fosos?

—Como los de las películas de princesas.

—¡Rías princesa!

—declaró la bebé, y se lanzó a la arena con la energía de un pequeño huracán pelirrojo.

Mina la siguió, riendo.

Ochako fue detrás con una pala y un cubo.

Kirishima se quedó mirando el mar, evaluando las olas.

Momo se acercó a Akeno.

—Himejima-san —dijo, con cierta rigidez—.

Me alegra que hayas venido.

—Yaoyorozu-san.

—Akeno sonrió—.

Gracias por organizar esto.

—Fue idea de Ashido.

Yo solo puse el lugar.

—Sigue siendo mérito tuyo.

Se quedaron en silencio.

Era un silencio incómodo, cargado de algo no dicho.

Bakugō, que estaba extendiendo las toallas, las observó de reojo.

—Ve —dijo en voz baja—.

Habla con ella.

—¿Sabes lo que voy a hacer?

—preguntó Akeno.

—Sí.

Por eso te digo que vayas.

Akeno respiró hondo y caminó hacia Momo.

—Yaoyorozu-san —dijo, deteniéndose frente a ella—.

Quiero pedirte disculpas.

Momo parpadeó, sorprendida.

—¿Disculpas?

¿Por qué?

—Por la técnica que usé contigo en el torneo.

Los mil años de muerte.

Momo se puso roja instantáneamente.

—Ah.

Eso.

—No fue personal —dijo Akeno—.

Pero eso no quita que fue humillante.

Y no debería haber ganado así.

—Ganaste legalmente —respondió Momo, aunque su voz temblaba—.

El árbitro lo validó.

—Sí.

Pero no fue honorable.

Y yo valoro el honor.

Mi familia lo valora.

—¿Y por qué lo hiciste?

—Porque necesitaba pasar a la siguiente ronda.

Porque si no ganaba rápido, otra persona me habría ganado a mí.

Porque…

—Akeno bajó la voz—.

Porque tenía miedo.

—¿Miedo?

—Momo la miró, incrédula—.

¿Tú?

¿La chica que invocó un Kirin?

—Miedo de no ser suficiente.

De que mis compañeros pensaran que solo servía para ataques masivos.

De que Katsuki…

—Akeno se detuvo—.

De que Katsuki se diera cuenta de que no era tan fuerte como él.

El silencio se extendió.

Momo la miró largo rato.

Luego, lentamente, sonrió.

—También tengo miedo —admitió—.

De no ser suficiente.

De que mi Quirk, que puede crear cualquier cosa, no sea útil en una emergencia.

De que me sobrepase.

—No te sobrepasará.

Eres más fuerte de lo que crees.

—Tú también.

—Ya lo sé.

Pero igual quería disculparme.

—Acepto tus disculpas.

—Momo extendió la mano—.

Y quiero que sepamos que no fue nada personal.

Porque si volvemos a enfrentarnos, no pienso perder otra vez.

Akeno tomó su mano y sonrió.

—Eso espero.

Sería aburrido si fuera fácil.

Se dieron la mano.

Un apretón firme.

Un nuevo comienzo.

Detrás de ellas, Rías aplaudió.

—¡Tía Momo sonríe!

—Sí, cariño —respondió Mina, riendo—.

Tía Momo sonríe.

—¡Tía Momo bonita!

—Tu tía Momo es muy bonita.

—¡Tía Momo gordibuena!

—gritó Rías, con su vocabulario limitado pero sorprendentemente específico.

Momo se puso roja como un tomate.

—¿Quién le enseñó esa palabra?

—Yo —respondió Bakugō sin inmutarse.

—¡Bakugō!

—Es la verdad.

—¡No es la verdad!

—Usted se ofende porque es verdad.

—¡Bakugō, la odio!

—También es verdad.

Akeno rió, y Momo terminó riendo también.

La tensión se disipó como la espuma de las olas.

— El Mar y las Decisiones La mañana transcurrió entre castillos de arena, chapuzones y helados.

Kirishima intentó enseñar a Mina a surfear y terminó en el agua con la tabla en la cabeza.

Ochako usó su Quirk para hacer flotar a Rías, que reía como una loca mientras daba vueltas en el aire.

Momo creó un flotador con forma de cisne y se quedó flotando mar adentro, con un libro en la mano.

Akeno y Bakugō se sentaron en la arena, mirando el horizonte.

—Hoy Yaoyorozu se rió de verdad —dijo Bakugō—.

La primera vez desde el torneo.

—Le pedí perdón.

—Lo sé.

Te vi.

—¿Crees que estuvo bien?

—Creo que estuvo bien.

Yaoyorozu es buena.

No merecía esa humillación.

—Lo sé.

Por eso lo hice.

—No tiene sentido.

