Mi Familia Explosiva - Capítulo 28
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Capítulo 28: Capítulo 28: Kuoh
Al día siguiente, el sol entraba por las ventanas del aula 1-A con una luz fría, como si la mañana se disculpara por la noche anterior. Los estudiantes estaban en sus sitios, pero el ambiente era pesado. Todos sabían lo de Iida. Todos sabían lo de Stain.
En la fila de atrás, Bakugō tenía el ceño fruncido más que de costumbre. Sus dedos tamborileaban sobre el pupitre, no por impaciencia, sino por tensión. A su lado, Akeno sostenía a Rías en brazos. La bebé estaba despierta, con los ojos rojizos muy abiertos, mirando a los compañeros de sus padres con curiosidad silenciosa. Hoy no gateaba ni hacía ruidos. Parecía entender que el ambiente no era para juegos.
Akeno también tenía el ceño fruncido. La pelea contra Stain le había dado una lección. No había sido derrotada, pero tampoco había vencido. El asesino se había retirado por su cuenta, y eso, de alguna manera, era peor que una derrota. Porque significaba que él había decidido cuándo terminar la lucha. No ellos.
-Himejima -dijo Bakugō en voz baja, sin mirarla-. Deja de darle vueltas.
-No le doy vueltas -mintió ella.
-Tu ceño dice lo contrario.
-Mi ceño es porque Rías no quiso desayunar.
-Rías sí desayunó. Comió papilla de manzana.
-Comió la mitad.
-La otra mitad está en tu camisa.
Akeno bajó la vista. Efectivamente, había una mancha naranja en su pullover blanco, justo donde Rías había apoyado la cara.
-…Odio cuando tienes razón.
-Miento. Dices que no le das vueltas y te pones nerviosa.
-No me pongo nerviosa. Me pongo reflexiva.
-Reflexiva es nerviosa con vocabulario.
Kirishima, que estaba sentado detrás, se inclinó hacia adelante.
-Bakugō, no seas tan duro. Todos estamos nerviosos por lo de Iida.
-No estoy nervioso. Estoy concentrado.
-En lo mismo.
-No.
-Sí.
-Cállate, pelo de mierda.
Kirishima sonrió, pero era una sonrisa triste.
La puerta se abrió y Aizawa entró arrastrando su saco de dormir habitual. Su expresión era más grave que nunca, las ojeras más marcadas. Se paró frente a la pizarra y los miró a todos durante un largo momento.
-Buenos días -dijo, con su voz monótona pero cargada de algo que podía ser preocupación-. Antes de comenzar, quiero decir algo sobre Iida.
El aula se tensó.
-Su hermano está fuera de peligro -continuó Aizawa-. No caminará por un tiempo, pero vivirá. Y eso es más de lo que muchos héroes pueden decir después de enfrentarse a Stain.
Iida, sentado en su pupitre con las manos sobre la mesa, no levantó la vista. Pero sus hombros temblaron ligeramente.
-Eso es todo -concluyó Aizawa-. Ahora, pasemos a lo importante. La dirección ha decidido que la experiencia de entrenamiento en exteriores de este año se realice en la ciudad de Kuoh.
Un murmullo recorrió el aula.
-¿Kuoh? -preguntó Kaminari-. ¿Dónde queda eso?
-Al sur de Tokio -respondió Yaoyorozu, consultando su teléfono-. Es una ciudad pequeña, pero con una tasa de criminalidad sorprendentemente baja.
-Por algo será -murmuró Jirō.
-No. -Aizawa la interrumpió-. No es por algo. O al menos no por algo que sepamos. Y eso es precisamente lo que vamos a investigar.
El murmullo se volvió confusión.
-¿Investigar? -preguntó Uraraka-. ¿No es un entrenamiento?
-Es ambas cosas. -Aizawa cruzó los brazos-. Kuoh tiene una particularidad: los informes de actividad de villanos son casi nulos. Pero los héroes profesionales evitan la zona. No hay una razón oficial, pero hay rumores.
-¿Rumores de qué? -preguntó Kirishima.
Aizawa los miró a todos. Luego, sus ojos se posaron en Akeno.
-Himejima. ¿Tú conoces Kuoh, verdad?
Akeno, que había estado acariciando el pelo de Rías mientras escuchaba, levantó la vista. Su expresión había cambiado. Ya no era reflexiva ni nerviosa. Era… alerta.
-Sí -respondió-. Conozco Kuoh.
-¿Qué puedes contarnos?
Akeno guardó silencio un momento. Rías, sintiendo la tensión de su madre, dejó de juguetear y la miró.
-Kuoh es… -Akeno buscó las palabras-. Una ciudad antigua. Hay un templo sintoísta importante cerca, y también una iglesia católica muy vieja. Pero lo que más la caracteriza es la Academia Privada Kuoh.
-¿Qué tiene esa academia? -preguntó Mina.
-Que es donde estudia mi mejor amiga. Rías Gremory.
El nombre resonó en el aula. Algunos la recordaban de la visita al templo: la chica pelirroja de ojos verdes que hablaba con una elegancia que no parecía de este mundo.
-Rías Gremory -repitió Aizawa-. Tu amiga.
-Y la madrina de mi hija -dijo Akeno, mirando a Rías-. De esta Rías.
-¿Por eso le pusiste Rías?
-Sí.
-Y tu madre vive allí.
-Shuri, sí. En el templo. Pero la Academia Kuoh es diferente. No es un lugar al que los héroes vayan sin invitación.
-¿Por qué?
-Porque… -Akeno hizo una pausa, y sus ojos violetas brillaron con un destello que nadie supo interpretar-. Porque tiene sus propias reglas. Y sus propios guardianes.
Aizawa la miró fijamente.
-¿Sabes algo que los informes oficiales no sepan?
-Sé muchas cosas que los informes oficiales ignoran. -Akeno sonrió, pero era una sonrisa críptica-. Pero no todas se pueden decir en voz alta.
Bakugō la miró. Su ceño, que ya estaba fruncido, se frunció más.
-No me gusta esa ciudad -dijo.
-Porque no te gusta mi madre -respondió Akeno.
-Tu madre me da miedo.
-No te da miedo. Te intimida.
-Es lo mismo.
-No es lo mismo. El miedo te paraliza. La intimidación te motiva.
-Pues a mí me paraliza un poco.
-Un poco no cuenta.
-Cuenta.
-No.
-Sí.
Aizawa los interrumpió con un suspiro.
-Bakugō, Himejima. Discutan después. La excursión es obligatoria para todos los estudiantes. Estarán radicando en las instalaciones de la Academia Kuoh durante una semana.
Akeno se quedó inmóvil.
-¿En la Academia Kuoh?
-Sí. El director Nezu ha estado en contacto con ellos. Aceptaron recibirnos sin problemas.
-¿Sin problemas? -Akeno arqueó una ceja-. Eso es… extraño.
-¿Por qué?
-Porque la Academia Kuoh no recibe visitantes. Es un colegio privado, exclusivo, con sus propios códigos. Que hayan aceptado a un grupo de estudiantes de héroes… -se quedó callada-. Algo está pasando allí.
-Por eso vamos -dijo Aizawa-. Para averiguarlo.
–
El resto de la mañana transcurrió entre clases teóricas y preparativos para la excursión. Akeno estuvo callada, más que de costumbre. Rías se durmió en su regazo, agotada por la mañana temprana, y Bakugō tuvo que sostenerla mientras Akeno tomaba apuntes con el brazo libre.
-¿Estás bien? -preguntó Bakugō en un momento de silencio.
-No lo sé -respondió Akeno-. Kuoh es… complicada.
-Ya me lo imaginaba. Tu madre vive allí.
-No es solo mi madre. Es la ciudad. Tiene algo extraño. Algo que no encaja.
-¿Algo como qué?
-Como si hubiera un velo. Una capa de normalidad sobre algo que no es normal. -Akeno se estremeció-. Mi familia sabe cosas. Pero no hablamos de eso con nadie.
-¿Ni conmigo?
Akeno lo miró.
-Contigo sí. Pero no aquí. No ahora.
Bakugō asintió.
-Cuando volvamos. Esta noche.
-Esta noche.
Rías roncaba suavemente contra el pecho de Bakugō. Una pequeña burbuja de saliva se formaba y deshacía en sus labios entreabiertos.
-Al menos a ella le gusta Kuoh -dijo Akeno, acariciando el pelo rojo de su hija-. La primera vez que la llevé, Rías Gremory la alzó y le prometió que la protegería siempre. Rías sonrió. Le salieron dos dientes ese día.
-¿Los dientes le salieron por Rías Gremory?
-Salió. Como si supiera que estaba en un lugar seguro.
-Los bebés son raros.
-Los bebés son sabios.
–
Al mediodía, Aizawa anunció que la excursión comenzaría en tres días. Habría tiempo para preparar equipaje, notificar a las familias y organizar los grupos.
-Himejima -dijo al terminar la clase-. Un momento.
Akeno se quedó. Bakugō también.
-Tú también, Bakugō. Esto les concierne a los dos.
Se acercaron al escritorio de Aizawa. El profesor esperó a que los demás estudiantes salieran antes de hablar.
-Kuoh -dijo-. ¿Hay algo que deba saber antes de llevar a los estudiantes allí?
Akeno dudó.
-No puedo hablar por la Academia. Ni por Rías Gremory. Ella es… ella es quien debe decidir qué contar.
-¿No confías en mí?
-Confío. Pero no es mi secreto.
Aizawa la miró largamente.
-Está bien. Pero si algo pone en peligro a mis estudiantes, quiero que me lo digas. Antes de que pase.
-Lo haré -prometió Akeno.
-Y tú -Aizawa se giró hacia Bakugō-. Controla tus explosiones. No quiero que tengamos que pagar daños a una institución privada.
-No pago ni un yen.
-Lo pagará la escuela.
-Entonces exploto tranquilo.
-Bakugō.
-Es broma.
-Tu cara no parece de broma.
-Mi cara siempre es así.
Aizawa suspiró.
-Váyanse. Prepárense. Y Himejima… saluda a tu madre de mi parte.
-¿La conoce? -Akeno se sorprendió.
-La conocí hace años, en un caso. Es… imponente.
-Eso es una forma de decirlo.
-Es la única forma educada.
Akeno rió. Fue la primera vez que sonreía de verdad en todo el día.
–
Esa noche, en casa, después de que Rías se durmiera, Akeno y Bakugō se sentaron en la cocina. Mitsuki había salido a comprar, y Masaru estaba en el taller arreglando una lámpara.
-Habla -dijo Bakugō-. De Kuoh. De tu amiga. Del velo.
Akeno tomó su mano.
-La Academia Kuoh no es una escuela normal -comenzó-. Rías Gremory no es una estudiante normal. Y los guardianes de los que hablé… tampoco son normales.
-¿Qué son?
Akeno vaciló.
-Son… lo que mi familia ha protegido durante siglos. Lo que los templos sintoístas custodian. Lo que la iglesia que mencioné vigila desde otra perspectiva. En Kuoh, las líneas se difuminan. Lo sagrado y lo profano se tocan.
-¿Estás hablando de dioses?
-Estoy hablando de algo anterior a los dioses. Algo que los humanos olvidaron cuando llegaron los Quirks. Pero que nunca se fue.
Bakugō apretó su mano.
-¿Y Rías Gremory?
-Rías Gremory es una de ellas. Una de las que recuerdan. Una de las que protegen el velo.
-¿Y por qué vamos nosotros allí?
-Porque algo está rompiendo ese velo. Y la U.A. lo ha notado. Y el director Nezu, que es más listo de lo que parece, ha decidido que sus estudiantes vean la verdad.
Bakugō se quedó callado.
-¿Estás asustada? -preguntó finalmente.
-No. Pero deberíamos estarlo.
-No me da miedo lo que no conozco.
-A mí sí. Pero también me da curiosidad.
-Entonces iremos. Con curiosidad. Y con precaución.
-Y con explosiones.
-Sobre todo con explosiones.
Akeno sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.
-Gracias por no preguntar más.
-Preguntaré más. Pero no ahora. Ahora estás cansada.
-Lo estoy.
-Duérmete. Yo vigilo.
-¿Vigilas qué?
-La cocina. A Rías. A mi madre cuando vuelva.
-¿Qué va a hacer tu madre?
-Entrar haciendo ruido y despertar a la bebé.
-Eso no se vigila. Eso se soporta.
-Lo mismo digo.
Se quedaron en silencio, escuchando el zumbido de la nevera y los ronquidos diminutos de Rías desde la habitación.
Kuoh les esperaba.
Y con Kuoh, un velo que estaba a punto de levantarse.