—Si lo tuviera, no sería perdón.

Bakugō asintió.

—¿Decidiste?

—preguntó Akeno—.

¿A qué agencia?

—Gran Torino.

—¿Por qué?

—Porque es el único que nos trata como iguales.

Endeavor me trata como tu apéndice.

Mirko me trata como un posible estorbo.

Gran Torino nos dice “torpes” a los dos.

—Eso es porque nos vio pelear.

—Nos vio pelear y nos dijo torpes.

Eso es honestidad.

Necesito honestidad.

—¿Y yo?

—Necesitas que te digan que eres buena, pero también que eres imprudente.

—¿Cuándo fui imprudente?

—Cuando invocaste el Kirin sin saber si yo iba a poder esquivarlo.

—Sabía que ibas a esquivarlo.

—¿Y si no?

—Habrías muerto.

—Exacto.

Imprudente.

Akeno se quedó callada.

—Tienes razón —admitió—.

Necesito que alguien me diga cuándo me paso.

—Entonces Gran Torino.

—Gran Torino.

—Pero en Tokio.

No en Osaka.

—¿Está en Tokio?

—Sí.

A cuarenta minutos del templo.

—Entonces podemos volver cada noche.

—Eso.

—Y Rías puede quedarse con tu madre.

—Mientras no explote la casa.

—Mitsuki-san sobrevivió a tus explosiones.

Sobrevivirá a las de Rías.

—Equilibrio.

—¿Cómo dices?

—Equilibrio.

—Bakugō tomó su mano—.

Eso somos tú y yo.

Equilibrio.

Akeno apoyó la cabeza en su hombro.

—Equilibrio —repitió—.

Me gusta.

Rías llegó corriendo con las manos llenas de arena.

—¡Mamá!

¡Papá!

—gritó—.

¡Rías castillo!

—¿Castillo?

—Akeno la miró.

—Sí.

¡Mira!

—señaló hacia atrás.

En la orilla, Mina, Ochako y Kirishima habían construido una estructura que pretendía ser un castillo.

Tenía torres (palos con algas), fosos (un agujero lleno de agua) y una entrada principal (un arco de conchas).

—Es horrible —dijo Bakugō.

—Es perfecto —corrigió Akeno.

—Las dos cosas —dijo Rías, y se fue corriendo hacia su obra maestra.

—¿Esa niña es nuestra?

—preguntó Bakugō.

—Sí.

—¿Seguro?

—La parí yo.

Estoy segura.

—A veces me pregunto cómo algo tan perfecto salió de nosotros.

—Porque lo imperfecto también puede crear belleza.

—Eso fue profundo.

—Fue cierto.

Se besaron.

Un beso suave, salado, con sabor a mar y a futuro.

—Mañana llamamos a Gran Torino —dijo Akeno.

—Mañana.

—Hoy jugamos.

—Hoy jugamos.

Y se levantaron, y corrieron hacia el mar, hacia la arena, hacia sus amigos y su hija.

Hacia ese equilibrio que habían construido con tanto esfuerzo.

Pensamientos de Momo, más tarde, escribiendo en su diario: Akeno me pidió perdón.

No esperaba que lo hiciera.

Pensé que era de esas personas que nunca admiten errores.

Pero lo hizo.

Y cuando me miró, vi que era sincera.

Tal vez los villanos no son los únicos que pueden sorprenderte.

Tal vez los héroes también.

Pensamientos de Mina, mientras enterraba a Kirishima en la arena: Esto es lo que necesitábamos.

Un día sin entrenamiento.

Sin villanos.

Solo arena y amigos.

Akeno y Bakugō se miran como si el resto del mundo no existiera.

Me gusta.

Me gusta que haya gente así.

Me da esperanza.

Pensamientos de Ochako, flotando en el agua: La pequeña Rías es una copia de Bakugō.

Misma intensidad.

Misma determinación.

Pero también tiene algo de Akeno.

Esa calma antes de la tormenta.

Me pregunto cómo será su Quirk cuando crezca.

Me pregunto cómo serán los hermanos.

Me pregunto si algún día yo también tendré una familia así.

Pensamientos de Kirishima, con la cara llena de arena: Bakugō es mi mejor amigo.

Y verlo feliz me hace feliz.

Aunque no lo diga.

Aunque ponga cara de pocos amigos.

Lo sé.

Lo sé porque cuando mira a Akeno, sus ojos se ablandan.

Cuando mira a Rías, sus manos dejan de crepitar.

Ese es mi amigo.

Y estoy orgulloso de él.

Pensamientos de Rías, antes de dormirse en la toalla: Mamá y papá felices.

Rías feliz.

Mar feliz.

Todo feliz.

Mañana más.

Mañana mucho más.

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas